Orlando Viera Blanco, autor en Runrun - Página 2 de 35

Orlando Viera-Blanco

Con bombos y platillos..., por Orlando Viera-Blanco*
Sabemos que la situación en Venezuela es desesperante y que del combustible depende en parte la vida de la gente. Pero ese combustible del que muchos dirán ‘es conveniente’ para aliviar las penurias del pueblo, es pan para hoy y sangre para mañana…

 

@ovierablanco 

Sin duda alguna el ingreso de buques iraníes a Venezuela es un acto antihistórico, muy triste, repudiable y vergonzoso, que dibuja el estado de vulnerabilidad de Venezuela. Hemos llegado al punto de quemar nuestro oro por mendigar alianzas radicales islámicas, y abastecernos de lo que antes exportamos: gasolina. Nada que celebrar…

No es gasolina, es anomia

El debate se ha centrado en asumir la conveniencia o no de “dejar pasar” la llegada de buques del ayatola. Creo que el análisis sobrepasa una visión de check point (de alcabala).

La gravedad del asunto toca terrenos sensiblemente geopolíticos, históricos, sociales y hasta culturales. A cuenta de las bondades del derecho a la libre circulación de mercaderías, Teherán y Caracas se pasean por el mundo libre, democrático y global, despachando algo más que combustible.

Para nadie es un secreto que Irán, en términos de modelo de poder, es violador de DD. HH., proveedor de violencia, fanatismo y radicalismo que ha traído sufrimiento, opresión y miseria a su pueblo y al Medio Oriente.

Ahora pretende instalarse junto con la ocupación cubana -atención- no solo en Venezuela, sino en el todo el hemisferio. Permitirlo registra debilidad y candidez internacional. Abre un boquete en Latinoamérica de antiamericanismo proverbial que pone a riesgo la estabilidad de la subregión… más de lo que está.

La miseria, depauperación y criminalidad que llegó a Venezuela no se resuelve con pañitos calientes.

El origen de la escasez y devastación no es de ayer. Desde el primer día en que Chávez llegó el poder, firmó un decreto presidencial para someter a consulta la reforma de la Constitución de 1961 mediante un inconstitucional e írrito proceso constituyente que entubó un proyecto hegemónico, presidencialista y militarista.

La antigua CORTE SUPREMA DE JUSTICIA no supo ver que en esa iniciativa (Constitución Bolivariana) no venía con buenas intenciones. Era conducir a Venezuela por el camino de una revolución populista y fanatizada, personalista y rodilla en tierra, que metió de contrabando un modelo a la cubana proclamado como “el mar de la felicidad”. Hoy los buques islámicos transitan por esos mares…

En esa carrera insaciable por la dominación absoluta, Chávez estrechó la mano a Saddam Hussein, a Mahmoud Ahmadinejad y a cuanto dictador meridional se le cruzara en sus aguas. Nuestra sentencia estaba escrita. Nos llevarían a las alianzas más perversas y radicales portadoras de un discurso antioccidental y contra-eurocentrista. ¿Quién pagó las consecuencias del peligroso juego? Él y el pueblo.

La gasolina y el oro de sangre

Sabemos que la situación en Venezuela es desesperante y que del combustible depende hoy parte de la vida de la gente. Pero ese combustible, del que muchos dirán “es conveniente” que llegue a Venezuela para “aliviar las penurias del pueblo” -dictadura y opinadores dixit-, es pan para hoy y sangre para mañana.

El problema no es coyuntural. Es inmensamente estructural, social y económico. Es político. Con este modelo de poder estamos condenados al caos, a la nada.

El régimen seguirá cerrando jugosos negocios. Le dará algunas migajas al pueblo para que mínimamente resuelva, mientras el país sigue a oscuras, sin luz, sin agua, con una inflación en dólares, el coronavirus en escalada y la indignación/resignación de vivir de sobras.

Venezuela ha llegado a un punto inédito en la historia de los tiempos modernos, donde el termómetro de los DD. HH. debería haber sido lo suficientemente elevado para estallar y habilitar una coalición internacional humanitaria en Venezuela. Pero la retórica ha agotado la diplomacia y las esperanzas de la gente.

El análisis no se reduce a tener o no gasolina. El análisis es la catástrofe social y humanitaria que acumula Venezuela por años y que afecta de forma visible y peligrosa el resto del hemisferio y del planeta.

El régimen castro-comunista cubano ha sido un error histórico que más ha pagado el pueblo cubano y un mundo pícnico, influenciable, adoctrinado, que el pueblo norteamericano. Cuba ha sido un semillero de violencia, guerras, muerte e ideologización que sigue alzando muros agoreros y aventurados a través del Foro de Sao Paulo y su centro estratégico de operaciones en Caracas.

Cuba lanzó al mundo su propaganda basada en un colectivismo utópico, una innoble lucha de clases que polarizó el planeta y todavía, hasta nuestros días, sigue atrapando la buena fe de los pueblos miserables sometidos a su dialéctica.

No permitamos que Venezuela se convierta en la tercera ola de la anticivilización como lo fueron, en las postrimerías de la revolución industrial y de la Primera Guerra Mundial, el movimiento nazi o su contraparte, la revolución bolchevique.

Ahora, en pleno siglo XXI, la oleada islámica-antillana, con el oro y el petróleo venezolano, y su irrepetible ubicación a tres horas de vuelo de EE. UU. y a pocas horas de cualquier vecino, podría convertir Latinoamérica en el epicentro de otro Medio Oriente. ¿Exageramos?

Con bombos y platillos recibe el régimen los buques iraníes. Todo un cotillón con el cual quieren ocultar más de dos décadas de destrucción, PDVSA incluida, la otrora segunda empresa de petróleo más sólida del mundo. No es solo Venezuela la que peligra. Es el mundo entero. ¿Exageramos?

Nada que vitorear, nada que celebrar…

* Embajador de Venezuela en Canadá.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Sin ciudadanía no hay paraíso…, por Orlando Viera-Blanco*

@ovierablanco 

En la Venezuela de los últimos cuatro lustros perdimos el sentido del ciudadano que pertenece, que se identifica con su nación. El ciudadano de a pie tampoco lo es, porque carece de derechos y además de agua, luz, comida, medicinas y seguridad. No existe, sobrevive. Tampoco convive sino que compite por la vida. Es la muerte del Estado-nación…

Ciudadano es un concepto socio-político y legal de significado variable, usado a lo largo de la historia no siempre de la misma manera. Según Aristóteles “a menudo se discute sobre el ciudadano, y en efecto no todos están de acuerdo en quién es ciudadano. El que es ciudadano en una democracia con frecuencia no es ciudadano en una oligarquía”…

¿Quién es ciudadano? 

Aristóteles en su libro III sobre La política, abordaba la ciudadanía como el sentido de pertenencia de los derechos. El clásico pensador se hacía dos preguntas: ¿Quién es el ciudadano? y ¿a quién se le llama ciudadano? Respondía que “ser ciudadano” significaba ser titular de un poder público no limitado y permanente: “ciudadano es aquel que participa de manera estable en el poder de decisión colectiva, en el poder político”, y se le llama ciudadano a todo aquél que era capaz de ser tal. 

Se distinguen tres etapas: una “ciudadanía civil” en el siglo XVIII, vinculada a la libertad y los derechos de propiedad; la “ciudadanía política” propia del XIX, ligada al derecho al voto y al derecho a la organización social y política; y, por último, la del siglo XX, la “ciudadanía social”, relacionada con los sistemas educativos y el Estado del Bienestar.

En la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), se liga el concepto de derechos con ciudadanía y se afirma que los derechos del hombre son «naturales, inalienables y sagrados», y que todos los hombres «nacen libres e iguales».

El Diccionario de Julio Casares define ciudadano como «natural o vecino de una ciudad, o perteneciente a una ciudad». La ciudadanía es la expresión de pertenencia que una persona tiene hacia una sociedad determinada en la que participa. En la tradición occidental el ciudadano es un conjunto de atributos legales y a la vez un miembro de la comunidad política, como explica Isidoro Cheresky… “Cuando la ciudadanía no participa en la toma de decisiones, la mayoría de las veces las acciones del Estado son erróneas, llegando incluso a afectar drásticamente la ideología del país”, esto es, su cultura, su convivencia.

Borrar la historia de nuestra memoria

El novelista checo Milan Kundera decía: “para liquidar las naciones lo primero que se hace es quitarles la memoria. Se destruyen sus libros, su cultura, su historia. Y luego viene alguien y les escribe otros libros, les da otra cultura y les inventa otra historia. Entonces la nación comienza lentamente a olvidar lo que es y lo que ha sido. Y el mundo circundante lo olvida aun mucho antes”. Podríamos decir que la pérdida de la condición ciudadana es la pérdida del sentido de pertenencia producto del arrebato de nuestros valores históricos. Es la anomia, es la vaciedad cultural absorbida por el mandamás.  

Ser ciudadano es tener sentido de identidad con el lugar donde se interactúa socialmente, en el hábitat donde se desenvuelven los individuos con responsabilidad, derechos y obligaciones. El Consejo Europeo es cada vez más consciente de que «ciudadano y ciudadanía» puede definirse como «una persona que coexiste en una sociedad». Se trata, por tanto de traspasar los límites de la noción de «Estado-nación» y adoptar la comunidad que engloba el concepto de ciudadano global. 

En la Venezuela de los últimos cuatro lustros perdimos el sentido del ciudadano que pertenece, que se identifica con su nación.

El ciudadano de a pie tampoco lo es, porque carece de derechos y además de agua, luz, comida, medicinas y seguridad. No existe, sobrevive. Tampoco convive, sino que compite por la vida. Es la muerte del Estado-nación sustituido por una “toronja mecánica” agria y seca que se oculta en el rostro de una revolución que borró a Bolívar, Páez, Teresa de la Parra, Teresa Carreño, Gallegos, Nazoa, Simón Díaz o Betancourt y la permutó por: “patria, socialismo o muerte“. Oscurantismo que borró toda ilusión… 

Ciudadanía activa

El escritor Josep Ramoneda destaca: “La forma de las ciudades no es en absoluto inocente a pesar de que a menudo vayan perdiéndola a medida que nos alejamos de su centro. La urbanización del entorno urbano y la multiplicación de espacios de habitación y residencia sin voluntad cívica [mutilación y aislamiento cultural] es la consagración de la peor versión del individualismo” 

La cuestión del espacio público tiene que ver con la libertad de expresión. Cerrar o vaciar el espacio público es una forma de cercenar la interrelación comunicativa. El espacio público, como la ciudad, ha de ser abierto. La ciudad no debe ser una identidad cerrada. La ciudad es una morada. En su imaginario se cruzan la ciudad física, esto es la experiencia acumulada inscrita en sus grafitis, calles y paredes. Es la consciencia de espacio compartido que tienen los ciudadanos. 

Entonces ciudadanía es un concepto político, jurídico, pero es también cultural: el individuo se hace ciudadano compartiendo morada, ocupando y compartiendo espacios. ¿Cuántos [espacios] confiscados? Medios de comunicación clausurados. Parques y plazas ocupadas por el crimen y la destrucción. Hasta el béisbol o la fe quedaron de lado por la propaganda y la ideología. Qué decir de la formación social, moral y cívica… 

El coronavirus no acabó con nuestra ciudadanía. Hace rato otro virus la mató. Rescatémosla. ¡Sin ciudadanía no hay cambio, no hay paraíso! 

* Embajador de Venezuela en Canadá

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

 

Voy de Petare rumbo a Miraflores, por Orlando Viera-Blanco*
Fuimos una sociedad de oportunidades, de destino migratorio, moneda fuerte y ciudades piloto como Caracas, convertidas en regias metrópolis.

 

@ovierablanco 

La historia de los últimos 20 años en Venezuela deberá evaluar lo que definió Herrera Luque como conductas psicopáticas. Una jauría de maldad y morbo de la que habría que preguntarse si es propia de nuestra cultura, o de una realidad degenerada por el desbordado odio y violencia que supone la ideología del desquite, la lógica de lucha de clases y la impunidad como trofeo.

De Gómez a CAP

Desde la llegada de Juan Vicente Gómez [el Rey de bastos según Herrera Luque] al poder, Venezuela comenzó a vivir una época de redención grupal fundamentada en una paz reglada sobre la teoría de “Sota, Caballo y Rey” (que no es paz) y la emergencia de la riqueza petrolera.

Después de un siglo de reyertas y montoneras [XIX], al decir de Blasco Ibáñez y su obra Los cuatro jinetes del Apocalipsis, guerras, peste, hambre y muerte acabaron con un millón de habitantes de cuatro que éramos; la fusta de Gómez y la creación de sus “milicias modernas” acabaron con la guerrilla de la época. 

Antropológicamente tal devastación produjo sufridas patologías sociales y desviaciones esquizoides. El síndrome del cimarrón, que siendo de raza mulata escapaba de su amo por ser libre… El síndrome del esclavo sub judice, que lleva en sus hombros el resentimiento del sometimiento y trato denigrante. El síndrome del taita, hombre a caballo, jefe guerrillero y caudillo que somete, mata y cobra venganza, con el odio necesario como “pilar”,  para alcanzar y mantener poder. El síndrome del humillado, el harapiento y mugroso, utilizado solo para servir, para cargar, sembrar o sudar, generador de una salivación salvaje como la del animal fatigado y sometido a una vida de cuero y látigo. Porque así fueron tratados, como cosas, como animales…

Entonces la insurgencia del bandolero, del segador verdugo, como lo fue el pulpero de Villa de Cura, Ezequiel Zamora, o el urogallo Boves, no fue casual. Tenemos sus versiones contemporáneas.

Antes tomaron un fusil o un machete, cortaron cabezas e incendiaron caseríos, para imponer el nuevo orden, el aquí ahora mando yo. Hoy todos están entre Petare y Miraflores.

Todo este melting pot de personalidades resentidas necesitaba un gendarme necesario. Y llegó Gómez con su ‘Unión, paz y trabajo’ desde cuya dictadura acabó con la rechifla al tiempo que fundó las primeras aerolíneas como Aeropostal, modernizó y profesionalizó las FFAA, construyó los primeros aeropuertos y saneó las finanzas públicas.

Después de 35 años de dictadura, Venezuela comenzaba un proceso de urbanización. La instalación de empresas petroleras americanas trajo balancines, desarrollo y béisbol, y el florecimiento del positivismo criollo democrático (soldados políticos) que impulsó -entre golpes, decadencias, grilletes y contragolpes- el nacimiento de la democracia. Desde Medina, su “primer soldado”, hasta Betancourt [el padre de la democracia] tras la caída de Pérez Jiménez en 1958.

De Betancourt a Chávez

Betancourt da continuidad al proceso de redención grupal del siglo XX, pero de forma pactada y liberal, con la movilización social más importante vivida en la historia contemporánea de Latinoamérica.

Fuimos una sociedad de oportunidades, de destino migratorio, moneda fuerte y ciudades piloto, como Caracas, convertidas en regias metrópolis. Pero algo sucedía. El petróleo era monopolizado por el bipartidismo que controlaba el reparto. El minotauro nos dividió en algo peor que pobres y ricos, es decir, en incluidos y excluidos, en movilizados e inmovilizados. La indiferencia de los que saborearon oportunidades vs. los desafortunados que quedaron en la relegación fue el criadero de violencia, el brote de los síndromes del segador, el cimarrón, el taita vengador o el bandolero herido y resentido.

Después del Caracazo, cuya chispa no fue la gasolina sino la fatiga y el olvido, la mala leche estaba echada. Comenzó el proceso de defenestración de la democracia entre “rebeliones de náufragos” (Mirtha Rivero), conjuras, caracazos, sables, notables, mantuanos, sotanas y “amigos invisibles”.

El 4F es el epílogo de una era de acumulación de reflujos, y el preludio de otra de sangre y desquites. Chávez fue el pastor de los miserables y el verdugo de los borregos en el corral. La resurrección de los 4 jinetes del Apocalipsis: hambre, guerra, peste y muerte. El pueblo no odia, alerta Lipman, pero aprende con facilidad si se le incita. Esa es la historia reciente de la que aún no salimos y espero comprendamos.

De Maduro  a Wilexis…

Así terminará esta oscura etapa de nuestra herida historia. A fuego cruzado entre pranatos excarcelados y pranatos uniformados. Entretanto un país en guerra, pero a lo interno. La verdadera montonera va de Petare rumbo a Miraflores. Violencia creada por el propio régimen que ahora recibe “sota y plomo” de su propia medicina: el odio y la incitación.

Así hemos sido. Así hemos ido. A sota, caballo, sangre, sudor y rey. Al decir de Herrera Luque, mentes psicopáticas embriagadas de complejos, despojo y revancha. Necesitamos un nuevo cuarto de hora de “paz, unión y trabajo”.

Pero pido a Dios que “el elegido” no venga a caballo, con espuelas, más reflujos y el mazo dando… Es hora de reconciliar la patria.

* Embajador de Venezuela en Canadá

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

¡Venezuela ni la rinden ni se rinde!, por Orlando Viera-Blanco.
En el caso de Venezuela, la violencia, la opresión y el sufrimiento no han sido suficientes para derrotar la confianza y la resiliencia. 

@ovierablanco 

Solo hay un fracaso y es no seguir intentándolo. Ha habido muchos episodios a lo largo de la historia que han demostrado que el ser humano apuesta por naturaleza a la vida más que a la muerte, que su capacidad de soñar es lo que hace su mente poderosa y que levantarse la octava vez después de siete caídas puede ser lo que nos conduzca a la victoria… Y si caemos una octava ¡pues nada!, ¡nos paramos por novena! Así sucesivamente, hasta ser dignos y ser libres… 

Si la naturaleza se opone a nosotros…

En el caso de Venezuela, la violencia, la opresión y el sufrimiento no han sido suficientes para derrotar la confianza y la resiliencia. Nuestra actitud histórica ha sido contumaz como lo han sido nuestros ancestros. 

El terremoto de Venezuela del 26 de marzo de 1812 causó millares de muertos. Ocurrió un Jueves Santo, y ciudades bajo poder republicano como Caracas, La Guaira, Mérida, El Tocuyo y San Felipe, acabaron destrozadas. Urbes monárquicas como Coro, Maracaibo y Angostura sufrieron menos, lo que sirvió a frailes y sacerdotes realistas predicar que había sido un «castigo divino» por alzarse contra Fernando VII.

La reconquista de Domingo de Monteverde fue notoria y triunfal para los realistas. Llega a las costas de Coro en 1812, releva a Miyares y emprende una campaña de reclutamiento de blancos y esclavos leales a la corona [síndrome del cimarrón Ramón Piñero, que juró lealtad al rey a cambio de ser libre], con lo que logra una cadena de victorias en su camino a Caracas, donde muchos cuarteles republicanos quedaron destrozados por el terremoto. 

La naturaleza se oponía pero luchamos contra ella e hicimos que nos obedeciera…! (dixit Simon Bolívar). Hasta el negro Piñero que luchaba “al lado de la Corona”, lo hacía, pero también por libertad… 

Capitulación de San Mateo 

El fin de la Primera República se acercaba. El 30 de junio de 1812 los realistas presos en el castillo de San Felipe de Puerto Cabello [comandado por Simón Bolívar], se sublevan [al mando del Alférez Francisco Fernández Vinoni] y entregan la plaza a los realistas con Monteverde al acecho. Las fuerzas patriotas del Generalísimo Francisco de Miranda eran incapaces de pasar a la ofensiva por las constantes deserciones, situación agravada por el terremoto del pasado 26 de marzo… Miranda intentó resistir pero el creciente número de ejércitos españoles hacen que Monteverde -desde Valencia- y Yáñez -desde Calabozo- se impongan.

Temiendo una derrota brutal y desesperado, Miranda firmó la capitulación del ejército patriota el 25 de julio de 1812 en la ciudad de San Mateo. Monteverde entra triunfalmente en Caracas el 30 de julio, restituyendo la Capitanía General de Venezuela. Muere la Primera República pero no el sueño de libertad… Una caída que condujo a un trepidante levantamiento: ¡La Campaña Admirable! Comenzaba la verdadera historia…

Rebeldes con causa…

Tras la Capitulación de San Mateo gran número de jefes políticos y militares de la república migraron al exterior. Algunos se refugiaron en las Antillas y otros en Nueva Granada… Al otrora virreinato fueron Simón Bolívar y José Félix Ribas, entre otros. Los militares venezolanos pronto fueron enrolados en los ejércitos neogranadinos. Bolívar liberó el río Magdalena y llegó hasta Ocaña, ciudad que también tomó… Desde Caracas, Monteverde movilizó sus fuerzas hacia la frontera con Nueva Granada, pues planeaba invadir el virreinato y someter a los rebeldes, concentrando al ejército realista en San Carlos. Alarmado, el Congreso de Tunja decidió apoyar a los oficiales venezolanos en su expedición contra Monteverde, proporcionando a Bolívar armas, dinero y oficiales granadinos. 

El ejército -organizado con Bolívar como jefe- se dividió en dos columnas, comandadas por los coroneles Ribas y Girardot, quienes partieron de Ocaña el 16 de febrero hacia Cúcuta. El 28/2/1813 la victoria de la Batalla de Cúcuta se conoce como el preludio de la independencia del virreinato, dando formal inicio a la Campaña Admirable.

Tras las victorias de las batallas de Taguanes y los Horcones, el 2/08/1813, entró Bolívar a Valencia, mientras que el coronel Ribas había quedado en San Carlos como comandante de dicha plaza. Días después siguió Bolívar hacia su casa, La Victoria, y el 4 de agosto aceptó la capitulación del gobierno español. Finalmente, el 6/8/1813, entró triunfalmente a Caracas el pequeño ejército mandado por el brigadier Simón Bolívar. El Libertador había culminado exitosamente la Campaña Admirable y comenzaba la gloria de un sueño superior: la independencia. 

En todas partes se cuecen habas…

¡Y en mi casa a calderadas! agregaba el Quijote. No es primera vez que Venezuela enfrenta un inmenso desafío acompañado de pestes y canallas. Ya hemos superado transiciones y traiciones sangrientas postindependentistas o bajunas como la salida de CAP; grilletes de hierro, de Gómez -el gendarme necesario- al parto de la democracia. Un país portátil [Adriano González León], que nos condujo a la acumulación de todos los resentimientos: Bovez, Zamora, Chávez. Pero la resiliencia del cimarrón Piñero, del noble mirandino o de El Libertador, es terca como una mula. Cojea [la historia] pero avanza sin ver atrás [Lincoln].

La esencia libertaria del 19 de Abril de 1810 está viva. Un poco más y entraremos todos triunfantes, a Caracas…

Solo hay un fracaso y es no intentarlo… ¡Venezuela no se rinde!  

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Una historia por escribir, por Orlando Viera-Blanco
Divididos estaban esclavos, sacerdotes, laicos, señores feudales, académicos; en fin, los de arriba y los de abajo, los generales y los soldados, los de gorjal y escarapelas o de pies descalzos. El poder en Venezuela nunca fue resultado de un ilustre consenso sino de un hostil fusil…

@ovierablanco 

División y polarización

La sociedad venezolana no se diferencia de la latinoamericana en su divisionismo social, político, económico e incluso religioso. La polarización de ideas, castas, liderazgos y de la propia fe no es nueva.  Impronta de siglos de fracturas que es preciso diagnosticarlas en sus orígenes y trabajarlas hoy. De lo contrario de nada valdrá recuperar la democracia y la libertad, porque donde subyace la injusticia social, el ostracismo y la división, no existe desarrollo sustentable ni estabilidad republicana. Al decir de Albert Camus, divididos todos vamos derrotados… y resentidos agregaría.

Pasando facturas

La expulsión de CAP del poder fue el preludio de la era más devastadora de nuestra historia. No exageramos… Hombres a machete y caballo que encabezaron de las reyertas más sangrientas de la post-independencia, regresan como fantasmas a apenas “minutos del siglo XXI” […] De 4 millones de habitantes quedamos 3 millones después de 100 años de careos entre 1830 y 1908. Todo nace entre 1810 y 1830, periodo en el que Venezuela fue un hervidero divisionista. De la Gran Colombia a la Guerra Federal entre batallones de esclavos pro Fernando VII vs. esclavos patriotas. Del Consejo Republicano-Constituyente de 1811 [integrado por mantuanos, curas, académicos hacendados y estudiantes de la Universidad de Caracas] a la desintegración de la república por la revolución azul. De Pedro Pérez Delgado, inmortalizado a través del libro de José León Tapia, Maisanta: el último hombre a caballo, a CAP, defenestrado por nuestras incomprensiones, complejos y resentimientos indómitos.

El resto de Latinoamérica -otrora virreinatos de Nueva España, que abarcaba de Alaska hasta Costa Rica y Filipinas; Nueva Granada, Perú o del Río la Plata- se dedicó aposentar sus nuevas clases de “caldo, té o buen café”. Venezuela, ex Capitanía General -de caña azúcar y trochas de cacao- de mestizaje tan anárquico como sus fugaces repúblicas, entró en la violencia más harapienta y sudorosa. Mientras Colombia fue gobernada por más de siglo y medio por una constitución, Venezuela sumó más de 27 constituciones prêt à porter a cada caudillo.

Divididos estaban esclavos, sacerdotes, laicos; señores feudales, académicos; en fin, los de arriba y los de abajo, los generales y los soldados, los de gorjal y escarapelas o de pies descalzos. El poder en Venezuela nunca fue resultado de un ilustre consenso sino de un hostil fusil… Legendaria por elocuente la disputa entre el padre Juan José Reyna -cura en propiedad del pueblo de Canoabo, fiel a Fernando VII [1811]- y el sacerdote Juan José Horta -republicano-, quienes dependiendo de las victorias de cada bando, regresaban al púlpito o al monte, huyendo “del enemigo”

CAP hubiese preferido otra muerte, y otro habría sido nuestro destino, si no nos hubiesen precedido sensibles carencias, génesis de ingratos, bajos e ingrávidos deseos que se elevaron -al decir del poeta- como pompas de jabón…

El perdón de la vida

Conversando con un querido amigo, jurista e historiador, nos comenta cómo uno de sus antepasados, el coronel Ignacio Figueredo, le perdonó la vida a José Tomás Boves en el hato “Las Babas”, estado Cojedes.  Tiempo después Boves, antes de fusilar prisioneros, le pregunta a uno de ellos su nombre: “Me llamo Fernando Figueredo, responde”. El taita repregunta si es familia del coronel Ignacio Figueredo. El joven patriota le dice que sí, que es su padre. Boves de inmediato sentencia: “Pues sois hijo de quien al igual que yo se arrepiente de haberme perdonado la vida”. Acto seguido [Boves] la da un planazo y le ordena irse. [Herrera Luque en su obra Boves el Urogallo retrata el hecho]

Esta anécdota es “prueba cultural” de nuestra vocación redentora. Perdonamos la vida misma, pero ¡a coma alta! Somos nobles pero retrecheros. Esencia histórica… de una mejor [historia] aún por escribirse. De fusilamientos y disputas sobre la misma tierra, de Doñas Bárbaras y Santos Luzardos a jugar pelota y dominó. El conflicto territorial, étnico, político, ideológico, social o familiar nunca ha sido un punto de honor insalvable. A fin de cuentas no somos vikingos ni prusianos. Y de hispanos, tenemos mucho alivio. No fuimos virreinato…

Pasada la segunda mitad del siglo XX con la llegada de la democracia, el rentismo petrolero dominado por el bipartidismo envileció a una sociedad inmadura y nuevarrica. Y llegó Chávez, con la etiqueta y el orgullo de llamarse tataranieto de Maisanta. El retorno de los demonios a caballo… diría Tapia. Otra historia que debemos redimir.

De pronto la Gran Mariscal de Ayacucho

La educación es la regla de oro para garantizar una sociedad desarrollada y culta. Venezuela no solo se industrializó con carreteras, autopistas, empresas, puentes y represas. También levantó universidades en masa. Las becas Gran Mariscal de Ayacucho fueron la tapa del frasco de una sociedad movilizada. Un salto significativo de lo montuno a lo censitario, pero que no pudo alcanzar su misión “evangelizadora”: integrarnos.

Sangre en el siglo XIX. Sudor en el siglo XX. Lágrimas en el XXI. El hombre educado, el “gran mariscal” fue desplazado “por ahora” por carencias bajunas. Pero la libertad también es indómita. Esa historia [de nuevas libertades] la escribiremos pronto…

* Embajador de Venezuela en Canadá.

Tun Tun: ¡es la Nueva República!, por Orlando Viera-Blanco*
“Así se han perdido todas las Repúblicas. Embriagadas de borracheras de egos, dinero y poder, donde pedir consenso a mariscales, caudillos y señores feudales, era pedir peras al olmo…”

@ovierablanco

En estos días de confinamiento pegué un frenazo al análisis presentista y, forzado por una amena tertulia con un querido amigo y escritor, viajé al pasado tocando lo que a nuestro juicio ha sido un cabalgar de errores y omisiones, preludio lúdico de 20 años de autoritarismo, despojos y profunda debacle.

Entre montoneras y caudillos

El viaje arranca después de la independencia. Entre guerrillas y montoneras. Desde la Revolución Reformista de Páez a la Restauradora de Antonio Matos y Castro, Venezuela vivió un siglo de despojos y malquerencias que nos convirtió en un mar sin fondo de resentimientos.

Nace el caudillo, el jefe guerrero político al decir de Domingo Irwing, donde el “nuevo orden republicano” nunca llegó. 

La Cosiata de Páez, el León de Payara, el Centauro de los Llanos, el Rey de Espadas, que desmontó la Constitución de Cúcuta inspiradora de la Gran Colombia; el anarquismo de Boves; las guerras federales de los hermanos Monagas, Crespo, Bruzual o el pulpero de Villa de Cura, Ezequiel Zamora [llamado así por benevolencia de Herrera Luque, pero reducido a un simple bandolero, incendiario, esclavista y usurero por Guillermo Morón y Manuel Caballero]; el elitismo de Antonio Guzmán Blanco, el Rey de Copas [captor y verdugo de Zamora], afrancesado y amante de sus propios bustos como el que colocó en la Plaza Bolívar hecha por él; la contumacia del “Mocho” Hernández, liberado por un enano tanto político como físico, Cipriano Castro, después del asesinato de Crespo en la batalla de Queipa [hacienda el Carmelero]; la invasión de Caracas por los gochos y la llegada del benemérito Juan Vicente Gómez, comprimen 100 años de soledad de una Venezuela de sables, rota y miserable.

Guerras sangrientas que legaron una sociedad fragmentada, ruralizada y paupérrima, plasma de nuestros complejos culturales y miedos más profundos… Pero, de pronto, brotan de las tierras de Mene Grande las primeras gotas del Zumaque 1, nuestro primer pozo petrolero. Y cambia el cuento…

De Zumaque 1 al Pacto de Punto Fijo

Con sus 20 barriles de petróleo diarios, se convirtió en el icono de la Venezuela saudita que más tarde lideró el hombre de la pipa, don Rómulo Betancourt.

Betancourt tuvo el inmenso compromiso histórico de redimir un país dividido en clivajes geográficos, castistas [negros, pardos, blancos de orilla, mantuanos, mulatos], gochos y capitalinos; movilizados e inmovilizados; rurales y urbanos, entre derechas e izquierdas, ricos y pobres, civiles y militares. En su obra Venezuela, política y petróleo visualizaba al minotauro (dixit Uslar Pietri), como el eje central del desarrollo del país… alertando sobre las apetencias monárquicas que la renta petrolera podía sembrar en la conciencia del venezolano:

“[…] Los padres de la patria no se propusieron designar en los mapas parcelamientos nacionales, cerrados lotes para el regodeo de caudillos y de castas. Quisieron, ante todo, forjar una conciencia republicana, un sentimiento democrático, fórmulas de convivencia que hicieran posibles las contradicciones que encierra la lucha política” [Discurso de R. B. 1960. Palabras introductorias sobre pensamiento político venezolano del siglo XIX].

Así se han perdido todas las repúblicas. Embriagadas de borracheras de egos, dinero y poder, donde pedir consenso a mariscales, caudillos y señores feudales, era pedir peras al olmo… 

La Tercera República -decíamos- fue el preludio de una IV embriagada de nuevorriquismo y la V, de rencor y vandalismo. Con Zumaque 1 llega la riqueza fácil. Un proceso complejo de desrruralización y abandono de la tierra fértil, premiado de masificación educativa y civilista, que dio un giro de una sociedad desdentada a una sociedad con aires abolengos. Surgen con Castro y Gómez los primeros Panchitos Mandefuá -aduladores de oficio diría Pocaterra -pero también los primeros soldados y civiles de la democracia cómo Eleazar López Contreras, Isaías Medina o Rómulo Gallegos. 

De 1914 a 1998 pasamos a ser una sociedad moderna, censitaria, industriosa; receptora de una inmigración de primera, que convirtió a Venezuela en el país más desarrollado de Latinoamérica. 

Rómulo Betancourt vino a liquidar la era de espadas y botas con el Pacto de Punto Fijo, dando lugar al primer gesto socio-político de redención libertaria de la historia de Venezuela. Una sociedad profanada, herida y desplazada que clamaba reconciliación, por ser a fin de cuentas un pueblo llano -a tenor de lo dicho por Ibsen Martínez y Teodoro Petkoff- “donde la amistad es nuestra religión”.  

Del Pacto de Punto Fijo a Chávez

Encaradas dos eras, una de guerra, hambruna, peste y muerte, la del siglo XIX, jineteada por caudillos de bustos y machetes, entre montoneras y hombres de ruanas o harapientos; y la otra, del siglo XX, agraciada de oro negro, democracia, movilización social, educación, vialidad, pero también rentismo generador de exclusión y relegación, llegamos al siglo XXI borrachos de revolución roja dizque bolivariana, donde retrocedemos a los reyes de basto y corazones negros. Personificación sucinta de nuestros reflujos históricos.

Pero ojo: ¡tun tun, la Nueva República viene! Abran la puerta porque llega “desprendida del regodeo de caudillos y de castas”.

* Embajador de Venezuela en Canadá.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis, por Orlando Viera-Blanco
El tema no era ideológico, insisto, era simplemente cultural: vivir por un valor superior de libertad, originario, genuino, perenne. ¿Lo tenemos?

@ovierablanco 

La Primera Guerra Mundial (1904-1908) fue un conflicto que se presumía de corta duración, pero se prolongó durante más de cuatro años. Sobrevivir para diferentes Estados consistió en la criminalización del adversario para legitimar la propia posición en el conflicto. La propaganda de guerra alcanzó niveles desconocidos y los medios de comunicación, acompañados de los intelectuales, resultaron decisivos.

En este contexto aparece la obra de Vicente Blasco Ibáñez, Los cuatro jinetes del Apocalipsis.  Una “novela de la guerra” que alcanzó un gran éxito y convirtió al autor en el más internacional de los escritores españoles de inicios del siglo XX. Una proclama de legitimación republicana sobre “la guerra justa” para los franceses… Disputa de orden “ïdeológica” que levantó pasiones desde la historia de una familia francesa, los Desnoyers, y la alemana, los Von Hartrott. Dos grandes ejes desde donde se concibe una Gran Guerra, y en las que ambas quedarán políticamente enfrentadas, pero aferradas a sus principios más que familiares, originarios.  

El autor: Vicente Blasco Ibáñez

El más internacional de los escritores españoles que llegó a conquistar Hollywood. Nace en Valencia el 29/01/1867, hijo de una pareja de emigrantes turolenses que se habían afincado a la ciudad levantina. Murió rico y famoso en Menton, en Villa Fontana Rosa, su residencia en la Provenza francesa [1928], un día antes de cumplir sesenta y un años.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis forma junto con Mare Nostrum (1918) y Los enemigos de la mujer (1919), la trilogía de novelas de Blasco Ibáñez sobre la Primera Guerra Mundial. Destacan como personajes protagonistas de la novela Julio y Margarita. También dos figuras claves: Tchernoff, un místico carpintero y revolucionario anarquista que ilustra a Julio Desnoyers sobre la imagen bíblica de los cuatro jinetes del Apocalipsis: la Guerra, el Hambre, la Peste y la Muerte. Representa a Rusia. Y Argensola, quien es el  criado de Julio Desnoyers, un personaje inteligente y rápido pero a la vez apático, que es la imagen de España… simbolizando así a los bandos en lucha y el choque de civilizaciones de la Gran Guerra.

La genialidad del autor consistió en internacionalizar el conflicto. Acercar a América y Europa en favor de Francia, agitar la apatía republicana de los hispanos aliadófilos [francófonos] en contra de la denunciada [por Blasco] derecha social y política: los carlistas, conservadores, personajes de la corte, clero, terratenientes, altos funcionarios, parte de la clase empresarial y la mayor parte de la oficialidad del Ejército y de la Armada.

Como reseña el libro Más allá de la guerra de Inés Quintero, Angel Almarza y José Bifano entre otros, “en medio de cruentas guerras, la vida continuaba”. El amor, la universidad, la fe, la esperanza. Un ideal consciente. ¿Por qué los esclavos participaron en la guerra de independencia junto con sus amos? Porque el ideal de libertad y de justicia era la esperanza que se anteponía al miedo a morir…

Fue un planteamiento universal “vivir o morir por un ideal” lo que hizo famoso a novelistas como Víctor Hugo y Los miserables; Tolstoi y La guerra y la paz; Shakespeare y Romeo y Julieta o a Blasco Ibáñez y Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Morir por amor; morir por la libertad, por el honor, por la cultura de la tierra patria, que al decir de Roosevelt es tener coraje “que no significa no tener miedo sino temer no cumplir con nuestro deber ciudadano”. ¿A qué le tememos los venezolanos? ¿A morir por la libertad o solo a morir?  

Esclavos de nuestra cultura

En este contexto de Kulturkampf o “lucha cultural”, los intelectuales de España divididos entre germanófilos o meramente francófonos, entretejieron su propia guerra. Los germanófilos para los que el imperio alemán representaba el orden y la autoridad, y los aliadófilos quienes Francia y el Reino Unido representaban la causa del Derecho, la libertad, la razón y el progreso. Esta tendencia agrupaba desde los liberales monárquicos y los republicanos hasta los socialistas y los sindicalistas de extrema izquierda, así como a la clase trabajadora, a la clase media ilustrada, industrial y financiera y a una pequeña parte del Ejército. El tema no era ideológico, insisto, era simplemente cultural: vivir por un valor superior de libertad, originario, genuino, perenne. ¿Lo tenemos?

Los cuatro jinetes del Apocalipsis, de Blasco Ibáñez, se convirtió en un mensaje para la humanidad. Vendió más que la Biblia en su momento y en 1921 fue objeto de una gran superproducción cinematográfica protagonizada por Rodolfo Valentino, el ídolo del momento en el papel de Julio Desnoyers. En definitiva, Blasco Ibáñez elaboró un discurso legitimador de pasiones apocalípticas. Tanto vivir y morir para justificar la guerra contra la opresión, como vivir o morir para desterrar la peste, el hambre, la violencia y la muerte por dignidad…

Todas las plagas han llegado a Venezuela. Décadas de devastación, amoralidad y corrupción. ¿Estamos legitimados a una confrontación mayor?, ¿estamos dispuestos como los Desnoyers? ¿O nuestra cultura es tan apática como la de Argensola…?

Alfonso X El Sabio predijo: “Este reino tan notable, tan rico, tan poderoso, tan honrado, fue derramado y estragado por desavenencia de los de tierra, que tornaron sus espadas unos contra otros como si les faltasen enemigos…” 

Entender el sacrificio por la libertad es nuestra tarea, culturalmente !no le temamos! Eso es coraje…

Embajador de Venezuela en Canadá.

Cuando los justos gobiernan…, por Orlando Viera-Blanco*
No hay que ser un letrado para entender que en Venezuela el minotauro del “sálvese quien pueda”, desencadenará el sentido de supervivencia popular y desbordamiento.

@ovierablanco 

La crisis provocada por el coronavirus será recordada como el cisne negro que de manera inadvertida vino a cambiar el mundo en lo político, social y cultural. Es la crisis más importante que ha sufrido una generación y sin duda producirá inmensos cambios en las estructuras de la medicina pública, en los hábitos cotidianos, en las estructuras de poder y las formas de conducirlo. Venezuela lamentablemente entrará en una espiral incontenible de estallidos, producto de un país vulnerado por la anarquía, el autoritarismo y la corrupción… Al virus le acompañará el desabastecimiento, la falta de agua, de servicios básicos y combustible. En ese escenario la solución no es reprimir. Simplemente será marcharse del poder…

Sus días están contados

El mundo enrostra una situación compleja por inédita y mutante. Los países desarrollados -aplicando medidas de aislamiento, distanciamiento social, pruebas del virus, protocolos sanitarios y de conciencia, hasta lograr la vacuna- pronto habrán acabado con el coronavirus en sus territorios.

Es cierto que algunas naciones reaccionaron tarde o con lentitud en la activación de las capacidades para impedir el esparcimiento de la enfermedad. Pero el carácter, la rigurosidad, la disciplina y la fortaleza de estos países los hace resilientes para superar el flagelo.

En el caso venezolano hemos dicho que el único y gran responsable de la grave situación que se avecina fue la instalación de un régimen autoritario, desordenado, populista, charlatán, esto es, diseñado sobre la base de la depauperación inducida y masiva de la población, en la propaganda, la ideologización y el derroche pornográfico de nuestros recursos.

Un modelo de poder cuyo celestinaje, corrupción, mitomanía y desmantelamiento institucional comporta, per se, una patología política grave.

La responsabilidad de prevenir, proteger y restituir consagrada en el capítulo séptimo de la Carta de las Naciones Unidas y tantas veces citada para el caso de la emergencia humanitaria compleja de Venezuela, llegará un punto de inevitable aplicación. No porque así lo decida el Consejo de Seguridad de la ONU, sino porque el quiebre humanitario al que llegará Venezuela en semanas hará que el régimen de facto no tenga otra opción -en un escenario tope de pragmatismo político- que permitir el ingreso de la ayuda humanitaria al país. Un pragmatismo que atiende la máxima salvarse primero ellos…

No hay que ser un letrado para entender que en Venezuela el minotauro del “sálvese quien pueda”, desencadenará el sentido de supervivencia popular y con ello el desbordamiento, que se llevará en sus cuernos a la coalición dominante que nos llevó al peor estado de vulnerabilidad, miseria y pobreza que haya vivido en su historia. Es el precio que pagan las revoluciones de guillotinas. No es la peste. Es el odio.

Hubiese preferido otra muerte

Como dijo el expresidente Carlos Andrés Pérez en aquellos aciagos días que fue sorprendido con un golpe de Estado y después injustamente expulsado de la presidencia por un pacto político antihistórico: hubiese preferido otra muerte. No merecíamos los venezolanos vivir una peste advenediza acompañada de una borrachera de socialismo y hombre nuevo que ¿de qué han servido?  

Jamás hubiese deseado que el país padeciera una situación tan penosa como la que vive y vivirá, como factor decisivo del cese de la usurpación. Tampoco hubiésemos pensado que una pandemia sería la variable que colocaría en jaque la dictadura en Venezuela. Siempre hemos pensado que la lucha ciudadana, la protesta organizada y disciplinada, incluso los quiebres de la coalición dominante y la reserva de nuestras FFAA, son la ecuación de rigor para salir de esta pesadilla. Pero ahora una pesadilla se ocupará de sacar otra tragedia, siendo la responsabilidad de prevenir, proteger y restituir promovido en su momento por Kofi Annan, el factor determinante para rescatar a Venezuela de la opresión, la anomia y la grave crisis epidemiológica que enfrentará el pueblo de José Gregorio Hernández…

El despertar de los justos

De toda tempestad amanece un día despejado y brilloso. Cuando nuestra inteligencia grupal ha sido alimentada por décadas por un prístino y monolítico sentido de oportunidad, libertad, justicia y derecho a la superación, no existe brazo capaz de torcer esa voluntad, que es cultural. Y veremos esa luz aspiracional.

El coronavirus vino a cambiar nuestros hábitos grupales. Ahora tendremos que redimir nuestras ansiedades, compartir más en familia, pensar colectivamente, dar más lo que necesita el desposeído para recibir de él paz y buena salud compartida. Hacernos más inmunes reconociéndonos más vulnerables… El coronavirus sentenció la superioridad. No habrá arengas, balas y cañones que paren la conciencia ciudadana. La tiranía está acorralada en su propia contumacia.

Dice el proverbio: “Quien se niega tercamente a aceptar la crítica será destruido de repente sin poder recuperarse” […] Tienen 4 lustros rechazando todo lo que no se les asemeja… destruyendo inmisericordemente, por lo que agrega el pasaje bíblico: “Cuando los justos gobiernan, el pueblo se alegra”. Pues nada. Se alegrará [el pueblo] porque los justos vienen. ¡Y de qué manera celebraremos la recuperación!

* Embajador de Venezuela en Canadá