
Dice la sabermetría que Franklin Gutiérrez es capaz de fildear casi todas las pelotas que se van hacia su jardín. Lo hemos visto desde sus inicios en nuestra pelota, persiguiendo elevados o esperándolos, porque tiene además esa gran virtud de saber leer los batazos desde que se produce el contacto.
Si un batazo sale al jardín central y “El Guti” está ahí, lo meas probable es que sea out. “Por ahí no se batea”, escucha uno en el estadio…
Otros jardineros centrales han hecho jugadas geniales en el center field de nuestros parques de pelota y se han inscrito en la historia de sus equipos y de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, todos tras los pasos del primero de los más estelares y uno de los mejores: Héctor Benítez “Redondo”.
Para él cayó el último out el viernes por la noche, pero nos dejó su legado, como beisbolista y ciudadano, como padre y esposo amoroso y amigo leal…
Esas atrapadas que parecen imposibles, cuando el jardinero persigue la pelota y se desliza para agarrarla milímetros antes de picar, eran ejecutadas a la perfección, no en balde le decían “Maestro del cordón del zapato”.
Jugó pelota organizada desde niño; participó en el primer campeonato de beisbol infantil en 1933. Pasó por el “Vencedor de Valencia” equipo con el que fue a Panamá a los IV Juegos Centroamericanos y del Caribe. Jugó para el Valdés, (1939), Gavilanes,(1939-40), Caracas (1940) y Venezuela (1941).
En octubre de 1941 formó parte del equipo más legendario del deporte venezolano, en realidad el único que en colectivo ha sido campeón en una competencia internacional de la jerarquía de aquellas series mundiales Amateur.
Algunos historiadores los reconocen como el equipo con la “hazaña deportiva” más trascendente del siglo XX y a falta de un éxito tan importante en lo que va del XXI, esta cronista se atreve a asegurar que no han sido superados.
Héroes civiles entre quienes hay que contar a Abelardo Raidi (delegado) , el manager Manuel Antonio Malpica “El Pollo”, los coaches Jesús Corao y Carlos Maal, el estelar pitcher Daniel “Chino” Canónico, Domingo Barboza “El Taciturno”, Pedro “Buzo” Nelson, Benjamín Chirinos, Ramón “Dumbo” Fernández, , Jesús “Chucho” Ramos, Atilano Malpica, Dalmiro “El Ovejo” Finol, José Antonio Casanova, Guillermo Vento, José Pérez Colmenares “El Terrible”, Felipe Gómez, Francisco “Tarzán” Contreras Joseíto Rodríguez, Juan “Gatico” Hernández, Julio “El Brujo” Bracho, Enrique “Conejo” Fonseca, Luís Romero Petit, Enrique “Conejo” Fonseca y Héctor Benítez “Redondo”, además del masajista Jesús Rodil.
La victoria en La Habana fue una sensación nacional, el país estalló en alegría, fue hasta un asunto de estado para el presidente Isaías Medina Angarita, quien primero suspendió una partida de golf y el día de la final la reunión del gabinete para enterarse de cómo iba el juego. Fueron recibidos en el puerto de La Guaira como verdaderas estrellas, quedaron abrumados con el despliegue de prensa y la repercusión que entonces tuvieron en la vida del país.
Definitivamente, los “héroes del 41” enamoraron a los venezolanos del beisbol para siempre y Héctor Benítez “Redondo” fue pieza fundamental en aquel engranaje perfecto, custodio del jardín central, flanqueado por Jesús “Chucho” Ramos y Julio Bracho.
Le ganaron a Puerto Rico, México, Nicaragua, Estados Unidos, Panamá, perdieron el invicto con los Dominicanos y se desquitaron de nuevo contra Cuba, así empataron en el primer lugar con registro de 7 y 1 y hubo que hacer el juego del desempate, que ganó Venezuela con Daniel “Chino” Canónico en la lomita.
Fueron especiales, Andrés Eloy les escribió un romance “Romance de campeonato” que empieza así:
“Con matrimonio canónico
en La Habana se han casado
la bandera de Juan Bimba
y el pendón del campeonato”…
Héctor Benítez “Redondo” fue fundador de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. El 12 de Enero de 1946 vestía el uniforme del Cerveza Caracas. En 12 temporadas dejó registro de 419 juegos jugados, 1228 turnos, 366 hits, 57 dobles, 8 triples, 21 jonrones, 168 carreras empujadas, 195 anotadas y 37 bases robadas, para un average de .298. Y siempre se recuerda que fue el primer bateador venezolano que conectó 3 jonrones en un juego profesional, hazaña que consiguió con el Pastora en la Liga Occidental el 20 de junio de 1950.
Era un hombre generoso y amable, familiar y piropeador, como los caballeros de su época, caraqueño de pura cepa, “de los de antes”, con buen humor y grata conversa.
Aunque esta crónica comenzó comparándolo con El Guti, es preciso aclarar que Héctor Benítez no era delgado o tan alto, más bien de contextura fuerte y de estatura mediana.
Pero fue el primer jardinero súper estelar.
Volaba tras las pelotas y después convertía su brazo certero y potente en un cañón con mira telescópica.





