Comienza el juicio de Barry Bonds

Para Barry Bonds comenzó el juicio que determinará si cometió o no perjurio cuando declaró en un tribunal federal de San Francisco el 4 de diciembre del 2003, en un interrogatorio que se prolongó por 2 horas y 53 minutos, que no consumió sustancias para mejorar el rendimiento.

Según las reseñas de aquel entonces, Bonds se limitó a decir “No, que yo sepa”, “No, no”, “No” y “Así es”.

La investigación buscaba determinar el uso de las drogas en los deportes y para ello fueron designados dos fiscales y un jurado a quienes Bonds le negó haber consumido a sabiendas, las sustancias suministradas por su entrenador Greg Anderson.

El 15 de noviembre de 2007, semanas después de terminada la temporada en la que dejó atrás el record de Hank Aaron, fue acusado de mentir al jurado investigador cuando negó haber usado a sabiendas, drogas para mejorar el rendimiento.

A partir de hoy el jurado determinará si Barry Bonds cometió perjurio, delito que podría condenarlo entre 18 meses a 10 años de cárcel.

Y el juicio al bateador que más veces la ha sacado de un parque de Grandes Ligas (762), será otra vez excusa para que salan los detractores y quienes justifican el uso de los esteroides.

Algunos apoyan su rechazo, principalmente, en que esas drogas dañan la salud de los consumidores y el hecho de que un jugador de beisbol de la talla de Bonds  las use, constituye un terrible ejemplo para los deportistas que piensan que pueden ser como él.

Imagínense un muchacho de cualquier sitio de nuestro país, pero pongamos por ejemplo un joven pelotero de 15 años de Cumaná que quiere que los scouts lo vean para tener un súper bono al firmar con un equipo de Grandes Ligas y alguno de sus entrenadores  le recomienda que se inyecte, tome unas pastillas o que use una crema, que le va a ayudar a cumplir con el sueño de llegar a las Mayores.

El muchacho sólo quiere ser un profesional del beisbol y que a duras penas está en bachillerato, no tiene idea de lo que significa consumir esteroides, acepta la recomendación y a las pocas semanas nota que su cuerpo ha cambiado, que de ser un tipo delgado ahora luce “más fuerte” así que continúa haciéndolo por dos años,  pensando en el “try out” y unos días antes de la cita con los “cazatalentos” le da un paro cardíaco porque el corazón también creció, suena extrema esta situación, pero podría ocurrir, recordemos a la atleta olímpica  Florence Griffith Joyner, cuya muerte se vincula al abuso de esas sustancias.

Otra razón para rechazar los esteroides es estrictamente deportiva. Es trampa, dicen muchos, por algo se llaman “sustancias para mejorar el rendimiento” es decir, ayudan a ser mejores, ayudan a la fortaleza de los músculos, a la rapidez en el swing, así que , además de ser ilegales le dan ventaja a quienes las usan por encima de los demás.

Entonces surgen los defensores, no tanto de los esteroides, sino de los “héroes” del madero o del montículo que cayeron en la tentación de usarlas. Dicen que no cualquiera que consuma esteroides puede batear, eso es cierto, tanto como que no cualquiera llega a las Mayores.

A todos los jugadores los firman por algo, unos son mejores que otros, por eso unos están en el Salón de la Fama de Cooperstown y otros no.

Nadie podría discutir del talento de Bonds para batear, pero cabe la pregunta: ¿habría dado 762 jonrones sin la “ayuda”? Nunca lo sabremos.

Así como es imposible negar la habilidad por encima del promedio que tenía Bonds para batear desde que estudiaba en el Collage, tampoco se pueden negar las “propiedades” de esas drogas, de lo contrario no las habrían usado.

Si no sirvieran para mejorar el rendimiento, nadie las habría usado y mucho menos se habrían escondido par hacerlo.

Y es que Bonds no dista mucho del imaginario jovencito de Cumaná que quiso tomar un atajo para ser el mejor, tal vez la diferencia esté en si estaba o no al tanto de que se trataba de esteroides y eso es exactamente lo que  el jurado deberá determinar.

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Para Barry Bonds comenzó el juicio que determinará si cometió o no perjurio cuando declaró en un tribunal federal de San Francisco el 4 de diciembre del 2003, en un interrogatorio que se prolongó por 2 horas y 53 minutos, que no consumió sustancias para mejorar el rendimiento.

Según las reseñas de aquel entonces, Bonds se limitó a decir “No, que yo sepa”, “No, no”, “No” y “Así es”.

La investigación buscaba determinar el uso de las drogas en los deportes y para ello fueron designados dos fiscales y un jurado a quienes Bonds le negó haber consumido a sabiendas, las sustancias suministradas por su entrenador Greg Anderson.

El 15 de noviembre de 2007, semanas después de terminada la temporada en la que dejó atrás el record de Hank Aaron, fue acusado de mentir al jurado investigador cuando negó haber usado a sabiendas, drogas para mejorar el rendimiento.

A partir de hoy el jurado determinará si Barry Bonds cometió perjurio, delito que podría condenarlo entre 18 meses a 10 años de cárcel.

Y el juicio al bateador que más veces la ha sacado de un parque de Grandes Ligas (762), será otra vez excusa para que salan los detractores y quienes justifican el uso de los esteroides.

Algunos apoyan su rechazo, principalmente, en que esas drogas dañan la salud de los consumidores y el hecho de que un jugador de beisbol de la talla de Bonds  las use, constituye un terrible ejemplo para los deportistas que piensan que pueden ser como él.

Imagínense un muchacho de cualquier sitio de nuestro país, pero pongamos por ejemplo un joven pelotero de 15 años de Cumaná que quiere que los scouts lo vean para tener un súper bono al firmar con un equipo de Grandes Ligas y alguno de sus entrenadores  le recomienda que se inyecte, tome unas pastillas o que use una crema, que le va a ayudar a cumplir con el sueño de llegar a las Mayores.

El muchacho sólo quiere ser un profesional del beisbol y que a duras penas está en bachillerato, no tiene idea de lo que significa consumir esteroides, acepta la recomendación y a las pocas semanas nota que su cuerpo ha cambiado, que de ser un tipo delgado ahora luce “más fuerte” así que continúa haciéndolo por dos años,  pensando en el “try out” y unos días antes de la cita con los “cazatalentos” le da un paro cardíaco porque el corazón también creció, suena extrema esta situación, pero podría ocurrir, recordemos a la atleta olímpica  Florence Griffith Joyner, cuya muerte se vincula al abuso de esas sustancias.

Otra razón para rechazar los esteroides es estrictamente deportiva. Es trampa, dicen muchos, por algo se llaman “sustancias para mejorar el rendimiento” es decir, ayudan a ser mejores, ayudan a la fortaleza de los músculos, a la rapidez en el swing, así que , además de ser ilegales le dan ventaja a quienes las usan por encima de los demás.

Entonces surgen los defensores, no tanto de los esteroides, sino de los “héroes” del madero o del montículo que cayeron en la tentación de usarlas. Dicen que no cualquiera que consuma esteroides puede batear, eso es cierto, tanto como que no cualquiera llega a las Mayores.

A todos los jugadores los firman por algo, unos son mejores que otros, por eso unos están en el Salón de la Fama de Cooperstown y otros no.

Nadie podría discutir del talento de Bonds para batear, pero cabe la pregunta: ¿habría dado 762 jonrones sin la “ayuda”? Nunca lo sabremos.

Así como es imposible negar la habilidad por encima del promedio que tenía Bonds para batear desde que estudiaba en el Collage, tampoco se pueden negar las “propiedades” de esas drogas, de lo contrario no las habrían usado.

Si no sirvieran para mejorar el rendimiento, nadie las habría usado y mucho menos se habrían escondido par hacerlo.

Y es que Bonds no dista mucho del imaginario jovencito de Cumaná que quiso tomar un atajo para ser el mejor, tal vez la diferencia esté en si estaba o no al tanto de que se trataba de esteroides y eso es exactamente lo que  el jurado deberá determinar.

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