Hace unos meses atrás una persona importante del país me propuso la idea de investigar y escribir un libro sobre el submundo que son los recintos penitenciarios en Venezuela. Durante la conversación inicial sobre este delicado tema le escuche describirme una serie de situaciones que me parecía extraídas de la más cruenta novela negra que se haya escrito o del imaginario más perverso. Lo que el amigo me contaba dejaba en pañales a cualquier crónica delincuencial que se haya publicado en los medios nacionales, además lo que mi interlocutor exponía está totalmente documentado y los verificamos posteriormente.
Como dije, lo que en adelante relatamos es el producto de la recopilación informativa previa a un proyecto editorial el cual quisimos llamar “La Mafia de los Barrotes” y que en parte coincide con el excelente trabajo que el equipo periodístico del diario El Universal ha publicado. De mi parte felicitaciones para estos colegas por ese trabajo tan delicado, riesgoso y complejo de hacer en un sector (el carcelario) en el que la vida humana es un producto desechable .
La planta de “El gocho José”
En el recién desalojado retén de La Planta- en El Paraíso, Caracas- la figura de “El Gocho José” era sinónimo de poder sin escrúpulos. Este andino, nacido en San Cristobal, era el PRAN (preso rematado asesino nato) que controlaba todas las actividades que se generaban dentro y hacia las afueras del penal. José es un hombre de 47 años, aproximadamente, que fue sentenciado por el delito de homicidio. Desde su llegada a La Planta “hizo una carrera exitosa” que lo lleva a encumbrarse como PRAN hasta su reciente traslado a Yare en donde “se le garantizó” su espacio para continuar sus actividades que le permiten ganar cientos de millones de bolívares semanales.
“El Gocho José” es el jefe de un grupo que desde esa penitenciería ( y estimamos que desde Yare será igual) manejaban actividades como el tráfico- de afuera hacia adentro y viceversa- de drogas, el sicariato, la prostitución, el trafico de armas y municiones. Fuentes ligadas a “El Gocho José” aseguran que este “jefe” maneja un negocio de drogas que le deja 200 mil bolívares fuertes semanales. Su principal zona para el negocio de los estupefacientes es Antimano-Carapita lugares en los cuales el microtráfico está bajo su control.
En la Planta, el citado PRAN tenía una especie de oficina en la cual se planificaban todas las acciones delictivas dentro y fuera del penal. Por ejemplo, se nos asegura que “El Gocho José” estableció lo que en la jerga carcelaria se llama “la causa” para tasar ciertos aspectos relativos al funcionamiento de la cárcel, el ingreso de nuevos reos y su supervivencia dentro del reclusorio.
Para ser más gráficos podemos decirles que si el “equipo” del PRAN determinaba que un nuevo reo contaba con recursos monetarios suficientes se le ofrecía una cámara con televisión por 25 millones de bolívares (25 mil bsf) de entrada. Luego de esto, en adelante pagará mensual entre 1 y 2 mil bsf. Si no paga su vida será muy corta. Pero estos son casos particulares ya que el preso común para garantizar su resguardo en el penal paga desde 100 bolívares fuertes semanales hasta montos cercanos a los mil bolívares.
En La Planta también el esparcimiento y las diversiones estaban incluidas. El PRAN disponía que semanalmente un grupo de las que eufemísticamente se les ha dado por llamar “chicas prepago” ingresaran al penal para compatir con los reos que pagaran. La causa nunca era inferior a los mil bolívares fuertes. Lógicamente en dicha actividad se incluye el licor y las drogas que suman valor a la diversión. Estas trabajadoras no ingresaban a La Planta a escondidas sino por la puerta principal y bajo la mirada inalterable de las autoridades.
Para cerrar esta primera entrega, quisiera detallar que la ausencia de un director en el retén de La Planta está muy relacionada con este particular averno que se vive en el sistema carcelario venezolano. Hasta hace aproximadamente 6 meses la cárcel fue dirigida por una dama. Su destitución se produjo porque las autoridades, supuestamente, se enteraron de que tendría vínculos con las actividades ilíctas que se generaban dentro y fuera del penal. La exfuncionaria ya venía de trabajar en el INOF y otras instituciones judiciales. De acuerdo con nuestras fuentes, su relación con las actividades ilegales era tal que se asegura que habría participado- de manera directa- en “eventos” que rayaban en la sodomía y la ninfomanía. No obstante su salida no cambió en nada la rutina de uno de los centro de acción de la Mafia de los Barrotes.
CEFAS




