Realidad Inducida por Gabriel Reyes

Bastaría con revisar con suficiente objetividad las cifras más importantes de la estadística social para comprender que este gobierno ha generado un achatamiento inexplicable en la base de la distribución de riqueza en Venezuela.

No hace falta tener un doctorado en economía para comprender que si cada vez hay más venezolanos ganando sueldo mínimo, ya que el nefasto decreto que se repite con cierta regularidad, no es un aumento que permita, en escala, reconocer a todos los asalariados las bondades de la medida. Esto sucede con la excepción de los sueldos de los militares. ¡Ellos sí disfrutan de un aumento indexado!

Esta situación deriva en que una alta proporción de la población activa viva con sueldos muy por debajo del precio de la cesta básica alimenticia, bajo el argumento falaz del gobierno, que el cálculo se hace con el padre y la madre produciendo cada uno un salario mínimo. Esta situación es inexistente. Venezuela es un matriarcado en los sectores populares, y en esos hogares cada vez hay más pobreza y más desesperación.

Aún suponiendo que el salario fuera suficiente, el índice de escasez en los anaqueles cada vez aumenta más, conviertiendo el mercado semanal en un periplo de varias estaciones para regresar a casa sin alimentos demasiado básicos en la dieta familiar. Pero, si esto no fuera suficiente, todos los rubros con precios congelados registran aumentos de precios compulsivos, acaparamiento por parte del Gran Importador, que lo reparte en una muy deficiente red de mercaditos populares, muchas veces, hasta en estado de descomposición, por la ineptitud en el manejo de las grandes fincas productivas del gobierno, los puertos.

Para ganar sueldo mínimo, primero hay que conseguir trabajo, y esto cada vez es más difícil, ya que a pesar de la demagógica medida de la eterna inamovilidad laboral, las inspectorías del trabajo amanecen abarrotadas de ilusos reclamando su despido “injustificado”. Las empresas van cerrando una tras otra. La carga tributaria y ahora estas leyes de pobre talante intelectual pretenden intervenir los costos y precios sin entender el funcionamiento real de las organizaciones productivas, con el único pretexto de amenazar lo que queda del sector productivo privado. Ante esta realidad, la economía informal toma por asalto las calles y al final del día todos vamos hacia la ruta del buhonerismo, unos más sofisticados que otros. El país va hacia una quiebra “inducida”.

Y es que esta es la palabra de moda: “inducida”. Y no me quedan dudas al afirmar que la pobreza en Venezuela ha sido “inducida” por su propio gobierno, que apartando los detalles mencionados anteriormente, se pasea muy orondo entre cifras alarmantes de inseguridad brutal, de partes de guerra semanales, de atracos y secuestros diarios, que obligan al venezolano a autosecuestrarse. Hospitales en ruinas con el infantil pretexto del reforzamiento de la red de salud en los dispensarios que reparten aspirinas e ideología en los barrios de las ciudades importantes del país. No es muy difícil recorrer los hospitales para validar el estado caótico de los mismos.

Esta “inducción” forma parte de una reflexión que a principio de año hago sobre la necesidad urgente de organizarnos para concretar un verdadero cambio que le devuelva la esperanza al venezolano. Somos cada vez más pobres, y en este estado de indigencia colectiva, el gobierno reparte dádivas clientelares para someternos como súbditos de una fábrica de pobreza. Y con todo y eso, en las encuestas en hogares, donde el 80% de la muestra debería ser clase D y E, el desempeño del gobierno alcanza cifras apenas positivas.

Este 7 de Octubre todos los venezolanos debemos salir a la calle a empuñar el arma del voto, la única que la democracia nos permite, pero la más contundente de todas. En esta oportunidad, no podemos permitir que sentados en esta inmensa reserva de petróleo, altamente endeudada a futuro, esperemos que nos sigan “induciendo” hacia el camino de la miseria. Somos merecedores de un verdadero bienestar, y eso es lo que debemos buscar cambiando el norte de esta embarcación que avanza dando tumbos en el derrotero del fracaso más estrepitoso. ¡Participemos en el cambio y rescatemos nuestro futuro!

@greyesg

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Bastaría con revisar con suficiente objetividad las cifras más importantes de la estadística social para comprender que este gobierno ha generado un achatamiento inexplicable en la base de la distribución de riqueza en Venezuela.

No hace falta tener un doctorado en economía para comprender que si cada vez hay más venezolanos ganando sueldo mínimo, ya que el nefasto decreto que se repite con cierta regularidad, no es un aumento que permita, en escala, reconocer a todos los asalariados las bondades de la medida. Esto sucede con la excepción de los sueldos de los militares. ¡Ellos sí disfrutan de un aumento indexado!

Esta situación deriva en que una alta proporción de la población activa viva con sueldos muy por debajo del precio de la cesta básica alimenticia, bajo el argumento falaz del gobierno, que el cálculo se hace con el padre y la madre produciendo cada uno un salario mínimo. Esta situación es inexistente. Venezuela es un matriarcado en los sectores populares, y en esos hogares cada vez hay más pobreza y más desesperación.

Aún suponiendo que el salario fuera suficiente, el índice de escasez en los anaqueles cada vez aumenta más, conviertiendo el mercado semanal en un periplo de varias estaciones para regresar a casa sin alimentos demasiado básicos en la dieta familiar. Pero, si esto no fuera suficiente, todos los rubros con precios congelados registran aumentos de precios compulsivos, acaparamiento por parte del Gran Importador, que lo reparte en una muy deficiente red de mercaditos populares, muchas veces, hasta en estado de descomposición, por la ineptitud en el manejo de las grandes fincas productivas del gobierno, los puertos.

Para ganar sueldo mínimo, primero hay que conseguir trabajo, y esto cada vez es más difícil, ya que a pesar de la demagógica medida de la eterna inamovilidad laboral, las inspectorías del trabajo amanecen abarrotadas de ilusos reclamando su despido “injustificado”. Las empresas van cerrando una tras otra. La carga tributaria y ahora estas leyes de pobre talante intelectual pretenden intervenir los costos y precios sin entender el funcionamiento real de las organizaciones productivas, con el único pretexto de amenazar lo que queda del sector productivo privado. Ante esta realidad, la economía informal toma por asalto las calles y al final del día todos vamos hacia la ruta del buhonerismo, unos más sofisticados que otros. El país va hacia una quiebra “inducida”.

Y es que esta es la palabra de moda: “inducida”. Y no me quedan dudas al afirmar que la pobreza en Venezuela ha sido “inducida” por su propio gobierno, que apartando los detalles mencionados anteriormente, se pasea muy orondo entre cifras alarmantes de inseguridad brutal, de partes de guerra semanales, de atracos y secuestros diarios, que obligan al venezolano a autosecuestrarse. Hospitales en ruinas con el infantil pretexto del reforzamiento de la red de salud en los dispensarios que reparten aspirinas e ideología en los barrios de las ciudades importantes del país. No es muy difícil recorrer los hospitales para validar el estado caótico de los mismos.

Esta “inducción” forma parte de una reflexión que a principio de año hago sobre la necesidad urgente de organizarnos para concretar un verdadero cambio que le devuelva la esperanza al venezolano. Somos cada vez más pobres, y en este estado de indigencia colectiva, el gobierno reparte dádivas clientelares para someternos como súbditos de una fábrica de pobreza. Y con todo y eso, en las encuestas en hogares, donde el 80% de la muestra debería ser clase D y E, el desempeño del gobierno alcanza cifras apenas positivas.

Este 7 de Octubre todos los venezolanos debemos salir a la calle a empuñar el arma del voto, la única que la democracia nos permite, pero la más contundente de todas. En esta oportunidad, no podemos permitir que sentados en esta inmensa reserva de petróleo, altamente endeudada a futuro, esperemos que nos sigan “induciendo” hacia el camino de la miseria. Somos merecedores de un verdadero bienestar, y eso es lo que debemos buscar cambiando el norte de esta embarcación que avanza dando tumbos en el derrotero del fracaso más estrepitoso. ¡Participemos en el cambio y rescatemos nuestro futuro!

@greyesg

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