
La revolución chavista se enfrenta al mayor reto de sus 16 años de historia: luchar contra siete plagas que parecen bÃblicas. Una realidad resumida en una sentencia de ‘The Economist’, sin derecho a recurso presidencial: “La economÃa de Venezuela es probablemente la peor administrada del mundo”.
El objetivo de Nicolás Maduro, a cuatro meses de cumplir dos años en el poder, es mantenerlo a toda costa para hacer viable “el más nunca volverán” (la oposición) acuñado por el tan añorado “comandante supremo”, con las trascendentales elecciones parlamentarias a la vuelta de la esquina.
“Uno ve la caÃda del petróleo, el mantenimiento de controles y la lentitud en ajustes cambiarios y tiene ganas de empezar a desear un feliz 2016”, concluye Luis Vicente León, presidente de Datanalisis.
La caÃda del precio del petróleo, que supone el 96% de los ingresos nacionales, impactó contra un paÃs que ya sufrÃa los avatares económicos pese a la década de bonanza petrolera. Como sucede en un ‘tsunami’, la primera gran ola precede a una segunda aún más destructora.
El barril venezolano cerró el año cotizando por debajo de los 47 dólares, cuando gran parte de 2014 se mantuvo cercano a los 100. El chavismo necesita que su oro negro se recupere lo antes posible para mantener su estado asistencialista y parte de la petrodiplomacia con la que se protegió durante una década.
Subida de los precios incontenible
El petróleo se alió de forma inesperada con la segunda gran plaga: la inflación. El bolsillo de los venezolanos se agujerea dÃa a dÃa ante la incontenible subida de los precios, que habrÃa cerrado el año con un aumento del 64%. Una cifra astronómica, la mayor del planeta, que se teme alcance los tres dÃgitos durante este año. De hecho, ya la acarició en 2014 si se contabiliza únicamente el incremento de los precios de los alimentos.
“La economÃa venezolana tenÃa dengue y le picó el chikungunya”, ironizó León a costa de la enfermedad que se ha extendido por todo el paÃs, alentada por la falta de repelente. Las últimas cifras aportadas por el estado para medir el Ãndice de escasez y desabastecimientoson de abril: rozaba el 30%. Hoy es mucho peor en un paÃs invadido por las colas para comprar alimentos y productos básicos.
“En los próximos meses habrá un pico de escasez y van a empezar a faltar productos que ni imaginábamos”, profetiza Henkel GarcÃa, director de Econométrica. No se trata ni mucho menos de una “conspiración” económica, aunque sus efectos son igual de nocivos: el dólar negro vive momentos de gloria. Creciendo y creciendo. Su última cotización es de 173 bolÃvares por dólar, cuando el cambio oficial y preferencial se mantiene en 6,30 bolÃvares por billete verde americano.
Nadie creyó al gobierno cuando aseguró que “al dólar paralelo lo vamos a tirar al piso, al subsuelo y vamos a tener un sistema cambiario equilibrado”. Subido al ático, y no en el sótano, se mantiene a la espera del inminente (y enésimo) “perfeccionamiento”. Porque la quinta plaga, la recesión, está directamente vinculada a la inacción gubernamental, “que teme el costo polÃtico de las medidas”, sintetiza José Guerra, antiguo directivo del Banco Central.
La violencia que no cesa
Venezuela cerró su año con 4 puntos negativos en su PIB, que el primer mandatario excusó mirando a otro lado: “Estamos ante un bloqueo económico internacional como parte de la guerra económica”. Pero en Venezuela no sólo es la economÃa, desmintiendo al tantas veces parafraseado Bill Clinton. La violencia sigue presente, como una mancha roja que crece y crece. El año pasado sumó 24.950 homicidios, récord histórico. El segundo paÃs del planeta en el ranking sangriento, con 83 muertos cada dÃa. Mucho miedo y una sensación nacional, compartida por el 90% del paÃs: la revolución es incapaz de combatir la guerra urbana no declarada que sufre Venezuela.
“Con Maduro no saldremos del caos”, dispara el gobernador opositor Henrique Capriles. Una opinión que corre de boca en boca y que se ha convertido en su séptima plaga, esta muy personal, para el “hijo de Chávez”. Las últimas encuestas profundizan su caÃda: sólo mantiene un 22% de aceptación, una pérdida de más de 30 puntos desde la muerte del “comandante eterno”.
Siete plagas cuasibÃblicas que la censura informativa estatal no puede ocultar, pese al panorama celestial dibujado por los medios intervenidos (casi todos). El ciudadano sufre en la calle otra realidad y la traslada a las encuestas: sólo el 16% se identifica con el PSUV. Malos augurios de cara a unas parlamentarias que pueden empezar a cambiar el panorama polÃtico de la llamada “revolución bonita”.



