Amanece Venezuela entre dos corrientes de opinión pública que convergen en el tema de la calidad del agua potable. Por una parte, la denuncia de un gobernador, hasta ayer oficialista, por los efectos del derrame petrolero en el río Guarapiche, Maturín, estado Monagas, y las denuncias del Gobernador del Zulia, Pablo Pérez, del diputado Miguel Cocchiola y del dirigente opositor Antonio Ecarri sobre el estado del agua en el Zulia, en Carabobo y en Caracas. Por el otro, la denuncia del Ministro del Ambiente, Alejandro Hitcher acusando a “la derecha oposicionista” de un plan terrorista alrededor del tema del agua.
Mientras que el debate de la retórica política invade los medios, el pánico invade los hogares de las familias venezolanas que no desean que sus hijos se enfermen por la contaminación de tan preciado líquido. Este sentimiento colectivo está enmarcado en la polarización política, ya que quienes creen en el oficialismo ciegamente, seguro están consumiendo agua sin mayores compromisos con su conciencia.
El caso de Monagas es el disparador de una crisis bizarra de proporciones dantescas por el significado que tiene condenar a un pueblo a consumir agua contaminada por la única razón de no darle la razón a la oposición o en este caso al denunciante. En cualquier país civilizado, las pruebas técnicas de este líquido serían auditadas públicamente y contarían con el aval de expertos internacionales para certificar la calidad de la misma. Sería un ente “técnico” y “plural” como la Comisión de Ambiente de la Asamblea Nacional, la encargada de dirimir la diferencia entre el ministerio y los denunciantes.
En esta “Revolución Bonita”, según el diario Tal Cual, Manuel Briceño, vicepresidente de esta fracción y militante del PSUV, asumió la dirección de la sesión de ayer y sin titubear aseguró que deben apurarse con los proyectos de ley que faltan antes del mes de mayo. Todo “para podernos ir de campaña”, expresó.
¿Es la campaña electoral más importante que la salud de los venezolanos? ¿Dónde está el terrorismo al que hace referencia Hitcher? En la exigencia de pruebas científicas que devuelvan la tranquilidad a los venezolanos o en el manejo mediático de un tema tan delicado? ¿Representa el “poder” un pretexto para ignorar el riesgo real en la salud de nuestros hijos?
El tema del agua potable es un tema político, porque el agua es parte de la cosa pública. Lo que no se debe es politizar aspectos inherentes a su correcto manejo. Eso es un tema técnico, que debe ser transparente y donde TODOS los venezolanos, sin distingo de ideología alguna, debemos exigir al gobierno nacional una rendición de cuentas clara e inmediata, porque no es terrorismo advertir que podemos enfermarnos por el manejo inapropiado de la información. Esconder la realidad traerá enfermedad y muerte en inocentes, ¡y eso es un delito de lesa humanidad que la historia no olvidará!
Amanecerá y veremos…




