La tasa regional de desempleo juvenil urbano y rural es de 13,9%, triplica a la de los adultos, por otra parte seis de cada 10 jóvenes que sí consiguen ingresar al mercado laboral lo hacen en condiciones de informalidad. De aquellos que lo hacen en la formalidad 40% labora en pequeñas empresas que usualmente tienen problemas para ofrecer las mejores condiciones de trabajo, y frecuentemente por sus limitaciones incurren en violaciones de normas laborales.
En cuanto a la protección social, el informe aludido destaca que 39% de los jóvenes cotizan para un régimen de pensiones, lo que representa 13% menos que los trabajadores adultos. En todos los países se observa una fuerte correlación entre el nivel de ingreso de los hogares y la tasa de cobertura de la seguridad social, dado que los trabajadores de hogares del quintil más rico de la distribución del ingreso presentan tasas de contribución sistemáticamente superiores que las de los trabajadores pertenecientes al quintil más pobre. Cabe mencionar que a medida que se desciende en la escala de ingresos, el porcentaje de trabajadores por cuenta propia aumenta, lo que explica en parte el menor acceso a los sistemas de seguridad social.
Es por lo que recientes fusiones de ministerios han levantado zozobras entre los trabajadores, particularmente ya que hay más de un millón doscientos mil contratados sin nombramientos (según dirigentes de la UNT), y cuya precariedad ha quedado en evidencia en pasadas fusiones como el caso de los despachos de Planificación y de Finanzas, que dejó en 2010 a más de 1.200 trabajadores por fuera, casi todos contratados. Recientemente se han fusionado varios despachos ministeriales y vuelven los contratados a temblar por la precariedad e informalidad de su situación.
Algunos juicios u opiniones dan la impresión de considerar que la opción de trabajar en la informalidad, es una alternativa que depende de la decisión personal y que es voluntaria. Es necesario profundizar los procesos que llevan a estar en una situación u otra.
Desde la mayor parte de los estudios muy poco se concluye que sea predominante la voluntad personal, y que más bien son las políticas macroeconómicas, las de mercado laboral, las oportunidades de empleo y otras características estructurales lo que determinan el problema.
En nuestro país, se viene anunciando desde el gobierno un proyecto de ley del primer empleo para los jóvenes, es interesante que su texto salga del ámbito oficial y se discuta también con empresarios, sindicatos y la academia, para cruzar opiniones entre diversas visiones del problema. Hasta ahora, algunas notas de prensa sobre su difusión luce más bien como intercambios propagandísticos y no analíticos. Vivimos una etapa de muy limitada creación de empleos, y sin duda ello afecta más a los jóvenes, por lo que todo esfuerzo ha de ser con amplitud.







