Un grupo de científicos de la Universidad de Missouri encontró que un medicamento para la hipertensión ayudaría a tratar los problemas básicos asociados con el autismo: la dificultad de desarrollar habilidades lingüísticas y de socialización, así como el comportamiento repetitivo.
Se trata del propranolol, que reduce los efectos de las hormonas del estrés, aliviando así la tensión y controlando la presión arterial. Sin embargo, también tiene el beneficio favorecer el funcionamiento adecuado del cerebro.
“El estrés impide que el cerebro procese adecuadamente datos del exterior, y el cerebro del autista tiene esa misma dificultad, aun sin la presencia de estrés”, explica David Beversdorf, del Centro Thompson para el Autismo y las Discapacidades Mentales de la Universidad de Missouri.
Ya en algunos estudios se había observado que el propranolol ayudaba a pacientes autistas a resolver pequeños problemas lingüísticos, y a asociar mejor las palabras con sus significados, además de facilitar la interacción social. Pero ahora se considera que puede tener una acción de mayor espectro.
Este hallazgo es clave ya que la mayoría de los medicamentos dirigidos a estos pacientes se centran en el tratamiento de problemas psiquiátricos como la agresividad, la ansiedad y el comportamiento obsesivo.
El siguiente paso, explica Beversdorf, es llevar a cabo estudios clínicos para saber si los efectos de este medicamento son duraderos.
Un desafío para las familias
Para lograr que una terapia avance en forma positiva y exitosa para el niño con trastorno del espectro autista (TEA) es muy importante el trabajo en equipo, entre el grupo de profesionales y la familia.
En la mayoría de los casos, son los padres los que aportan información crítica para diseñar un tratamiento eficaz, ya que son los que conocen mejor el comportamiento de su hijo, su forma de comunicarse, sus
predilecciones y motivaciones.
Por eso, la perspectiva familiar es clave en el desarrollo de un plan de intervención. Está comprobado que se puede optimizar el potencial del desarrollo de un niño cuando los padres y los profesionales trabajan unidos, y respetan los distitnos puntos de vista.
Cómo tener una vida saludable
Las personas con discapacidades necesitan los mismos cuidados médicos básicos que todas las personas para mantenerse saludables. Necesitan comer bien, hacer ejercicio, dormir lo suficiente, tomar mucha agua y tener acceso completo a cuidados médicos, incluso hacerse controles físicos y dentales con regularidad.
Es importante encontrar proveedores de salud que se sientan cómodos con las personas que tienen un trastorno del espectro autista.
A veces, cuando las personas con discapacidades tienen cambios o problemas de conducta, es posible que tengan un problema médico que no puedan describir. Por ejemplo, los cabezazos contra objetos o paredes podrían estar relacionados con una discapacidad, o puede que se deban a dolores de cabeza o dentales.
Es por esto que es importante determinar si hay problemas de salud físicos antes de hacer cambios en el tratamiento o terapia de la persona.
Transiciones
Adaptar la vida diaria a las necesidades de un niño con un trastorno del espectro autista no es fácil, hay un período de transición en el que tanto el niño como la familia deben aprender a adaptarse.
La planificación puede hacer que las transiciones sean más fáciles para todos.
Una de las transiciones más críticas es el paso a la universida, transición que conviene planear con años de anticipación, para garantizar que la persona tenga las destrezas necesarias para comenzar la próxima etapa de su vida. La transición de los cuidados médicos del pediatra al médico que trata a adultos con TEA es otra área que necesita contar con un plan.
Cómo lograr una vida independiente
Un adulto con TEA puede vivir solo, dependiendo de la capacidad que tenga para desarrollar actividades de la vida cotidiana como prepararse el desayuno o limpiar la casa. Es posible que necesite ayuda en temas como el manejo del dinero. La familia es el apoyo clave para acompañar en el camino hacia la independencia.
Fuentes: CDC, Medline, Sociedad Americana de Autismo




