¿Cómo leer encuestas?

En cualquier campaña electoral circulan las famosas, codiciadas, costosas y siempre polémicas encuestas. Es difícil ubicar una elección en la que los sondeos de opinión no sean un tema en sí mismo, pues los comandos de los candidatos o partidos, siempre tienden a practicar la denominada “Guerra de Encuestas” afirmando quién va ganando y perdiendo, generalmente, con resultados diametralmente opuestos. Esta elección parlamentaria de septiembre no será la excepción y la comunicación política en torno a una probable victoria de la oposición o del chavismo con base en estos números, volverá a ocurrir.

Durante estos próximos días que restan de campaña circularán encuestas, no cabe duda. Usted las verá en televisión, radio, prensa, portales web, redes sociales y hasta las recibirá en su blackberry (por ley existe una prohibición para los medios de publicar sondeos hasta una semana antes del 26 de septiembre). Estoy casi seguro que los mensajes principales que se destacarán se escribirán de esta manera: “Oposición aventaja por 10 puntos al Oficialismo” o bien “opositores y chavistas están cabeza a cabeza este 26”. Le sugiero que en esta ocasión lea estas encuestas con mayor cautela que de costumbre, sobre todo si las mismas son de alcance nacional.

Más allá de las sanas prácticas de revisar si la muestra es respetable, si las preguntas están bien formuladas y si sus aspectos metodológicos son correctos, usted debe verificar muy bien cuál es el alcance de estos estudios. ¿Son nacionales?, ¿son regionales?, ¿son hechas para un circuito electoral en particular? Salvo para estudiar cómo podría quedar la correlación de fuerzas en el Parlatino, una encuesta de cobertura nacional es en este momento prácticamente inútil para predecir cómo quedará integrado el Parlamento Nacional.

¿Por qué?

Porque las encuestas de cobertura nacional están diseñadas para explicar el comportamiento político del país como si éste se tratase de una circunscripción única. Servirían por ejemplo para analizar cuál es el estado de una elección presidencial o de un referendo si fuese el caso, pero en esta oportunidad, es muy poco el poder explicativo que tienen para decirnos cómo se están moviendo las tendencias en los circuitos para esta elección parlamentaria. Circuitos que por cierto son 87 y que en su gran mayoría están compuestos por municipios o agrupación de municipios y que en cada caso, tienen una historia y comportamiento particular. Así, un sondeo nacional con una muestra potente quizás le pueda decir “cómo están las cosas” en la región zuliana, pero difícilmente le ofrezca detalles de cómo se están comportando electoralmente los 5 circuitos (6 si se contabiliza al Municipio San Francisco) en los que está dividida la ciudad.

Por lo tanto, para intentar establecer un pronóstico más acertado de cuántos escaños podrían ganar las fuerzas políticas en contienda, usted debería contar con encuestas hechas por circuitos, pero lamentablemente las mismas no abundan, salvo en contadas excepciones.

Si su interés no está a nivel de circuitos, sino conocer cuál es la fuerza global de la oposición con respecto al gobierno (o viceversa), debo informarle que casi todas las encuestas electorales –con excepciones, por supuesto–que se efectúan en Venezuela son de cobertura nacional urbana. Fíjese muy bien en el término que he subrayado. ¿Qué significa esto? Que recogen en el mejor de los casos, la opinión del 85% del país y no de las zonas más rurales y despobladas que se despliegan a lo largo y ancho de nuestra geografía.

Dichas encuestas, concentran la mayoría de sus entrevistas en las grandes ciudades del país y es precisamente en estas urbes donde electoralmente la oposición suele salir mejor. En el 15% restante, las diferencias en las preferencias electorales entre oposición y gobierno son históricamente mucho más amplias a favor del segundo factor, a diferencia de las zonas urbanas en donde existe una mayor competitividad. En una elección reñida, ese 15% rural puede marcar una importante diferencia, al punto que podría definir mayorías y minorías en el país.

Así que, la próxima vez que llegue a sus manos una encuesta, léala con precaución. Las encuestas nacionales nos están diciendo sólo la mitad de la película y a veces hasta menos por el elemento que señalé sobre su cobertura. Por último recuerde: las encuestas –aún las mejores– no son infalibles para predecir resultados electorales. Son una fotografía del momento que reflejan el estado actual de las cosas y que en todo caso, al disponer de varias con metodología similar, le indican cómo se han movido las cosas. El día de la elección es otra historia.

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En cualquier campaña electoral circulan las famosas, codiciadas, costosas y siempre polémicas encuestas. Es difícil ubicar una elección en la que los sondeos de opinión no sean un tema en sí mismo, pues los comandos de los candidatos o partidos, siempre tienden a practicar la denominada “Guerra de Encuestas” afirmando quién va ganando y perdiendo, generalmente, con resultados diametralmente opuestos. Esta elección parlamentaria de septiembre no será la excepción y la comunicación política en torno a una probable victoria de la oposición o del chavismo con base en estos números, volverá a ocurrir.

Durante estos próximos días que restan de campaña circularán encuestas, no cabe duda. Usted las verá en televisión, radio, prensa, portales web, redes sociales y hasta las recibirá en su blackberry (por ley existe una prohibición para los medios de publicar sondeos hasta una semana antes del 26 de septiembre). Estoy casi seguro que los mensajes principales que se destacarán se escribirán de esta manera: “Oposición aventaja por 10 puntos al Oficialismo” o bien “opositores y chavistas están cabeza a cabeza este 26”. Le sugiero que en esta ocasión lea estas encuestas con mayor cautela que de costumbre, sobre todo si las mismas son de alcance nacional.

Más allá de las sanas prácticas de revisar si la muestra es respetable, si las preguntas están bien formuladas y si sus aspectos metodológicos son correctos, usted debe verificar muy bien cuál es el alcance de estos estudios. ¿Son nacionales?, ¿son regionales?, ¿son hechas para un circuito electoral en particular? Salvo para estudiar cómo podría quedar la correlación de fuerzas en el Parlatino, una encuesta de cobertura nacional es en este momento prácticamente inútil para predecir cómo quedará integrado el Parlamento Nacional.

¿Por qué?

Porque las encuestas de cobertura nacional están diseñadas para explicar el comportamiento político del país como si éste se tratase de una circunscripción única. Servirían por ejemplo para analizar cuál es el estado de una elección presidencial o de un referendo si fuese el caso, pero en esta oportunidad, es muy poco el poder explicativo que tienen para decirnos cómo se están moviendo las tendencias en los circuitos para esta elección parlamentaria. Circuitos que por cierto son 87 y que en su gran mayoría están compuestos por municipios o agrupación de municipios y que en cada caso, tienen una historia y comportamiento particular. Así, un sondeo nacional con una muestra potente quizás le pueda decir “cómo están las cosas” en la región zuliana, pero difícilmente le ofrezca detalles de cómo se están comportando electoralmente los 5 circuitos (6 si se contabiliza al Municipio San Francisco) en los que está dividida la ciudad.

Por lo tanto, para intentar establecer un pronóstico más acertado de cuántos escaños podrían ganar las fuerzas políticas en contienda, usted debería contar con encuestas hechas por circuitos, pero lamentablemente las mismas no abundan, salvo en contadas excepciones.

Si su interés no está a nivel de circuitos, sino conocer cuál es la fuerza global de la oposición con respecto al gobierno (o viceversa), debo informarle que casi todas las encuestas electorales –con excepciones, por supuesto–que se efectúan en Venezuela son de cobertura nacional urbana. Fíjese muy bien en el término que he subrayado. ¿Qué significa esto? Que recogen en el mejor de los casos, la opinión del 85% del país y no de las zonas más rurales y despobladas que se despliegan a lo largo y ancho de nuestra geografía.

Dichas encuestas, concentran la mayoría de sus entrevistas en las grandes ciudades del país y es precisamente en estas urbes donde electoralmente la oposición suele salir mejor. En el 15% restante, las diferencias en las preferencias electorales entre oposición y gobierno son históricamente mucho más amplias a favor del segundo factor, a diferencia de las zonas urbanas en donde existe una mayor competitividad. En una elección reñida, ese 15% rural puede marcar una importante diferencia, al punto que podría definir mayorías y minorías en el país.

Así que, la próxima vez que llegue a sus manos una encuesta, léala con precaución. Las encuestas nacionales nos están diciendo sólo la mitad de la película y a veces hasta menos por el elemento que señalé sobre su cobertura. Por último recuerde: las encuestas –aún las mejores– no son infalibles para predecir resultados electorales. Son una fotografía del momento que reflejan el estado actual de las cosas y que en todo caso, al disponer de varias con metodología similar, le indican cómo se han movido las cosas. El día de la elección es otra historia.

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