La Mesa de Unidad Democrática, era una organización circunstancial, una creación artificial y de una duración limitada. A pesar de ello, era evidente que la MUD aspiraba desplazar al castrochavismo del poder, una estrategia compartida por todos los demócratas venezolanos. Pero lo que sin duda falló fue la táctica política.
El epicentro de dicha falla, estuvo en el hundimiento de los líderes de dicha “Unidad” en la ciénaga electorera, en medio de una constante “fiesta democrática” que solo trajo derrotas. Mientras Ramón Guillermo Aveledo, estuvo al frente de la MUD, la derrota, casi se volvió un símbolo.
La unidad, pero la unidad por sí sola, no fabrica la habilidad política necesaria. La dirigencia de la MUD no evaluó los efectos de las derrotas anunciadas. Las victorias se volvieron leyenda, al punto que se hizo de la derrota una franquicia del movimiento opositor venezolano.
Todos tenemos defectos y cometemos errores. Pero la perseverancia de la MUD en los suyos, fue de una singular calidad.
Entre otros, no solo de corte estrictamente electorero, por solo enumerar algunos de los errores; cuando se permitió que Doña Teresa Albanes, fuera a Washington, a hablar maravillas del CNE. Cuando se le pidió a un usurpador del poder, que gobernara, que hiciera su trabajo, no fue una retórica ética. Cuando se le otorgó una tan exagerada como inmerecida tribuna en la MUD a un inefable personaje como Ismael García. Cuando el propio Aveledo, arremetió brutalmente contra la ONG, Foro Penal.
Sin embargo, en diciembre 2012, le fue presentado a la MUD, el muy secreto informe Hospedales, elocuente en cuanto a los errores que no debían cometerse nuevamente. Ni la experiencia -producto de las múltiples derrotas- ni el sentido común le sirvieron a la MUD para reflexionar y en consecuencia actuar.
Tan vanguardista que fue el diputado Ramón Guillermo Aveledo en los 80, para llegar a la MUD, prisionero de lo “políticamente electoral” sin duda una fútil madurez política.
Dicho esto, no me queda sino decir que, fue admirable la constancia de Aveledo al frente de la MUD para colocarla de espaldas a la realidad política. Durante su gestión, no aportó el discernimiento necesario para imponer, una leve inflexión, del asfixiante dogmatismo electorero.
El desorden substancial de la MUD, fue quizás la gran obra de Aveledo.




