El domingo en el Wrigley, Gavin Floyd y Ted Lilly estuvieron enfrascados en un duelo emocionante, cada uno cuidando sus lanzamientos para evitar una buena conexión.
Hasta el séptimo episodio nadie había dado hit, pero Alfonso Soriano despachó batazos de dos esquinas y así terminó la posibilidad del no hitter para el pitcher patiblanco. Al doble de Soriano le siguió sencillo remolcador de Chad Tracy y esa fue la única carrera del encuentro.
Seguía la posibilidad de la joya para Lilly. El Wrigley Field no es escenario de un “no hit no run” desde hace casi 38 años, cuando el 2 de septiembre de 1972, Milt Pappas concretó la hazaña sometiendo a los Padres de San Diego.
El “no hit no run” de Carlos Zambrano fue contra los Astros de Houston en Milwaukee, un juego que tuvo que mudarse debido al huracán “Ike”.
Los consecuentes asistentes al viejo estadio esperaban ansiosos que ocurriera. Cuarenta mil 456 personas ocupaban poco más del 98 por ciento de la capacidad del parque.
Llegó el noveno de los Medias Blancas y Ted Lilly subió al morrito.
Oswaldo Guillén llamó a Juan Pierre como emergente.
Pierre no es un gran bateador, pero es de esos que pueden tocar la bola o dar un batazo oportuno.
Guillén optó por la maña y acertó. Con Juan Pierre en el plato podía esperarse cualquier cosa. Es de los que puede embasarse tocando la bola, hábil, es un bateador incómodo en una situación así.
Lo que los fieles a los Cachorros no querían ver sucedió, el emergente envió la bola al jardín central y dejó a Lilly a tan sólo 3 outs de un juego si hits ni carreras.
A esta cronista no le gustaba la idea de que el no-no se rompiera con un toque. Insisto en que ese tipo de joyas debe terminar con un buen batazo…y así fue, no hubo historia en el Wrigley.



