Un recuerdo caraquista entre Mis Barajitas: El Universitario parte II

En el estadio venden unas arepas sabrosisimas, las de Longa, siempre calienticas para rellenar con mucho queso fresco o ricos guisos de caraota o carne mechada.

En ese estadio he conocido a gente maravillosa, no sólo jugadores, sino gente como uno, fanáticos del juego, fiebrúos que prefieren ir a un juego que a una fiesta con Billo´s.

Es un sitio del que uno sale contento y cantando cuando gana y triste y calladito si el equipo pierde.

Un Caracas-Magallanes es lo más emocionante que se pueda vivir, es la rivalidad y ligar como sea a que Melvin Mora se ponche, pero también es la guerra de cantos cuando jugamos contra La Guaira o el ambiente sabroso de un Lara-Caracas al que no va tanta gente y uno grita menos, pero grita igual.

En ese sitio ha crecido el Chino, quien tuvola fortuna de ir  con mi  papa.  De vez en cuando me cuenta que estuvo calentando a “un señor que fue pitcher llamado Luis Peñalver”.

Sus primeros dibujos fueron de las luces del estadio, que no dejan de ser su referencia de la ciudad, para él un sitio queda cerca o lejos del Universitario.

Es el lugar más democrático que existe en el mundo, todos somos igualitos allí, uno del Caracas, otros del Magallanes, de La Guaira, Tigres, Caribes, Cardenales, Águilas o Bravos de Margarita, pero todos estamos ligando ganar y brindamos con un desonocido que a la vuelta de dos días se hace nuestro gran pana, al que a lo mejor no vemos hasta el próximo octubre, pero es con quien hemos compartido un batazo, una cerveza, la tristeza de una derrota y el éxtasis del último campeonato. El día que un pana no va, se nota porque siempre alguien lo extraña…

En el estadio se cierran negocios millonarios. Se enamoran unos y también se montan cachos, hasta cuando transmite la televisión.

Se ven señoras elegantísimas y muchachas que usan tan poca ropa que son capaces de desviar la vista de la bola.

Se ha hecho un gran esfuerzo porque puedan ir las familias, hay más seguridad y las remodelaciones han sido para dar más comodidad a los fanáticos, pero siempre se habla de construir un estadio para Caracas, seguramente es verdad que hace falta, pero el Universitario siempre será el gran templo de nosotros.

Es nuestro Campo de Sueños.

Afortunademente no desaparecerá jamás porque forma parte de la Ciudad Universitaria, que es patrimonio de la humanidad y para los beisboleros caraquistas y guairistas, un sitio irrepetible, mágico, el escenario de las más grandes emociones, el terreno donde crecieron nuestros ídolos y crecimos nosotros.

Estoy segura de que es así aunque nunca me he quedado sola toda una noche, cuando se apagan las luces y solo queda la luna que alumbra desde Petare, pero debe haber unas partidas maravillosas, con Baudilio en el home, Gonzalo Márquez en la inicial, Carrasquelito en el campocorto, César Tovar en segunda y Miguel Sanabria en el jardín izquierdo y quién sabe quién más (el que vaya llegando).

Geremy González, Gustavo Polidor y Café Martínez también deben aparecerse alguna noche y el “Loco” Torres debe seguir haciendo señas.

Seguro Carlos Tovar Bracho llega tempranito y comienza como siempre: “Saludos fanáticos” y Delio Amado narra otro jonrón… “La bola se vaaaa, se vaaaaa, se vaaaaaaaaa, jooooooooooooonrron de Baudilio Díaz”.

Musiú, de blanco absoluto, debe compartir unos datos con Carlitos González y este le dirá en algún momento “sin que me quede nada por dentro” y apostará las “Torres de El Silencio” si no viene un toque.

Pedro Padrón Panza y Oscar “Negro” Prieto recorrerán el terreno y las cuevas, verificando que todo esté en orden.

Todos ellos están ahí, siguen ahí, como todos los que han pasado por sus bases o nos hemos sentado en las gradas o tribunas a ligar un ponche.

El Universitario es legendario como el Yankee Stadium, pero el nuestro no lo van a demoler…

Lea la primera parte de esta historia AQUÍ

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En el estadio venden unas arepas sabrosisimas, las de Longa, siempre calienticas para rellenar con mucho queso fresco o ricos guisos de caraota o carne mechada.

En ese estadio he conocido a gente maravillosa, no sólo jugadores, sino gente como uno, fanáticos del juego, fiebrúos que prefieren ir a un juego que a una fiesta con Billo´s.

Es un sitio del que uno sale contento y cantando cuando gana y triste y calladito si el equipo pierde.

Un Caracas-Magallanes es lo más emocionante que se pueda vivir, es la rivalidad y ligar como sea a que Melvin Mora se ponche, pero también es la guerra de cantos cuando jugamos contra La Guaira o el ambiente sabroso de un Lara-Caracas al que no va tanta gente y uno grita menos, pero grita igual.

En ese sitio ha crecido el Chino, quien tuvola fortuna de ir  con mi  papa.  De vez en cuando me cuenta que estuvo calentando a “un señor que fue pitcher llamado Luis Peñalver”.

Sus primeros dibujos fueron de las luces del estadio, que no dejan de ser su referencia de la ciudad, para él un sitio queda cerca o lejos del Universitario.

Es el lugar más democrático que existe en el mundo, todos somos igualitos allí, uno del Caracas, otros del Magallanes, de La Guaira, Tigres, Caribes, Cardenales, Águilas o Bravos de Margarita, pero todos estamos ligando ganar y brindamos con un desonocido que a la vuelta de dos días se hace nuestro gran pana, al que a lo mejor no vemos hasta el próximo octubre, pero es con quien hemos compartido un batazo, una cerveza, la tristeza de una derrota y el éxtasis del último campeonato. El día que un pana no va, se nota porque siempre alguien lo extraña…

En el estadio se cierran negocios millonarios. Se enamoran unos y también se montan cachos, hasta cuando transmite la televisión.

Se ven señoras elegantísimas y muchachas que usan tan poca ropa que son capaces de desviar la vista de la bola.

Se ha hecho un gran esfuerzo porque puedan ir las familias, hay más seguridad y las remodelaciones han sido para dar más comodidad a los fanáticos, pero siempre se habla de construir un estadio para Caracas, seguramente es verdad que hace falta, pero el Universitario siempre será el gran templo de nosotros.

Es nuestro Campo de Sueños.

Afortunademente no desaparecerá jamás porque forma parte de la Ciudad Universitaria, que es patrimonio de la humanidad y para los beisboleros caraquistas y guairistas, un sitio irrepetible, mágico, el escenario de las más grandes emociones, el terreno donde crecieron nuestros ídolos y crecimos nosotros.

Estoy segura de que es así aunque nunca me he quedado sola toda una noche, cuando se apagan las luces y solo queda la luna que alumbra desde Petare, pero debe haber unas partidas maravillosas, con Baudilio en el home, Gonzalo Márquez en la inicial, Carrasquelito en el campocorto, César Tovar en segunda y Miguel Sanabria en el jardín izquierdo y quién sabe quién más (el que vaya llegando).

Geremy González, Gustavo Polidor y Café Martínez también deben aparecerse alguna noche y el “Loco” Torres debe seguir haciendo señas.

Seguro Carlos Tovar Bracho llega tempranito y comienza como siempre: “Saludos fanáticos” y Delio Amado narra otro jonrón… “La bola se vaaaa, se vaaaaa, se vaaaaaaaaa, jooooooooooooonrron de Baudilio Díaz”.

Musiú, de blanco absoluto, debe compartir unos datos con Carlitos González y este le dirá en algún momento “sin que me quede nada por dentro” y apostará las “Torres de El Silencio” si no viene un toque.

Pedro Padrón Panza y Oscar “Negro” Prieto recorrerán el terreno y las cuevas, verificando que todo esté en orden.

Todos ellos están ahí, siguen ahí, como todos los que han pasado por sus bases o nos hemos sentado en las gradas o tribunas a ligar un ponche.

El Universitario es legendario como el Yankee Stadium, pero el nuestro no lo van a demoler…

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