Ramon Guillermo Aveledo, autor en Runrun

La clave es no perder el foco ni entretenerse en intrigas, por Ramón Guillermo Aveledo

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En circunstancias como las que nos encontramos los venezolanos: una crisis múltiple provocada por un poder inescrupuloso tercamente empeñado en obstruir cualquier solución, hay que estar alerta ante dos enemigos emboscados sumamente peligrosos que son la desesperanza y la desesperación.

El poder, cercado por sus propios errores, el más reciente y grave de los cuales es esa constituyente fraudulenta que lo metió en la calle ciega de tener que mentir del modo más escandaloso, insiste en una estrategia que ha ido teniendo rendimientos decrecientes. La de meter miedo para que cunda la desesperanza y con ella la desmovilización, y en una parte de quienes se mantengan activos, sembrar la desesperación que empuja a acciones apresuradas, impulsivas y desconectadas de una línea estratégica de mayor aliento y proyección. Para eso la escalada represiva contra alcaldes y el rapto de López y Ledezma para devolverlos a prisión, aunque más de uno crea que se trata de síntomas de lo que va por dentro, que no es precisamente una batalla a campal sino una peligrosa guerra a cuchillo.

Este gobierno no tiene futuro. Puede simular que se engaña con los “resultados” oficiales del domingo 30, e incluso alguno que otro de ellos puede engañarse realmente. Pero si abusar del poder real es tarde o temprano costoso e inútil, hacerlo de un poder ficticio, con pies de barro, es una necedad inconmensurable. Ha perdido credibilidad interna, la mayoría de los venezolanos no traga su intento de engañarnos y muchos que en efecto votaron y los militares desplegados en el Plan República, saben que en esos centros vacíos nunca en la vida pudo haber ocho millones de personas. Y ha perdido credibilidad exterior, el mundo no se comió el cuento de que su maniobra resolvería la crisis y uniría y pacificaría a un país que está, naturalmente, más dividido e irritado.

Aquí lo que está planteado es un conflicto entre el país entero, que quiere paz y progreso, y el pequeño grupo que se cree amo del poder y que no representa a todo el chavismo y ni siquiera a los que sí participaron el domingo pasado, más o menos la tercera parte de lo que leyeron las señoras en su boletín.

La clave está en la claridad de propósitos y la unidad. Allí la responsabilidad de nuestros dirigentes. Lo que nos da la confianza para seguir adelante y para no caer en la desesperanza ni en la desesperación. Mantenernos unidos, en esa diversidad que coincide en la necesidad del cambio político para abrir paso a un gobierno de unidad nacional que se ocupe de los problemas de verdad y restablezca el respeto a la Constitución como marco de seguridad para todos. Unidos. No perder el foco ni entretenerse en intrigas que el aparato de propaganda oficial sabe difundir para contaminar el ambiente.

Vencer a un proyecto como el que se aferra el poder nunca es fácil. Nadie dijo que lo sería. Pero lo venceremos. Mucho hemos avanzado nacional e internacionalmente para lograrlo, y mucho han retrocedido ellos, que ya no tienen ni el respaldo popular, ni la imagen internacional niel dineral que solían tener. Porque este país se decidió a cambiar y cambiará.

@aveledounidad

Feb 04, 2015 | Actualizado hace 5 años
Democracia, convivencia por Ramón Guillermo Aveledo
 Convivencia
La democracia al límite” titularon en Chacao un foro al cual asistí la semana pasada junto a Américo Martín y el alcalde Ramón Muchacho. La nutrida asistencia muestra una genuina preocupación ciudadana. Las ponencias evidencian la calidad de las reservas democráticas que el país tiene.
Hablando de límites, la democracia puede tener límites máximos. Si se llevan al extremo las libertades y los derechos, es muy fácil que se desborden en la anarquía. También límites mínimos, visiones restrictivas que si se exageran acaban en dictadura. De los dos modos la democracia perece. Por eso hay constituciones, en ellas, las sociedades acuerdan unos límites equilibrados que permitan convivir a los que difieren, a partir de unas ciertas premisas comunes. Los linderos están en la Constitución. Dentro de ella, todas las posibilidades.
Decía Eugene McCarthy que la democracia es “una filosofía de organización social y política que da a los individuos un máximo de libertad y un máximo de responsabilidad”. En cuanto organización, la democracia requiere instituciones. Más sencillo y más complejo, para mi paisano Ramón Escovar Salom, la democracia es un “pacto de decencia colectiva”.
En Venezuela vivimos el problema de que el poder se siente incómodo con la Constitución. Quiso cambiarla en 2007 y el país no se lo permitió, y ha estado tratando de hacerlo después por los caminos culebreros de la imposición. Se aplica un modelo económico que no es el de la Constitución, con saldo de la inflación más alta del mundo, escasez y daño al trabajo y la inversión. Se aplica un modelo político que no es el de la Constitución, y el resultado es desconfianza en las instituciones abusivamente manipuladas por el partidismo y sus facciones. En lo social, se maneja un esquema de división, discriminación y exclusión radicalmente inconstitucional. Ahí están los componentes de la crisis que padecemos y que empeorará si seguimos este curso equivocado.
La democracia, para Savater, exige convivir con costumbres y comportamientos que uno desaprueba. Es, por lo tanto, muy exigente en términos de tolerancia, mi tema de la semana pasada. Dividir el país en dos bandos, identificar al otro con el mal, ignorarlo y eliminarlo, son los ingredientes que vio Marías en la Guerra Civil española.
La Constitución es el espacio de encuentro, el lindero seguro, la posibilidad de convivir. Pero hay que cumplirla.

 

Dic 17, 2014 | Actualizado hace 6 años
Civilidad por Ramón Guillermo Aveledo

rafael-Arraiz

Una sociedad bien cohesionada “Es una obra reformista y moderada”, ha escrito el académico y estadista español Gregorio Peces-Barba, uno de los padres de la Constitución de 1978 y quien fuera presidente del Congreso de los Diputados la primera vez que hubo mayoría socialista en esa cámara. Es en la introducción a su libro La España Civil, el cual dedica a quienes considera sus apóstoles, el poeta Antonio Machado, “caminante no hay camino, se hace camino al andar” y a los republicanos Fernando de los Ríos y Manuel Azaña, de cuyas angustias en el establecimiento de un régimen de convivencia democrática y parlamentaria sabemos por la historia y porque lo dejó contado en sus Diarios, un proyecto en el cual se empeñó en meter a los socialistas, por entonces enredados en las disputas ideológicas entre revolución y reforma entre los liderazgos de Besteiro, Prieto y Largo Caballero, ya llamado “Lenin español” por áulicos que ya estaban pasados al comunismo. Peces-Barba dice de sí mismo que es “un socialista liberal que rechaza el extremismo, el fanatismo y la imposición”. Espécimen incomprensible para vernáculos socialistas del siglo XXI, que consideran esas tres barbaridades como si fueran virtudes teologales.

El cuento viene a cuento porque en la línea de Lo Afirmativo Venezolano, el importante libro de Augusto Mijares que nos invita a volver a creer en nuestra fuerza de pueblo, ha publicado Rafael Arráiz Lucca su nueva obra Civiles, en la cual nos habla de esos héroes de la ciudadanía cuyas hazañas no son exaltadas ni sus méritos reconocidos, porque no ocurrieron en el campo de batalla, aparentemente el único escenario para que un miembro de este pueblo pacífico se gane una placita.

Roscio, jurista y político de nuestra Independencia. El cura Madariaga del 19 de Abril. Los sabios Bello, Vargas, Rojas, Alvarado y Gil Fortoul, compañeros estos dos en el Colegio Concordia de Don Egidio Montesinos en El Tocuyo. Artistas, Tovar y Tovar, Reverón y el arquitecto Villanueva, en cuyo arte se puede vivir. Intelectuales con pasión de Venezuela, Arráiz y Picón Salas. Dos escritores que se dejaron tentar por la política y se atrevieron a la aventura del poder, Gallegos y Úslar. Un empresario de espíritu pionero, Ricardo Zuloaga. Y varios líderes políticos, cuya lucha dio forma a nuestra contemporaneidad: Leoni, Betancourt, Caldera y Pérez.

Leerlo complace, provoca el pensamiento y educa.

@aveledounidad

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Dic 03, 2014 | Actualizado hace 6 años
Jóvito, héroe civil por Ramón Guillermo Aveledo

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El heroísmo que reconocemos requiere virtud, soledad y martirio. El héroe, escribe Savater, “es la visión ética por excelencia”. Omar Pérez, defensor del lector de estas páginas, hizo justicia a un héroe venezolano en su biografía de Jóvito Villalba, a cuyo homenaje acaba de invitarme el Concejo de Pampatar.

Entre nosotros, la manera de contar y aprender la historia, trenzada con retórica de ocasión y propaganda, tiene mucho de Venezuela heroica de Eduardo Blanco, novela romántica, epopeya marcada por hipérboles y epítetos. Y de la gesta por la Independencia pasamos a cualquier batalla, real o imaginaria, aunque sea en la tragedia de las guerras civiles.

No desmerezco al guerrero pero Convit, Gabaldón, Prieto Figueroa, Fermín Toro, Cecilio Acosta, Pérez Alfonzo, Gallegos, Aparicio, Michelena, Narváez, Calvani, Teresa Carreño y Mendoza Fleury han construido más patria que toda la pólvora y la polvareda.

Exaltamos el heroísmo bélico y subestimamos el heroísmo civil de los que educan, investigan, crean, hacen, informan, emprenden y, por cierto, de los que lideran o aspiran a liderar. Los del oficio más denostado, los políticos.

Dejó Villalba constancia de su comprensión de la naturaleza intensamente contradictoria de la vocación que ejerció con entrega vital y elegancia en los modos: “El quehacer político, la política es pugna de intereses y competencia de ambiciones, pero es también, paradójicamente, trabajo por el entendimiento entre los hombres y la unidad de las fuerzas sociales. En esta aparente o real contradicción de sus fines residen su interés y su grandeza. Gracias a esta contradicción, en el tablero de la política se encuentra y alternan el rufián con el apóstol, el demagogo con el estadista y el tirano con el libertador; y la historia, que es en gran parte el discurrir de la política, nos presenta la sucesión de angustiosos momentos de violencia y caos con sublimes horas de afirmación e integración humanas…”.

Su vida nos pone cara a cara con la conciencia. Luchó sin descanso, defendió su manera de querer a Venezuela y su sueño de verla convertida en una sociedad pacífica, democrática, próspera y justa. Enfrentó tiranías y arbitrariedades sin otra arma que su palabra, sin disparar un tiro ni tirar una parada. Si eso no es ser valiente, que alguien me explique qué es el valor. Jóvito es un héroe civil.

@aveledounidad

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Nov 19, 2014 | Actualizado hace 6 años
José Gregorio por Ramón Guillermo Aveledo

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El 25 de octubre se cumplieron 150 años del nacimiento en Isnotú del doctor José Gregorio Hernández. Con motivo de ese señalado aniversario, la Iglesia católica y todos los venezolanos hemos estado recordando a ese hombre virtuoso, con valiosos aportes en la ciencia médica y en el amor al prójimo. La veneración popular por el doctor Hernández es grande y está extendida en Venezuela y otros lugares de América Latina. Sabio y caritativo en vida, desde su muerte trágica y muy inusual en la Caracas de 1919, atropellado por un vehículo tras bajarse del tranvía, su nombre ha recibido el cariño y la fe del pueblo, que lo considera suyo por santo y por milagroso. A su pueblo natal, en la montaña trujillana, y a su tumba, en la caraqueñísima iglesia parroquial de Candelaria, van los peregrinos devotos. De Betijoque, comarca cercana a Isnotú, venía quien sería su asistente en trabajos de microbiología, Rafael Rangel, considerado padre de la parasitología y el bioanálisis en nuestro país.

Su espíritu filantrópico le ganó el cognomento de “el Médico de los Pobres”. Su religiosidad lo llevó a intentar en 1908 la vida monacal en la cartuja de Farneta, en la población toscana de Lucca, con el nombre de hermano Marcelo; la misma, por cierto, donde en 1944 encontraría el martirio monseñor Salvador Montesdeoca, obispo de Valencia que era monje en aquel convento cuando fue asaltado por la 16ª Panzergrenadier Divisionen Reichführer SS. Los soldados nazis lo asesinaron junto a sus 11 hermanos. Y en 1913 entró al Pío Latino romano para ingresar a la vida sacerdotal.

En el mundo científico es bien sabido lo que no lo es tanto en el nivel popular donde se lo quiere y venera.

El doctor Hernández fue un científico notable, con aportes a la investigación en el área de la medicina. Tras estudios en París y trabajos junto a eminencias como Duval, Richet y Strauss, fue profesor de Histología, Patología, Fisiología Experimental y Bacteriología en la Universidad Central. Fue académico de la Medicina. Es de su autoría el primer texto de bacteriología venezolano y el primer trabajo descriptivo en el mundo de la angina de pecho palúdica. Investigó el recuento globular, la bilharziosis, la nefritis amarílica y un tratamiento a la tuberculosis.

Tiene un sitio en la historia de la medicina nacional, quien ocupa lugar tan grande en el corazón de los venezolanos.

@aveledounidad

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