Carlos Valero, autor en Runrun

Abr 08, 2019 | Actualizado hace 7 meses
La fuerza que se activa, por Carlos Valero

LA OPOSICIÓN INICIÓ EL AÑO 2019 con buen pie. Cuando el 5 de enero la Asamblea Nacional designó como su presidente a Juan Guaidó, pocos se imaginaron las transformaciones que se sucederían aceleradamente. La recuperación de la esperanza de forma tan repentina  podría presentarse como un milagro si alguien quisiera presentar al diputado Guaidó como un mesías, sin embargo lo que ha sucedido ha sido la consecuencia política de respetar y defender la unidad dentro de la Asamblea Nacional reiteradamente y sin descanso, a lo cual por supuesto se sumó que el liderazgo de esta Asamblea recayera sobre los hombros de un joven ingeniero valiente, comprometido con la transformación económica y política del país, conocedor del estamento militar y con amplia vocación unitaria.

 

Entre los extraordinarios logros que hemos alcanzado una vez que se produjo la juramentación de Juan Guaidó como presidente encargado de la República, está el del renacimiento de la Unidad. A menudo se presenta la Unidad solo como expresión de una medición cuantitativa de la fuerza que se tiene. Pero hay algo más allá de la suma de fuerzas, la existencia de un ideal, el móvil humanista de una causa noble, la pasión por el país al que pertenecemos. Todos somos hijos de ese país. Todos estamos llamados a defender la unidad como una condición necesaria  para lograr el cambio político y comenzar la reconstrucción del país que todos merecemos.

 

La legitimidad y el extraordinario liderazgo  de Guaidó estuvo y está asociado a que su figura  y su posición emanan de un órgano colectivo y único poder público que puede demostrar que su legitimidad nace de representar el último vestigio de legalidad y legitimidad en un país cuya Constitución ha sido asediada hasta el cansancio por un régimen violento, y después del 10E, claramente usurpador.
Guaidó es la expresión evidente de la unidad de la Asamblea Nacional. El segundo nivel de la Unidad que encarna hoy el presidente (e) Juan Guaidó es el de la oposición. Todos los diversos, y a menudo enfrentados partidos que disienten y se oponen al gobierno, lo respaldan. La oposición dejó sus divergencias y aceptó apoyar la estrategia de cambio formulada por Guaidó.


El tercer nivel unitario reside en la sociedad civil y sus variadas organizaciones. Y aquí la Unidad comienza a pisar el terreno de la pluralidad de motivaciones, visiones y objetivos: hay organizaciones sociales que respaldan a Guaidó porque son partidarios de un cambio, no porque estén alineados con la oposición. Pero las manifestaciones más positivas y benéficas de la unidad se están dando en la gente común, en los ciudadanos, sin renunciar a sus ideas e identificaciones políticas. Es la unidad desde abajo, concitando la cooperación y la solidaridad en momentos tan duros como los de la falta de luz, de agua, de gas, alimentos y medicinas. Es una unidad muy valiosa para construir el mejor futuro para Venezuela.

La unidad es el capital político, emocional y organizativo más potente para colocar a Venezuela en el siglo XXI. Una unidad que nos asegura victorias y que se irá ampliando en la medida que otros venezolanos, partidos, organizaciones e instituciones decidan entenderse y acordarse en un pacto para hacer plenamente vigente el programa social, económico e institucional que contiene la Constitución Nacional.

Esa unidad es la que hay que defender y transformar en conciencia de cambio, voluntad de lucha y organización para sostener la reconquista de la libertad. El régimen usurpador sigue apostando por volver a sembrar desesperanza. Nunca como hoy hemos estado tan cerca de superar esta pesadilla. Nuestro trabajo como ciudadanos consiste en crear cada día más fortalezas, defender el liderazgo colectivo y minimizar en extremo las ambiciones individuales y grupales. El cambio en Venezuela no es generacional ni tiene color político, estamos obligados a actuar con mente y corazón abierto, para construir desde la diversidad un país moderno, tolerante y próspero.

 

@carlosvalero08

Ene 07, 2019 | Actualizado hace 10 meses
El Esequibo es nuestro, por Carlos Valero

 

EL ESEQUIBO ES UN TEMA DE NACIÓN y debería ser de Estado. Su reclamación debe ser tarea de todos los venezolanos. No se trata de un asunto de discusión sino más bien de defensa de nuestros derechos sobre este territorio. La lucha por la libertad y la democracia en nuestro país no puede ser una excusa para descuidar nuestra justa reclamación territorial.

Recientemente nuestra Armada llevó a cabo una operación que fue respaldada por los sectores fundamentales de la vida nacional. Interceptaron par de buques contratados por ExxonMobil que exploraban en aguas territoriales de Venezuela, violentando nuestra soberanía.

Luego de esta contundente acción por parte de la Armada venezolana se conoció sobre la suspensión del patrullaje en la frontera con Guyana. Ni Nicolás Maduro ni Vladimir Padrino López han dado hasta ahora alguna explicación sobre este retroceso.

Las vacilaciones, omisiones y cesiones del régimen obedecen a una propia subordinación ante los intereses de la política exterior de Cuba. La suspensión del patrullaje y la defensa de la soberanía en aguas que son nuestras son inadmisibles. El Esequibo es venezolano. Mantener una actitud de indiferencia ante la reclamación de nuestros derechos es una afrenta al legado de Simón Bolívar.

El autoritarismo de Maduro, así como sus ataques permanentes al Estado de Derecho, a las instituciones y a la capacidad de los venezolanos de cubrir las mínimas necesidades básicas, debilitan nuestra justa reclamación. El estado de confrontación perenne en el cual se encuentra nuestra sociedad, resistiendo a los embates totalitarios del régimen, obstaculizan la construcción de una unidad nacional en torno a temas estratégicos como lo es la soberanía nacional.  Sin embargo, debemos ir en paralelo promoviendo el cambio político y simultáneamente atendiendo nuestros reclamos territoriales sin supeditar un objetivo al otro.

Compartimos y requerimos el apoyo de la comunidad internacional para recuperar nuestra democracia y son bienvenidos todos los apoyos externos para solucionar nuestra grave crisis pero la integridad territorial de Venezuela y la lucha por su soberanía legítima nunca estará en discusión.

El fracaso de la diplomacia venezolana en los últimos años es el único responsable de la actual situación en el Esequibo, por lo que ahora Venezuela necesita una posición firme y decidida.

 

@carlosvalero08

Dic 11, 2018 | Actualizado hace 11 meses
Venezuela peligra como nación, por Carlos Valero

 

 

VENEZUELA VA A INICIAR UN AÑO TERRIBLE en términos de la situación de vida de su gente y de su integridad y permanencia como nación.

La conducción irracional de Maduro y sus aliados incrementa los riesgos de pérdida del manejo soberano de importantes recursos, cesión de territorio, aliento de operaciones separacionistas e incluso formas de desaparición parcial del Estado y de la nación.

2019 comenzará con casi 4 millones de venezolanos regados por el mundo y varios más con planes de huir de la tragedia que nos impone el fracaso de un sistema que se debate entre acentuar su vocación totalitaria o aceptar una transición hacia la democracia.

Por el lado del territorio, observamos estupefactos como los grupos irregulares, el hampa común, y la guerrilla, se han convertido en los depositarios de la soberanía, en muchos casos con la complicada de autoridades militares y civiles, y en la gran mayoría debido al abandono institucional. Esta Venezuela que tanto amamos, nunca estuvo en mayor riesgo. Debemos alzar la voz y dar un paso firme en defensa del país que construyeron nuestros libertadores.

En el ámbito económico no puede haber peor desempeño. Cerraremos el sexenio de Maduro con una desaparición de más del 50% del PIB, niveles de inflación inimaginables, más del millón por ciento, escasez de medicinas superior al 90% y distorsiones cambiarías terribles. El nuevo cono monetario habrá perdido más del 70% de su valor antes de finalizar el año. Lo dijimos, el bolívar soberano nació muerto. Y lo más grave, el régimen sigue atrapado en su dilema autoritario y anacrónico, lo cual imposibilita ejecutar ninguna política económica medianamente eficaz para detener el deterioro de nuestra calidad de vida.

Este conjunto de situaciones adversas se suman al dramático escenario de crisis con el que iniciaremos el 2019. A partir del 10 de enero comenzará una etapa de abierta usurpación del poder por parte de Maduro y quienes lo han sostenido. Es una fecha que debe marcar un cambio cualitativo en la reformulación y ejecución de una estrategia democrática centrada en recuperar el Estado de derecho y todas las libertades confiscadas.

La gran pregunta es: ¿Cómo responder al reto que implica el 10 de enero? Por ahora es importante partir de que no existen ni respuestas lineales, ni fechas fijas ni salidas ficticias para promover el cambio político.

Debemos trabajar en forma conjunta con la comunidad internacional para lograr elecciones competitivas y con la debida observación internacional; exigir y luchar por la restitución de la plena vigencia de la Constitución Nacional. La experiencia sobre tradiciones políticas a la democracia nos enseña que es clave lograr revertir las libertades confiscadas por el régimen autoritario; debe buscarse por supuesto un nuevo órgano electoral y un nuevo sistema de justicia, que respete el principio de la separación de poderes y es necesario trabajar y visibilizar un nuevo proyecto de país, incluyente, moderno y aceptado en sus líneas gruesas por todas las fuerzas políticas.

O aprendemos a convivir o nos destruiremos como nación y como sociedad. Este dilema está confirmando que la contradicción principal que, después de incubarse por varios años, está a punto de reventar por las costuras. El estallido de la crisis sólo puede evitarse si los actores antagónicos sienten que de verdad la violencia puede partirles el pescuezo. Si no, tratarán de ganar tiempo.

Los venezolanos aún estamos a tiempo de construir una solución política a la tragedia en la cual vivimos. La violencia debe ser evitada a toda costa. La experiencia de muchas sociedades nos demuestra que tarde o temprano es mucho mejor negociar la paz que seguir contando muertos. La responsabilidad que tenemos las personas que asumimos la función política nos obliga a estar por encima de nuestros prejuicios y animadversiones. Con el apoyo de la comunidad internacional, de las iglesias, del ciudadano hastiado de la crisis y la confrontación estéril, podemos construir una solución política, sin venganzas ni impunidad. El acento debe colocarse en construir un país para el retorno de nuestros hermanos y el desarrollo integral de nuestros hijos y dejar que la justicia independiente, con su larga mano, se ocupe de los desmanes.

@CarlosValero08

Nov 12, 2018 | Actualizado hace 1 año
Unidad estúpido, unidad, por Carlos Valero

LAMENTABLE. El parlamento ha perdido el foco de los temas que afectan al país y a la vida de los venezolanos, al desviar la atención hacia una discusión cuya desafortunada consecuencia es mostrar a una oposición dividida y a una Asamblea Nacional metida en dificultades. 

Es inaudito que una parte de la alternativa democrática, en medio de las calamidades sociales y el recrudecimiento del talante autoritario del régimen, privilegie como acción estratégica “quebrar a la oposición para que se caiga Maduro”. Dios nos agarre confesados, pero la eficacia y supuesta superioridad moral de esta política es altamente cuestionable y me atrevería a decir que irracional. 

Hemos pisado la trampa que ha fracturado un bastión democrático construido en 2015, voto a voto, con esfuerzo y unidad. Una fuerza con la que el régimen no ha podido acabar, pero sin duda ha logrado minar. Ahora atravesamos una situación crítica, por falta de una política unitaria y la influencia de quienes alientan a una intervención armada desde Miami, Nueva York y Madrid, de tertulia en tertulia en gratos cafés y sin la cortesía de por lo menos comprarse unas botas militares o siquiera una gorra verde oliva. NO, otros invadirán, otros matarán por ellos para que puedan, plácidamente, ser desembarcados en Miraflores. ¿Qué alguien explique la factibilidad de estos delirios bélicos?

Es cuestionable desde el punto de vista del valor y el honor, así como desde la ética, promover que “otros” tomen las armas para que “otros”, protagonistas de redes sociales lleguen a gobernar. 

Por supuesto estimados lectores, no me siento animado a participar en esta “unidad”, cuyo destino es la frustración y el afianzamiento de Maduro, en su juego geopolítico con Rusia, Cuba, China y Turquía. Mucho cuidado, el camino al infierno está lleno de buenas intenciones. 

La unidad sí es posible y ésta debe funcionar en torno a la estrategia que contemple el mayor consenso posible sobre cómo lograr el cambio político en Venezuela, sin violencia.

Al uso de adjetivos y descalificaciones entre opositores debe ponérsele fin. Un pacto entre fuerzas políticas y sectores que generarían la oportunidad y la garantía de minimizar estos episodios.

En este camino a la unidad, es necesario dirigir un discurso a las Fuerzas Armadas, a los organismos policiales y a la administración pública en general, donde quede claro que ellos no son los enemigos del cambio político, sino que pueden ser aliados y protagonistas de un cambio democrático, pacífico e incluyente. Pero mucho más importante es que desde la oposición unida debe dirigirse un mensaje simple y claro a una población diezmada cada día más en su capacidad de cubrir sus necesidades básicas: no es posible mejorar la calidad de vida del venezolano bajo este régimen, y nosotros la alternativa democrática, tenemos una respuesta a este caos.

Hay que saber dónde colocar el acento. No se deben seguir modelos de polarización y caos, que buscan crucificar al de pensamiento diferente, al incluirlo en una nueva “Lista Tascón”.

La unidad debe estar basada en una sola diplomacia. La comunidad internacional está aturdida con tantos mensajes disímiles, cuando debería ser simple: La unidad debe estar enfocada en articular la presión interna con la externa.

Debe abonar además el fortalecimiento de la Asamblea Nacional como institución legítima y democrática reconocida internacionalmente. Es un error de incalculables consecuencias buscar destruir la AN para imponer un pensamiento sobre otro, aunque esto no implica que no haya diferentes visiones o criterios en una sociedad plural.

De esos desencuentros es que debe rescatarse un ideal en común y aupar la verdadera unidad que logrará el restablecimiento de un país de progreso, con el aporte de cada uno de los que creemos en la democracia. La inmensa mayoría del país está a favor de una amplia unidad opositora. Los actores políticos y sociales estamos obligados a dejar a un lado las posiciones particulares extremas y buscar un mínimo de consenso que maximice la presión interna, la presión externa y ofrezca un proyecto alternativo de país para materializar el cambio político. Decía el asesor político de Bill Clinton: la economía estúpido, la economía. Hoy hay que parafrasearlo: unidad estúpido, unidad.

El adversario es el régimen, el hambre, la miseria, la destrucción de nuestro país. No verlo y actuar en consecuencia es altamente costoso para el futuro de nuestros hijos.

 

@CarlosValero08

Jun 21, 2017 | Actualizado hace 2 años
La dictadura no tiene porvenir, por Carlos Valero

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La brutal represión desatada por Maduro asombra e indigna al mundo. Después de 81 días llenos de protestas y con un pueblo exigiendo elecciones, vigencia de la Constitución y medidas para resolver la crisis humanitaria, el saldo es aterrador: 81 muertos, en su mayoría jóvenes; más de 18 mil heridos, muchos de ellos de gravedad; centenares de detenidos y un país sometido a la destrucción por quienes han perdido legitimidad para gobernarlo.

Hoy no queda duda de la deriva dictatorial de Maduro y su pequeña cúpula de ladrones de renta. No son motivaciones políticas ni proyectos loque atornilla a esa minoría al poder,sino una trama de negocios, corrupciones y privilegios mayores a los de la burguesía que dicen combatir.

Maduro está quemando las naves del PSUV y quiere llevar al país a niveles de confrontación nunca visto en nuestra historia contemporánea. Escogió el camino de profundizar la crisis económica y liquidar los vestigios del Estado de Derecho. El costo de la represión lo cargará en las espaldas de la FANB.

Decía Talleyrand “las bayonetas sirven para muchas cosas, menos para sentarse sobre ellas”. Maduro, obsesionado con replicar el modelo cubano y desorientado por los consejos del español Serrano Mancilla, cierra todas las válvulas democráticas y se sienta sobre las bayonetas porque piensa que ellas le asegurarán poder eterno.

En medio de su desesperación y debilitado por la magnitud del rechazo casi unánime del país, se esconde tras las togas de la inconstitucionalidad y se propone acabar con todo aquel que ose oponérsele, llamase diputados de la MUD, la Fiscal General o los cada vez más numerosos disidentes del madurismo que engrosan el surgimiento de un chavismo democrático.

A Maduro ya no le importa el país, ni la paz ni el futuro. Es un autómata del totalitarismo que pretende avanzar a sangre y fuego y gobernar sobre las cenizas de las instituciones y el cadáver de la democracia.

Pero, como afirma el efrán popular, una cosa piensa el burro y otro el que lo arrea. La cúpula que destruye el país desde Miraflores no podrá imponernos una guerra civil ni tampoco meter la cabra de la Constituyente contra la voluntad de más del 80% de los venezolanos, civiles y militares.

El país quiere ser otro y dejar en el pasado las divisiones, los odios y los enfrentamientos entre hermanos. Esa aspiración no se abrirá camino por generación espontánea. Hay que hacerla viable construyendo una nueva alianza y una nueva unidad con todos los sectores dispuestos a crear soluciones y escenarios progresistas de cambio.

La Asamblea Nacional ha puesto a disposición de la sociedad el Frente en Defensa de la Constitución y la Democracia, el cual puede ser un espacio compartido por todos los demócratas, sin mirar de donde provienen, dispuestos a poner en práctica una política masiva y pacífica de resistencia, organización e integración social.

Vamos a derrotar el terrorismo de Estado con una unidad superior y un proyecto de país donde todos tengamos un lugar, aun manteniendo diferencias que hoy deben ser colocadas en segundo plano. Ese es el futuro que debemos hacer.

@carlosvalero08