Omar Vizquel: artista del diamante

Omar Vizquel: artista del diamante

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Durante más de veinte años como beisbolista profesional, el caraqueño (y caraquista) Omar Vizquel no se conformó solo con jugar –trabajar– de manera eficiente. Vizquel hizo de su juego un ejercicio estético: una combinación de disciplina, precisión, gracia, elegancia y poesía que le deparó la admiración de fanáticos y especialistas deportivos. Su desempeño en el competitivo terreno de las ligas mayores producía esa inusual forma de belleza, limpieza y eficacia que lo consolidó como el mejor campocorto defensivo de todos los tiempos. Sin embargo, Omar Vizquel no ha dejado de comportarse con la picardía y naturalidad que lo caracterizan desde niño, consciente de que solo se llega verdaderamente lejos mientras no se olvide la formación de origen: las piedras fundacionales de la experiencia.

Hijo de Omar Vizquel y Éucaris González, el pelotero y grandeliga Omar Enrique Vizquel González, mejor conocido entre sus familiares como Kike, nació en Caracas el 24 de abril de 1967. Comenzó estudiando en el colegio Santa Gema de Santa Eduvigis y luego pasó al Josefa Irausquín López de San Luis. Vizquel afirma que la Primaria fue la base fundamental de su formación. Hay condiscípulos de esa época, incluso, con los que aún mantiene contacto, y aunque han pasado varias décadas desde entonces, todavía recuerda, con nombre y apellido, a varios de sus maestros y profesores, lo cual dice mucho de su agradecida memoria. Una de ellas es su profesora de Castellano y Literatura, Luisa de Hernández, quien “llevaba la batuta” en sus clases y se encargaba de inculcar valores entre sus alumnos. Nunca fue amante de las matemáticas, pero confiesa haber entablado una cordial camaradería con Argenis Pino, un profesor excepcional que sabía impartir esa materia con humor, y con quien mantuvo amenas conversas sobre béisbol. Otro de los docentes que lo impactaron por esos años fue el profesor Girón, de Historia de Venezuela, del que aprendió a conocer y valorar el pasado de su país.

Su formación en el béisbol se inició a muy temprana edad. A los ocho años, entró en Los Criollitos de Venezuela y a los diez ya era pieza clave del equipo pre-infantil de la organización Gran Mariscal. Pese a que algunos compañeros lo fastidiaban por su tamaño, el temperamento desenfadado de Omar Vizquel aunado a su poder de decisión en el juego, le allanaron un camino de meteórico ascenso deportivo. El periodista Antonio Castillo recuerda que, por esa época, el pequeño Vizquel se acercó un día nada menos que al legendario campocorto Alfonso Carrasquel, quien se encontraba en el estadio Universitario, y le dijo: “¿Usted es el “Chico” Carrasquel?” Luego de recibir la respuesta afirmativa, agregó: “Pues sepa que yo juego shortstop y voy a ser mejor que usted”. Hay atrevimientos infantiles que poseen la fuerza del presagio.

En 1984, Omar Vizquel firmó con Los Leones del Caracas y ese mismo año empezó a jugar en las ligas menores de Estados Unidos. Cinco años después, debutaría en las Grandes Ligas con los Marineros de Seattle. De ahí en adelante se inicia la elocuencia de los números que describen su carrera extraordinaria como deportista. Durante 23 años en las ligas mayores –años que marcan el récord de más temporadas jugando en la posición de shortstop–, Omar Vizquel, bautizado como “manos de seda”, jugó un total de 2.968 partidos con los Marineros de Seattle, los Indios de Cleveland (equipo que lo incluyó en su Salón de la Fama en 2014), los Gigantes de San Francisco, los Rangers de Texas, los Medias Blancas de Chicago y los Azulejos de Toronto. Antes de su retiro en 2012, obtuvo 11 Guantes de Oro, 3 participaciones en Juegos de las Estrellas y un porcentaje de fildeo de 985, con 1.734 double plays, 7.675 asistencias y 2.877 hits. Cifras notables que lo ubican en el selecto grupo de campocortos venezolanos reconocidos mundialmente como Alfonso “Chico” Carrasquel, Luis Aparicio, Enzo Hernández, Teodoro Obregón, David Concepción y Oswaldo Guillén.

Fuera del diamante de juego, Omar Vizquel lleva su vida con la mayor sencillez que le permiten sus ocupaciones diarias. Padre de dos hijos, le dedica su tiempo libre a la pintura, la música y la cocina. Luego de su retiro, ha sido coach de dos organizaciones y este año será además el entrenador de la selección venezolana en el Clásico Mundial de Béisbol.

Omar Vizquel ni descansa ni olvida lo aprendido: hoy es un educador que inicia a los más jóvenes en la pasión por el deporte. Por eso en esta entrega de Guao, se despide recordando y abrazando a esos profesores que lo llevaron, con su ejemplo, a ser hoy uno de los venezolanos más ejemplares en el mundo del béisbol.

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