( a esa inmensa mezcla de pasión y amor que tuvo por el juego)
José Alberto Medina Molero
En verdad que las cosas con él no eran para nada fáciles. Su personalidad recia trajo no pocos problemas al béisbol y a sus contrarios. Dicen que Joe Torre al ser cambiado a los Cardenales de San Luis, dijo que era el día más feliz de su vida, ya que no tendría que enfrentarse más a él. Probablemente Tim McCarver resume bastante bien lo que significó en cuanto a dominio sobre los bateadores cuando dijo: “ Él es el pitcher con más suerte que haya visto jamás. Siempre que lanza el otro equipo no anota ninguna carrera”. Hablamos de un lanzador excepcional, con dos premios Cy y un MVP, más de 3000 ponches de por vida y para coronar estos galardones nada más y nada menos que 8 guantes de oro, la tercera mejor cifra de todos los tiempos después de la de Jim Kaat y Greg Maddux. Nos referimos al gran Bob Gibson, inquilino de Cooperstown desde 1981, cuando fue exaltado con el 84% de los votos, cuestión, por cierto, injusta. ¿Se imaginan? 16% de los Cronistas pensaron que Gibson no era merecedor de tal distinción? Cosas de periodistas y de gustos, figúrense que en 72 años no ha habido unanimidad ni siquiera con Ruth, Gehrig, Aaron, Mays Seaver ni Ripken Jr.
Lo aterrador con Gibson era pararse en la caja de bateo y recibir sus lanzamientos. Bob reclamaba para sí la mitad del home y sí algún pelotero atrevido ocupaba “su espacio”, tenía unas boas humeantes para recordarle que era suyo. En esa época cuenta Joe Torre cuando se anunciaba su nombre para lanzar, la noche previa un gran número de bateadores rivales perdían buena parte del sueño. Terrorífico es un buen adjetivo para este señor nacido un 9 de noviembre de 1935 en Omaha, Nebraska.
El dominio que ejerció Gibson sobre los bateadores fue tal que se retiró , luego de 17 campañas, con una efectividad de 2.91 y un coeficiente de embasado por entrada de 1.188, producto de coleccionar nueve zafras con al menos 200 ponches!. Gibson, fue nombrado el jugador más valioso de la Serie Mundial de 1967. A no dudar no hubiesen podido elegir a otro: lanzó tres partidos, los tres completos. Permitió 3 carreras limpias en los 27 episodios y propinó nada más que 26 ponches. Con sus tres triunfos contribuyó a que los Cardenales se ciñeran la corona de esa serie.
Su temporada cumbre fue la de 1968: trece blanqueos en un total de 22 triunfos! Y una efectividad que rondaba la insólita cifra de 1.12 (0.853 embasados promedio por inning). En esa zafra guillotinó a 268 para encabezar la liga y recibió solamente 0.3 jonrones por cada nueve episodios. Llevó a los Cardenales a la Serie Mundial y se hizo con el MVP del viejo circuito. Nada mal ¿No? Ese año, como bien apuntaba en reciente crónica, Humberto Acosta, fue el año del pitcheo y su icono, el humeante y amedrentador pitcher de ébano, tanto fue el dominio registrado ese año sobre los bateadores, que la mlb bajó la altura del montículo para equilibrar un poco esta lucha, cuestión que como sabemos dio resultado.
Gibson tuvo, hacia las postrimerías de su rutilante carrera de serpentinero la gloria del no hit no run, una alegría que no tuvo alguien como Maddux. Sucedió en 1971 y contra los que serían los Campeones de la Serie Mundial de ese año, los Piratas de Roberto Clemente. En el Three Rivers Stadium, Bob les repartió 10 ponches , incluyendo tres para el temible Willie Stargell. En Pittsburg no se veía un no hit no run desde 1907, cuando en el antiquísimo Forbes Field, el lanzador Nick Maddox había bordado una joya de ese tenor.
Sí Dios así lo dispone, el próximo noviembre cumplirá 76 años el gran Bob. ¿Recordará claramente el día 3 de septiembre cuando vistió, como jugador activo, un uniforme de béisbol? ¿Rememorara, para si mismo, la ceremonia de 1981 en la que San Luis retiró su número 45, como el menor de los homenajes posibles a quién fue uno de los más grandes y dominadores pitchers de este deporte?. En cualquier caso sirva esta nota para recordarlo por él…




