Laureano Márquez, autor en Runrun - Página 2 de 30

Laureano Márquez P.

“Fantástico”, por Laureano Márquez P.

@laureanomar 

Este adjetivo se convirtió prácticamente en su apellido, todos lo conocíamos como Guillermo Fantástico González. Fantástico es aquello que no es real, lo que solo existe en la imaginación, pero también lo que es magnífico, excelente. Guillermo González dedicó su vida al mundo de la fantasía propio de la televisión y lo hizo siempre con un alto nivel de excelencia. Sus programas de calidad tuvieron siempre récord de audiencia. El peso que como figura televisiva había adquirido Guillermo, hacía que se produjeran con cuidado y esmero.

Se había incorporado a la industria de la televisión en su etapa inicial, desde aquellos lejanos tiempos de Las aventuras Robert y Akela, junto con Rebeca González y Orlando Urdaneta y de allí en adelante todo fue éxito en su carrera. Ya había conquistado el corazón de los venezolanos con su ángel particular. Guillermo González fue siempre un personaje querido por la audiencia. Comenzó como actor y terminó convertido en uno de las grandes animadores de la televisión venezolana, lo cual es mucho decir, porque los hemos tenido muy buenos. Fue, además, un empresario de notable éxito en el mundo del espectáculo.

Dos programas suyos quedan en el historial de nuestra televisión que algún día tendrá que escribir la fecunda pluma de Willy Mckey: Viva la juventud, un espacio en el que los distintos liceos de Venezuela competían en el terreno del conocimiento; y el celebérrimo ¿Cuánto vale el show?, un programa pionero en brindar oportunidades a nuevos talentos.

El Guillermo González que podíamos conocer fuera de la pantalla televisiva tenía también una personalidad de extraordinaria simpatía y carisma, no era otra persona. Era el mismo ser humano amable y cordial.

Estaba siempre sonriente, con esa risa particular suya tan contagiosa. Llevaba la vida con humor, con una gran facilidad para producir hilaridad en quienes le rodeaban, con sus ocurrentes comentarios. Acuñó frases pegajosas en un tiempo en que eso se consideraba como un emblema de éxito televisivo.

Tenía un aprecio extraordinario por el valor de la amistad, que honró durante toda su vida. Ayudó a muchísima gente de diversas maneras, entre otras cosas, brindando a sus compañeros oportunidades de trabajo en el famoso teatro Chacaíto, por el que alguna vez pasamos todos.

Fue uno más de esa larga lista de canarios que hicieron de Venezuela su patria, en aquellos tiempos en que nuestro país representaba un mundo de posibilidades para los inmigrantes que huían de sus respectivas pobrezas y dictaduras -como hoy nos toca hacer a nosotros- y hallaron en Venezuela la libertad, paz, esperanza y progreso que hoy tanto echamos de menos.

Su partida inesperada nos ha sorprendido a todos, como diría Borges: “¿Quién nos dirá de quién, en esta casa, sin saberlo, nos hemos despedido?”.

Creo que al final de una existencia bien vivida, como la que él tuvo, lo bonito es que te recuerden con cariño tanto tus compañeros cómo la gente de tu tierra. Buen viaje, “fiera”. Gracias por tu fantástica vida. ¡Por tu show: nuestra eterna admiración!

Video de Televen Tv en Youtube (25/2/2015) .

 

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De Juan Bimba a Pran Bimba, por Laureano Márquez P.

@laureanomar 

Lo que les faltaba por expropiar: los partidos políticos. ¿Cómo no se les ocurrió antes? Se habrían quitado de encima muchos problemas y además contarían con un historial electoral de indiscutible transparencia. También le habrían ahorrado a Tibisay muchos malos ratos y noches en vela. En fin.

Se apropian de los símbolos, en el caso de los de Acción Democrática, de larga data en nuestra historia. Quizá, en el fondo, el supremo intergaláctico lo único que quería era ser adeco, los odios extremos están muy cercanos al amor. Tal vez es una versión de “psiquiatría politológica” de eso que Sigmund Freud llamaba “la envidia del pene” (esto explicaría también por qué los Castro). El caso es que, muy al estilo de la antigua URSS, también habrá que reescribir la historia del partido y rediseñar sus símbolos, comenzando por el escudo: el lema de “Por una Venezuela libre y de los venezolanos” debe ser cambiado por el de: “Por una Venezuela de los rusos, iraníes y cubanos”. El eslogan de “Pan, tierra y trabajo” por el de: “A pasar trabajo”.

La representación del hombre del pueblo cuyo bienestar tanto movilizó a la tolda blanca, ya no será Juan Bimba, ese personaje que se pierde en la historia de la mitología popular incluso antes de que el humorista gráfico Medo (Mariano Medina Febres) -a quien se le atribuye su versión gráfica- lo plasmara. Existía ya como leyenda en el oriente del país, supuestamente haciendo referencia a un personaje que al que se tildaba de tonto y mentecato. De allí pasó a ser representación del pueblo humilde de Venezuela (no deja de ser significativo el metamensaje).

Juan Bimba, con pantalones brincapozos, alpargatas y sombrero de cogollo, era el emblema del hombre rural, que para comienzos del siglo pasado constituía una parte considerable de nuestra población. El partido Acción Democrática, hoy víctima de la expropiación oficialista, lo adoptó como emblema de sus aspiraciones en la defensa de la gente del pueblo, del anhelo de progreso y libertad tan largamente pospuesto para las inmensas mayorías.

Pues bien, ahora tendremos en su lugar a Pran Bimba, la representación más acabada del hamponato político que se adueña de todo lo que no es suyo, de la ausencia de toda forma de honestidad y ética.

Ya no son solo los fondos públicos, las reservas de oro, las empresas, las tierras, los canales de televisión, sino también los partidos políticos. Y se pregunta uno de cara a las elecciones: ¿por qué ese afán de querer dar carácter democrático a lo que -hasta los que lo defienden- saben que no lo tiene? ¿No sería más fácil y relajado para todos -además de un gran ahorro muy provechoso para Pran Bimba- el designar en cadena nacional la nueva Asamblea Nacional?

Entre los símbolos más emblemáticos de AD está su himno, letra de Andrés Eloy Blanco y música de Inocente Carreño. Su letra la conocemos hasta los que no simpatizamos con el partido blanco, representa el sueño que alguna vez tuvo el país de darle un lugar digno a la gente humilde relegada durante tanto tiempo. Seguramente el bufete tendrá también que cambiarle la letra, particularmente en esta estrofa:

Para el hombre y mujer del partido

cuatro formas no más tiene el pan

pan y escuela, su luz, pan y techo,

pan y tierra, su amor, tierra y mar.

Que debería quedar así:

Para el hombre y mujer del partido

cuatro formas no más tiene el Pran

Pran-escuela, sin luz, Pran  arrecho,

Pran y guerra, dolor ¡y a votar!

Sería interesante que estudiaran, por último, para terminar de darle sentido a la versión oficial del partido adeco, la posibilidad de agregarle a sus siglas  la “N” de “nacional”, para que así quede constituido de una vez por todas el nuevo ADN.

 

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Como el chiste de Jaimito, por Laureano Márquez P.

@laureanomar 

Nosotros estamos como aquel chiste de Jaimito en el que está jugando con dos perritos y su tía se le acerca y le comenta:

– Qué lindos perritos, Jaimito, ¿de qué raza son?

– ¡Uno es dálmata!

– ¿Y el otro?

– También.

– Ah, ¿y son machos?

– Uno sí.

– ¿Y el otro?

– También.

La tía, ya un poco molesta, le pregunta de nuevo:

– ¿Se portan bien?

– Uno sí.

– ¿Y el otro?

– También.

–  Pero bueno, jaimito, ¿por qué siempre  me respondes uno sí y luego el otro también en lugar de decirme los dos?

– Ah, es que uno es mío.

– ¿Y el otro?

– ¡También!

Frente a las adversidades que enfrentamos nosotros estamos como este chiste:

– Venezuela es el país con las mayores reservas de crudo del planeta, su industria petrolera fue de las primeras del mundo. Si nos llega gasolina importada de Irán es indicio inequívoco de que estamos bastante mal…

– Y si no nos llega?

– También

– Si no hay control de las autoridades, la venta de gasolina en dólares será el nuevo CADIVI…

– ¿Y si hay control?

– También

– En esta pandemia de covid-19, con la infraestructura hospitalaria colapsada y en ruinas, si aumentan los casos del coronavirus en Venezuela tendríamos una situación sanitaria muy complicada

– ¿Y si no aumentan?

– También

– Para los venezolanos que han emigrado a los países vecinos, la crisis del coronavirus ha supuesto desprecio y maltrato…

– ¿Y para los que regresan?

– También

– Frente a un régimen arbitrario como el que tenemos, sin apego ninguno a la institucionalidad democrática ni al ordenamiento constitucional, si no interviene la fuerza armada, será muy difícil lograr volver a la democracia…

– ¿Y si interviene?

– También

– Si no establecemos un diálogo con el oficialismo que permita unos acuerdos básicos para sacar al país de la crisis, seguiremos empeorando…

– ¿Y si lo establecemos?

– También

– Por último: si no participamos en las elecciones parlamentarias, la oposición -que es mayoría- perderá el control de la Asamblea Nacional…

– ¿Y si participamos?

– También

– Cómo haremos para salir de este círculo infernal, porque este régimen sí que nos ha complicado la vida…

– ¿Y la oposición?

– ¡También!

 

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El Consulado, por Laureano Márquez P.

@laureanomar 

Es una vieja institución de la República romana (la antigua Roma, anterior al imperio mesmo, aproximadamente 500 años a. C.). Era un cargo anual (o sea, de un año), una forma de gobierno ejercida por dos personas a la vez (cargo colegiado, que llaman). Consulado originariamente se refiere a “los que caminan juntos”, queriendo significar con ello que ambos magistrados tenían similar poder.

Palabras emparentadas con consulado son consultar, consulta y jurisconsulto, nada que ver con insulto o insultar, que literalmente significan “asaltar” o “saltar sobre otro”, pero más concretamente “agredir de palabra”, “mofarse” o “hablar de una persona en forma cruel o despectiva” i.t.m.d.m (incluye también mentada de madre).

Los cónsules compartían poder administrativo y militar y su poder se fue diluyendo progresivamente hasta que el Senado los terminó pasando como algo decorativo por el forro romano, allá por los alrededores del arco de Trajano.

A los cónsules inicialmente se les llamó pretores. En latín el prefijo “prae” significa “el que va antes de” o “delante de” (no confundir con “pran”, aunque este vaya delante de todo el mundo). De allí palabras como “prejuicio” (antes del juicio), “precoz” (antes maduro) o “prepucio” (delante del pucio).

Lo que sí está claro es que el cargo estuvo primeramente limitado a los patricios (y patricias, para usar lenguaje inclusivo). Cuando se promulgó la ley Licinia (estamos hablando del 367 a. C., a eso de las once y media de la mañana) se dispuso que uno de los dos cónsules debía ser electo entre los plebeyos (aquí sí que no “antes de bellos” porque en ese caso sería “prebellos”. Al respecto ver: “mi sangre, aunque plebeya, también tiñe de rojo” -rojo rojito, naturalmente-).

Bueno, para hacerles el cuento corto, como dicen los cubanos, la institución del consulado fue perdiendo poder en los últimos años de la República hasta convertirse en un cargo meramente honorífico. Al final, Cayo Aurelio, Cayo Claudio, Cayo Julio César, hasta que terminaron callando todos.

Vino entonces el tiempo de Siervo Suplicio con lo que la República llegó, no ya al Séptimo Severo, sino al XXI Severo. Ya Cómodo en el poder, Sila situación no cambia, Caracalla nos llevará a las catacumbas, pero eso es otro terma.

Los cónsules vestían con una “toga praetexta” una toga con un tejido “antes de” -nuevamente- la toga (de allí “pretexto”, aquello que “se teje” para cubrir algo). Los zapatos: “calcei senatorii”, solo ellos sabían dónde les apretaban. Los cónsules tenían una escolta y 12 lictores (que no lectores, porque realmente eran bastante brutos).

Como dato curioso, en el año 59 a. C. el cónsul que hacía pareja con Julio César, Marcus Calpurnius Bibulus, no tenía manera de contrarrestar las imposiciones de aquel. De manera que en ese año todo sucedió como si César hubiese gobernado solo. Los romanos, a modo de broma, hablaban del año del consulado de Julio y César. La única decisión que uno de los cónsules podía tomar por sí solo, sin que pudiera ser vetada por el otro, era el nombramiento de un dictador en caso de grave crisis. En la práctica, Julio César, “in pectore”, ya se había autodesignado.

Aunque se refería a otra forma de consulado, vale la pena, para terminar, recordar al gran humorista Francisco Pimentel (Job Pim) cuando en tiempos de López Contreras lo designaron cónsul en Sevilla para, de alguna manera, resarcir los maltratos de la dictadura. En aquel momento dijo una frase que viene a cuento: “Este es un consulado bueno, pero consulado malo”.

 

P.D.: en otro orden de ideas, que alguien le abra la puerta a Walter antes de que la Tierra vuelva a girar una vez más sobre su eje.

 

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Irán... ¡y volverán!, por Laureano Márquez P.

@laureanomar 

Es nuestro deber conocer un poco más de Irán, familiarizarnos con el país, con su sistema político, con su religión, con sus costumbres y no diré con su idioma, porque allí la cosa se complica.

Aunque usan el mismo alfabeto arábigo, la lengua que se habla en Irán es completamente diferente al árabe, pero, en todo caso, suponemos que las instrucciones y directrices vendrán en español.

Uno -equívocamente- suele englobar todo el Medio Oriente bajo la denominación de árabes. Para medio orientarnos, allí coexisten muchas culturas. Irán, por ejemplo, tiene como grupo étnico mayoritario el persa. Sí señor, la legendaria cultura persa que alguna vez intentó conquistar a occidente y fue contenida por los antiguos griegos en las llamadas guerras médicas, no porque en ellas participaran los profesionales de la medicina, no, el nombre tiene que ver con los “medos”, un antiguo pueblo de Persia, con el que los griegos denominaron la los invasores.

Las polis griegas, que eran independientes unas de otras, se aliaron para derrotar al enemigo común. Las batallas fueron memorables y cambiaron el destino de la cultura occidental: Termópilas, donde el general espartano Leónidas, con sus 300 valientes, defendió el estrecho paso del mismo nombre. Ya el oráculo había dicho que o los persas someterán a Esparta o moriría un rey. Leónidas entendió el mensaje y escogió para que le acompañasen en la irreversible aventura  solo a soldados que  tuviesen hijos. Ya lo dijo Churchill: “nunca tantos debieron tanto a tan pocos”.

También la batalla de Maratón (el nombre viene del lugar donde se desarrolló) y de allí también la denominación del maratón que se corre hoy en día rememorando a Filípides, el corredor que supuestamente recorrió los 42 kilómetros que separan el campo de Maratón de Atenas. Había que avisarles a las mujeres de la ciudad, porque si los persas ganaban ellas tenían instrucciones de matar a sus hijos y suicidarse para evitar el sometimiento y la deshonra que hoy día a otros tanto agrada y celebran.

Parece que de lo del maratón de Filípides es una exageración, de lo que sí quedó constancia es que recorrió corriendo los 225 kilómetros que separan el lugar de la batalla de Esparta (¡qué decepción! ¿no?), para pedir refuerzos .

Otra gran batalla fue la de Salamina, una contundente victoria naval contra la inmensa flota persa, gracias a la brillante estrategia (del griego “strategos”, que quiere decir general) de Temístocles. Jerjes contempló la destrucción de sus portapersas y la derrota fue tal que el invasor tuvo que bajar la persiana de sus ambiciones de conquistar el mundo y los barcos persas, hasta el sol de hoy, no se habían atrevido a retar de nuevo a occidente.

El Irán actual, desde el derrocamiento del último Shah Mohammad Reza Pahlevi en 1979, es lo que se denomina una teocracia, que es aquella forma de Estado en la que se juntan el poder político y el religioso.

La religión oficial es el islam en su corriente chiita, así que nunca está de más saber orientarse hacia el lugar donde se encuentra La Meca, porsia.

En el sistema político iraní, puede decirse que -como en la Venezuela de Gómez- “aquí vive el presidente y el que manda vive enfrente”. Aunque hay un presidente de la república electo, el poder real lo ejerce la autoridad religiosa. Durante mucho tiempo (hasta su muerte) el célebre  ayatolá Ruholá Jomeini y hoy día el ayatolá Alí Jamenei (entre Jomeini y Jamenei, la diferencia no es más que el uno se llama Alí y el otro Ruholá).

Menester es decir que frente a la imagen de sometimiento que se tiene de la mujer en el medio oriente, la mujer en Irán goza casi de los mismos derechos que el hombre, que tampoco goza de muchos, por lo cual la situación es bastante igualitaria.

Muchas más cosas podrían decirse, pero mejor que cada uno investigue, mientras se pueda.

 

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Aquiles Nazoa, profesión: perseguido político, por Laureano Márquez P. 

@laureanomar 

El 16 de este mes de mayo de 2020 se cumplieron 100 años del nacimiento de Aquiles Nazoa, una figura de enorme relevancia en la historia cultural de Venezuela, uno de esos faros de amor que ayudan a orientar la esperanza de todo un pueblo.

Y es que la palabra pueblo y la figura de Aquiles van de la mano, porque él fue pueblo hecho cultura, expresión en sí mismo de “los poderes creadores” que vienen de las gentes sencillas y de sus cotidianidades, del que enfrenta “Los apagones” o del que está haciendo cuentas de cuánto va a tocarle del gesto del papa Pablo VI de renunciar a la tiara y repartir su valor entre los pobres.

Para los grandes espíritus literarios la procedencia humilde, lejos de ser una limitación o motivo de resentida amargura, se convierte en fuerza creadora, en espíritu de emprendimiento, en comprensión profunda de lo esencial de la vida, en definitiva en amor… y humor.

Nacer de padre jardinero en el barrio popular de El Guarataro en la Venezuela de 1920, también podía hacer de ti un poeta, un conferencista, un librepensador, un culto autodidacta, un políglota y un humorista de extraordinario ingenio, si tu alma tenía una sensibilidad especial.

La obra de Aquiles Nazoa, sus poemas, sus ensayos, su teatro para leer y su trabajo audiovisual -lamentablemente perdido en ese empeño nuestro de borrar nuestros mejores recuerdos-, constituyen una auténtica aproximación sociológica a nuestra manera de ser, de pensar, de sentir. Una comprensión amable e indulgente de lo que somos, que entiende las fallas, pero que también conlleva el anhelo, la exigencia de cambio y rectificación, el deseo de un mundo mejor, más justo, honesto y libre.

Las convicciones de Aquiles estuvieron siempre del lado de los que padecen la opresión -económica o política- de los poderosos, también de los excluidos y olvidados de siempre, del estudiante que tiene que irse a estudiar a una plaza con su termo, con sus libros, con su silla de extensión, a la luz de un farol del alumbrado público porque en su casa no puede; del mesonero en cuyo “coco” cae el coco que se desprende de lo alto en una lujosa recepción al aire libre, habiendo allí tantas cabezas dignas de un ilustre cocotazo, o del hijo que celebra el día del padre desde el cuartel de policía al que le han llevado por seguir el “ejemplo” de su progenitor.

Cuentan que Francisco Pimentel (Job Pim), uno de los grandes humoristas de Caracas, cuando fue llevado a La Rotunda en tiempos de Juan Vicente Gómez, inquirido por el alcaide sobre su profesión, respondió: “preso político” y cuando este le exigió seriedad en sus respuestas remató diciendo: “¿Y acaso ustedes me dejan ejercer otra profesión?”.

Como escuché decir a un amigo que comparte la admiración por Aquiles Nazoa, su verdadera profesión fue la de perseguido político: en 1940 un artículo suyo para El Verbo Democrático de Puerto Cabello le lleva a la cárcel por vez primera. También durante la dictadura de Pérez Jiménez se le impuso el exilio, ese castigo tan nuestro que ha obligado demasiadas veces a los mejores espíritus del país a vivir lejos de todo aquello que aman y al que suele designarse con palabras tan terribles y crueles como extrañamiento o destierro.

A su regreso al país comienza la etapa más fértil de su vida creativa, que tampoco estuvo exenta de censuras y cierres de las publicaciones humorísticas en las que participaba, como aquella de El Fósforo, cuyo eslogan era: “porque en cualquier momento lo raspan”. Corrían los tiempos de la guerrilla en Venezuela, y la cercanía de Aquiles al partido comunista era motivo de persecución y sanciones. 

Hay gente a la que le gusta especular sobre cuáles serían las opiniones políticas de Aquiles Nazoa hoy. Creo que a nadie le corresponde opinar por quien no tiene cómo argumentar en su defensa.

Personalmente creo que, conociendo la aguda inteligencia, el carácter librepensador de Aquiles y su manera de conmoverse ante el dolor del pueblo, no lo habría pasado bien en tiempos en que se exige incondicionalidad absoluta y donde los generales asesinan -no ya a caballos que se alimentan de jardines- sino a jóvenes que se nutren de sueños y esperanzas; quizá, en los tiempos que corren, habría hecho honor a lo que fue su verdadera  profesión: la de perseguido político.

 

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Kakistocracia, por Laureano Márquez P.

@laureanomar 

Es difícil encontrar un término o una expresión que sintetice lo que sucede hoy en Venezuela. El realismo mágico, que es una corriente literaria latinoamericana donde lo irreal o incluso absurdo se nos muestra como algo cotidiano y común, ya se nos quedó corto. Habría que sumarle el surrealismo, que según la definición de André Breton consiste en: “convertir las contradicciones de los sueños y la realidad en una realidad absoluta, una súper realidad” y cuidado, que todavía falta.

Menester sería, además, añadir algo del absurdo de Ionesco: incoherencia, disparate y carencia total de lógica: sin gasolina en el país de mayores reservas de petróleo, sin agua en el país con el segundo lugar en reservas de agua dulce, sin electricidad en el país que cuenta con la cuarta central hidroeléctrica del planeta.

Son situaciones tan absurdas que parecen obra de un autor que se ha propuesto desquiciarnos con su historia, pero eso que tantas veces se ha dicho de que la realidad supera a la ficción, es particularmente cierto en Venezuela.

Resulta increíble que el destino de la tierra que desveló a Miranda, que acompañó a Bolívar en la liberación de la mitad de un continente, termine debatiéndose en enfrentamientos entre bandas rivales, que los “nuevos libertadores” sean simplemente hampa común y, si le parece poco todavía, meta al narcotráfico en el asunto.

Imagínese, lector, que pudiera alguno de nosotros volver al congreso de 1811 y contarle a los padres fundadores de la primera república lo que aconteció luego y particularmente este dramático momento, doscientos y tantos años después. ¿Cómo habría sido la votación en los días anteriores a aquel célebre 5 de julio de 1811?

Pero más allá de la literatura, hay un término que ya aparece en el Dictionary of Sociology del año 1944 que nos ayuda a explicar esta cadena de absurdos por el que transitamos, que es el resultado de haber puesto nuestro rumbo en manos de los incapaces.

El término que más se parece a la caracterización política de la Venezuela actual es el de kakistocracia, el gobierno de los peores, acuñado por el profesor Michelangelo Bovero de la Universidad de Turín.

Frederick M. Lumley, en el mencionado diccionario, lo define así: “Gobierno de los peores; estado de degeneración de las relaciones humanas en que la organización gubernativa está controlada y dirigida por gobernantes que ofrecen toda la gama, desde ignorantes y matones electoreros hasta bandas y camarillas sagaces, pero sin escrúpulos” (¿les suena familiar?).

El filósofo argentino L. García Venturini nos dice que en griego kakistos es superlativo de kakos. Kakos significa “malo”, y también, “sórdido”, “sucio”, “vil”, “incapaz”, “innoble”, “perverso”, “nocivo”, “funesto” y  cosas por el estilo. No creo que se pueda explicar mejor el drama que padecemos: el gobierno de los kakos.

La pregunta es cómo salimos de esta forma de gobierno, que se fundamenta en un círculo vicioso: embrutecer a los ciudadanos para que elijan a los peores, que siguen embruteciendo a la gente para mantenerse en el poder. El embrutecimiento no viene solo, sino acompañado de la -también brutal- represión contra aquellos que se atrevan a pensar y a desear algo mejor.

¿Cómo se sale de la kakistocracia? Es la pregunta de las 64.000 lochas. En Venezuela se ha probado de todo. La carencia total de ética y principios hace que lo malo tenga más fuerza que lo bueno. Pero lo bueno termina imponiéndose desde el corazón y la cabeza. Dejar de embestir y comenzar a pensar, que diría Machado, para no ser también nosotros una “kakistoposición”. 

 

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La (mala) experiencia de Miranda, por Laureano Márquez P.

@laureanomar 

La historia no es una ciencia exacta. Dicho esto, el 9 de noviembre de 1805 a eso de las 11:52 de la mañana, desembarca en Nueva York, procedente de Londres, Francisco de Miranda. Contaba el precursor con 55 años, 8 meses, 11 días y 15 minutos de edad. Para la fecha Miranda ya era una figura de prestigio internacional.

Había combatido en el sitio de Melilla como capitán del Ejército español, en ese episodio lograron rechazar el embate del sultán de Marruecos Sidi Mohammed ben Abdallah. En esta oportunidad, Miranda que ya había leído muchos textos de estrategia militar, presentó un plan para inutilizar la artillería enemiga que resultó exitoso.

Había participado también en la guerra de independencia de los Estados Unidos en contra de Inglaterra. El rey de España mandó tropas, en ellas iba Miranda. Participó en la batalla de Pensacola (no Pepsi Cola, como dicen algunos) en 1871 y desarrolló en esa acción militar sus habilidades para reconocer el terreno y su genio en la planificación de la batalla, lo cual le valió un ascenso al rango de teniente coronel (ya estaba pues en condiciones de participar en un golpe de Estado). Luego Miranda es enviado por su superior Juan Manuel Cajigal como espía a Jamaica. Misión que también cumplió con éxito.

También había estado en el ataque español a las Bahamas y negociado la capitulación inglesa ante España, obteniendo el dominio de las islas. Como la Inquisición le abrió juicio en España y se había ordenado su detención por comprar libros prohibidos y pinturas obscenas (no me consta), ante la posibilidad de un juicio injusto escapa de Cuba a los Estados Unidos y se convierte en el primer balsero de la historia.

En el recién inaugurado país del norte concibe sus ideas de independizar a hispanoamérica. Luego de pasar un tiempo en EE. UU., se va a Inglaterra y recorre Europa en un tour de 4 años. Se incorpora a la Revolución francesa en 1792, allí participa en varias batallas y es ascendido a mariscal de campo y luego a general (su nombre está en el Arco de Triunfo de París).

Pasa algunos años entre Inglaterra y Francia, siempre buscando apoyo para su obsesión de fundar una nación hispanoamericana, la Colombeia, pero ni los ingleses ni los norteamericanos terminan de darle su apoyo claramente (parece que eso va en el espíritu anglosajón).

Aquí volvemos otra vez con él al 9 de noviembre de 1805 desembarcando en Nueva York. Se reunió con Jefferson, Anderson, Hamilton Washington y todo el resto del malandraje de por allá, pero no consigue -nuevamente- apoyo formal. Con ayuda de amigos fleta un barco, el Leander, un bergantín de 180 toneladas, 18 cañones y 200 hombres reclutados en los Estados Unidos. Hace una parada en Haití para ir al baño y compra dos goletas más: Bacchus y Bee. Llevaba la expedición suficientes suministros, material de guerra, la bandera de Venezuela y una imprenta.

Al llegar a Ocumare, en Aragua las goletas son apresadas. Miranda huye en el Leander hacia el Caribe y vuelve  nuevamente luego de conseguir más apoyo. Viene ahora con 400 hombres, 5 bergantines, 3 cañoneras y dos barcos mercantes desarmados. Estamos hablando del año 1806, sin radares, sin gps, sin vías de comunicación y sin gasolina (eso sí como hoy).

Miranda llega por La Vela de Coro, toma la ciudad, pero entre la indiferencia de la gente y el bloqueo realista, la invasión de Miranda fracasa nuevamente. Regresa a Londres desilusionado, pero no será su último intento por liberar a su patria. Miranda, victorioso en cuanta revolución participó, vino a fracasar una y otra vez en la única que le quitaba el sueño: la suya. Él, que escapó de tantas adversidades y sobrevivió a tantos peligros, no pudo con la fatalidad de sus paisanos.

No sé por qué vino este recuerdo de Miranda en los tiempos que corren, así como de la frase que parece ser el cierre de su prodigiosa vida: “¡Bochinche, ¡Bochinche! Esta gente no sabe hacer sino bochinche”. Frase de la que dice Uslar Pietri: “Más que un gesto de profundo desengaño, era la voz del oráculo que anunciaba los tormentosos anales de nuestra larga desunión civil”.

 

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