La situación en la que se encuentra nuestro paÃs es cada vez más crÃtica. No hay duda de que cada semana miles de personas se suman a la larga fila, de quienes desde hace años, han venido exigiendo un modelo de paÃs distinto. Es por ello que aplaudo la iniciativa de un grupo de venezolanos que han decidido tomar la calle para reivindicar nuestra Constitución. En poco tiempo, hemos visto cómo un gobierno con poca legitimidad recurre a la fuerza como única respuesta ante la protesta.
Pero pensar que, aquél que no consigue un producto en el abasto, que no le alcanza el sueldo para hacer el mercado, que es botado del trabajo por manifestar su opinión, o que es vÃctima de la inseguridad, automáticamente piensa que la única alternativa es la salida del gobierno, es un error.
Las protestas en Venezuela no son algo nuevo, durante años millones de personas han salido a la calle a protestar por sus derechos. Pero mientras un grupo (el oficialismo y la oposición) lo ha hecho para levantar banderas polÃticas, otro grupo no menos numeroso (el pueblo) lo ha hecho para reclamar mejores condiciones de vida.
Hoy más que nunca hay razones de sobra para que este segundo grupo salga a la calle con fuerza. Pero para lograr esa transformación profunda que muchos anhelamos, es fundamental poder conectar ese clamor por mejores condiciones de vida con quienes exigen un cambio polÃtico. Hacer lo segundo sin pensar en lo primero, es poner la carreta frente a los caballos.
Es por ello, que el principal objetivo de quienes en este momento han decidido valientemente salir a la calle, debe ser acompañar a todos aquellos que sufren el dÃa a dÃa de un gobierno cuyo único objetivo es aferrarse al poder. Esto quiere decir acudir a las protestas cuando las comunidades exigen que el gobierno cumpla con las promesas de vivienda, acompañar a los periodistas que piden insumos para seguir trabajando, dar asesorÃa legal y replicar el mensaje de los trabajadores que exigen mejoras en sus contratos colectivos, y no dejar solos a los estudiantes que exigen resultados en materia de seguridad.
Sólo asÃ, podremos hacer entender a todos los venezolanos que las protestas no son sólo por los intereses de los polÃticos, que éstas van mucho más allá de sacar a un gobierno, y de que la lucha no es sólo por llegar al poder, es por construir una mejor Venezuela en donde los derechos no sean un privilegio. Eso, evidentemente, pasa no sólo por la salida del gobierno, sino también por hacer cambios estructurales que no permitan que una situación como esta se repita. Pero esto es un segundo paso, el primero es canalizar el descontento y unir al paÃs en torno a nuestros problemas y anhelos.
Por último, es fundamental que no olvidemos las lecciones de los últimos años. Para alcanzar este inmenso reto es necesario que la oposición sea capaz de transitar este camino unidos. Ya hemos discutido como protestar y dialogar no tienen porque ser contradicciones. Si las propuestas de algún factor no convencen a otro, entonces hagamos las sugerencias pertinentes para dar una lucha en la que todos compartamos el objetivo y la estrategia. Criticar sin plantear ninguna alternativa no nos permite avanzar. Creo que hay suficientes razones para pensar que son más los puntos de encuentro que las diferencias, el momento histórico que vive nuestro paÃs asà nos lo exige y las consecuencias de no hacerlo las padecerÃamos todos los venezolanos.
EL UNIVERSAL




