El apóstol que dejó a Maduro a pie – Runrun

El apóstol que dejó a Maduro a pie

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@AdrianitaN

UN INDIGENTE DUERME EN UN RINCÓN de la planta baja del Centro Simón Bolívar -centro de Caracas-. Lleva puestas unas medias panty rosa pálido, “rajadas” desde la ingle hasta las rodillas. No tiene camisa y cada vez que inspira exhibe las costillas. Los creyentes que pasan junto a él solo tienen ojos para el material “P.O.P” y  las camisitas con la cara de Jesús estampada, que lucirán ante la imagen del Nazareno de San Pablo, en la iglesia de Santa Teresa.

Buhoneros, más cristianos que nunca, ofrecen batas color “morado nazareno” con bordes dorados y escapularios “del santo que desees”. También venden matas de sábila amarradas con un cordón rojo, útiles para “ahuyentar las malas energías” y sahumerios “abrecaminos”, para atraer la suerte o para endulzar a “Don Juan del Dinero”.

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Un hombre vestido de Nazareno camina por el medio de la calle, descalzo, con una cruz de cartón piedra a cuestas. “Ponte ahí pa’ tomarte una foto”. El principio de la fila de feligreses casi alcanza a morder su propia cola y da la vuelta a la manzana. Luces, cámara, acción.

Juvenal y su mesita están en una esquina de la sede principal del Saime (Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería). Sobre la mesa tiene el manifiesto escrito por Nicolás Maduro en rechazo a las medidas tomadas por el presidente de Estados Unidos en contra de funcionarios del gobierno de Venezuela. También están las planillas dispuestas para recibir las firmas de todo humano que quiera manifestarse para contrarrestar las “maldades” del imperio.

“Epa, vamos a firmar” y tres golpecitos en la mesa con el kilométrico de tinta azul. “Epa, a firmar, a firmar por la patria” y dos golpecitos más. “Ajá, ustedes creen que esto es juego de carritos. Nos van a matar a todos. Así mismo. A firmar”, dos golpes. “A firmar”, tres golpes más. Juvenal explica que “esto no es político”, sino un asunto de defensa de la nación.

“A la nación hay que defenderla de la inminente ocupación gringa, del bombardeo y de la muerte de los niños”, grita Juvenal, vestido con una camisa amarillo pastel. “Los gringos matan niños. Así como el tuyo. A los niños hay que defenderlos”. Pasa una vendedora de café. “Epa, vengan a firmar, vengan a firmar y me das un conlechito”. El conlechito se derrama y va de las planillas al  manifiesto y, de ahí, a la mesa.

El revolucionario lo limpia, azorado, y regresa a su discurso y a sus golpecitos en la mesa. “El país puede tener problemas, pero tenemos que resolverlos no (pum) so (pum) tros (pum). Ninguna potencia extranjera. A firmar, señores”. Pero no se acerca nadie más.

En otras circunstancias un hombre calvo reiría por toparse con alguien que lleva una camisa amarilla, tan parecida a la suya. Pero no, en esta ocasión lo enfrenta señalándolo con el dedo: “Farsante, farsante, ustedes son unos farsantes”. Juvenal lo ignora, como el feligrés al indigente. “Yo no caigo en provocaciones, la gente provoca y provoca y yo les doy la espalda”, confiesa. Un poco desconfiado, accede a contestar unas preguntas.

-Juvenal, se dice que a los trabajadores públicos los botan si no firman. ¿Eso es verdad?

-No, no tiene nada que ver. Esto es una cosa de sentido común, de firmar por la patria, hay que tener cuatro dedos de frente. Esto es un problema de la patria. Yo no soy político, yo soy un trabajador. Tú me ves esta gorra (de la Superintendencia de Precios Justos), ¿tú crees que yo trabajo aquí? Yo lo que hago es colaborar, adhonorem. Yo hago trabajo de fiscalización a los comercios. A ninguna persona que no firme le van a hacer una retaliación, una persecución política. Mira, vale, que tú no firmaste te vamos a botar. No, no, no.

-¿Y esas 78 firmas (las que están en la planilla) son solo de hoy?

-78 en hora y media, que es lo que yo tengo aquí. Yo hablo por hablar, pudiese estar ahí sentado y ya. La gente tiene que saber, porque eso está en todos los medios y el Presidente ha hecho un exhorto a firmar.

-El decreto de Barack Obama comprende dos cosas: por un lado que Venezuela es una amenaza para EE UU, y por otro las sanciones a funcionarios del gobierno por violación de derechos humanos y corrupción. Maduro no solo los defendió, sino que le dio un cargo de ministro a uno. ¿Qué te parece?

-Maduro no los defendió, yo recuerdo que él en cadena dijo que si tenían las pruebas de que estos funcionarios eran corruptos, mostraran las pruebas. Muestren las pruebas. Y no las han mostrado. ¡Muestren las pruebas!

-¿No crees que sería bueno que Maduro les pusiera la lupa a esos funcionarios?

-Mira…yo pienso que sí, porque al gobierno no le conviene ganarse esa fama. La corrupción mata la revolución. Todos los gobiernos son corruptos. Dígame Lusinchi, Carlos Andrés Pérez, eso sí era corrupción de verdad.

-Pero la idea es no repetir lo que se hizo en el pasado, ¿o no?

-Sí, pero lamentablemente se están repitiendo muchas cosas. Se están haciendo muchas cosas como no son. Al final la corrupción afecta es al pueblo. Estas cosas no pasaban con Chávez. Lo que pasa es que Maduro no… (sacude la cabeza y no termina la frase). Yo soy trabajador de la salud. Le digo a Maduro, que vaya a ver cómo están los hospitales. La gente se está muriendo por falta de insumos. Que vea que su ministro no le está diciendo la verdad. También lo que pasa es que muchos médicos no se ponen del lado del paciente…

-¿Crees que es muy fácil atender a alguien si no tienes ni una inyectadora?

Claro…no hay insumos. Y tú ves el presupuesto que baja Maduro a este ministerio, el de salud, y son millones. Pero se van por otro lado. A la Sader (Eugenia Sader, exministra del Poder Popular para la Salud) la llamaron del Ministerio Público, pero eso “fuiiii”, lo metieron en la gaveta otra vez. Ahí están los tomógrafos del Hospital Vargas. Los trajeron, los dejaron arrimados en un rincón y cuando los fueron a conectar no servían. Después se desaparecieron.

-La situación con los hospitales es muy grave…

-Los hospitales que dependen del Ministerio de Salud no sirven para nada. Yo voy al Hospital Vargas y eso me produce nostalgia… la desidia. Estuvieron haciendo un edificio que tardó ocho años. ¿Cuánto no le costó eso al Estado? ¿Cuánta gente no se ha muerto por falta de inyectadoras, de medicamentos, de una sutura?

-¿Qué te parece si se recogieran firmas para exigir, por ejemplo, un mejor sistema de salud?

-Aquí se acerca mucha gente a decirme, a insultarme, porque no recojo firmas por los hospitales, o para que haya más comida. Yo les digo que eso es otra cosa, o no les respondo.

-¿Qué crees tú que hace falta para que todo mejore?

-Mira, yo no quisiera, en verdad, no quisiera, pero aquí vayan a poner un gobierno tipo Pinochet, tipo Franco. Tiene que venir un militar duro. Chávez era un militar muy blandito, un tipo muy humanista. Venga el que venga esto va a seguir igual, todo está muy podrido. Hay que hacer una limpieza.

Y ahí siguió Juvenal, dando golpecitos a la mesa, predicando sobre una guerra de fantasía, pero con la realidad derramada ante sus ojos.

Si te están presionando para que firmes el manifiesto en contra de las sanciones de EE. UU. a funcionarios venezolanos, o te están amenazando con algún castigo si te niegas, escríbenos a [email protected] Tu identidad será protegida.

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