Luis Ugalde, autor en Runrun

Oct 30, 2019 | Actualizado hace 1 mes

Nuestra catástrofe nacional solo puede agravarse mientras dure este régimen. Nada puede ser peor que esta carrera desbocada hacia el precipicio, pensábamos. Pero he llegado a la conclusión que sería mucho peor el fracaso del nuevo gobierno en el primer año. Fracaso muy probable si los contrarios a la dictadura no ponemos desde ahora todos los medios para el pleno éxito de la democracia rescatada. Todos unidos desde ahora para el éxito de Venezuela en la reconstrucción del país. Para ello necesitamos ver con claridad las causas que nos llevarían al fracaso postchavista y cuáles son las condiciones indispensables para evitarlo.

Los alemanes tuvieron un éxito extraordinario en la transformación de la asfixiante y fracasada cárcel de Alemania Oriental protegida por el Muro de Berlín; rescataron la libertad, la democracia y la elevación de su nivel de vida en una Alemania unificada. Otros como Libia o Irak salieron de la dictadura y consumieron su energía en matar al dictador, enfrentarse entre rivales y hoy siguen revolcándose en la impotencia y el fracaso.

Condiciones para el éxito del nuevo gobierno

1-Una gran unidad política centrada desde ahora en el cambio económico-social con drástico freno a la hiperinflación con refinanciamiento de la deuda, inversión multimillonaria y rescate del empleo y del salario. Evitando toda otra distracción.

2-Masiva ayuda humanitaria internacional con movilización nacional solidaria para el inmediato alivio de la población y temprana activación de la empresa productiva.

3-Millones de venezolanos que fueron chavistas deseosos y comprometidos sin miedo con ese cambio. Reducida al mínimo la resistencia.

Esto significa que Venezuela nace de nuevo con un extraordinario espíritu de reconciliación y de reconstrucción reforzado con el instinto de conservación nacional que nos avisa del gravísimo peligro y nos da sano pragmatismo. Perdón y reconciliación, actitudes espirituales aliadas e impulsadas por la sabiduría del instinto de conservación, sin linchamientos ni venganzas en cadena. Evitar todo lo que frene y distraiga la reconstrucción del nuevo país guiada por el nuevo gobierno. Sin malgastar energías de la población en tomar venganza de agravios y sufrimientos pasados. Los delitos graves que no prescriben serán procesados por la justicia nacional e internacional.

Atravesé muchas veces el Muro de Berlín hacia el terrible régimen dictatorial de eficaz y sofocante control policial. La población parecía resignada y su silencio no manifestaba su profundo descontento; parecía que nunca tendría fin De pronto ese Muro y ese Régimen cayeron, no tumbados por los cohetes y bombardeos americanos, sino derrumbados por la profunda rebelión de los espíritus que no se resignan a la cárcel. Empezó en Leipzig con la oración de cada lunes por la paz con el pastor acompañado de unas decenas de ciudadanos en la iglesia de San Nicolás. Las oraciones se fueron contagiando incluso a los ateos y expandiéndose, hasta que un día centenares de miles de berlineses corrieron al Muro y los represores armados no dispararon, sino que se sumaron a la celebración de la libertad.

El nuevo gobierno rechazó la tentación de dedicarse a apresar y dar su merecido a los principales responsables del régimen policial opresor por los crímenes cometidos durante 40 años, e inteligentemente concentró todas sus fuerzas en la difícil tarea de reconstruir una Alemania reunificada. Hasta aceptaron respetar el gran monumento a Stalin y al soldado ruso como liberadores de Berlín (porque al pie estaban enterrados muchos soviéticos). No hubo paredones de fusilamiento, sino invitación a todos a nacer de nuevo y concentrar todas las fuerzas y capacidades en la construcción de la nueva realidad. Tarea compleja y difícil, como será la nuestra. No concentraron su rabia y agravios como ocurrió años después en Libia e Irak en la ejecución de sus dictadores y persecución de sus secuaces. Esto les permitió a los alemanes no dividir sus fuerzas sino sumarlas y lograr la reunificación y convivencia, aunque todavía hoy haya desniveles y resquemores.

En Venezuela tenemos la tarea formidable de poner en marcha inmediata la recuperación económico-social y al mismo tiempo cambiar el CNE, el TSJ, la FA y las instituciones públicas para ponerlas de acuerdo a la Constitución, y eliminar la ANC. Para ello hemos de partir de la unidad en torno al único núcleo legítimamente elegido que son la AN y su Presidente Juan Guaidó a quien corresponde constitucionalmente (artículo 233) encargarse de la Presidencia para llevar rápidamente al país a la elección limpia de un Presidente legítimo.

Cada vez me cuesta más entender y me parece más suicida la actitud de aquellos opositores que parecen concentrar sus recursos en disparar contra la oposición y hacer lo posible para que el primer gobierno postchavista fracase, lo que obviamente sería una tragedia nacional mucho peor que lo que tenemos y refuerzo para un futuro sin esperanza.

Caracas, miércoles 30 de octubre de 2019

Jun 27, 2019 | Actualizado hace 5 meses
Ni quiere ni puede, por Luis Ugalde

Me refiero a Maduro. Se aferra al poder y acelera la agonía de Venezuela con más miseria y muertos. No  hay argumentos que permitan pensar que el  desastre puede mejorar con este régimen; prolongar la agonía no es “ganar tiempo”, sino destruir millones de vidas.

La salida incluye elecciones libres y justas con todas las garantías internacionales.  Venezuela tiene una constitución elaborada en su momento por la mayoría chavista y hoy violada sistemáticamente por el chavo-madurismo. Elecciones libres y respeto a los derechos humanos y la constitución son dos irrenunciables puntos de encuentro (nacional e internacional) para la recuperación y reconstrucción de un país reconciliado. Pero Maduro ni quiere ni puede aceptarlas y dice que se puede discutir todo menos su usurpada presidencia hasta el 2025.

Es difícil encontrar civiles y militares no corruptos medianamente informados que no consideren una locura trágica la prolongación de este régimen por seis años más y la voluntad de perpetuarse totalitariamente. Es necesario que también en el mundo todas las fuerzas de presión con alguna autoridad moral rechacen esta realidad inhumana. Según los expertos las elecciones libres no podrán ser antes de diciembre de este año, pues se requiere habilitar candidatos y partidos, liberar presos y exiliados, cambiar el CNE, renovar el Registro Electoral, garantizar el voto de millones de exiliados y la libertad de los testigos, eliminar la usurpadora ANC “supraconstitucional”…

Cambio de régimen ya. Pero sería un gravísimo error y una cruel tortura contra toda la población que los dirigentes de Venezuela y el mundo se olvidasen o aplazaran el cambio inmediato del modelo económico-social reinante. La población -incluso los chavistas y los militares no corruptos que son la mayoría- sabe que el trabajo, la empresa productiva, la educación, las instituciones y los servicios públicos más esenciales…  agonizan. Urge un cambio de modelo económico con freno a la hiperinflación, garantías y estímulo a la inversión y la producción y un “plan Marshall” inmediato con masiva ayuda humanitaria internacional, refinanciamiento de la deuda desbocada, con años de gracia e inversión de decenas de miles de millones de dólares. Esto no puede esperar hasta el 2020 con el nuevo gobierno electo. Es obvio que Maduro desde el poder “ni quiere ni puede” cambiar su “socialismo del Siglo XXI” y carece de toda confianza interna y externa para la reconstrucción y para recibir el apoyo internacional masivo y activar la inversión privada  multimillonaria, sin los cuales Venezuela no tiene vida. Maduro ni quiere ni puede.

Venezuela entera y los líderes del mundo no pueden perder tiempo prolongando esta cruel agonía. Urge combinar con más eficacia la presión interna y externa y la negociación para lograr la salida de Maduro con la garantía de un gobierno de transición con programa, libres elecciones con condiciones y cambio inmediato de modelo, garantías jurídicas y reinstitucionalización constitucional. Gobierno de transición y elecciones donde el chavismo responsable participe de modo significativo  y con pleno derecho.

Hay avances hacia el gran consenso. EE.UU ya pone en primer lugar las elecciones, también la Unión Europea y el Grupo de Lima. Los intereses de China y Rusia no están en mantener este régimen de creciente ruina económica. Al régimen cubano que tiene secuestrado a  nuestro país hay que hacerle ver con hechos que le conviene más aceptar el cambio en Venezuela. Hace falta más unidad en los demócratas y mayor presión hasta ver que la salida de Maduro les beneficia más que su permanencia usurpadora.

Avances. En el prediálogo de Noruega (no ha habido diálogo) ocurrió algo muy importante, los representantes de Guaidó expresaron de manera clara y firme que la  salida de Maduro es condición irrenunciable para que se inicie la negociación, pues su permanencia usurpadora significa más muerte y violación de derechos humanos. Me imagino que del lado del  régimen se defendió como indispensable la permanencia de Maduro en el poder hasta el 2025. Obviamente, esta claridad de posiciones enfrentadas impidió el inicio de un falso diálogo como los del pasado. El régimen anunció que continuará la negociación y Guaidó dijo con claridad que por ahora no puede iniciarse. Luego en Suecia, en Washington y en múltiples instancias se apoya el “diálogo de Noruega”, que solo será verdadero si todos los amigos de la democracia y los DDHH en Venezuela entienden y defienden que Maduro y su equipo es dictadura y anticambio. Urge la presión para la salida negociada de Maduro y Gobierno (¿Junta de Gobierno?) de transición con claras y definidas líneas para el cambio inmediato del suicida modelo económico social y la inmediata preparación de las condiciones para unas elecciones libres y justas. Es clave la negociación sobre el papel y las garantías de las fuerzas armadas en esta transición.

Me cuesta  aceptar que haya “políticos” tan ingenuos que crean que Trump va a enviar sus marines para salvarnos o que la ONU va a enviar a su Comisionado de Derechos Humanos para plantarse ante Maduro, llamarle usurpador y criminal y exigir su renuncia inmediata. Lamentablemente hay quienes parecen apostar a este imposible y tachan de vendido al presidente encargado Guaidó si no entra en ese juego. Es importante que Bachelet haya venido como enviada de la ONU, llamando protocolarmente presidente a Maduro. Su visita ha ayudado mucho para hacer más visible la tragedia de Venezuela, la persecución y la tortura política y el grave y masivo deterioro humanitario. Que el mundo y la propia ONU entiendan que esas no son acusaciones de opositores radicales carentes de objetividad, sino que aquí hay dictadura de muerte y no un “socialismo humanitario”.  Por la forma en que se dieron los encuentros y las evidencias y el comunicado final, esperamos que esta visita y sus consecuencias contribuyan más para que todos los países decisivos (incluso China y Rusia) sumen esfuerzos y aceleren la presión para la salida del usurpador y de un gobierno unitario de transición con la tarea muy precisa de cambiar el modelo de muerte impuesto por el régimen y preparar las elecciones  democráticas. Todo esto exige de la dirigencia venezolana (trabajadores, vecinos, empresarios, iglesias partidos políticos, ONG, academias…) un propósito superior claro y unitario respetando la gran pluralidad de sus identidades y tareas específicas. Se trata de salvar cuanto antes el barco que, con la actual tripulación y rumbo, se hunde sin remedio.

 

Caracas, jueves 27 de junio de 2019.

Feb 04, 2019 | Actualizado hace 10 meses
Hay que saber llegar, por Luis Ugalde

Como dice la canción mexicana, lo importante no es llegar primero, sino saber llegar. Está claro que si no fuera por la presión norteamericana el régimen ya hubiera detenido al Presidente Guaidó, eliminado la AN y apresado a los diputados. Solo en un par días han matado a decenas por protestar, detenido a un millar, atropellado a menores de edad, perseguido a los comunicadores… Nos guste o no, la fuerza de disuasión de las democracias del mundo, especialmente de USA, es indispensable para frenar el crimen oficial en Venezuela, eliminar la injerencia dominante de Cuba, la presencia delincuencial del ELN y del narcotráfico, o los oscuros negocios y poder de Rusia o de la dictadura turca.

Hay que evitar la amenaza del baño de sangre y urge salir de la realidad del baño de hambre; ambos son baños de muerte y el usurpador está empeñado en perpetuar el régimen que los impone. Es imprescindible la salida del dictador Maduro, con el mínimo de costo posible, hacer la transición a la democracia con rápido cambio socioeconómico y
crear las condiciones democráticas para una elección libre y justa. Afortunadamente el Presidente interino Guaidó ha actuado con claridad y valentía y ha conectado de modo increíble con la inmensa mayoría de los venezolanos y de los gobiernos democráticos del mundo. Falta que la FAN se decida a cumplir con su deber constitucional para que la
presión exterior no caiga en la indeseable intervención militar y cese el régimen opresor.

Mantener el actual modelo y dictadura es respaldar la perpetuación del hambre, la represión y el exilio para millones de venezolanos. Sumar y multiplicar fuerzas para construir. Es lógica la impaciencia por acortar el sufrimiento y salir cuanto antes de este túnel de la muerte. Pero ahora que ya empezamos a ver la luz en la salida, es indispensable controlar las iras y las ilusiones para llegar a la democracia en condiciones para reconstruir el país en todas sus dimensiones, sumando el máximo de talentos, capacidades y recursos y no fracasar. Pongamos la cabeza en las
necesidades constructivas de mañana y tendremos menos peligro de quedar atrapados en el deseo de venganza y de retaliación, o de volver al predominio de los pequeños intereses partidistas que minarían toda reconstrucción. El país se ha levantado y puesto en marcha con la legítima Asamblea Nacional y su Directiva unitaria y se ha desbordado de entusiasmo con su Presidente interino Guaidó; urgen el pronto alivio humanitario, el freno inmediato al disparate económico y elecciones democráticas este año, con todas las condiciones justas. La gente ve en Guaidó un liderazgo fresco y unitario con la mano abierta a la ciudadanía, a los militares y a los adversarios políticos que se unan a la inmediata salida del usurpador. Pero todavía la democracia no está ganada y el régimen está usando su poder de represión criminal.

Saber llegar en condiciones para no fracasar significa llegar con unión de diversos, mucho apoyo internacional y con el país movilizado para construir juntos. El renacer nacional es tarea titánica y exige inteligencia para crear un verdadero clima empresarial, inversión masiva de miles de millones de dólares, trabajo productivo para millones con un salario
que no sea de hambre ni sea saqueado por la hiperinflación antes de llegar a casa. El gobierno democrático tendrá que ser de unidad y necesitará un inmenso prestigio moral que solo lo da el ejemplo. Para ello el Presidente electo (y su equipo) no podrá ser persona que resta y que discrimina, sino un gigante humilde que sabe sumar y multiplicar,
atraer y cultivar un espíritu de reconciliación nacional. Pudiera ser de partido, pero no partidista, o más bien un “outsider”. Guaidó está dando importantes pasos de transición con ese modo suprapartidista, convocando gente destacada que puede ser de su partido u otro de la oposición, o venido de los que creyeron en el chavismo, pero no cayeron en la delincuencia. Ni linchamientos, ni impunidad.

Por ejemplo el sistema de salud. Asusta pensar lo que significa recuperar todo el sistema público de salud con buena complementación del privado. El actual régimen abandonó en los barrios miles de ambulatorios públicos de atención primaria para remplazarlos de manera sectaria con personal cubano en régimen de servidumbre política, a cambio de
miles de millones de dólares para el régimen cubano. El “Barrio adentro” no era mala idea si se hubiera implementado con médicos y enfermeros venezolanos en régimen democrático. Su efecto nefasto es que ahora no tenemos ambulatorios, 70% de los “Barrio adentro” está abandonado y más de 20.000 médicos y trabajadores venezolanos
de la salud se vieron obligados a abandonar el país y brindar a otras naciones el fruto de la inversión multimillonaria que hizo Venezuela en su formación.

Desde ahora hay que pensar en un gran programa de salud primaria para los barrios y los campos remotos con médicos, enfermeros y miles de estudiantes de Medicina y otras áreas de la salud, movilizados con campañas de vacunación y atención primaria, que llenen el vacío y lleven a los sectores más necesitados la esperanza y la prueba de que la democracia es vida y no quedan abandonados. Al mismo tiempo es una tarea urgente, titánica y que requiere muchos recursos el rescate de los hospitales, su personal, su dotación y sus medicinas. Un plan bien pensado y ejecutado podría traer de “vuelta a la patria” a miles de los que se fueron, aunque eso no será de inmediato.

Algo parecido se diga del rescate de la educación del actual naufragio espantoso, con docentes castigados y con salarios de hambre en todos los niveles. La educación en valores y capacidades tendrá que ser la principal inversión de la nueva Venezuela, de su Estado, sus familias y sus empresas.

Así podríamos seguir enumerando otras instituciones públicas que necesitan nacer de nuevo. Sería realmente trágico que por inmadurez política y fanatismo hubiera dirigentes que inviten a despilfarrar todo el ánimo en la venganza, la retaliación atrapados por su mezquindad partidista. Para renacer y reconstruir hay que saber llegar con los ánimos
reconciliados y concentrados en la construcción, dejando que los caminos de la justicia se encarguen de que los crímenes no queden impunes.

Caracas, 4 de febrero de 2019.

Ene 03, 2019 | Actualizado hace 11 meses
Sin presidente electo, por SJ. Luis Ugalde

 

 

DENTRO DE UNA SEMANA VENEZUELA AMANECERÁ SIN PRESIDENTE ELECTO DEMOCRÁTICAMENTE. Vivimos una enorme y creciente tragedia, pero el usurpador está empeñado en no cambiar y hacer irreversible esta criminal hiperinflación, que en 2019 pasará de 10.000.000%, con el salario pulverizado, los servicios públicos destrozados y la economía productiva por los suelos.

Urge una pronta salida y redemocratización. Nadie del régimen –medianamente informado y sensato– puede pensar que el país tiene futuro con el actual gobierno y política. Lo sensato es la renuncia de Maduro o su retiro obligado, seguido de una transición lo más rápida y unitaria posible. Salir del dictador, restituir la violada Constitución, tomar medidas inmediatas para frenar la hiperinflación, rescatar los servicios públicos colapsados y organizar un plan gigantesco de emergencia humanitaria. Nada de esto es posible sin una fuerte ayuda externa, refinanciamiento e inversiones, que no vendrán con el usurpador Maduro.

Juramentaciones. El próximo sábado 5 se juramenta la Directiva de la legítima Asamblea Nacional. Por acuerdos previos le corresponde presidir a Voluntad Popular que propone a su joven diputado Juan Guaidó, acompañado en las vicepresidencias por representantes de AD y Un Nuevo Tiempo. La coherencia obliga a los representantes de los países democráticos a estar presentes en la toma de posesión de la AN democráticamente elegida. También la Iglesia debe expresar su apoyo a la legítima AN y su firme voluntad de abrir cuanto antes la puerta a la reconciliación y reconstrucción.

El jueves 10 será la juramentación del dictador (aunque hay extraños rumores de que sería el 1 o el 8). De 2013 a 2018 Maduro se deslegitimó por su ejercicio violatorio de la Constitución, en adelante también carecerá de la legitimidad de origen y será un usurpador que no debe ser respaldado por los países solidarios y comprometidos con la superación de la tragedia venezolana y recuperación de la Constitución y de la democracia. Los representantes internaciones democráticos (incluido el nuncio) no deben asistir a ese acto anticonstitucional, si la juramentación es ante la ANC; tampoco si es ante el TSJ, pues este fue constituido por el Ejecutivo en diciembre de 2015, entre gallos y media noche, para anular a la legítima AN y todas sus decisiones y leyes, usurpar sus atribuciones como la aprobación de los presupuestos etc., y judicializar la persecución política de los partidos y de la oposición.

No nos parece conveniente la ruptura de relaciones de los países democráticos con el “nuevo” gobierno de facto, aunque pudieran reducir el nivel de su representación. Necesitamos en Venezuela países testigos, defensores y amigos del restablecimiento democrático.

La clave y fuerza para salir de la dictadura está en la unión constituida por la protesta popular, por la inmensa mayoría de los venezolanos dentro y fuera del país, por las democracias amigas, por los dirigentes políticos, económicos y sociales; ninguno por sí solo, sino juntos y decididos a restaurar la democracia en torno a la legítima AN. Esta –seguramente de acuerdo con el TSJ legítimo en el exilio– debe dirigir la rápida transición, decidiendo la forma más inteligente, realista y eficaz de hacerlo.

Negociación. Un cambio de esta magnitud y la muy compleja reconstrucción no podrán hacerse sin la unión de todos los decididos a salir del actual infierno y restablecer la democracia. Es indispensable sumar fuerzas de origen diverso para una negociación firme con el claro objetivo de salir de la dictadura y su desastre socioeconómico. Sería fatal caer en linchamientos, persecuciones, enfrentamientos armados, y ejecuciones que dejarían al país sin salida ni posibilidades de reconstrucción. La política y la economía venezolanas deben nacer de nuevo para la paz (superando la actual persecución). En adelante la renta petrolera no podrá mantener la economía (como en los 100 años precedentes), ni alimentar la política clientelar reparticionista, ni generar empleo productivo para 14 millones.

Política renacida. En el reciente Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, el papa Francisco dice que no es posible alcanzar la paz sin renovar la política con la “caridad y virtudes humanas para una política al servicio de los derechos humanos y de la paz” y sin “un programa con el que pueden estar de acuerdo todos los políticos, de cualquier procedencia cultural o religiosa que deseen trabajar juntos por el bien de la familia humana” (n.° 3).

Luego señala con claridad “los vicios de la política”. “Estos vicios, que socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social: la corrupción– en sus múltiples formas de apropiación indebida de bienes públicos o de aprovechamiento de las personas–, la negación del derecho, el incumplimiento de las normas comunitarias, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la ‘razón de Estado’, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la Tierra…”. Parece un retrato de la degradada política venezolana. Son vicios multiplicados por el régimen actual, pero que están en la “cultura política” de millones que los aplauden siempre que repartan algo, aunque roben mucho. Esta degradación no es una fatalidad y necesitamos superarla para la reconstrucción nacional. El Papa propone las bienaventuranzas del político, que fueron escritas por el fallecido cardenal vietnamita François Xavier Nguyen Van Thuan, que durante 13 años (1975-1988) fue preso del régimen comunista. Mencionamos solo 3 de las 8:

“Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad”.

“Bienaventurado el político que realiza la unidad”.

“Bienaventurado el político que está comprometido en llevar a cabo un cambio radical”.

Frente a la dictadura, Venezuela entera tiene que hacer de 2019 el año del rescate de la política y de la democracia constitucional. Esperamos que la Iglesia católica, junto con otros líderes religiosos, guíe a sus comunidades y nos marque un verdadero camino de la política como bien común.

 

El Nacional

Abrazo en familia, abrazo sin fronteras, por Luis Ugalde

Desde 1990, el segundo domingo de noviembre, la Iglesia en Venezuela celebra el “Abrazo en familia”. Este año será el 11 de noviembre. Dada la dramática situación que viven millones de familias venezolanas con hijos, nietos, hermanos y padres esparcidos a los cuatro vientos del mundo y luchando por la vida que les niega el régimen venezolano, este año el “Abrazo en familia” será espiritual y sin fronteras.  Esta situación hace que el “Abrazo en familia” deba trascender las paredes de templos, iglesias, escuelas católicas y fronteras de las naciones para llegar adonde las familias viven y sufren su separación.  Estrechar a los seres queridos con brazos que cargan la nostalgia del reencuentro será imposible sin un cambio radical (de raíz) de gobierno y de régimen.  Hoy el “Abrazo en familia” debe vencer  las fronteras, incluso entre personas que son víctimas y actores de la división del país: familias que no se hablan, vecinos enfrentados por el sectarismo político, heridos y negados por discriminaciones sistemáticas desde el poder por quienes se consideran dueños del país y lo quieren monocolor y excluyente. A eso le llaman revolución.

El abrazo en familia y sin fronteras  ha de ser la llama de un renacer espiritual de perdón, de reconocimiento del otro y de reconciliación, que regenera al que abraza y perdona y  también al que responde con abrazo y gratitud. Por eso creemos que este año la Iglesia debiera trascender también las fronteras y barreras que nos dividen a los venezolanos; a los que vamos  a la Iglesia y a los que no: romper la ciega cadena que devuelve mal por mal, negación por negación y que no tiene vida, ni esperanza. Como dice S. Pablo “no hagan justicia por ustedes mismos” y “no te dejes vencer por el mal, por el contrario vence el mal con el bien” (Carta a Romanos 12,18-21). Que los otros no nos teman como amenaza; quienes simpatizaron con el régimen y hoy se distancian de su iniquidad no debieran temer a represalias, si no son delincuentes. Sin una fuerte movilización de la nostalgia de fraternidad que todos llevamos dentro, se frustran y no pueden hacerse realidad la libertad y la igualdad  soñadas por las sociedades modernas y sus leyes.

Tal vez es escasa  la audacia de nosotros los cristianos y  débil esa fe de la que Jesús decía que mueve montañas. Quizá nos escudamos en la muy errada convicción de que en la mitad de los venezolanos ya no quedan  rescoldos de fraternidad… Es cierto que muchos se fueron de la casa materna católica y se consideran agnósticos y poco inclinados a prácticas religiosas, pero sus convicciones de fondo y su búsqueda de la fraternidad que lleva a encontrase con Dios en el hermano están muy por encima de su religiosidad. Añoran perdonar y amar al que es amigo e incluso al que dejó de serlo o se transformó en enemigo. También  para  ellos es verdad íntima que su vida  solo tiene sentido trascendente en el amor y la hermandad. “Amémonos unos a otros porque el amor viene de Dios: todo el que ama es hijo de Dios y conoce a Dios. Quien no ama  no ha conocido a Dios, ya que Dios es amor” (1 Juan 4,7-8). Un Dios que bendice  a todo aquel que -aun sin reconocerlo- da de comer y de beber al necesitado, visita al preso y cuida del enfermo, como nos lo dice Jesús (Mateo 25, 31-40), ahí está encerrada y reprimida una enorme energía interior que la necesitamos para reconstruir el país.

Si nos dedicamos a liberarnos unos a otros del odio y de las barreras que nos paralizan, activaremos una increíble creatividad para renovar a Venezuela. Que la justicia (incluida la justicia transicional) haga su labor, mientras que el amor, el perdón y la generosidad se desbordan devolviéndonos el mutuo reconocimiento como ciudadanos, corresponsables de rehacer los cimientos de la República para lo cual tenemos que sentirnos “nos-otros”, juntos pero distintos, creando una nueva institucionalidad en la que el bien de uno es también de los otros y viceversa ¿Milagro? Ciertamente, pero milagro al alcance de nuestro corazón y deseo de hacer el bien transformando el mal en la vida y convivencia que todos añoramos y necesitamos. Abrazo en familia, abrazo sin fronteras.

Rotundo No a la constitución comunista, por SJ. Luis Ugalde

 

EL GOBIERNO HACE MUCHO TIEMPO QUE SE DIVORCIÓ DE LA CONSTITUCIÓN VIGENTE. Para imponer su “revolución socialista” en 2007 trató de sustituirla por una cubanoide dictatorial. Pero fue derrotado, gracias al valiente y decidido liderazgo estudiantil y a algunos mandos de la Fuerza Armada que llevaron al enfurecido Chávez a respetar el resultado.

Dictadura tiránica. En la larga década siguiente el régimen decidió imponer sus intereses y metas violando la Constitución cuantas veces fuera necesario. La violación de las violaciones fue la espuria creación de la asamblea nacional constituyente (ANC): ¡Supraconstitucional, monocolor y por cuatro años, prorrogables si les conviene! Esa ANC por encima de todo lo electo y constituido viene ejerciendo los poderes Judicial, Legislativo, Ejecutivo, Electoral… y en los dos últimos años ha quedado a la vista del mundo la naturaleza dictatorial del régimen. Una dictadura que además demostró su total incapacidad de gerenciar el bien de la sociedad y se convirtió en promotora y defensora armada del mal común: hambre, enfermedad, persecución, cárcel, exilio de millones, secuestro salarial, infierno de los servicios públicos (agua, luz, seguridad, transporte…). Todo esto con voluntad y mecanismos para perpetuarse por inhabilitación de los rivales y de los partidos opositores. Ante este dramático cuadro, millones de venezolanos salen en estampida hacia las fronteras de exilio doloroso. El régimen es dictadura y tiranía, pero todavía a los demócratas nos queda la posibilidad de esgrimir formalmente la vigente Constitución de 1999.

La nueva constitución comunista. Ahora, sin transparencia ni información, el régimen quiere imponer su nueva constitución eliminando definitivamente la vigente. Quiere implantar su legalidad dictatorial e imponernos el “deber” constitucional de acatar la tiranía so pena de perseguirnos como subversivos. Con todo, por ahora somos defensores de los derechos humanos y estamos constitucionalmente (art. 333 y 350) obligados a salir de este gobierno. Pero si callamos y no impedimos la imposición de la nueva constitución cocinada clandestinamente, con ella la tiranía cerrará la puerta y obligará a los súbditos a defenderla, como en Cuba.

Rotundo NO. En esta terrible encrucijada toda Venezuela debe levantarse con un rotundo y sonoro NO, sin grietas ni divisiones entre partidos y líderes, para impedir por todos los medios éticos la imposición de la nueva constitución, que la tienen escondida para caernos como ladrón de noche, si nos ven distraídos, apáticos y divididos. Dicen que a primeros de diciembre nos sorprenderán con el referéndum, acompañado de nuevas dádivas económicas, que serán ilusión para hoy y más hambre para mañana. Otros serviles de la tiranía defienden como más seguro que la ANC elimine la Constitución de 1999, sin correr el riesgo de fracasar en el referéndum; su máximo beneficio a menor costo.

Esto es de tal gravedad que todos los demócratas defensores de la libertad debemos estar preparados para levantarnos unánimemente e impedir esa monstruosidad. Millones de opositores y de chavistas originarios, trabajadores, empresarios, estudiantes, vecinos, miembros de universidades, gremios, asociaciones, iglesias… y todo el mundo exterior solidario con la tragedia venezolana y su agonizante democracia, debemos organizarnos desde ahora y movilizarnos contra la nueva constitución cubanoide, sin esperar a que nos sorprendan, ni dormir hasta el día del referéndum. Si la tiranía siente que hay claridad y unidad en la oposición, no se arriesgará con el suicida cambio de la Constitución. Si a pesar de esa resistencia, se llegare al referéndum, todo el país tendrá que moverse para defender la Constitución de 1999, como el último y definitivo baluarte. Aunque más adelante tengamos que cambiar en ella asuntos –como la reelección presidencial indefinida, la duración de sus períodos– y promover la descentralización, la Asamblea bicameral, etc. Millones de chavistas no maduristas y de opositores movilizados por la tragedia social que vivimos y unidos para impedir la imposición de la constitución dictatorial comunista, elaborada para cerrar con candado la puerta hacia la libertad, la democracia y la prosperidad esperanzada.

Sep 20, 2018 | Actualizado hace 1 año
Acuerdo obligado, por SJ. Luis Ugalde

LAS COSAS HAN LLEGADO A TAL EXTREMO y la situación es tan dramática que la desesperación se ha apoderado del país.La gente no cree en el régimen y sus promesas-propaganda, y cada medida nueva agrava la situación. El liderazgo opositor carece también de credibilidad por su falta de unidad y su impotencia frente a la dictadura y los urgentes problemas socioeconómicos. El desastre es tan grave que la reconstrucción parece imposible sin un gran acuerdo de salvación nacional concretado en un gobierno de transición que incluya a buena parte de los que fueron y de los que todavía hoy son chavistas. El régimen actual no tiene futuro, pero puede resistir con un alto costo de vidas, dignidad humana y libertad democrática de millones de venezolanos. No puede haber un gobierno nacional que entusiasme y tenga éxito si no lleva en el corazón de sus políticas concretas las razones que hace 20 tuvieron las mayorías chavistas. Si, según las encuestas más recientes, 85% de los venezolanos vive en pobreza, el nuevo gobierno solo cuajará si renace en la vida de esa inmensa muchedumbre que agoniza en la pobreza y el exilio, y fracasará si no toma en serio la vida digna de ellos. Esa esperanza no se puede nutrir solo de palabras y retórica, sino que necesita de entrada signos visibles de mejora socioeconómica, lo que no es posible sin un vigoroso florecimiento de miles y miles de empresas privadas, entendidas y vividas como esperanza de los pobres y la superación de la pobreza como esperanza de la empresa privada, de la democracia y la libertad. Por otra parte, nada de esto es posible sin un apoyo decidido de las democracias y organismos internacionales, concretado en recursos materiales cuantiosos. Sin ese apoyo, ni el gobierno actual, ni cualquier otro que venga, tendrá estabilidad ni éxito y la solución no es la desesperanzada agonía dictatorial cubana de más de medio siglo.

El gobierno de transición solo despertará entusiasmo nacional y concretará el apoyo externo si de inmediato enfrenta la hiperinflación (alimentada por el actual gobierno con enorme déficit fiscal y dinero inorgánico) y activa la producción económica que en cinco años se ha reducido a la mitad y que está matando a la gente, arrebatándole su salario y dignidad y bloqueando toda posibilidad de reactivación.

1- Para revertir de inmediato este despeñadero hay que combinar:

-No pago de la deuda externa (132.000.000.000 de dólares) en 2 o 3 años. Condonación de buena parte de ella, refinanciamiento de la otra parte y cuantioso préstamo (según los entendidos no menos de 40.000 millones de dólares).

-Reprivatización de las empresas estatizadas, hoy ruinas improductivas.

-Inversión extranjera (y nacional) con garantías jurídicas y economía social de mercado.

-Apertura petrolera (y gas) a las inversiones no estatales y recuperación productiva.

-Financiamiento de importación de bienes básicos de consumo (alimentos, medicinas…) e insumos para reactivar la producción.

2- Al mismo tiempo se requiere inmediata ayuda humanitaria internacional con activación nacional de los canales de distribución y también de un inmenso voluntariado de solidaridad con efectos en la regeneración moral y de reconciliación. Rescate del Estado y del caos, corrupción e ineptitud de los servicios públicos de agua, electricidad, transporte, seguridad… Rescate de la Constitución: libertad de presos políticos y exiliados, legalización de todos los partidos y de los candidatos vetados; separación de poderes públicos; eliminación de la ANC (supraconstitucional, es decir, dictatorial); Fuerza Armada reconstitucionalizada; nuevo CNE; elecciones justas, libres y transparentes, una vez restablecidas las condiciones democráticas para ello.

No se trata de medidas sueltas ni de que cada grupo político pretenda instaurar en esta transición el modelo de su preferencia, sino de lo imprescindible para salir de esta dramática agonía. Sería fatal enredarse en debates ideológicos sin entender que la extrema emergencia exige un pragmatismo sanador previo a elecciones democráticas en las que la población escogerá al candidato de su preferencia entre alternativas que incluyan las que vienen del chavismo y también las que parecen más opuestas a él. Por ahora la negociación no puede ser maximalista, sino realista con la necesaria unidad nacional y el apoyo internacional imprescindibles.

3- La salida del gobierno actual tiene que ser pronta y negociada con espíritu de reconciliación, no de venganza sino de perdón, con una nueva primavera de reencuentro venezolano combinada con una acción serena y equilibrada de la justicia, en los casos que se requiera para evitar la impunidad.

4- Los militares (hoy unos cómplices y represores y otros reprimidos) y las democracias del mundo y de las Américas deben formar parte de diversa manera de esta negociación y reconstrucción.

5-La Asamblea Nacional ha de ser la legítima pieza central de esta transición y quien la encabece debe excluirse de la contienda electoral democrática, que tendrá lugar tan pronto se restablezcan las condiciones básicas constitucionales para una elección libre, transparente y con garantías.

Ese acuerdo que incluya al chavismo democrático puede escandalizar a algunos, pero no será más chocante que el abrazo –en medio de tantos cadáveres y odios– de Bolívar y el jefe español Morillo en Santa Ana de Trujillo, como importante paso desagradable para salir de la guerra.

 

El Nacional

Abr 17, 2018 | Actualizado hace 2 años
Como Emparan, el 19 de abril, por Luis Ugalde

 

Sin condiciones democráticas no hay elecciones democráticas, sino votación dictatorial para legitimar y perpetuarse en el poder. El Gobierno sabe que 15 millones de venezolanos quieren salir de esta tragedia; salir de Maduro y del modelo que ha destrozado al país. Ellos quieren además elecciones libres, justas y transparentes.

El régimen, asustado por la derrota de 2015, impuso fraudulentamente una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) para tener un poder “supraconstitucional”, con éste anular la Asamblea Nacional legítima y ejercer a su antojo los poderes judicial, ejecutivo, legislativo y electoral. Luego la ANC arrebató el triunfo de la gobernación del Zulia a Juan Pablo Guanipa porque él dignamente se negó a arrodillarse ante la ilegítima; a Andrés Velázquez le robaron la gobernación del Estado Bolívar falsificando actas y votos. Nadie puede ser tan ingenuo de pensar que ahora están dispuestos a entregar la Presidencia de la República en una votación inventada por ellos para perpetuarse.

No hay condiciones democráticas con media docena de candidatos presidenciales rivales inhabilitados, partidos de la oposición anulados, árbitros comprados, un millón de votantes en el exilio impedidos; en fechas absurdas puestas a conveniencia para que la oposición no pueda organizarse, con una distancia ilegal de menos de tres meses entre la convocatoria y la fecha de elección y con una coacción brutal con el carnet de la Patria y el hambre de la gente; y otra media docena de trampas inaceptables … Desde el Gobierno, y descaradamente, se ha proclamado que este régimen nunca entregará el poder y luego nos toma el pelo invitándonos a unas elecciones pulcras. No hay elecciones limpias con condiciones tan evidentemente tramposas y una ANC que decide al final. Candidatos que anunciaron retirarse si no había condiciones democráticas, ahora juran que seguirán adelante sin condiciones …

Esta no es cualquier elección: estamos al final de un régimen que despertó mucho entusiasmo, pero ha ido quemando inmensas oportunidades, robando fortunas y arruinando todo hasta dejar a la población sin sistema de salud ni medicinas, sin seguridad, sin ingresos, sin producción, sin libertad y sin esperanza … Si logran que el 21 de mayo, Venezuela y el mundo reconozcan el ya cocinado triunfo de Maduro, la trágica fuga de millones al exilio y el cierre de empresas se incrementarán. Los candidatos perdedores dirán que la oposición es la culpable de la trampa gubernamental y la ANC sacará de la manga una Constitución antidemocrática para perpetuarse, al estilo comunista.

19 de abril- Cuando el viejo orden entra en agonía irremediable, lo más inteligente y menos costoso para todos es seguir el ejemplo del capitán general Emparan el 19 de abril de 1810. Este Gobernador de Caracas cuando sintió que la gente lo rechazaba a gritos, dijo una frase memorable “Pues yo tampoco quiero mando”. Y se fue.

Si entonces la política de la Corte Española hubiera sido racional y sensata, ante la insostenibilidad del viejo imperio y la irremediable  emancipación de sus colonias, hubiera organizado la transición sin echar un tiro, se hubiera ahorrado decenas de miles de muertos de ambos lados y preservado una futura  relación ventajosa entre madre e hijas…

Lo que Venezuela vivió en su parto republicano entre 1810 y 1812 fue algo maravilloso: la transición a la Independencia con una muy sólida argumentación civil y democrática sobre el derecho de los pueblos a darse su propio gobierno y proclamarse independiente sin guerra.  Si Madrid hubiera tenido visión, hubiéramos tenido una transición no traumática. Por el contrario, tuvimos la más larga (14) años y más sangrienta y destructiva guerra de todas las Américas y llegamos a 1825 con una Venezuela destruida, con las siembras abandonadas, la ganadería diezmada, la población desangrada y harapienta y la mayoría de sus líderes civiles muertos. La pesada deuda de guerra que duró un siglo, impidió una economía productiva y de paz y un sólido sistema educativo. Lo peor de todo, la guerra envenenó el alma venezolana sembrándola de caudillos, cada uno imponiendo su “república” con argumentos que salen de la punta de las lanzas y  de los machetes. Triste, muy triste, que después de la última batalla  de 1902 amaneciera Venezuela en la misma pobreza que en 1825, sin democracia, sin ciudadanía y sin soberanía popular.

Nicolás Maduro, si quiere a Venezuela, renuncie como Emparan el 19 de abril y empecemos una novedosa transición civilizada.  La votación del 20M no engaña a nadie, es un medio programado para perpetuar un gobierno y un modelo ruinosos. Maduro renuncie a la terrible destrucción de Venezuela y abra las puertas a la secuestrada esperanza. Su renuncia,  antes y después del 20M, será esperanza de cambio y vida para millones y millones de desesperados.