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Estoy a punto de que me apliquen una descarga de electroimán en la cabeza, una vez por segundo durante ocho minutos.
Me muevo nerviosamente en la enorme silla negra con apoyabrazos de metal que se interponen en mi camino hacia la puerta.
“Sólo tienes que relajarte”, dice Mike Esterman, el investigador que me va a administrar la descarga.
Para él es muy fácil decirlo: es el que tiene en la mano el imán.
Vine al Laboratorio de Atención y Aprendizaje en Estados Unidos para tratar de enseñar a mi cerebro a concentrarse mejor.
Esterman y su colega, el neurocientÃfico Joe DeGutis, le han dedicado casi siete años a un programa de entrenamiento para ayudar a quienes se distraen fácilmente, como yo.
Hasta ahora, sus métodos parecen particularmente promisorios para veteranos de guerra con problemas relacionados con el trastorno por estrés postraumático y lesiones cerebrales, asà como personas con trastorno por déficit de atención e hiperactividad.
Pero lo que quiero saber es, ¿son capaces de mejorar la mente distraÃda de la persona promedio que tiende a postergar sus deberes?
Y si esto es posible, ¿pueden aplicarme el método a m� ¿Por favor?
“Normalmente es muy difÃcil modificar un funcionamiento ‘normal’ en uno que esté por encima del promedio o de rango superior”, dice el investigador.
Pero después de echar una mirada a mi prueba de “concentración continua” en lÃnea, queda claro que mi caso no entra en la categorÃa normal.
Saqué 53 puntos, más de 20 por debajo de la media (puedes hacerte la prueba en el vÃnculo al final de este artÃculo).
“Definitivamente puedes mejorar”, dice Esterman, y me invita a Boston para un curso intensivo de cuatro dÃas.
Esperanza de cambio
Tras una década de estudios neurocientÃficos, se sabe que el cerebro adulto se mantiene maleable toda la vida y que puede cambiar para mejor.
Pero –y se trata de un “pero” muy grande- para cambiar cualquier cosa en el cerebro hay que enfocarse. ¿Qué pasa entonces cuando lo que es complicado es el mero acto de concentrarse?
Cerca del 80% de los estudiantes y el 25% de los adultos admite una tendencia crónica a no terminar las tareas. Y más ahora que internet y los teléfonos inteligentes ofrecen un número incontable de distracciones.
Según el psicólogo Tim Pychyl, de la Carleton University, en Canadá, y autor del libro “Solving the Procrastination Puzzle” (“Resolviendo el rompecabezas de la postergación”), el problema es principalmente emocional: la distracción es un mecanismo que se activa en momentos de estrés para lidiar con los problemas.
“Tenemos un cerebro programado para preferir la recompensa inmediata. Postergar tareas es una manera de decir ‘preferirÃa sentirme bien ahora’, dice.
“Pero la fuerza de voluntad es como un músculo… con el tiempo puedes fortalecer tus recursos de la atención”.
Objetivo: el cerebro
Y esto es exactamente en lo que DeGutis y Esterman trabajan.
Su programa apunta a la “red dorsal de atención” del cerebro, que vincula regiones de la corteza prefrontal –la parte del cerebro encima de los ojos que ayuda a tomar decisiones- y la corteza parietal, la “mesa de controles” de nuestros sentidos, que está encima y ligeramente hacia atrás de los oÃdos.
Esta es la parte del cerebro que se activa cuando prestamos atención deliberada a una tarea. Para que funcione, la actividad en otra parte del cerebro -la que se conoce como la “red de modo por defecto”, responsable de la divagación, la creatividad y el no pensar en nada en particular- se debe reducir
Estudios con escáneres mostraron que el lado derecho de la red dorsal de atención hace la mayor parte del trabajo.
Las personas que salen mal en las pruebas como las de DeGutis y Esterman muestran más actividad en los dos hemisferios, lo que sugiere que tienen una mayor inclinación por el lado izquierdo, menos eficiente.
El foco
Asà que empezamos con una resonancia magnética para que Esterman pueda determinar la región del cerebro que necesita estimulación.
La prueba no es tan mala como me temÃa. Al principio.
Durante el primer minuto se siente como si estuvieran estallando palomitas de maÃz en el cráneo. Cinco minutos más tarde es realmente molesto, como si me estuvieran dando golpecitos constantes en la cabeza.
Además de la estimulación magnética, me someto a sesiones de entrenamiento con computadoras, donde una imagen aparece en la pantalla de tanto en tanto.
El ejercicio consiste en presionar la barra espaciadora cuando aparece una combinación especÃfica tan rápido como sea posible.
Tres dÃas más tarde no he mejorado nada.
Pero de repente, algo hace clic. Mi puntuación da un salto de 11-30% de aciertos a 50-70%.
Empiezo a tener una extraña y repentina conciencia de lo que está pasando en mi mente.
Me doy cuenta, por ejemplo, de que fallé algunas respuestas por estar pensando en cómo escribir este artÃculo o en qué estarÃa haciendo mi hijo en ese momento.
DeGutis cree que se trata de un hito importante. Ser consciente de lo que estás pensando es muy útil para tratar de detener la distracción antes de que te lleve demasiado lejos.
CÃrculo vicioso
Sin embargo, los doctores insisten en que no me han hecho una prueba completa. Normalmente el tratamiento dura unas ocho semanas.
Pero está claro que ha tenido algún resultado. Mejoré considerablemente en todas las pruebas que hice y me siento más calmada y concentrada en general.
¿Es realmente posible que haya cambiado mi cerebro en sólo 4 dÃas?
“No estructuralmente”, dicen los expertos al unÃsono. Sin embargo, el estudio no ha sido en balde.
Lo que estos resultados sugieren, me dicen, es que uso los mismos recursos pero de manera más eficiente.
Estar concentrado no se trata de vaciar toda tu energÃa en una tarea, sino de permitir que el cerebro se distraiga ocasionalmente y de darle unos “codazos” gentiles para que vuelva al camino correcto.
Estresarse acerca de estar distraÃdo sólo libera un flujo de hormonas al cerebro, que no ayudan para nada.
“Cuando no estás muy ansioso ni estás demasiado absorto en una tarea, los receptores de norepinefrina (una hormona responsable de la concentración) en la corteza prefrontal, llamados alfa 2-A, están encendidos. Si te estresas demasiado, se apagan”, dice DeGutis.
Asà que, irónicamente, parece que lo que explica mi estado de distracción permanente es que intento concentrarme demasiado, lo cual resulta contraproducente. Es un cÃrculo vicioso.
Naturaleza y yoga para ayudar a la mente
Entonces DeGutis me da las malas noticias.
“El efecto probablemente se desvanecerá en una semana o dos”, dice.
Al parecer el entrenamiento cerebral es como el ejercicio fÃsico: tienes que seguir haciéndolo o terminarás tan fofo como al principio.
Me dicen que el contacto con la naturaleza ayuda a la concentración y también sugieren que me apunte a una clase de meditación o haga yoga más de una vez a la semana.
Al final del cuento, sin embargo, lo más importante para mà es que fui a Boston a preguntar si mi cerebro distraÃdo se puede educar.
Y volvà con una respuesta clara: sà se puede.




