Revolución podrida por Jorge Millán

Colectivo_
Hoy más que nunca es pertinente preguntarnos como llegó nuestro país a la descomposición que vive actualmente. Los enfrentamientos en pleno centro de Caracas entre organismos de seguridad del Estado y colectivos, ahora bandas delincuenciales según el CICPC, nos permiten considerar que estamos en el climax de la degradación de la turba que gobierna al país.
Este proceso de descomposición se siente en todos los niveles, ver como muchos ciudadanos se ven afectados frente a la inoperancia y corrupción galopante que existe en algunos dirigentes que manejan los consejos comunales es triste y permite comprender como no queda hueso sano en la revolución. Mientras en Venezuela florecen los boliburgueses al amparo de los recursos del Estado, la microcorrupción hace de las suyas en el barrio, en donde bajo la consigna de “seguid el ejemplo que el de arriba dio”, basta que lleguen los recursos para mejoras de la comunidad, para que unos vivos se lo queden para su beneficio personal. Nuestras comunidades humildes apostaron por un cambio y vieron en la propuesta de una democracia participativa y protagónica la oportunidad de tener voz para poder influir en la mejora de las condiciones de vida, pero ahora ven con frustración la partidización de las instancias de participación local y el uso de las mismas para el clientelismo político, que ha traído como consecuencia la gangrena de los recursos públicos que debieron convertirse en un alivio a las precarias condiciones de vida de los habitantes de nuestros sectores populares.
El drama se agudiza porque además del reclamo por la inoperancia del gobierno central para bajar los recursos a las comunidades y la corrupción presente en muchos consejos comunales, hay que añadir el desinterés del gobierno para separar los colectivos sociales de los grupos armados que se han calificado como organizaciones comunitarias, generando un desasosiego en la comunidad, porque frente a esta confusión el ciudadano se ve desprotegidos de los desmanes de estos últimos debido al respaldo gubernamental que reciben bajo la premisa de su ficticio rol social en determinadas comunidades, generándole inmunidad para delinquir. 
Los más grave es como la gente se esta acostumbrando a unas condiciones de vida inaceptables, así con tristeza vemos como jóvenes del barrio “La Cruz” de Macarao, con los que instalábamos un tablero de Basketball, que añoraban desde hace años, al finalizar la jornada y tomarse una foto para recordar tan grato momento, la pregunta inmediata que se hacían era cuantos de los retratados estarían con vida en diciembre y hacían juegos con una situación fatídica muy probable, sobretodo en una ciudad donde el 91% de los Homicidios ocurre en el 50% de la población más pobre, es decir que mientras mueren 13,29 personas por cada 100 mil habitantes en parroquias como El Recreo, en las parroquias populares de la ciudad como Antímano son asesinados la increíble cifra de 369,8 caraqueños por cada 100 mil habitantes cada año, siendo lo más insólito que esto ocurra en una revolución que lleva 15 años arriando banderas por los más humildes.
Lo cierto es que la revolución chavista ha metido en un foso ético y moral  al país, y recomponer la sociedad venezolana va a ser una tarea titánica, que debemos acometer urgentemente, y donde debemos recurrir no solo a quienes se oponen al socialismo del siglo XXI sino a la fibra moral de los chavistas decentes que deben tener la misma preocupación que hoy embarga al país sobre su destino.
Después del túnel viene la luz, ya veremos.
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Hoy más que nunca es pertinente preguntarnos como llegó nuestro país a la descomposición que vive actualmente. Los enfrentamientos en pleno centro de Caracas entre organismos de seguridad del Estado y colectivos, ahora bandas delincuenciales según el CICPC, nos permiten considerar que estamos en el climax de la degradación de la turba que gobierna al país.
Este proceso de descomposición se siente en todos los niveles, ver como muchos ciudadanos se ven afectados frente a la inoperancia y corrupción galopante que existe en algunos dirigentes que manejan los consejos comunales es triste y permite comprender como no queda hueso sano en la revolución. Mientras en Venezuela florecen los boliburgueses al amparo de los recursos del Estado, la microcorrupción hace de las suyas en el barrio, en donde bajo la consigna de “seguid el ejemplo que el de arriba dio”, basta que lleguen los recursos para mejoras de la comunidad, para que unos vivos se lo queden para su beneficio personal. Nuestras comunidades humildes apostaron por un cambio y vieron en la propuesta de una democracia participativa y protagónica la oportunidad de tener voz para poder influir en la mejora de las condiciones de vida, pero ahora ven con frustración la partidización de las instancias de participación local y el uso de las mismas para el clientelismo político, que ha traído como consecuencia la gangrena de los recursos públicos que debieron convertirse en un alivio a las precarias condiciones de vida de los habitantes de nuestros sectores populares.
El drama se agudiza porque además del reclamo por la inoperancia del gobierno central para bajar los recursos a las comunidades y la corrupción presente en muchos consejos comunales, hay que añadir el desinterés del gobierno para separar los colectivos sociales de los grupos armados que se han calificado como organizaciones comunitarias, generando un desasosiego en la comunidad, porque frente a esta confusión el ciudadano se ve desprotegidos de los desmanes de estos últimos debido al respaldo gubernamental que reciben bajo la premisa de su ficticio rol social en determinadas comunidades, generándole inmunidad para delinquir. 
Los más grave es como la gente se esta acostumbrando a unas condiciones de vida inaceptables, así con tristeza vemos como jóvenes del barrio “La Cruz” de Macarao, con los que instalábamos un tablero de Basketball, que añoraban desde hace años, al finalizar la jornada y tomarse una foto para recordar tan grato momento, la pregunta inmediata que se hacían era cuantos de los retratados estarían con vida en diciembre y hacían juegos con una situación fatídica muy probable, sobretodo en una ciudad donde el 91% de los Homicidios ocurre en el 50% de la población más pobre, es decir que mientras mueren 13,29 personas por cada 100 mil habitantes en parroquias como El Recreo, en las parroquias populares de la ciudad como Antímano son asesinados la increíble cifra de 369,8 caraqueños por cada 100 mil habitantes cada año, siendo lo más insólito que esto ocurra en una revolución que lleva 15 años arriando banderas por los más humildes.
Lo cierto es que la revolución chavista ha metido en un foso ético y moral  al país, y recomponer la sociedad venezolana va a ser una tarea titánica, que debemos acometer urgentemente, y donde debemos recurrir no solo a quienes se oponen al socialismo del siglo XXI sino a la fibra moral de los chavistas decentes que deben tener la misma preocupación que hoy embarga al país sobre su destino.
Después del túnel viene la luz, ya veremos.
Todavia hay más
Una base de datos de mujeres y personas no binarias con la que buscamos reolver el problema: la falta de diversidad de género en la vocería y fuentes autorizadas en los contenidos periodísticos.