¿Puede el Gobierno elegir al candidato de la Oposición?


Mucho he hablado en este espacio sobre las cosas que en mi humilde criterio debe adelantar el sector opositor, específicamente en materia de mensaje, organización, y movilización. Si usted es un lector frecuente de esta columna, sabrá que le he dedicado muchísimas líneas al análisis de una eventual primaria para escoger el abanderado presidencial de los sectores alternativos al chavismo y del significado y trascendencia de ese hecho político.

No obstante y por rigor profesional, no puedo quedarme sólo con un lado de la historia, porque como usted bien sabrá es muy cierta esa tesis de que “los rusos también juegan”. Estoy obligado por tanto –desde una perspectiva estratégica– a ofrecer una visión que incluya y pondere la actuación del gobierno. Más allá de quedarnos sólo con la sola dinámica opositora (que será muy, muy interesante), la pregunta clave a responder en este sentido es: ¿Cómo jugará el gobierno? O dicho de otro modo: ¿Cómo puede jugar el gobierno?

Anticiparse a estas rutas de acción pudiera vacunarnos de futuros males que luego, serían insalvables.

El día después de las primarias

A pesar del extendido consenso que hay sobre la escogencia del candidato opositor por el método de primarias, soy de los que piensa que hay algo muy importante que aún no se mide y no se medirá en las encuestas por razones obvias: me refiero específicamente al “efecto del día después” de esa legitimación popular. El triunfador de esa consulta, tendrá detrás de sí el respaldo activo y participativo de una inmensa cantidad de personas. Hoy existen sondeos que señalan la posibilidad de 5 millones de personas participando. Definitivamente, mucha gente. Haciendo un cálculo más modesto, pudiera decirse que concurrirían a las urnas unas 3,5 ó 4 millones de electores que sigue siendo una cifra muy significativa.

¿Qué es lo importante de todo esto? Que en la acera de enfrente ya hay un candidato que se auto-proclamó y que no tendrá esa energía detrás de sí, al menos para ese momento. Tengo la impresión de que el gobierno está subestimando este efecto y que por una vía u otra, Chávez estará obligado a “legitimarse” en diferentes actos del PSUV, que no serán tan impactantes.

El oficialismo sin embargo, siempre juega y tiende la mayor de las veces a hacerlo muy duro y sin escrúpulos. En un ambiente autoritario, con múltiples recursos financieros a su disposición, férreo control de las instituciones y de los espacios de comunicación; definitivamente intentará influir sobre este proceso para alterar una de las condiciones políticas más importantes del 2012: la propia escogencia del candidato opositor.

De entrada, está la más obvia de estas interferencias: torpedear la celebración de esas elecciones primarias. Intentar retrasar, solicitar el pago por adelantado de las mismas (aún cuando el PSUV mantiene deudas con el órgano comicial), o incluso que el propio CNE no acceda a organizarlas son parte de ese menú. Pero, y esto es aún es más importante, el Gobierno tiene mecanismos más sofisticados –y en ocasiones menos visibles– para intervenir en el proceso opositor.

imagen cortesía de WEIL

El candidato más cómodo

Sea cual sea la vía (o combinación de alternativas) el gobierno siempre perseguirá un objetivo central: intentar que la oposición escoja (y con ello me refiero también a los electores), al candidato más cómodo para enfrentar a Hugo Chávez. He aquí mis consideraciones sobre algunos de estos mecanismos.

1)  Polarizando con un candidato y fijando la atención en el que más convenga:

Es quizás la más ensayada de las maniobras. Ya se ha usado en el pasado. Si la maquinaria gubernamental y comunicacional del chavismo centra su atención en algún candidato, pudiera lograr –y enfatizo en que está es sólo una posibilidad, pues estará por verse si es capaz– que la atención de buena parte del electorado se centre en esa personalidad y que dé pie a la formulación de estas interrogantes: ¿por qué lo atacan?, ¿viste como le tiene miedo?

Lo anterior pudiera conducir a una conclusión que se consolide como parte de una narrativa de campaña que quizás no sea muy afortunada: “Si tanto lo menciona y ataca, debe ser porque es el que más le preocupa y el que le puede ganar”. Y aunque la preocupación pudiera ser legítima para el gobierno, cabe perfectamente la posibilidad de que efectivamente no sea así y sencillamente logre restar capacidad comunicacional a otro (u otros) aspirantes más competitivos y con mejor posibilidad de triunfo. En principio, hay que desconfiar cuando Chávez elige a un “enemigo”. Lo más probable es que haya una intención detrás.

2) Destruyendo la reputación de algunos, en favor de otros:

Es la técnica que desafortunadamente, conocemos más y mejor los venezolanos. Apelando a las viejas técnicas de propaganda leninista, se procede al “asesinato moral” de modo selectivo de alguno (o algunos) de los aspirantes para que de forma natural, la atención de los electores se traslade hacia aquel que presenta “una mejor hoja de vida”.

Lo terrible de este mecanismo es que pudiera ser que los electores vean como verosímil las descalificaciones que comunica el gobierno sobre determinado candidato y que por ello piensen y luego concluyan que “hay una mejor alternativa”. No pienso que esto pueda operar de una forma mecánica sobre todo el electorado opositor, pero sí sobre algunos segmentos específicos que a la postre, podrían hacer una diferencia.

3) Financiando candidatos:

¿Improbable? Creo que no. El gobierno podría “ayudar” de manera indirecta (y por interpuestos factores) a algunos candidatos en detrimento de otros, para profundizar o reducir las asimetrías que pudiese existir entre los candidatos más cómodos y los más incómodos para el chavismo. Es un tema muy delicado, lo sé, pero no puedo excluirlo de este tinglado.

Cuando mencioné que no “habrían escrúpulos”, es porque estoy considerando este tipo de maniobras. Si por ejemplo, quiere una mezcla del factor 2 y 3, piense en esta hipótesis: el gobierno podría crear una matriz de opinión a través de una campaña de rumores en la que intentaría persuadir a un determinado sector de que “un candidato X está siendo financiado por la ‘boliburguesía’ para hacerle el juego a Chávez”. Si la campaña de desprestigio es exitosa, ese candidato reduce sensiblemente sus posibilidades de triunfo.

4) Inhabilitando candidatos:

De las posibilidades acá presentadas, las inhabilitaciones son el recurso menos sofisticado pero quizás el más efectivo. A propósito de la reciente audiencia ante la Corte Interamericana en Costa Rica a la que asistió Leopoldo López, se expuso claramente de qué se trata exactamente esto: el gobierno tiene la posibilidad de descalificar a aspirantes “incómodos” por la vía administrativa a través del siempre servicial Contralor General de la República. Así de simple.

Considero que las inhabilitaciones adelantadas en 2008 no fueron lo suficientemente combatidas en su momento y se interpretaron más como una “lucha personal de algunos candidatos” que como una estratagema que condiciona la posibilidad de elegir de todos los venezolanos. Aunque sin duda hay una afectación individual de un político, el centro de gravedad de esta amenaza es que el gobierno tiene la capacidad de alterar la oferta electoral de manera dramática: si se inhabilita a tal o cual candidato, las posibilidades de triunfo del oficialismo podrían mejorar sustancialmente.

Tan dramático podría ser el impacto de las inhabilitaciones, que podríamos llegar a este escenario: una vez elegido el candidato presidencial de la Oposición y convertido rápidamente en un líder competitivo con posibilidades reales de derrotar a Chávez, éste podría ser descalificado por cualquier excusa que invente Russian. En pocos días, la mejor posibilidad para materializar un cambio político podría ser descartada. Nada más y nada menos. ¿Se seguirá permitiendo que esto ocurra, sin al menos dar la lucha? La posibilidad de una sentencia de la Corte IDH que condene y prohíba las inhabilitaciones podría ser la mejor carta para combatir este recurso que está plenamente vigente y a disposición en el arsenal chavista. Me pregunto –si esto llegase a ocurrir– cómo reaccionarían los venezolanos ante semejante atropello. ¿Irían hasta el final con el candidato objeto de la inhabilitación? ¿O se voltearían inmediatamente a buscar otra opción? (por ejemplo, el segundo más votado en primarias).

¿Puede el gobierno elegir al candidato de la Oposición? Mi mejor respuesta es que sí tiene recursos a su disposición para intervenir en las preferencias electorales. No hay duda. Otra cosa es que se le deje actuar sin ningún contrapeso. Dependerá de la capacidad estratégica de la oposición en su conjunto para poder saber sortear estas oscuras maniobras que pondrían en peligro la posibilidad de un triunfo en 2012.

¿Usted qué opina? Hágamelo saber en el twitter para conversar al respecto.

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Mucho he hablado en este espacio sobre las cosas que en mi humilde criterio debe adelantar el sector opositor, específicamente en materia de mensaje, organización, y movilización. Si usted es un lector frecuente de esta columna, sabrá que le he dedicado muchísimas líneas al análisis de una eventual primaria para escoger el abanderado presidencial de los sectores alternativos al chavismo y del significado y trascendencia de ese hecho político.

No obstante y por rigor profesional, no puedo quedarme sólo con un lado de la historia, porque como usted bien sabrá es muy cierta esa tesis de que “los rusos también juegan”. Estoy obligado por tanto –desde una perspectiva estratégica– a ofrecer una visión que incluya y pondere la actuación del gobierno. Más allá de quedarnos sólo con la sola dinámica opositora (que será muy, muy interesante), la pregunta clave a responder en este sentido es: ¿Cómo jugará el gobierno? O dicho de otro modo: ¿Cómo puede jugar el gobierno?

Anticiparse a estas rutas de acción pudiera vacunarnos de futuros males que luego, serían insalvables.

El día después de las primarias

A pesar del extendido consenso que hay sobre la escogencia del candidato opositor por el método de primarias, soy de los que piensa que hay algo muy importante que aún no se mide y no se medirá en las encuestas por razones obvias: me refiero específicamente al “efecto del día después” de esa legitimación popular. El triunfador de esa consulta, tendrá detrás de sí el respaldo activo y participativo de una inmensa cantidad de personas. Hoy existen sondeos que señalan la posibilidad de 5 millones de personas participando. Definitivamente, mucha gente. Haciendo un cálculo más modesto, pudiera decirse que concurrirían a las urnas unas 3,5 ó 4 millones de electores que sigue siendo una cifra muy significativa.

¿Qué es lo importante de todo esto? Que en la acera de enfrente ya hay un candidato que se auto-proclamó y que no tendrá esa energía detrás de sí, al menos para ese momento. Tengo la impresión de que el gobierno está subestimando este efecto y que por una vía u otra, Chávez estará obligado a “legitimarse” en diferentes actos del PSUV, que no serán tan impactantes.

El oficialismo sin embargo, siempre juega y tiende la mayor de las veces a hacerlo muy duro y sin escrúpulos. En un ambiente autoritario, con múltiples recursos financieros a su disposición, férreo control de las instituciones y de los espacios de comunicación; definitivamente intentará influir sobre este proceso para alterar una de las condiciones políticas más importantes del 2012: la propia escogencia del candidato opositor.

De entrada, está la más obvia de estas interferencias: torpedear la celebración de esas elecciones primarias. Intentar retrasar, solicitar el pago por adelantado de las mismas (aún cuando el PSUV mantiene deudas con el órgano comicial), o incluso que el propio CNE no acceda a organizarlas son parte de ese menú. Pero, y esto es aún es más importante, el Gobierno tiene mecanismos más sofisticados –y en ocasiones menos visibles– para intervenir en el proceso opositor.

imagen cortesía de WEIL

El candidato más cómodo

Sea cual sea la vía (o combinación de alternativas) el gobierno siempre perseguirá un objetivo central: intentar que la oposición escoja (y con ello me refiero también a los electores), al candidato más cómodo para enfrentar a Hugo Chávez. He aquí mis consideraciones sobre algunos de estos mecanismos.

1)  Polarizando con un candidato y fijando la atención en el que más convenga:

Es quizás la más ensayada de las maniobras. Ya se ha usado en el pasado. Si la maquinaria gubernamental y comunicacional del chavismo centra su atención en algún candidato, pudiera lograr –y enfatizo en que está es sólo una posibilidad, pues estará por verse si es capaz– que la atención de buena parte del electorado se centre en esa personalidad y que dé pie a la formulación de estas interrogantes: ¿por qué lo atacan?, ¿viste como le tiene miedo?

Lo anterior pudiera conducir a una conclusión que se consolide como parte de una narrativa de campaña que quizás no sea muy afortunada: “Si tanto lo menciona y ataca, debe ser porque es el que más le preocupa y el que le puede ganar”. Y aunque la preocupación pudiera ser legítima para el gobierno, cabe perfectamente la posibilidad de que efectivamente no sea así y sencillamente logre restar capacidad comunicacional a otro (u otros) aspirantes más competitivos y con mejor posibilidad de triunfo. En principio, hay que desconfiar cuando Chávez elige a un “enemigo”. Lo más probable es que haya una intención detrás.

2) Destruyendo la reputación de algunos, en favor de otros:

Es la técnica que desafortunadamente, conocemos más y mejor los venezolanos. Apelando a las viejas técnicas de propaganda leninista, se procede al “asesinato moral” de modo selectivo de alguno (o algunos) de los aspirantes para que de forma natural, la atención de los electores se traslade hacia aquel que presenta “una mejor hoja de vida”.

Lo terrible de este mecanismo es que pudiera ser que los electores vean como verosímil las descalificaciones que comunica el gobierno sobre determinado candidato y que por ello piensen y luego concluyan que “hay una mejor alternativa”. No pienso que esto pueda operar de una forma mecánica sobre todo el electorado opositor, pero sí sobre algunos segmentos específicos que a la postre, podrían hacer una diferencia.

3) Financiando candidatos:

¿Improbable? Creo que no. El gobierno podría “ayudar” de manera indirecta (y por interpuestos factores) a algunos candidatos en detrimento de otros, para profundizar o reducir las asimetrías que pudiese existir entre los candidatos más cómodos y los más incómodos para el chavismo. Es un tema muy delicado, lo sé, pero no puedo excluirlo de este tinglado.

Cuando mencioné que no “habrían escrúpulos”, es porque estoy considerando este tipo de maniobras. Si por ejemplo, quiere una mezcla del factor 2 y 3, piense en esta hipótesis: el gobierno podría crear una matriz de opinión a través de una campaña de rumores en la que intentaría persuadir a un determinado sector de que “un candidato X está siendo financiado por la ‘boliburguesía’ para hacerle el juego a Chávez”. Si la campaña de desprestigio es exitosa, ese candidato reduce sensiblemente sus posibilidades de triunfo.

4) Inhabilitando candidatos:

De las posibilidades acá presentadas, las inhabilitaciones son el recurso menos sofisticado pero quizás el más efectivo. A propósito de la reciente audiencia ante la Corte Interamericana en Costa Rica a la que asistió Leopoldo López, se expuso claramente de qué se trata exactamente esto: el gobierno tiene la posibilidad de descalificar a aspirantes “incómodos” por la vía administrativa a través del siempre servicial Contralor General de la República. Así de simple.

Considero que las inhabilitaciones adelantadas en 2008 no fueron lo suficientemente combatidas en su momento y se interpretaron más como una “lucha personal de algunos candidatos” que como una estratagema que condiciona la posibilidad de elegir de todos los venezolanos. Aunque sin duda hay una afectación individual de un político, el centro de gravedad de esta amenaza es que el gobierno tiene la capacidad de alterar la oferta electoral de manera dramática: si se inhabilita a tal o cual candidato, las posibilidades de triunfo del oficialismo podrían mejorar sustancialmente.

Tan dramático podría ser el impacto de las inhabilitaciones, que podríamos llegar a este escenario: una vez elegido el candidato presidencial de la Oposición y convertido rápidamente en un líder competitivo con posibilidades reales de derrotar a Chávez, éste podría ser descalificado por cualquier excusa que invente Russian. En pocos días, la mejor posibilidad para materializar un cambio político podría ser descartada. Nada más y nada menos. ¿Se seguirá permitiendo que esto ocurra, sin al menos dar la lucha? La posibilidad de una sentencia de la Corte IDH que condene y prohíba las inhabilitaciones podría ser la mejor carta para combatir este recurso que está plenamente vigente y a disposición en el arsenal chavista. Me pregunto –si esto llegase a ocurrir– cómo reaccionarían los venezolanos ante semejante atropello. ¿Irían hasta el final con el candidato objeto de la inhabilitación? ¿O se voltearían inmediatamente a buscar otra opción? (por ejemplo, el segundo más votado en primarias).

¿Puede el gobierno elegir al candidato de la Oposición? Mi mejor respuesta es que sí tiene recursos a su disposición para intervenir en las preferencias electorales. No hay duda. Otra cosa es que se le deje actuar sin ningún contrapeso. Dependerá de la capacidad estratégica de la oposición en su conjunto para poder saber sortear estas oscuras maniobras que pondrían en peligro la posibilidad de un triunfo en 2012.

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