Cristina “Perón” y Hugo Chávez: ¿Parecidos?


Dos países que compiten por la cifra más alta de inflación parecieran buscar en el populismo la continuidad de sus gobiernos. Sin embargo, un país tan contradictorio como Argentina tiene sus características muy propias. Repite la historia varias veces. El peronismo, ejemplo de ese populismo tan recurrente, encontró en la imagen de Cristina Kirchner -ella mas de Perón que de Evita- la reivindicación de su estilo y políticas públicas que con la más amplia mayoría en votos desde que regresó la democracia al país le aseguran cuatro años de gobierno con mayoría en ambas cámaras del Congreso.

Tentada, al igual que uno de sus mejores amigos, Hugo Chávez, a cercenar las libertades de los medios de comunicación y arrinconar a la prensa libre, la reelecta presidenta hizo un llamado a la concordia nacional y a la unión de los argentinos todos.

Las menciones al caudillo militar venezolano así como los negocios entre funcionarios de ambos países siguen empañando la imagen de esas relaciones tan cuestionadas. Muchos millonarios se han creado en Buenos Aires como en Caracas debido a esos viajes de valijas cargadas de dólares y colocaciones en bancos del exterior. Negocios que arrancan en el papel pero que no terminan de cuajar y se quedan en solo proyectos que -sin rubor alguno- reparten las coimas antes de verlos hechos realidad. Allí la relación tan íntima.

Un país que la reelige más por la bonanza económica que por sus proyectos políticos, por la enorme cantidad de subsidios a los más pobres, con un exceso de importaciones y con la recurrente salida de sus ciudadanos a refugiarse en el dólar para protegerse de la inflación y la devaluación harto conocidas.

El editorial de La Nación recoge esa panorámica:

EDITORIAL DE LA NACION

La Presidenta y la profundización del modelo.
Es necesario que, a partir de hoy, los ganadores de las elecciones hagan de la búsqueda de la concordia su programa

El tan abultado como predecible triunfo electoral logrado ayer por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner debería ayudar a limpiar el escenario nacional de las típicas frases de campaña que nada dicen y a enfrentar los grandes desafíos que los vaivenes de la economía y nuestra deficiencia en materia de calidad institucional plantean a la Argentina.

El principal eje de la propuesta electoral del oficialismo ha pasado por la profundización del modelo. Más que nunca, a partir de hoy, la Presidenta debería preocuparse por brindar señales claras sobre las implicancias de esa profundización, capaces de alejar los fantasmas que rondan las cabezas de muchos empresarios y no pocos ciudadanos comunes.

Las últimas semanas han mostrado una aceleración de la fuga de capitales, desconfianza inversora, pérdida de reservas del Banco Central y temores por las consecuencias que sobre la economía argentina provocaría la crisis internacional. En ese contexto, no menos confusión pueden despertar afirmaciones como las del actual viceministro de Economía y diputado nacional electo, Roberto Feletti, en el sentido de que, ganadas las elecciones, “el populismo no tendrá límites, porque tiene las herramientas para apropiarse de la renta”. Igual efecto pueden tener sugerencias como las del futuro vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, de limitar los contenidos de las carreras de Ciencias Económicas a Marx y a Keynes.

El populismo busca la satisfacción presente del bienestar de las masas, con la mirada puesta en la popularidad y en el apoyo electoral. Deja las consecuencias de largo plazo de sus acciones a otros que gobernarán en el futuro. Por eso no le preocupa el desaliento presente a la inversión genuina, ni el efecto inflacionario posterior. E incluso si estas consecuencias se hicieran realidad mientras todavía se es responsable del gobierno, habrá un relato que señale a otros culpables: ya sean los medios, el capital concentrado, sus lacayos o el neoliberalismo conspirativo.

Si la profundización del modelo radica, como sugieren algunos dirigentes kirchneristas, en terminar con los “grupos concentrados”, deberían advertir el capitalismo de amigos del que se ha hecho un culto en los últimos años. La referencia más acabada de esta modalidad es la Rusia de Putin. Hay capitalismo, pero las grandes empresas, las oportunidades de negocios, por lo general quedan en manos de los amigos, testaferros o socios del poder. Esta clase de modelo tuvo múltiples manifestaciones en la Argentina de los últimos tiempos, tanto en las licitaciones para infraestructura, como en el negocio de los juegos de azar, las empresas de energía y los medios de comunicación. Se gestaron así nuevos grupos económicos afines al poder, que apoyan y participan de sus acciones políticas y reciben beneficios.

Si se quiere profundizar en teorías que intentan explicar con tono pretendidamente académico qué es lo que se entiende por la profundización del modelo, puede recurrirse a diversos foros. Por ejemplo, a las Jornadas Monetarias del Banco Central, que fueron cerradas con un discurso de la Presidenta, o a los tres Congresos de Jóvenes Economistas Heterodoxos de la agrupación la graN maKro, liderados por Boudou, o también al Congreso de la Asociación de Economistas Argentinos para el Desarrollo en la Universidad de Buenos Aires. Con menos pretensión científica pueden consultarse los documentos económicos de La Cámpora. De todas estas manifestaciones resulta claro que la profundización del modelo expone una orientación ideológica muy parecida al socialismo del siglo XXI de Chávez, aunque con menos énfasis en la apropiación formal de la propiedad que en la de la renta.

En una visión fáctica de la política en un contexto de creciente déficit fiscal y sin acceso al crédito, el modelo ya pasó por la apropiación de las llamadas cajas. Así lo fueron los saldos de cuentas oficiales, las AFJP, parte de las reservas y las utilidades no genuinas del Banco Central, entre otras. En una próxima etapa orientada a la “apropiación de la renta”, podrán ser la exportación de granos, el Fondo Solidario de Redistribución de las Obras Sociales y del Pami u algunos otros recursos confiscatorios de los ahorros, de muy mala memoria.

Con una innegable dosis de realismo e intuición, los ahorristas, muchos de los cuales seguramente votaron a la actual Presidenta, se vienen refugiando en el dólar ante la presunción de que la profundización del modelo no puede llevar a un buen destino.

Frente a este complejo contexto, es menester que la jefa del Estado, en la misma línea de sus últimos discursos con los que cerró su campaña, lleve a la práctica sus convocatorias a la unidad y a la concordia nacional; procure, con la fuerte legitimidad que le otorga el apoyo en las urnas, sellar las heridas abiertas por los muchas veces duros reproches a quienes piensan distinto, y asuma que un programa de gobierno debe ser mucho más que una estrategia de campaña

DATOS ADICIONALES DEL TRIUNFO:

Récord de votos. Cristina Kirchner no sólo se convirtió en la primera presidenta mujer reelecta, sino que marcó un hito en cuanto a caudal de sufragios desde el retorno de la democracia: supera el 51,7% que consiguió Ricardo Alfonsín en 1983.

Los otros presidentes que consiguieron un resultado por encima de los 50 puntos fueron Hipólito Yrigoyen en 1928 (57,4%) y Perón en 1946 (52,4), en 1951 (62,5%) y en 1973 (61,8%). Además, establecerá por primera vez un tercer período peronista en la historia argentina (el radicalismo lo consiguió entre 1916 y 1931)

Otro dato saliente de la jornada electoral fue el abultado triunfo que obtuvo Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires, donde consiguió el 55 % de los votos, superando así la cifra alcanzada por la Presidenta a nivel nacional, 53 %. Sin embargo, la mandataria obtuvo más votos que el gobernador en el distrito con mayor peso del país.

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Dos países que compiten por la cifra más alta de inflación parecieran buscar en el populismo la continuidad de sus gobiernos. Sin embargo, un país tan contradictorio como Argentina tiene sus características muy propias. Repite la historia varias veces. El peronismo, ejemplo de ese populismo tan recurrente, encontró en la imagen de Cristina Kirchner -ella mas de Perón que de Evita- la reivindicación de su estilo y políticas públicas que con la más amplia mayoría en votos desde que regresó la democracia al país le aseguran cuatro años de gobierno con mayoría en ambas cámaras del Congreso.

Tentada, al igual que uno de sus mejores amigos, Hugo Chávez, a cercenar las libertades de los medios de comunicación y arrinconar a la prensa libre, la reelecta presidenta hizo un llamado a la concordia nacional y a la unión de los argentinos todos.

Las menciones al caudillo militar venezolano así como los negocios entre funcionarios de ambos países siguen empañando la imagen de esas relaciones tan cuestionadas. Muchos millonarios se han creado en Buenos Aires como en Caracas debido a esos viajes de valijas cargadas de dólares y colocaciones en bancos del exterior. Negocios que arrancan en el papel pero que no terminan de cuajar y se quedan en solo proyectos que -sin rubor alguno- reparten las coimas antes de verlos hechos realidad. Allí la relación tan íntima.

Un país que la reelige más por la bonanza económica que por sus proyectos políticos, por la enorme cantidad de subsidios a los más pobres, con un exceso de importaciones y con la recurrente salida de sus ciudadanos a refugiarse en el dólar para protegerse de la inflación y la devaluación harto conocidas.

El editorial de La Nación recoge esa panorámica:

EDITORIAL DE LA NACION

La Presidenta y la profundización del modelo.
Es necesario que, a partir de hoy, los ganadores de las elecciones hagan de la búsqueda de la concordia su programa

El tan abultado como predecible triunfo electoral logrado ayer por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner debería ayudar a limpiar el escenario nacional de las típicas frases de campaña que nada dicen y a enfrentar los grandes desafíos que los vaivenes de la economía y nuestra deficiencia en materia de calidad institucional plantean a la Argentina.

El principal eje de la propuesta electoral del oficialismo ha pasado por la profundización del modelo. Más que nunca, a partir de hoy, la Presidenta debería preocuparse por brindar señales claras sobre las implicancias de esa profundización, capaces de alejar los fantasmas que rondan las cabezas de muchos empresarios y no pocos ciudadanos comunes.

Las últimas semanas han mostrado una aceleración de la fuga de capitales, desconfianza inversora, pérdida de reservas del Banco Central y temores por las consecuencias que sobre la economía argentina provocaría la crisis internacional. En ese contexto, no menos confusión pueden despertar afirmaciones como las del actual viceministro de Economía y diputado nacional electo, Roberto Feletti, en el sentido de que, ganadas las elecciones, “el populismo no tendrá límites, porque tiene las herramientas para apropiarse de la renta”. Igual efecto pueden tener sugerencias como las del futuro vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, de limitar los contenidos de las carreras de Ciencias Económicas a Marx y a Keynes.

El populismo busca la satisfacción presente del bienestar de las masas, con la mirada puesta en la popularidad y en el apoyo electoral. Deja las consecuencias de largo plazo de sus acciones a otros que gobernarán en el futuro. Por eso no le preocupa el desaliento presente a la inversión genuina, ni el efecto inflacionario posterior. E incluso si estas consecuencias se hicieran realidad mientras todavía se es responsable del gobierno, habrá un relato que señale a otros culpables: ya sean los medios, el capital concentrado, sus lacayos o el neoliberalismo conspirativo.

Si la profundización del modelo radica, como sugieren algunos dirigentes kirchneristas, en terminar con los “grupos concentrados”, deberían advertir el capitalismo de amigos del que se ha hecho un culto en los últimos años. La referencia más acabada de esta modalidad es la Rusia de Putin. Hay capitalismo, pero las grandes empresas, las oportunidades de negocios, por lo general quedan en manos de los amigos, testaferros o socios del poder. Esta clase de modelo tuvo múltiples manifestaciones en la Argentina de los últimos tiempos, tanto en las licitaciones para infraestructura, como en el negocio de los juegos de azar, las empresas de energía y los medios de comunicación. Se gestaron así nuevos grupos económicos afines al poder, que apoyan y participan de sus acciones políticas y reciben beneficios.

Si se quiere profundizar en teorías que intentan explicar con tono pretendidamente académico qué es lo que se entiende por la profundización del modelo, puede recurrirse a diversos foros. Por ejemplo, a las Jornadas Monetarias del Banco Central, que fueron cerradas con un discurso de la Presidenta, o a los tres Congresos de Jóvenes Economistas Heterodoxos de la agrupación la graN maKro, liderados por Boudou, o también al Congreso de la Asociación de Economistas Argentinos para el Desarrollo en la Universidad de Buenos Aires. Con menos pretensión científica pueden consultarse los documentos económicos de La Cámpora. De todas estas manifestaciones resulta claro que la profundización del modelo expone una orientación ideológica muy parecida al socialismo del siglo XXI de Chávez, aunque con menos énfasis en la apropiación formal de la propiedad que en la de la renta.

En una visión fáctica de la política en un contexto de creciente déficit fiscal y sin acceso al crédito, el modelo ya pasó por la apropiación de las llamadas cajas. Así lo fueron los saldos de cuentas oficiales, las AFJP, parte de las reservas y las utilidades no genuinas del Banco Central, entre otras. En una próxima etapa orientada a la “apropiación de la renta”, podrán ser la exportación de granos, el Fondo Solidario de Redistribución de las Obras Sociales y del Pami u algunos otros recursos confiscatorios de los ahorros, de muy mala memoria.

Con una innegable dosis de realismo e intuición, los ahorristas, muchos de los cuales seguramente votaron a la actual Presidenta, se vienen refugiando en el dólar ante la presunción de que la profundización del modelo no puede llevar a un buen destino.

Frente a este complejo contexto, es menester que la jefa del Estado, en la misma línea de sus últimos discursos con los que cerró su campaña, lleve a la práctica sus convocatorias a la unidad y a la concordia nacional; procure, con la fuerte legitimidad que le otorga el apoyo en las urnas, sellar las heridas abiertas por los muchas veces duros reproches a quienes piensan distinto, y asuma que un programa de gobierno debe ser mucho más que una estrategia de campaña

DATOS ADICIONALES DEL TRIUNFO:

Récord de votos. Cristina Kirchner no sólo se convirtió en la primera presidenta mujer reelecta, sino que marcó un hito en cuanto a caudal de sufragios desde el retorno de la democracia: supera el 51,7% que consiguió Ricardo Alfonsín en 1983.

Los otros presidentes que consiguieron un resultado por encima de los 50 puntos fueron Hipólito Yrigoyen en 1928 (57,4%) y Perón en 1946 (52,4), en 1951 (62,5%) y en 1973 (61,8%). Además, establecerá por primera vez un tercer período peronista en la historia argentina (el radicalismo lo consiguió entre 1916 y 1931)

Otro dato saliente de la jornada electoral fue el abultado triunfo que obtuvo Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires, donde consiguió el 55 % de los votos, superando así la cifra alcanzada por la Presidenta a nivel nacional, 53 %. Sin embargo, la mandataria obtuvo más votos que el gobernador en el distrito con mayor peso del país.

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