La estudiante de medicina de la Universidad de Carabobo fue arrollada por una camioneta del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales en Calabozo, estado Guárico, en el marco de las protestas antigubernamentales de 2017
Estuvo en un coma inducido por dos meses y se ha sometido a varias intervenciones quirúrgicas para recuperar su cabello
Debió emigrar a los Estados Unidos por amenazas en vista de su constante denuncia en redes sociales sobre atropellos a los derechos humanos por parte del Gobierno de Nicolás Maduro
En 2017, a la estudiante de medicina en la Universidad de Carabobo Alix Oriana Wadskier Álvarez, de 25 años, le indignaba la situación de escasez y emergencia humanitaria que reinaba en Venezuela. Por tal razón, pese a que su casa de estudios entró en paro, ella siguió protestando en las calles del municipio de San Diego en Valencia.
En vista de las constantes muertes que se suscitaron ese año en el marco de las manifestaciones, la mayoría de jóvenes opositores al régimen de Nicolás Maduro, a la madre de Oriana no le simpatizaba la idea de que esta estuviese en la calle acompañando a la gente en su pesar. Por ello, cuando Oriana le dijo que iba a Calabozo en el estado Guárico a festejar el Día de las Madres, a su progenitora le arropó un sentimiento de tranquilidad.
Pero esa sensación se evaporó el 9 de mayo. Ese día, Oriana, junto a otras personas, estaba protestando en un semáforo cuando repentinamente una camioneta perteneciente al Instituto Venezolano de los Seguros Sociales la atropelló y le causó heridas graves.
“Cuando llegué a Calabozo me di cuenta de que no había protesta alguna y me puse de acuerdo con la gente del movimiento estudiantil de Valencia para que contactaran a los de Guárico, hasta empleados de productoras agropecuarias en la zona se involucraron”, dijo Oriana.
Aseguró que en la jornada en la que fue atropellada estaban protestando de manera pacífica, blandiendo pancartas, cantando y escribiendo consignas en algunos vehículos.
“La dinámica de la protesta no era obstaculizar el tránsito y quienes no se mostraban solidarios con nosotros simplemente pasaban de largo”, añadió.
Según una base de datos elaborada por Runrunes, las protestas de 2017 arrojaron 158 muertes violentas. Las manifestaciones comenzaron en abril luego de que el Tribunal Supremo de Justicia emitiera dos sentencias que dejaron sin competencia a la Asamblea Nacional electa en 2015, de mayoría opositora.
Embestida por un vehículo del Gobierno
Después de impactarla, el vehículo del Gobierno siguió su marcha y se oyeron gritos, llanto y reclamos por doquier.
“Una compañera me contó meses después que escuchó cuando un funcionario de la Guardia Nacional Bolivariana le dijo al conductor que por órdenes superiores debía acelerar y llevarse por delante a quien estuviera protestando”, aseguró la carabobeña.
Oriana todavía no se explica cómo se salvó. “La camioneta me atropelló y me arrastró 100 metros, mi cabellera quedó enredada en el cardán, perdí prácticamente el 60% del cuero cabelludo y sufrí muchas quemaduras por la abrasión del asfalto, estaba casi muerta. Le dije como pude a una amiga que me estaba muriendo que no dejara que me tomaran fotos”.
https://twitter.com/WadskierOriana/status/1655970318056407041?s=20
Quien iba al volante de la camioneta quedó identificado como Fercen Carmelo Cedeño Hidalgo de 34 años, trabajador del IVSS, y estaba acompañado del sargento segundo de la GNB, Elvis Emmanuel López Hidalgo, de 21 años.
Horas después del suceso, ambos quedaron detenidos en un comando de la GNB en Calabozo por orden de la fiscalía 5ta.
La versión del oficialismo es que a la camioneta, que supuestamente llevaba insumos médicos, se le fueron los frenos.
“Ellos salieron en libertad porque son conocidos de Jorge Rodríguez. Me enteré que uno de ellos trabaja como taxista y no cumple la medida cautelar que le pusieron. Desconozco qué ha pasado con el caso y no descarto que se hayan ido del país”, aseguró Wadskier.
Oriana Wadskier y su periplo por los hospitales
A Oriana la llevaron a un hospital en Calabazo y no había insumos para atenderla. “Entonces, un productor de arroz de la región prestó su avioneta para llevarme al hospital de San Juan de Los Morros. Me contaron que di mi nombre, mi cédula y me desmayé. Llegó mi mamá y una enfermera le dijo que si quería que yo siguiera viviendo había que sacarme de ahí”.
Ante la escasez y el estado casi de abandono en que se encontraban los recintos de salud pública en Guárico, un familiar de Oriana le gestionó su ingreso al hospital Pérez Carreño en Caracas. “Cuando iba en la ambulancia me dio un paro y tuvieron que reanimarme”, narró.
Oriana estuvo dos meses en un coma inducido en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital capitalino.
“Me desperté en la UCI y pregunté dónde estaba, vi todas mis piernas y brazos vendados, pensaba que me había quemado haciendo brownies. Pedí un teléfono para llamar a mi mamá y me acordé del número, quienes estaban ahí se sorprendieron de que me acordara de algo así”, prosiguió con u relato.
La madre de Oriana, quien le hacía compañía día y noche, estaba en la cafetería.
“Cuando le pedí la bendición me dijo que quién le hablaba, yo le dije que era su hija y se desmayó. Mi mamá es valiente, la fortaleza que tengo la adquirí de ella”.
Oriana aseguro que en las primeras de cambio su pronóstico médico no era bueno. “Dijeron que iba a quedar en estado vegetal y que si me recuperaba no iba a hablar bien, le asomaron a mi mamá que se preparara para lo peor. La dictadura quiso verme muerta, pero yo sigo adelante”.
La dolorosa recuperación de Oriana
Para Oriana, el proceso de recuperación sigue siendo un desafío. “Ha sido lo más difícil después de la muerte de mi papá. Me acuerdo de cada dolor, cuando me quité la venda de la cabeza caí en depresión, bajé de peso, pero me aferré mucho a Dios para poder sobrellevar la pena”.
Sostuvo que al principio se preguntaba qué iba a hacer sin cabello: “Decidí documentar mi proceso de recuperación, transformándome de manera positiva. Decidí que iba a hacer algo con lo que me había pasado”.
Con voluntad y determinación, Oriana comenzó un camino tortuoso pero esperanzador hacia la recuperación.
“Cuando comenzaron a hacerme las infiltraciones para poder adquirir un nuevo cuero cabelludo parecía que tenía tres cabezas, me pusieron expansores tisulares, que son como prótesis de mama”, dijo.
Hasta luego a Venezuela
Una vez que salió del hospital y en vista de que ya no era seguro salir a protestar contra el Gobierno en la calle, Oriana empezó a manifestar su descontento en las redes sociales.
“Alguien de mi familia me dijo que tenía que parar de desenmascarar a la dictadura por Twitter porque un militar le dijo que podía ir presa, yo le respondí que no me iba a callar y que entonces me tocaría hacerme las infiltraciones en la cárcel”.
En ese entonces, un movimiento político en Washington llamado Youth and Democracy (Juventud y democracia) invitó a Oriana a la sede de la Organización Estados Americanos (OEA) para ofrecer su testimonio a propósito del Día de la Juventud en Venezuela.
“Fue una gran oportunidad, el secretario general de la OEA (Luis Almagro) fue muy amable. Llegué el 17 de febrero de 2020 y en marzo comenzó la pandemia y me tuve que quedar”.
A partir de su contundente alocución en la OEA, a Oriana le recomendaron no volver a Venezuela a fin de evitar represalias. Pero a ella le preocupaba interrumpir su tratamiento en Venezuela.
“No pude seguir haciéndome las infiltraciones, pero contacté aquí a una organización médica sin fines de lucro llamada Venezuelan American Medical Association (VAMA) y voy a conseguir esa última operación para poder tener cuero cabelludo, el cirujano Rafael Gottenger me esta ayudando en ese proceso. Me iba a operar en 2021, pero me dio Covid-19 y quedé con la hemoglobina muy baja, tuve que hacerme transfusiones. Ahora, estoy a la espera de esa intervención”, precisó.
Pese a que desea dejar atrás ese fatídico día de mayo de 2017 y emprender una vida normal, Oriana está consciente de la lección aprendida.
“El cabello no es lo que me define, tú no eres lo que te pasa, eres eso que haces con lo que te pasa, ese es legado que quiero dejar. La vida es un bumerán y lo que das regresa a ti”.
Además de trabajar arduamente como la mayoría de los migrantes venezolanos que viven en Estados Unidos, Oriana está haciendo un curso de coaching porque desea ayudar a la gente sin costo alguno.
“Me encanta dar luz a las personas. Hacer las cosas desde el amor para servir a la gente, eso es lo que me llena”.
Oriana no se queja de lo que le ha ocurrido, lo asume como un aprendizaje y valora que eso incluso la ha conducido a conseguir el amor en un lugar inesperado.
“La vida se ha portado muy bien conmigo, en un trabajo como niñera conocí al amor de mi vida y ahora soy madrastra de trillizas”, reveló.
Y aunque su vida ahora transcurre en Estados Unidos, para Oriana es fundamental seguir denunciando los atropellos a los derechos fundamentales que se cometen en Venezuela.
“Ser inmigrante es muy difícil, y donde me inviten siempre seré esa fuente de inspiración y la voz de la gente que no la tiene en mi país. Hay que decir que en Venezuela no se arregló nada, estamos igual o peor que antes, solo que ahora lo disfrazan, los más afectados son los venezolanos de a pie, tenemos que normalizar lo correcto”.



