Maduro y Ortega, una alianza que seguirá por ahora

maduroyortega

 

Apenas en agosto de este año,  el secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática, Jesús “Chuo” Torrealba denunció que Nicolás Maduro quería aplicar en Venezuela lo mismo que Daniel Ortega hizo en Nicaragua.

A finales de julio, 28 diputados de la oposición fueron destituidos por la Corte Suprema de Nicaragua, un traje que como en Venezuela funciona a la medida del primer mandatario nacional.

Asimismo, Ortega movió sus marionetas institucionales y destrozó la alianza del Partido Liberal Independiente, el principal opositor al régimen sandinista, una estrategia similar a la planteada por algunos miembros del PSUV para erradicar la tarjeta de la MUD en unos eventuales comicios en Venezuela.

Ortega aspira este domingo 6 de noviembre a su segunda reelección consecutiva desde que retornara al poder en 2007.

De acuerdo a la empresa M&R Consultores, Ortega cuenta con una intención de voto del 66,3 %, mientras que CID-Gallup le da un 52 %. Pero el gran aliado del líder pudiese ser la abstención, calculada en un elevado 42 %,  según esta última encuestadora.

Los contendores de Ortega son tan grises y débiles que ni siquiera aglutinan el 6 % de las preferencias. Al estilo de los caudillos nepóticos, el mandatario convidó a su esposa Rosa Murillo, quien funge como vicepresidente en la fórmula que propone.

El nativo de La Libertad en el departamento de Chontales ejerció su primer mandato de 1979 a 1990 siguiendo los preceptos socialistas de otorgarle todo el poder al Estado y meter una zancadilla a la empresa privada.

El perfil de Ortega lo ha convertido en un perfecto aliado del régimen chavista de Nicolás Maduro.

“Chávez es la reencarnación de Simón Bolívar”, dijo Ortega en el marco del funeral del presidente venezolano.

En tiempos de bonanza petrolera, se atribuye al gobierno del fallecido mandatario el financiamiento de plantas térmicas de generación eléctrica en Nicaragua por el orden de los 250 millones de dólares, además de empresas de construcción, de transporte y hasta canales de televisión.

Y es que al parecer el matrimonio ideológico entre Ortega y Chávez trajo muchos beneficios a los nicaragüenses, quienes disfrutan de calles asfaltadas en Managua, cortesía de la revolución bolivariana.

Ortega hasta se ha dado el lujo de insultar a la oposición venezolana. “Estamos librando una batalla frente a unos buitres, que siempre andan merodeando y no se dan cuenta que la única carroña son ellos, son unos peleles del Imperio”, soltó en una concentración chavista mientras el Líder Supremo agonizaba en La Habana, la misma donde el animador Winston Vallenilla salió del closet y por primera vez puso rodilla en tierra.

En este nuevo milenio, el reinado de Ortega se ha potenciado con el respaldo de Venezuela, la Argentina de los Kirchner, Brasil de Dilma Rousseff, Ecuador de Rafael Correa y Bolivia de Evo Morales.

Pero el Hemisferio ha ido mutando hacia la derecha y argentinos y brasileños abandonaron el guión comunista, mientras que Correa y Morales han confrontado reveses en sus respectivas popularidades.

En su desesperación por no quedarse solo, Maduro ha estrechado los nexos con el gobierno nicaragüense.

Apenas en julio de este año, ambos mandatarios sostuvieron un encuentro en Managua en el marco del 37 aniversario de la revolución que derrocó la dictadura de Somoza. Como señal de apoyo y admiración, Ortega obsequió al jefe de Estado venezolano un cuadro de Chávez pintado por un artista plástico local.

 

“Felicito por su perseverancia, por la continuidad de las banderas originales de Augusto Sandino, de Carlos Fonseca Amador¨, expresó Maduro. “Por difícil que parezca el horizonte, no lo dudemos, viviremos y venceremos”, enfatizó Ortega. “Los hijos de Chávez son fieles exponentes de ese espíritu grandioso, cuya capacidad crece ante los retos”.  

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Apenas en agosto de este año,  el secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática, Jesús “Chuo” Torrealba denunció que Nicolás Maduro quería aplicar en Venezuela lo mismo que Daniel Ortega hizo en Nicaragua.

A finales de julio, 28 diputados de la oposición fueron destituidos por la Corte Suprema de Nicaragua, un traje que como en Venezuela funciona a la medida del primer mandatario nacional.

Asimismo, Ortega movió sus marionetas institucionales y destrozó la alianza del Partido Liberal Independiente, el principal opositor al régimen sandinista, una estrategia similar a la planteada por algunos miembros del PSUV para erradicar la tarjeta de la MUD en unos eventuales comicios en Venezuela.

Ortega aspira este domingo 6 de noviembre a su segunda reelección consecutiva desde que retornara al poder en 2007.

De acuerdo a la empresa M&R Consultores, Ortega cuenta con una intención de voto del 66,3 %, mientras que CID-Gallup le da un 52 %. Pero el gran aliado del líder pudiese ser la abstención, calculada en un elevado 42 %,  según esta última encuestadora.

Los contendores de Ortega son tan grises y débiles que ni siquiera aglutinan el 6 % de las preferencias. Al estilo de los caudillos nepóticos, el mandatario convidó a su esposa Rosa Murillo, quien funge como vicepresidente en la fórmula que propone.

El nativo de La Libertad en el departamento de Chontales ejerció su primer mandato de 1979 a 1990 siguiendo los preceptos socialistas de otorgarle todo el poder al Estado y meter una zancadilla a la empresa privada.

El perfil de Ortega lo ha convertido en un perfecto aliado del régimen chavista de Nicolás Maduro.

“Chávez es la reencarnación de Simón Bolívar”, dijo Ortega en el marco del funeral del presidente venezolano.

En tiempos de bonanza petrolera, se atribuye al gobierno del fallecido mandatario el financiamiento de plantas térmicas de generación eléctrica en Nicaragua por el orden de los 250 millones de dólares, además de empresas de construcción, de transporte y hasta canales de televisión.

Y es que al parecer el matrimonio ideológico entre Ortega y Chávez trajo muchos beneficios a los nicaragüenses, quienes disfrutan de calles asfaltadas en Managua, cortesía de la revolución bolivariana.

Ortega hasta se ha dado el lujo de insultar a la oposición venezolana. “Estamos librando una batalla frente a unos buitres, que siempre andan merodeando y no se dan cuenta que la única carroña son ellos, son unos peleles del Imperio”, soltó en una concentración chavista mientras el Líder Supremo agonizaba en La Habana, la misma donde el animador Winston Vallenilla salió del closet y por primera vez puso rodilla en tierra.

En este nuevo milenio, el reinado de Ortega se ha potenciado con el respaldo de Venezuela, la Argentina de los Kirchner, Brasil de Dilma Rousseff, Ecuador de Rafael Correa y Bolivia de Evo Morales.

Pero el Hemisferio ha ido mutando hacia la derecha y argentinos y brasileños abandonaron el guión comunista, mientras que Correa y Morales han confrontado reveses en sus respectivas popularidades.

En su desesperación por no quedarse solo, Maduro ha estrechado los nexos con el gobierno nicaragüense.

Apenas en julio de este año, ambos mandatarios sostuvieron un encuentro en Managua en el marco del 37 aniversario de la revolución que derrocó la dictadura de Somoza. Como señal de apoyo y admiración, Ortega obsequió al jefe de Estado venezolano un cuadro de Chávez pintado por un artista plástico local.

 

“Felicito por su perseverancia, por la continuidad de las banderas originales de Augusto Sandino, de Carlos Fonseca Amador¨, expresó Maduro. “Por difícil que parezca el horizonte, no lo dudemos, viviremos y venceremos”, enfatizó Ortega. “Los hijos de Chávez son fieles exponentes de ese espíritu grandioso, cuya capacidad crece ante los retos”.  

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