Los 136 reclusos liberaron a los funcionarios a cambio del traslado de 40 reos al Rodeo I y II, y luego de concretar acuerdos mínimos para el respeto de los derechos fundamentales de los detenidos en la sede policial de Boleíta Sur y sus familiares
@Ronnarisquez
Los 136 presos que compartían el piso de tierra en los cinco calabozos de la PNB de Boleíta Sur se cansaron. No quieren seguir pagando 1.500 bolívares para que los policías les permitan extender el tiempo de visita semanal a más de 10 minutos en la “Jaula de King Kong”. Tampoco considerar justo que les exijan Bs. 300 por ingresar un rollo de papel tualé adicional y se quejaron de la comisión de Bs. 50 que le cobran las autoridades a sus familiares por cada cigarro que pasan.
“Por lo bajito cada semana gastamos hasta 5.000 bolívares”, dijo un joven mientras esperaba noticias de su hermano que tiene 8 meses detenido en lo que fue la Zona 7 de la PM. “Tenemos que traerles dos comidas todos los días. Además nos piden bolsas negras, detergentes, cloro, jabón… Eso se lo agarran los policías, porque a los muchachos no los dejan ni bañarse”.
Este lunes los detenidos se rebelaron y durante 12 horas mantuvieron como rehenes a 4 funcionarios policiales para exigir traslados a centros de reclusión y respeto a los derechos humanos. Denunciaron que los funcionarios imponen tarifas para otorgarles algunas concesiones. “Además exigen que la comida se las traigan en bandejas de anime y eso ahora no se consigue. Los jugos deben ser en potes de plástico y no pueden ser jugos naturales. ¿Cómo hace uno, si ahorita no se consigue nada?”, dijo la madre de uno de los detenidos.
La toma de rehenes en las instalaciones del cuerpo policial en Boleíta se inició a las cuatro de la madrugada de este lunes 12 de diciembre y culminó casi a las 5:00 pm. Entre los policías retenidos por los reos se encontraba un oficial en jefe de la PNB y otros tres funcionarios de custodia del destacamento, situado en la calle Mara de Boleíta Sur.
Mientras se lograba un acuerdo, un funcionario de la PNB (no mayor de 30 años) lidiaba con los familiares de los presos. Con cara de susto y preocupación intentaba calmar a un grupo de mujeres que en varias ocasiones intentó cerrar la vía de acceso al recinto policial. Les aseguraba que estaban llegando a un arreglo, que los presos no serían maltratados y que serían trasladados a varios penales, tal como ellos lo habían solicitado. “A nosotros no nos conviene que pase nada ahí. Nosotros también tenemos gente nuestra allí adentro”, decía para convencerlas de que el contingente de más de 20 guardias nacionales -que había llegado al lugar- no atacaría a los presos.
Luego de varias horas de negociación se logró un acuerdo. Los reos aceptaron liberar a los 4 PNB a cambio del traslado de 40 internos al Rodeo I y Rodeo II. “Esos fueron los cupos que estaban disponibles para el traslado. Aquí se quedan los que tienen menos de 45 días detenidos”, explicó Oneida Heredia, familiar de uno de los reclusos, quien participó en las negociaciones con Manuel Eduardo Pérez Urdaneta, director de la PNB; Víctor Maldonado, fiscal 14 de Derechos Fundamentales; Guido De Freitas, director Regional del Ministerio de Servicio Penitenciario y dos representantes de la Defensoría del Pueblo.
También fueron liberados dos reclusos que tenían boleta de excarcelación desde hacía dos meses, comentó Rosalía.
Policías con miedo y familiares desafiantes
Heredia advirtió que esperaban la redacción de un documento en el que las autoridades también se comprometan a respetar los derechos de los internos y acabar con los maltratos. “Ellos están en condiciones inhumanas. Duermen en el piso de tierra porque no les dejan pasar colchonetas, no se pueden bañar, tienen sarna. Los calabozos están en un sótano donde no reciben luz y se les mete el agua”, dijo Jenny Álvarez, quien tiene a su hermano detenido en el lugar.
Los familiares también denuncian retardo procesal y la permanencia prolongada en las celdas —de hasta un año y ocho meses— sin audiencias en sus juicios. Se quejaron de las limitaciones de las visitas. “Las visitas son en la jaula de King Kong. Eso es una jaula inmensa que ponen en un patio. Allí van subiendo a los presos en grupos de 5 o más y del otro lado de la reja los familiares conversamos con ellos. La visita dura solo 10 minutos y es una vez a la semana. Si quieres 10 minutos más los policías te cobran 1.500 bolos”, contó una mujer que tiene a su sobrino detenido desde hace dos meses.
Entre los 136 reclusos se encontraban 26 ex agentes policiales procesados por distintos delitos. Los autores de la toma habrían intentado persuadir a los ex funcionarios para que los apoyaran en el secuestro de las autoridades. Además despojaron a los policías de sus teléfonos celulares y con ellos comenzaron a comunicarse con los familiares que estaban a las puertas del lugar.
El ambiente de tensión se manifestaba de manera diferentes en los dos grupos que protagonizaban puertas afuera la situación. Por un lado, los familiares mantenían una actitud desafiante, que casi los lleva a linchar a una pareja de motorizado que pasaba por el lugar; y por el otro la cadena de policías con rostros sudorosos y conducta menguada, transpiraban su temor a seguir sumando efectivos a la lista de 7 policías asesinados en Caracas en lo que va de 2015.
Pasadas las 8:00 de la noche se inició el traslado prometido por las autoridades y los familiares de los presos comenzaron a retirarse del lugar con la promesa de que los que se quedaban no serían golpeados ni castigados por su acto de “rebeldía”.
En los últimos 15 días han ocurrido 3 fugas masivas y 2 conflictos en retenes policiales, en todo el país. El hacinamiento y retardo procesal son las primeras causas.



