Acostumbro a escribir todos los artículos de esta columna, pero hoy encontré una mezcla de humor e información que no quería dejar pasar sin compartir con Ustedes, se trata de este excelente artículo del portal de tecnología Enter.co de Colombia… Disfruten…
“No puede ser, ahora a estos idiotas les dio por jugar con esas guitarras de juguete. Patético”, dije con arrogancia una noche decembrina en 2006.
Jamás olvidaré esas palabras, que pronuncié la primera vez que vi a mis amigos encarnizados jugando Guitar Hero II. Siendo un fanático incurable de los videojuegos, ya había leído sobre esa tendencia que estaba tomándose Estados Unidos y que se caracterizaba por convertir a las personas comunes y corrientes en estrellas de rock. No podía creer que la gente fuera a invertir plata no solo en un juego de música, sino en un juego de música que necesitaba un juguete y hace que uno se vea como un imbécil.
El problema con mi lógica eran las inmensas sonrisas que adornaban los rostros de todos mis amigos, quienes llevaban más de 4 horas pegados al televisor. En contra de mi orgullo de ‘gamer hardcore’, decidí darle una oportunidad a la ‘guitarra’ de plástico barato con calcomanías ordinarias. Elegí la dificultad más baja, ‘Sweet Child of Mine’ de Guns & Roses fue mi primera canción y comencé a jugar. Si el amor a primera vista existe, me imagino que así se siente.
Podría gastarme páginas enteras e incluso uno que otro soneto o romance describiendo lo feliz que me hizo Guitar Hero. Tocar esa guitarra de juguete era lo único que importaba en mis tiempos libres. No valía nada ni nadie más, solo quienes quisieran jugar conmigo. Era como estar enamorado, con la diferencia que este amor no se acabaría jamás gracias a mi pasión por al genio de Guitar Hero, la música y los videojuegos. O al menos eso creía.
Por desgracia, ‘nada dura para siempre’. Ese viejo refrán –que es citado demasiado a menudo pero siempre con razón– me demostró de nuevo su sabiduría.
Muere un héroe y nace un villano.
Con semejante ‘traga’ por la franquicia, naturalmente compré Guitar Hero III: Legends of Rock, un título que terminó de sellar mi adicción por los juegos de música. Mi fervor por la serie me cegó tanto que no me di cuenta de lo que estaba pasándole a mi nueva franquicia favorita. Después de Guitar Hero Encore: Rock the 80s, el estudio desarrollador que creó la serie, llamado Harmonix, vendió la marca a Activision, que le pasó el desarrollo a Neversoft (el estudio detrás de los títulos de Tony Hawk). Aunque el juego fue muy bueno, la salida de Harmonix fue evidente de inmediato.
Guitar Hero III fue tremendamente divertido, pero no era muy diferente de sus antecesores. Mientras tanto, Harmonix se alió con Electronic Arts para sacar Rock Band, un juego que revolucionó el género agregándole batería y micrófono a la ecuación. Fue en este momento que en realidad murió el juego que comenzó todo un género y nació una marca con un solo fin: vender.
“Trataron de sacarle demasiado provecho a la franquicia”, le dijo la ex presidente de Red Octane, Kelly Summer,a MCV (inglés). Red Octane fue uno de los socios originales de Harmonix. “Abusaron de ella”, sentenció al referirse al tato que le dio Activision a la marca Guitar Hero.
Las cifras respaldan la acusación. En apenas 5 años se lanzaron 19 juegos de Guitar Hero a lo largo de todas las consolas caseras y portátiles imaginables. La creatividad e innovación que dispararon a la franquicia al éxito se perdieron apenas Harmonix salió del proyecto. En su lugar quedaron la imitación y la improvisación, como lo demostraron Guitar Hero: World Tour (la copia de Rock Band que llegó un año después) y DJ Hero y Band Hero (dos esfuerzos poco heroicos). El resultado es ya bien conocido: Guitar Hero ha muerto (inglés). Las bajas ventas no fueron la causa de su muerte, sino las consecuencias de malas decisiones.
Es una verdadera tristeza que, al recordar a Guitar Hero, pueda citar una de las frases más célebres de ‘Batman: The Dark Knight’: “O se muere como héroe, o se vive lo suficiente para ver cómo uno se convierte en villano”. Falta agregarle que los villanos también mueren.




