Riesgo geoestratégico por Luis DE LION

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El derribo del Boeing 777 de la Malaysia Airlines por un misil muy probablemente lanzado por las milicias separatistas pro-rusas en el Este de Ucrania y la operación terrestre lanzada por Israel en la banda de Gaza confirman la multiplicación de eventos conflictivos, de puntos de desencuentro y situaciones de confrontación en distintos espacios del planeta.

Eventos en cierta medida imperceptibles desde el 2008, cuando la crisis económica y financiera, monopolizó las relaciones internacionales. Una vez la crisis superada, los riesgos estratégicos vuelven a aparecer y de nuevo desestabilizan el frágil sistema internacional, que resultó después del fin de la guerra fría.

Nunca antes, al menos desde la crisis de los misiles soviéticos en Cuba, no había en la escena internacional tantos factores de inestabilidad y desorden. El orden bipolar, que imponía la guerra fría, organizado en torno al llamado eje occidental frente al eje oriental principalmente representado por la Unión Soviética, hoy no está presente.

El llamado nuevo orden internacional, que emergió después de la caída del muro de Berlín, no logra encajar todas sus piezas. Sin duda, un rompecabezas geoestratégico complicado y con múltiples eventos, muchos inesperados como el 11 de septiembre, otros deseados como la globalización, que van interviniendo de manera desordenada, pero que a la vez van acercando y obligando a interactuar.

Un mundo complejo. En el que a los líderes de las democracias occidentales, les ha tocado discutir y negociar con ayatolas, con ex agentes soviéticos revanchistas, con tiranos inmortales, con marchantes petroleros y con magnates chinos para quienes, ni la democracia ni los derechos humanos son temas de discusión.

En el caso de Ucrania, se mezclan elementos militares y económicos. Moscú, juega hoy en ambos escenarios, cosa que no ocurría en los tiempos de la guerra fría. En el caso de Israel se trata de una democracia bajo acecho, por unos vecinos, los cuales a su vez son rehenes de grupos islamo-terroristas.

En ese contexto, la Venezuela de Chávez y ahora la de Maduro, ha escogido apoyar a aquéllos ejes geoestratégicos que no guardan relación alguna ni con nuestra historia, ni con nuestros intereses estratégicos. La única explicación, es que son los intereses de La Habana los que fijan, hasta en el más mínimo detalle la política exterior venezolana.

Un riesgo estratégico, muy elevado, el que una potencia petrolera, divague hoy sin cabeza, sin doctrina, sin línea, sin objetivo propio, ni intereses nacionales, en medio de éste nuevo y complejo escenario internacional.

@LDeLION

 

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El derribo del Boeing 777 de la Malaysia Airlines por un misil muy probablemente lanzado por las milicias separatistas pro-rusas en el Este de Ucrania y la operación terrestre lanzada por Israel en la banda de Gaza confirman la multiplicación de eventos conflictivos, de puntos de desencuentro y situaciones de confrontación en distintos espacios del planeta.

Eventos en cierta medida imperceptibles desde el 2008, cuando la crisis económica y financiera, monopolizó las relaciones internacionales. Una vez la crisis superada, los riesgos estratégicos vuelven a aparecer y de nuevo desestabilizan el frágil sistema internacional, que resultó después del fin de la guerra fría.

Nunca antes, al menos desde la crisis de los misiles soviéticos en Cuba, no había en la escena internacional tantos factores de inestabilidad y desorden. El orden bipolar, que imponía la guerra fría, organizado en torno al llamado eje occidental frente al eje oriental principalmente representado por la Unión Soviética, hoy no está presente.

El llamado nuevo orden internacional, que emergió después de la caída del muro de Berlín, no logra encajar todas sus piezas. Sin duda, un rompecabezas geoestratégico complicado y con múltiples eventos, muchos inesperados como el 11 de septiembre, otros deseados como la globalización, que van interviniendo de manera desordenada, pero que a la vez van acercando y obligando a interactuar.

Un mundo complejo. En el que a los líderes de las democracias occidentales, les ha tocado discutir y negociar con ayatolas, con ex agentes soviéticos revanchistas, con tiranos inmortales, con marchantes petroleros y con magnates chinos para quienes, ni la democracia ni los derechos humanos son temas de discusión.

En el caso de Ucrania, se mezclan elementos militares y económicos. Moscú, juega hoy en ambos escenarios, cosa que no ocurría en los tiempos de la guerra fría. En el caso de Israel se trata de una democracia bajo acecho, por unos vecinos, los cuales a su vez son rehenes de grupos islamo-terroristas.

En ese contexto, la Venezuela de Chávez y ahora la de Maduro, ha escogido apoyar a aquéllos ejes geoestratégicos que no guardan relación alguna ni con nuestra historia, ni con nuestros intereses estratégicos. La única explicación, es que son los intereses de La Habana los que fijan, hasta en el más mínimo detalle la política exterior venezolana.

Un riesgo estratégico, muy elevado, el que una potencia petrolera, divague hoy sin cabeza, sin doctrina, sin línea, sin objetivo propio, ni intereses nacionales, en medio de éste nuevo y complejo escenario internacional.

@LDeLION

 

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