El libre albedrÃo de un domingo ofreció a los seguidores de Henrique Capriles Radonsky la oportunidad de acompañarlo en un recorrido en el cual comenzarÃa demostrando uno de los atributos que lo diferencian de su contendor. La vitalidad, la energÃa, la juventud exultante que produce como resultado una caminata, por ratos al trote, de más de diez kilómetros para acceder al CNE. Muchas significaciones se derivaron de esta actividad. Para muchos fue el pasar la página nefasta de la historia de la última vez que se recuerde un desplazamiento de estas dimensiones accediendo al centro de Caracas, enclave del oficialismo, y hasta el domingo pasado territorio vedado para el disenso polÃtico.
Allà llegó el candidato, luego de una intensa actividad fÃsica que pareció no arrojar desgaste alguno, rodeado de simpatizantes y partidarios, en una atmósfera de esperanza colectiva, de vientos de cambio, a compartir con su gente, con Venezuela y con el resto del mundo, unas palabras que explicaran la importancia del hecho polÃtico y alimentara la fe de quienes ven en él una opción válida para el siete de octubre.
Alterando esquemas preconcebidos, el candidato es presentado por la animadora Erika de la Vega, compañera sentimental de su pasado, y portadora de un inmenso contacto con las masas por su simpatÃa y espontaneidad. Este detalle oxigenó el momento, lo llevó del acto polÃtico, del protocolo rÃgido, al encuentro con un amigo, a romper el hielo de inmediato.
Su intervención fue breve, menos espontánea e improvisada de lo que muchos piensan, centrada en objetivos especÃficos y enfocada en taladrar algunos paradigmas de quienes no se sienten convencidos de que él es el hombre que representa el cambio. Abrió con Dios y la fe, elemento con el que abre y cierra sus palabras, logrando enseguida la sintonÃa de muchos, quienes aún sin sentirse proclives a su planteamiento, se identifican en la energÃa positiva que se deriva de la creencia en un ser sobrenatural que guÃa nuestros destinos.
Las referencias a la patria y al Libertador, breves y superficiales, sirvieron para demostrarle al otro candidato que esos son elementos que le pertenecen a ambos, accesibles al discurso de ambos y dirigidos a cualquier sector del paÃs. Inmediatamente dos atributos diferenciadores: La inclusión y el trabajo “en equipo”, comenzando una suerte de contrapunteo con el ausente, para desmarcarse de los puntos más criticados de su adversario.
Enseguida defiende el derecho de la generación que representa de ser protagonista del cambio y se aferra al argumento de la paz, necesaria para la reconstrucción del paÃs nacional. Unión y reconciliación sin venganza, misil teledirigido a quienes plantean la alternabilidad como fuente de persecución polÃtica. Cierra, abrazando el ideal que representa la franela de la vinotinto, con dos frases que servirán de pivotes argumentales de su campaña: “Hay un camino” y “Una sola Venezuela”
Veinte minutos fueron suficientes, tal vez con la irreverencia de quien desea demostrarle al paÃs que un discurso no es una arenga que secuestre por horas la atención de su destinatario, tal vez como metamensaje que anuncia la hora de la llegada de una nueva forma de hacer polÃtica en Venezuela.




