Ganar es imposible

 

“La mayoría de los juegos de pelota se pierden, no se ganan”.

La afirmación es de Casey Stangel, quien jugó 14 años en las Grandes ligas y después se convirtió en uno de los managers más celebres de la historia del juego.

Un hombre exitoso, especialmente en una de las épocas más esplendorosas de los Yankees de Nueva York; un manager por encima del promedio (.508), producto de 1.926 victorias por 1.867 reveses acumulados de por vida.

En 1954 consiguió 103 ganados dirigiendo a los del Bronx y también 120 derrotas con los Mets de 1962, equipo que le hizo decir una frase que retrata el terrible momento que atravesaban: “Los Mets me han enseñado maneras de perder que yo no conocía”.

También dijo una vez que le preguntaron por una mala racha: “Existen tres cosas que pueden pasar en el beisbol: puedes ganar, puedes perder… o puede llover”.

 

Connie Mack, el manager que dirigía vestido de traje, corbata y sombrero, piloto por 53 años, el más ganador por supuesto con 3.582 victorias, dijo: “Uno no puede ganar ningún juego a menos que esté preparado para ganar”.

 

Sparky Anderson, piloto de la inolvidable “Maquinaria Roja de Cincinnati”, le respondió a Juan Vené, después de que el cronista le dijo “viejo sabio”: “Si yo fuera sabio en el beisbol no estaría aquí trabajando como manager. En caso de que alguien fuera sabio del beisbol, tendría una posición tan buena, que no existe. Y no existe esa posición, porque no hay sabios en este juego”.

 

Recuerdo que mi papá, a quien le gustaba contar en términos casi épicos las victorias de todos los Yankees que pudo disfrutar hasta sus 82 años, me decía (claro que exagerando) que los Yankees de los años 50’s eran tan buenos que Casey Stangel se quedaba dormido en el dugout, mientras el equipo bateaba y anotaba carreras.

Aunque admiraba como a pocos a Stangel, lo decía para destacar lo que significaba la toletería que encabezaba Mickey Mantle y explicar la frase: “Los juegos los ganan los jugadores y los pierden los managers”.

 

Es injusto, pero así es, por eso también se repite tanto que es mejor despedir a un hombre que a veinticinco y Walter Alston, manager ganador de  4 campeonatos de Serie Mundial con los Dodgers (1955, 1959, 1963, 1965)  dijo una vez que “Los managers no renuncian, los despiden”.

Cuando un equipo entra en una crisis de derrotas, lo primero que se especula es que el piloto va a ser despedido porque así sucede muchas veces.

Ciertamente el manager tiene una enorme responsabilidad en el éxito o fracaso de un equipo, pero en definitiva si los jugadores no responden, ni que resuciten a Mack, Stangel y Anderson y los tres dirijan juntos, se puede ganar.

Anoche los Medias Blancas enfrentaron a los Mellizos de Minnesota, quienes tenían a Francisco Liriano en la lomita. El lanzador dominicano había soportado apenas tres episodios en su anterior salida y acumulaba 4 derrotas con un juego ganado y  9.13 de efectividad. Era difícil sospechar que el abridor lograría concretar un juego sin hits ni carreras, tal como ocurrió.

El quisqueyano pudo colocar sus pitcheos lejos del alcance de los bates de los Patiblancos en una noche en la que su rival sólo permitió una carrera. El pitcheo de los Medias Blancas estuvo a la altura, pero Liriano lanzó “nohitter”.

Si de algo han sufrido los bateadores de los Medias Blancas en esta temporada es de “anemia ofensiva”, en colectivo batean para .236 y la efectividad de sus lanzadores promedia 4.33, con once ganados y veinte perdidos, combinación que puede explicar por qué van de últimos en la División del Centro de la Liga Americana.

Un equipo que no produce carreras, que no consigue ligar los batazos y deja corredores en base, mientras sus lanzadores son castigados no puede ganar, llámese como se llame el manager. 

A los Medias Blancas, sólo les falta que se accidente el autobús,  no lleguen a tiempo  y pierdan por forfait.

No han sido días fáciles.

La semana pasada Oswaldo Guillén fue amonestado por obviar una regulación de Major League Baseball que establece que “las redes sociales no pueden ser utilizadas por jugadores y técnicos, desde media hora antes del encuentro hasta la culminación del mismo”.

El venezolano fue expulsado en el primer inning por discutir algo que no se discute (bolas y strikes),  a los minutos dijo por tu cuenta de twitter: “Esto me va a costar mucho dinero. Esto fue patético”.

Asumió el castigo y reconoció su error: “Creo que fue bueno para el beisbol, para mí y para la integridad del juego”, dijo  cuando regresó de la suspensión de dos juegos.

Nada le sale bien a los Medias Blancas, la semana pasada el lanzador Phil Humber estuvo dominando a los Yankees sin permitirles imparables por espacio de 7 episodios, en un encuentro en el que los de Guillén se sacudieron racha de 23 innings sin anotar carreras, ganaron 2 por 0, pero al día siguiente volvieron a perder. En los últimos 10 juegos suman 7 derrotas.

No batean, no hacen lo debido, no tienen lo que hace falta para ganar.

Como decía el recordado manager de los Orioles, Earl Weber: “Las claves para ganar los juegos de beisbol son: el pitcheo, ejecutar los fundamentos y  conectar  jonrones de tres carreras”.

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“La mayoría de los juegos de pelota se pierden, no se ganan”.

La afirmación es de Casey Stangel, quien jugó 14 años en las Grandes ligas y después se convirtió en uno de los managers más celebres de la historia del juego.

Un hombre exitoso, especialmente en una de las épocas más esplendorosas de los Yankees de Nueva York; un manager por encima del promedio (.508), producto de 1.926 victorias por 1.867 reveses acumulados de por vida.

En 1954 consiguió 103 ganados dirigiendo a los del Bronx y también 120 derrotas con los Mets de 1962, equipo que le hizo decir una frase que retrata el terrible momento que atravesaban: “Los Mets me han enseñado maneras de perder que yo no conocía”.

También dijo una vez que le preguntaron por una mala racha: “Existen tres cosas que pueden pasar en el beisbol: puedes ganar, puedes perder… o puede llover”.

 

Connie Mack, el manager que dirigía vestido de traje, corbata y sombrero, piloto por 53 años, el más ganador por supuesto con 3.582 victorias, dijo: “Uno no puede ganar ningún juego a menos que esté preparado para ganar”.

 

Sparky Anderson, piloto de la inolvidable “Maquinaria Roja de Cincinnati”, le respondió a Juan Vené, después de que el cronista le dijo “viejo sabio”: “Si yo fuera sabio en el beisbol no estaría aquí trabajando como manager. En caso de que alguien fuera sabio del beisbol, tendría una posición tan buena, que no existe. Y no existe esa posición, porque no hay sabios en este juego”.

 

Recuerdo que mi papá, a quien le gustaba contar en términos casi épicos las victorias de todos los Yankees que pudo disfrutar hasta sus 82 años, me decía (claro que exagerando) que los Yankees de los años 50’s eran tan buenos que Casey Stangel se quedaba dormido en el dugout, mientras el equipo bateaba y anotaba carreras.

Aunque admiraba como a pocos a Stangel, lo decía para destacar lo que significaba la toletería que encabezaba Mickey Mantle y explicar la frase: “Los juegos los ganan los jugadores y los pierden los managers”.

 

Es injusto, pero así es, por eso también se repite tanto que es mejor despedir a un hombre que a veinticinco y Walter Alston, manager ganador de  4 campeonatos de Serie Mundial con los Dodgers (1955, 1959, 1963, 1965)  dijo una vez que “Los managers no renuncian, los despiden”.

Cuando un equipo entra en una crisis de derrotas, lo primero que se especula es que el piloto va a ser despedido porque así sucede muchas veces.

Ciertamente el manager tiene una enorme responsabilidad en el éxito o fracaso de un equipo, pero en definitiva si los jugadores no responden, ni que resuciten a Mack, Stangel y Anderson y los tres dirijan juntos, se puede ganar.

Anoche los Medias Blancas enfrentaron a los Mellizos de Minnesota, quienes tenían a Francisco Liriano en la lomita. El lanzador dominicano había soportado apenas tres episodios en su anterior salida y acumulaba 4 derrotas con un juego ganado y  9.13 de efectividad. Era difícil sospechar que el abridor lograría concretar un juego sin hits ni carreras, tal como ocurrió.

El quisqueyano pudo colocar sus pitcheos lejos del alcance de los bates de los Patiblancos en una noche en la que su rival sólo permitió una carrera. El pitcheo de los Medias Blancas estuvo a la altura, pero Liriano lanzó “nohitter”.

Si de algo han sufrido los bateadores de los Medias Blancas en esta temporada es de “anemia ofensiva”, en colectivo batean para .236 y la efectividad de sus lanzadores promedia 4.33, con once ganados y veinte perdidos, combinación que puede explicar por qué van de últimos en la División del Centro de la Liga Americana.

Un equipo que no produce carreras, que no consigue ligar los batazos y deja corredores en base, mientras sus lanzadores son castigados no puede ganar, llámese como se llame el manager. 

A los Medias Blancas, sólo les falta que se accidente el autobús,  no lleguen a tiempo  y pierdan por forfait.

No han sido días fáciles.

La semana pasada Oswaldo Guillén fue amonestado por obviar una regulación de Major League Baseball que establece que “las redes sociales no pueden ser utilizadas por jugadores y técnicos, desde media hora antes del encuentro hasta la culminación del mismo”.

El venezolano fue expulsado en el primer inning por discutir algo que no se discute (bolas y strikes),  a los minutos dijo por tu cuenta de twitter: “Esto me va a costar mucho dinero. Esto fue patético”.

Asumió el castigo y reconoció su error: “Creo que fue bueno para el beisbol, para mí y para la integridad del juego”, dijo  cuando regresó de la suspensión de dos juegos.

Nada le sale bien a los Medias Blancas, la semana pasada el lanzador Phil Humber estuvo dominando a los Yankees sin permitirles imparables por espacio de 7 episodios, en un encuentro en el que los de Guillén se sacudieron racha de 23 innings sin anotar carreras, ganaron 2 por 0, pero al día siguiente volvieron a perder. En los últimos 10 juegos suman 7 derrotas.

No batean, no hacen lo debido, no tienen lo que hace falta para ganar.

Como decía el recordado manager de los Orioles, Earl Weber: “Las claves para ganar los juegos de beisbol son: el pitcheo, ejecutar los fundamentos y  conectar  jonrones de tres carreras”.

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