Ángeles Tovar Piñero es el nombre de una de las víctimas que murió en el ataque militar de Estados Unidos en la Meseta de Mamo, en La Guaira, en donde está Batallón de Infantería de Marina Simón Bolívar y el 393 Grupo Misilístico de Defensa Antiaérea “Contralmirante José María García”.
Su nombre es el número 78 en el registro que lleva Monitor de Víctimas y La Hora de Venezuela de las muertes ocurridas durante los bombardeos que también se ejecutaron en otras dependencias militares de Caracas y Miranda.

Tovar Piñero era sargento mayor de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB). Junto a él murió José Salvador Rodríguez, sargento primero del mismo componente militar, quien había nacido en, Tirima, Carayaca, en el este de La Guaira. Siete heridos se registraron en la Meseta de Mamo como consecuencia de las explosiones.
ATENCIÓN MILITARES DEL RÉGIMEN – Calculen las bajas.
— Ulula (@Ulul4r) January 6, 2026
Así fue el ataque a Meseta de Mamo, allí atacaron al Batallón de Infantería de Marina Simón Bolívar y al 393 Grupo Misilístico de Defensa Antiaérea "Contralmirante José María García".
Vean el video, la calidad no es muy… pic.twitter.com/etfhxW8xU7
Con el nombre de Tovar Piñero son 42 los militares venezolanos muertos en los ataques. También se registró el fallecimiento de 32 uniformados cubanos cuyos nombres y fotos fueron publicados en el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba.
Monitor de Víctimas y La Hora de Venezuela también pudieron confirmar que hubo otras dos muertes de civiles durante el bombardeo, que están registradas, pero no se tenía la precisión de que las víctimas eran civiles. Se trata de los controladores aéreos Eduardo Soto Libre y Lenín Ramírez Osorio. Los dos hombres trabajaban en el Aeropuerto Internacional Caracas “Oscar Machado Zuloaga”, de Charallave, en los Valles del Tuy.
Una fuente cercana a las víctimas indicó que ambos habían terminado su turno. Ramírez Osorio iba a llevar hasta su casa a Soto Libre, y cuando este último se montaba en su carro, ocurrió la explosión. Diosdado Cabello, ministro de Interior, Justicia y Paz, aseguró que un misil alcanzó el vehículo.
Los bombardeos también dejaron otras dos víctimas civiles: Rosa Helena González, de 79 años (La Guaira), y Yohanna Rodríguez Sierra, colombiana de 45 años que llevaba décadas viviendo en Venezuela (El Hatillo).
El pasado miércoles, 6 de enero, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, quien cuenta con el aval de Estados Unidos, decretó un duelo nacional de siete días en el país por los “jóvenes mártires”. Esto es “en honor y gloria a los jóvenes, mujeres y hombres que murieron, que ofrendaron su vida defendiendo a Venezuela y al presidente Nicolás Maduro”, recalcó la gobernante.
Marchas militares en los cementerios
Una hilera de minibuses pasó la tarde del miércoles, 7 de enero de 2026, a la 1 pm, por la entrada del Cementerio Jardín El Cercado, en Guarenas, estado Miranda, a 40 kilómetros al este de Caracas. Llevaba a los familiares, amigos y vecinos del guardia de honor presidencial, Luis López Sánchez, de 21 años, uno de los oficiales que murió en medio de los ataques militares estadounidenses contra Venezuela, que tuvo como resultado la captura y traslado a Nueva York de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Hasta allí llegaron sus compañeros militares para despedirlo, pero también varios miembros de las llamadas Cuadrillas de Paz (Cupaz) de la Policía Nacional Bolivariana, con su vestimenta oficial negra y cascos de motocicletas. El grupo, creado por Maduro en 2019, ha sido vinculado por actuar junto a colectivos (paramilitares del chavismo) para intimidar a quienes protestan o incluso para controlar la distribución de gasolina en estaciones de servicio.
Entre los pésames y el llanto transcurrió el entierro, marcado por el dolor de la madre de López Sánchez, quien sostuvo cerca de su pecho su fotografía, mientras veía cómo los trabajadores del camposanto ponían, frente a ella, la pesada tapa de concreto sobre el féretro de su hijo.

Al joven guardia de honor lo velaron en el barrio donde vivía, el populoso Ciudad Belén, un proyecto de “ciudad socialista” del chavismo que hoy sufre diversos problemas de servicios, que van desde botes de aguas blancas hasta vialidad deficiente. Desde allí salió la caravana fúnebre que llevó sus restos hasta su lugar de sepultura.

Mientras esto sucedía, en el cementerio General del Sur, en el oeste de la capital venezolana, decenas de guardias nacionales y milicianos despedían a otros tres uniformados víctimas del ataque: los alumnos de la Academia Militar, Yechezkel Lafare Monjes Arraiz y Carlos Leandro Mata Muñoz; y el sargento primero César Augusto García Palma.
Tras un acto protocolar que se extendió desde la mañana hasta la mitad de la tarde, y en donde los compañeros de los fallecidos pronunciaron discursos para despedirlos, una marcha militar sonó cuando 18 oficiales con uniforme de gala tomaron los tres ataúdes en hombros y los llevaron hasta su sepulcro.
Luego de cada entierro, las madres de las tres víctimas recibieron las banderas de Venezuela que habían cubierto los féretros de sus hijos durante el velatorio. Allí, el capitán Rafael José Morillo Araujo, comandante de la 3101 Compañía Comando del Ejército venezolano, dijo unas últimas palabras.
“Para nosotros no fueron solo colegas, fueron compañeros íntegros que nos enseñaron con su ejemplo silencioso el valor de la dedicación. Hoy nos queda un vacío inmenso, pero también la suerte de haber compartido con ellos. A sus familiares les mandamos todo nuestro cariño y esperamos que el orgullo de haber tenido a alguien tan especial les brinde un poco de paz”, apuntó el capitán.
Fuentes presentes en el lugar confirmaron que se hará un monumento por los caídos del 3 de enero en las instalaciones del Cementerio General del Sur, que llevará una placa con todos sus nombres.
Ataúdes en Fuerte Tiuna
Un día antes de estos entierros, el martes 6 de enero, se hicieron los funerales de al menos una veintena de oficiales en Fuerte Tiuna. Hasta allí acudieron familiares y compañeros de los caídos. La ceremonia fue presidida por el exjefe de la Casa Militar y del Regimiento de Guardia de Honor Presidencial, general Javier Marcano Tábata, quien afirmó que los uniformados “ante un ataque desproporcionadamente cuántico (sic) en volumen de fuego, en tecnología y en precisión quirúrgica jamás se doblegaron”.
El general también contó allí la historia de Anaís Molina Goenaga, sargenta segunda y miembro del Batallón de Custodia Número 3, una unidad encargada de la protección de Maduro y su familia.
“Ella iba a ser evacuada y dijo: ‘¡Jamás! Quiero morir como los valientes, viéndole la cara al helicóptero que quiere despedazarme’, y realizó un último disparo”, señaló Marcano Tábata en un video publicado por la cuenta de Instragram del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional (Ceofanb).
En esa misma cuenta se han publicado los sepelios en el interior del país de varios de los caídos. En la mayoría, aunque muestran sus retratos, evitan mencionar sus nombres.
El diario oficialista Últimas Noticias recogió la historia del funeral del sargento de la Aviación Pedro Miguel González Escala, de 27 años, quien fue llamado de emergencia el 28 de diciembre por sus superiores para que interrumpiera sus vacaciones navideñas y se integrase a sus funciones. Estaba junto a su familia en su pueblo natal, Zaraza, en Guárico, a más de 300 kilómetros de Caracas. Su pareja tiene 6 meses de embarazo.
González Escala, que estaba adscrito al Batallón Santa Ana (Fuerte Tiuna), una unidad del Comando de Defensa Aeroespacial Integral (Codai) que también fue atacada, llegó a la capital venezolana el 2 de enero y fue enviado al Fuerte Guaicaipuro, en Charallave, a 54 kilómetros al sur de Caracas.
El joven militar murió por las heridas que le causaron las esquirlas de artefactos explosivos que le destrozaron el abdomen, según relató su padre, Pedro Antonio González.
Seis días después de los bombardeos, la administración de Delcy Rodríguez no ha presentado un balance oficial de muertos y heridos en estos hechos, una exigencia que incluso han hecho organizaciones locales defensoras de derechos humanos.
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