En días pasados visitando un país vecino con el cual nos unen muchos vínculos y afectos, noté una enorme preocupación, pasando por figuras políticas de alto nivel de influencia, empresarios, hasta ciudadanos de a pie, por la situación de nuestro país y sus posibles soluciones,
En algunos de esos muy interesantes intercambios surgió la pregunta sobre nuestra opinión en relación a los venezolanos que han salido de Venezuela y que hoy en día están haciendo vida en otros países contribuyendo de alguna forma a su crecimiento y progreso. Mi respuesta inmediata fue que esa era una decisión muy personal y en muchos casos también dolorosa que podía obedecer a múltiples factores pero que en todo caso no nos correspondía ni juzgar ni criticar.
Esa respuesta posteriormente me hizo reflexionar sobre las posturas que generalmente los seres humanos tomamos frente a las situaciones por las cuales nos toca transitar y creo que esto es aplicable a la mayoría de los ámbitos en los cuales nos desenvolvemos: personal, profesional, empresarial y como ciudadanos.
En esta compleja situación que estamos atravesando los venezolanos desde hace mas de 15 años hemos tenido que asumir algunas de estas posturas que en una buena cantidad de los casos, consciente o inconscientemente, responden a cómo nuestras características personales hacen que respondamos frente a la adversidad.
Por ello escogí un título cuya elocuencia no sólo fuera apropiada sino oportuna y que plasmara las distintas opciones que hemos tenido quienes, por nuestras convicciones democráticas y responsabilidades ciudadanas, adversamos el absurdo sistema que se nos ha querido imponer.
Ninguna de las tres posturas son fáciles ya que implican decisiones y tareas que suponen riesgos personales, económicos y emocionales que obviamente tendrán consecuencias en nuestra vida y en la de nuestros seres queridos por lo que no debemos actuar como jueces y mucho menos como verdugos.
En mi caso particular y en el de muchos otros ha sido la responsabilidad y necesidad de “influir” la que ha guiado nuestro proceder y nos ha llenado de energía y estímulo para aportar en la tarea de reconstrucción de nuestro lastimado país.
Esta tarea de influir puede tener múltiples y variadas posibilidades que debemos explorar quienes estamos convencidos que nuestros hijos merecen vivir en un país de progreso, oportunidades y libertades.
Algunas de ella supondrán mayores desafíos y dependerá, en todo caso, de nuestras capacidades, talentos y en algunos casos objetivos personales que desarrollemos unas u otras.
Sin embargo estoy convencida que es mucho lo que cada uno de nosotros puede hacer para tocar positivamente nuestras áreas de influencia y de esta manera contribuir en la tarea de sumar voluntades que en el corto plazo generen la alternativa real y efectiva de cambio del régimen. Ya esta tarea está dando sus frutos concretos cuando analizamos los resultados de los últimos estudios de opinión que recogen la aspiración mayoritaria de cambios.
Influir puede traducirse en convencer, estimular reflexiones, aportar ideas concretas, destruir mitos, rescatar valores, promover acciones sociales, evidenciar fracasos, y tantas otras que los invito a pensar y a llevar adelante tareas que alineadas con el objetivo planteado nos conviertan en factores proactivos del cambio en proceso.
Insisto en que quienes hemos decidido influir y no fluir ni huir, tenemos herramientas en nuestras manos que debemos utilizar. Les propongo que hagamos un ejercicio de reflexión individual y saquemos nuestras conclusiones personales para convertirlas en acciones concretas, inteligentes y eficaces y tomemos como ejemplo la vehemencia y claridad que los estudiantes venezolanos han demostrado al país y al mundo para que no los dejemos sólo en esta gesta heroica que nos avizora un futuro prometedor!
María Elena Arcia Paschen




