Las discusiones sobre el uso del castellano siempre son apasionantes, enriquecedoras. Lo que si es que no son definitivas, porque si ni el diccionario tiene, literalmente. “la última palabra”, siempre será mejor transigir, escuchar al otro y liberarse de dogmas.
Alexis Márquez Rodríguez, a quien necesariamente siempre citaré en muchos de mis escritos, es individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua, sillón zeta, profesor de varias generaciones de docentes de castellano y periodistas de nuestro país. También lo recuerdan sus alumnos del liceo Andrés Bello y los miles y miles de lectores de su columna “Con la lengua”, desde que estaba en el diario El Nacional y ahora en Tal Cual, donde además de Con la Lengua” los dias martes, mantiene una columna de opinión lo viernes y escribe “La palabra” todos los domingos en el tabloide Últimas Noticias. Autor de importantes libros y ensayos sobre el idioma.
Pues bien, nuevamente el deporte me da el chance de recordar una lección de este valioso hombre de las letras, quien además de ser todo lo enumerado, es un conversador gratísimo con quien tuve el privilegio de compartir “Con la Lengua” como espacio de radio durante 3 años.
Ahora Márquez Rodríguez tiene una sección en “Tres para las nueve” de Globovisión, todos los miércoles a las 10 AM.
Apelo al “profe’ como cariñosamente le decimos, a propósito del uso de la palabra “fanático” para definir a esos seres humanos para quienes los resultados de un juego son parte del desayuno.
Esos mortales, entre quienes me incluyo, para los que la suerte del equipo amado es determinante en el ánimo. Nosotros, los que amamos con pasión (creo que no hay otra manera de amar) al Caracas, al Magallanes, a las Águilas del Zulia, a los Orioles, a los Yanquis, al Barça, al Real Madrid, al Boca o a ese que está pensando, dejé fuera.
Lo digo sin complejos porque la palabra fanático, aunque para algunos sólo significa violencia o irracionalidad, tiene varias acepciones y tendrá más.
Según el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española), en su acepción inicial, es decir, el significado con el cual entró al registro de palabras, fanático es: Que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo religiosas o políticas.
También dice: reocupado o entusiasmado ciegamente por algo. Fanático por la música.
Como siempre enfatiza Márquez Rodríguez, “el diccionario es sólo un registro de palabras, no es el dueño de las palabras” y explica más “No porque una palabra no aparezca en el diccionario quiere decir que no existe, para que entre al diccionario, primero debe existir en el habla y aparecer escrita, documentada”.
Es muy interesante todo lo que una palabra debe ser dicha para ser registrada en el diccionario y también lo es lo que van variando sus significados con el paso del tiempo.
Volviendo al “fanático”, además del DRAE, el diccionario de uso “Clave” nos dice: “Preocupado o entusiasmado ciegamente por algo: Es un fanático de la bicicleta y ha recorrido miles de kilómetros con ella.”
Como vemos, en ninguna parte de estos dos registros de palabras vemos que un fanático sea un ser indeseable, que destruye la ciudad si el equipo amado pierde o que sean terroristas.
Claro que hay fanáticos como los “houllighans” ingleses o “fanáticos religiosos” que son capaces de asesinar y suicidarse por sus ideas. Existen, claro, pero no todos los fanáticos son así por definición.
Si nos vamos a los sinónimos, encontramos que la lista es amplia: “acérrimo, tenaz, firme, enérgico, voluntarioso, entusiasta, constante, intransigente, obstinado, subsistente, leal, fiel, noble, amoroso, honrado, amigo, adepto, devoto, fidedigno, seguidor, partidario, incondicional, simpatizante, adicto, adepto, fan, incondicional, entusiasta, apasionado, exclusivista, partidista, parcial, personalista.
Así que dependerá de usted, si es que es fanático, cual de estos conceptos le cuadra.
Esta cronista es fanática del beisbol, de los Leones del Caracas y los Orioles de Baltimore y si me pide un sinónimo escojo: Constante, amorosa, leal, fiel, amiga, adepta, devota, incondicional, entusiasta y apasionada.
Lo digo sin temor, más miedo me daría no serlo, creo que mi vida sería muy aburrida.
El problema viene, en el caso de quienes opinamos, escribimos o comentamos de un deporte, si a la hora de trabajar imponemos el fanatismo ciego y no veamos, por ejemplo, que el equipo de nuestros amores tiene fallas o jugó pésimo, sobre todo porque quedaría uno como un estúpido si no reconoce lo que está mal o no funciona con “nuestro equipo” o si dejamos de resaltar las cualidades del otro.
Es cuestión sentido común, respeto por los lectores, escuchas, televidentes, tuiteros y sobre todo por el oficio que hacemos.
Respeto enormente a quienes dicen que no van por ningún equipo. Supongo que es bueno, no sufren tanto como uno cuando el equipo pierde, pero tampoco son tan felices cuando viene la victoria.



