Ángel García Banchs, autor en Runrun

Ago 23, 2016 | Actualizado hace 3 años
Por tocar fondo, por Ángel García Banchs

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Venezuela está por tocar fondo, puesto que la presión social, política, económica, internacional y militar va a forzar una reforma, bien sea dentro del propio chavismo, a manos de la oposición, bien de forma mixta con base a un gobierno de coalición, o alternativamente llevada a cabo por una tercera vía que como la historia demuestra en cuestión de meses siempre podría emerger. 

Venezuela no es África Subsahariana. Venezuela cuenta con abundante capital humano, las reservas de petróleo más grandes del planeta, y recursos naturales a más no poder. Basta con un cambio institucional y una reforma del Estado para superar la crisis del modelo petropopulista originado en los 70, a Dios gracias acabado por exacerbación por el socialismo del siglo XXI.

La razón es sencilla. Ya el modelo actual no es útil, ni negocio, para absolutamente nadie; solo que existen factores de poder con costo de salida infinito a quienes la reforma, lógicamente, no les va a corresponder.

Hasta hace muy poco, había dólares baratos para el viajero (5.000$/año), para el internauta (3.000$/año), el profesor, el estudiante, el pensionado y jubilado en el exterior. También, había para el importador del sector privado, el importador del sector público, para el mafioso sobrefacturador-contrabandista, para el tenedor de títulos y, finalmente, para el ciudadano de a pie también, que los conseguía bajo la forma de alimentos baratos en cualquier abasto en Petare, San Fernando de Apure, cualquier caserío, pueblo o ciudad.

¿Y qué hay hoy? Ya no hay dólares baratos ni para el viajero, ni el internauta, el profesor, el estudiante, el pensionado, el jubilado, el importador del sector privado, ni del público; tampoco hay dólares baratos para el mafioso, sino únicamente para el tenedor de títulos; y ese mismo individuo que hasta hace muy poco iba a buscar los dólares baratos bajo la forma de alimentos, hoy ni siquiera los puede conseguir a tasa de cambio de dólar negro, sino a un precio muy superior: el que fijan bachaqueros y revendedores.

Hace unos años, el modelo era negocio para muchos, pero ya definitivamente no lo es. Antes, el modelo generaba aumento del poder de compra del salario, aunque artificial. Pero, hoy a los nuevos precios del petróleo más bajos, el modelo lo que genera es, claramente, crisis humanitaria, sanitaria, alimentaria, caos, anarquía, colas, saqueos, estallido social, violaciones de DDHH, sanciones y represión.

Insisto, ya esto no es negocio para nadie. El mafioso no se aprovecha como antes y, actualmente, tiene que reprimir.

Una reforma por el contrario, sí sería negocio: una apertura petrolera y no petrolera de la economía nacional; una unificación cambiaria; el levantamiento de todo tipo de controles y el restablecimiento de un sistema de mercado, aprovechando y reasignando el abundante capital humano existente, nuestros cuantiosos recursos de la Faja Petrolífera, y el resto de nuestros recursos naturales.

Venezuela no es África Subsahariana. Dejar todos nuestros recursos petroleros y naturales ociosos, no es negocio para nadie. Por ello es sencillo pronosticar que habrá la suficiente presión política, económica, social, internacional y militar para que se dé una reforma en el país, que ha de tocar fondo cuanto antes mejor.   

 

@garciabanchs

El alza del salario, la inflación, el interés y el dólar por Ángel García Banchs

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El aumento recién anunciado del salario mínimo legal causará inflación; sin embargo, contrario a lo usual, esta vez no causará un aumento del dólar, ni un gran incremento del crédito bancario, pero sí de la velocidad de circulación del dinero y la tasa de interés. Causará inflación, porque todo aumento de salario superior al de la productividad absolutamente siempre causa inflación, dado el marcaje sobre costos de las empresas. Pero, no causará un alza del dólar, porque más que aumentar la liquidez, que aumentará, será la velocidad de circulación del dinero (i.e. la velocidad con la cual rota cada bolívar) lo que aumente fundamentalmente. De allí que, como explicaré en lo sucesivo, probablemente, ya exista presión razonable de la banca sobre el Ejecutivo Nacional para permitir el alza de la tasa de interés, como preludio del proceso de unificación cambiaria.

El aumento de salario mínimo (50%) y del bono alimentario (129%) representa un incremento del ingreso de los asalariados que perciben el mínimo legal del orden del 93% y del 84% aproximadamente del costo de nómina de las empresas que pagan el mínimo. Así, probablemente signifique un incremento de alrededor del 60% del costo de la nómina media en bolívares de la economía venezolana y, por tanto, también de la demanda de crédito bancario. Pero que la demanda de crédito bancario vaya a aumentar con el alza del salario no quiere decir que la oferta de crédito también lo vaya a hacer, al menos esta vez, pues esta vez será distinto.

Esta vez la banca no podrá acomodar la salvaje demanda de crédito que tendrá lugar. Primeramente, por una restricción de capital. Segundo, por una restricción de liquidez. Y, tercero, por el temor del riesgo de morosidad y liquidez subyacente.

La restricción de capital implica que la banca tendrá que aportar 20% del alza del crédito, como exige la Ley, lo que para que provenga de la utilidad exigiría tasas de interés activas anuales no menores al 90% (90% = 20% *12 * (60%/160%) – donde el 20% es el ratio aprox de reservas de capital exigido por Ley, 12 son los meses del año, 60% sería el crecimiento de la demanda de crédito y 160% esa misma tasa sumada a la unidad). Claramente, la banca no podrá expandir su cartera de crédito 60% en un mes con el espectro de tasas de interés reguladas como lo están hoy (tendría el banquero que aportar el capital y no lo hará en la coyuntura actual).

Luego, también está la restricción de liquidez. El sistema bancario está líquido, pero, la liquidez está mal distribuida entre bancos, por la desastrosa política económica actual. Así, expandir alrededor del 60% el crédito bancario en un solo mes resultaría imposible, no solo por la presión sobre la tasa de interés en el interbancario, sino sobre todo debido a que la inyección neta de dinero base por parte del Estado no aumentará en esa proporción (el mayor gasto salarial inyectará con fuerza, cierto; pero la mayor venta en SIMADI, claramente, extraerá una mayor liquidez – cuánto aumentará la inyección neta o, equivalentemente, el déficit del Estado, dependerá de cuánto del gasto salarial termine financiado vía SIMADI y cuánto vía una mayor impresión de dinero base, violando el Artículo 320 de la Constitución Nacional).

Pero, lo más importante, son las expectativas de los banqueros. Los banqueros esperan un proceso de legalización del dólar negro (igualación entre la tasa SIMADI, que pasaría a llamarse DICOM, y el dólar negro, que dejaría de ser negro para convertirse en legal). Bajo esas condiciones, la banca teme que al aumentar el tipo de cambio promedio oficial (la cantidad de bolívares en promedio que por cada dólar vendido recoge el Estado), el mercado en bolívares se seque, poniendo a la banca a correr; y también le preocupa que, si el dólar negro baja, la morosidad en el sector de los transables no regulados aumente, debido a un proceso de deflación (increíblemente, veremos como con una inflación del 500% a 700%, ciertos rubros caerán de precio, debido a la caída de su rotación o ventas, complicando la morosidad).

Entonces, si el sistema bancario no podrá acompañar el proceso de inflación salarial, ¿qué validaría el incremento de los salarios y precios? Sencillo, como viene ocurriendo, desde octubre de 2015, esta vez nuevamente lo hará la velocidad de circulación.

Los bolívares se harán más escasos y tendrán que circular a una mayor velocidad. De allí, mi planteamiento de que esta vez el ajuste no será por el lado del pasivo, sino del activo; dicho de otro modo, que la oferta privada de dólares relativa a su demanda continuará aumentando para facilitar el proceso de circulación. Pedro querrá los bolívares de Juan. Pero, Juan no querrá los dólares de Pedro, por lo que Pedro tendrá que convencer a Juan. ¿Cómo? Sencillo, permitiendo que el dólar siga cayendo en términos reales; es decir, que el dólar no suba a pesar de la alta inflación.

Esta vez será distinto a lo normal, porque los banqueros saben que en materia cambiaria cada vez se acerca más la unificación, aunque poco antes de ello venga la legalización. Yo vigilaría la deuda en bolívares si fuese usted, no sea que la vaya a costar más a futuro, bien porque vaya a aumentársele en términos de dólares por el proceso de legalización, o porque las autoridades procedan a permitir un alza de la tasa de interés.

Todo tiene su fin. Y, el control de cambio no es la excepción.

@garciabanchs

La fractura político-cívico-militar por Angel Garcia Banchs

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Tal y como pronosticamos, ya ha ocurrido el estallido económico y social; ahora, lógicamente, deberíamos esperar el estallido militar, y, luego el político (la transición).

En otros espacios, he definido el petropopulismo como la forma de hacer política que, a partir de mediados de los 70, y con mayor fuerza después del viernes negro del año 1983, se ha caracterizado por fomentar, mantener, y exacerbar la dependencia del ciudadano de la renta externa petrolera en sustitución a su esfuerzo productivo, el cual no se permite desarrollar a plenitud debido al interés de la clase política por sostener el desempleo, subempleo y pobreza como base político-clientelar.

Sin desempleo, subempleo y pobreza (base político-clientelar), simplemente, no podría darse el reparto rentístico, cuyo fin último no es la rentabilidad social (la inserción de los excluidos), sino la rentabilidad política (el secuestro del voto ciudadano).

En palabras llanas, he definido el petropopulismo como el uso de la renta externa petrolera, por parte de la representación del Estado y, en particular, de la clase política, para hacer del ciudadano un siervo, en vez de para liberarle o hacerle depender de sí mismo (potenciar sus capacidades e insertarlo sosteniblemente en las esferas de la producción y el consumo).

Gracias al petropopulismo, de la esfera de la política (i.e. la provisión de bienes públicos de calidad), los políticos entraron a la esfera de la economía (i.e. la esfera de los negocios), conformándose un sistema de privilegios, peculado y contratos sin licitaciones; de la esfera de la producción (i.e. de la oferta de bienes privados de calidad), tanto los gremios como los sindicatos entraron a la esfera de la política en procura de dólares preferenciales (i.e. diferenciales de cambio y precio) y aumentos de salarios superiores a los de la productividad media; y, finalmente, los militares salieron de los cuarteles (i.e. dejaron de garantizar la seguridad, la soberanía y el territorio) para entrar en la esfera de la economía y la política, substituyendo el sistema de mercado basado en las señales de precio por un sistema mafioso basado en la autoridad.

Así que acá la responsabilidad es de todos: no solo de militares, sino también de civiles; no solo de los políticos, sino también de sus seguidores; y no solo de sindicatos, sino también de empresarios. Lo que está ocurriendo en el país es una fractura político-cívico-militar, una que no tengo la menor duda será capaz de devolver a los políticos a la producción de bienes públicos (i.e. a la política), a las empresas y trabajadores civiles a la producción de bienes privados (i.e. a la economía), y a los militares al monopolio de la violencia para garantizar la seguridad, la soberanía y el territorio (i.e. a los cuarteles).

Lo que está ocurriendo, por tanto, no es la caída de un gobierno o el fin del chavismo, únicamente, sino la derrota de un modelo en implosión: la agonía del petropopulismo.

 

@garciabanchs

Abr 25, 2016 | Actualizado hace 4 años
La transición esperada por Angel Garcia Banchs

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Descartado el totalitarismo el 6D, quedarían hoy dos transiciones posibles a imaginar. Las llamaré “superior” e “inferior”, aunque ambas impliquen mejoras significativas respecto a la situación actual.

Las dos representarían un avance indiscutible en el corto plazo; entre otras razones, porque nada podría ser peor a la situación de hoy salvo la guerra civil o el totalitarismo, arriba descartados; lo anterior, al no considerar el conflicto inevitable entre las FAN y los grupos de pranes, guerrillas, paramilitares y colectivos como un conflicto civil tradicional.

La transición “inferior” sería superior en el mediano plazo, pero inferior en el largo. Mientras que, la “superior” sería superior en el largo, pero inferior en el mediano plazo.

Ambas implicarían una reforma económica, política e institucional; compensación o subsidios transitorios para los perjudicados y excluidos; la garantía de la seguridad de la persona, los bienes y la propiedad; la asistencia multilateral (FMI, BM, BID y CAF); la restructuración de la deuda; la privatización de activos; el levantamiento de los controles de precios y cambio (una unificación cambiaria); una apertura petrolera y no petrolera; el restablecimiento de la República y el sistema de mercado; políticas de estabilización, así como de desarrollo y transformación; y probablemente solo en el caso de la transición “superior” un nuevo pacto sostenible entre partidos, gremios, sindicatos, las FAN, la Iglesia y la academia (a favor de la Democracia y la paz, y en contra del populismo).

Pero, mientras la “superior” implicaría una economía de libre mercado con los capitales mal habidos durante el chavismo recuperados por vía judicial, la “inferior” implicaría una economía de mercado, pero no libre, sino con oligopolios y protección para grupos y capitales específicos (i.e. protección para capitales mafiosos que se harían productivos).

Mientras la “superior” implicaría prisión para muchos delincuentes de ambos lados que saquearon nuestro país (la prisión para los embarrados de la cintura para arriba), la “inferior” implicaría prisión solo para muy pocos (los embarrados hasta el cuello).

Mientras en la “inferior” la protección de las actuales mafias haría crecer con fuerza a la economía productiva en el mediano plazo (por la enorme inversión y legitimación de capitales – hasta unos 300 mil millones de dólares, una parte no despreciable de los cuales cubiertos de sangre), en la “superior” las instituciones serían incluyentes y tendientes a la competencia plena. Mientras en la “inferior” mejoraría la calidad de vida, en la “superior” el bienestar y poder de compra del ciudadano sería el máximo posible (e.g. en vez de oligopolios, prevalecería el mayor grado de competencia alcanzable).

¿Cuál es la transición más probable? Para muchos, “la inferior” por al menos dos razones. La primera, porque sería la transición capaz de amasar el mayor apoyo político, en el sentido de que sería la opción capaz de superar cierta masa crítica o mínima requerida para darse en la práctica. Y la segunda, porque contaría con el apoyo de la mayoría de los políticos “más viejos” o influyentes, en tanto que les ofrecería mayores beneficios a mediano plazo (quien tenga la expectativa de vivir 10-20 años más, probablemente prefiera la transición “inferior” con el mejor mediano plazo, no porque a los 10-20 años no se habrían sentido aún los beneficios de la transición “superior”, sino porque no es lo mismo disfrutar las bondades al inicio del período que a la mitad – la excepción sería la de los más ilustres, aquellos dispuestos a sacrificarse por la patria o futuras generaciones).

¿Cuál de las dos deseamos la mayoría de los ciudadanos? En mi opinión, la “superior”; así que, exijamos que se imponga.

@garciabanchs

Oct 28, 2015 | Actualizado hace 4 años
Pasos hacia la unificación por Ángel García Banchs

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La unificación es un dato; pero, existen pasos previos fundamentales; lógicamente, una vez despejada la variable política.

La unificación del tipo de cambio es inminente, pues de lo contrario el país podría caer en un conflicto civil en 2016, debido a la crisis y a la escasez que vendría a partir de enero, en un contexto de inflación desbordada, estancamiento económico y desempleo creciente. Ya no se trataría de escasez por falta de inventarios a nivel de minoristas como la observada en enero de 2015, sino escasez por falta de inventarios en toda la cadena y a un espectro cada vez más generalizado. Así que, la unificación del tipo de cambio es el dato, mientras la variable es la forma que tomará el ajuste político necesario para que ocurra. Solo Dios sabe cómo será en la práctica el ajuste específico de la variable política. Pero, sabemos que debe ocurrir, al menos si el país ha de evitar un conflicto civil o la administración de niveles de represión jamás antes vistos.

De la unificación cambiaria, se beneficiarán las empresas productivas, PDVSA, el gobierno, el BCV y el resto del mundo. Lo único que preocupa es el efecto sobre un pequeño porcentaje de los bancos y los hogares. La buena noticia es que, existe una solución para protegerles y es sencilla.

A este punto, la unificación del tipo de cambio solo podría traer beneficios a la mayoría; únicamente los consumidores con tasa promedio de cambio menor a la de la unificación, podrían verse afectados. Para la minoría, bachaqueros y perceptores de 1 salario mínimo, será necesario un programa de subsidios directos por un período transitorio de 2 años. Dicho programa podría funcionar de la siguiente forma. El perceptor de 1 salario mínimo, recibiría el subsidio vía su empleador, quien adelantaría el dinero en nombre del Fisco, a cambio de un crédito fiscal deducible del pago del IVA e ISLR. Mientras el bachaquero, sería bancarizado por orden administrativa del Ejecutivo Nacional de una forma aleatoria, por cédula de identidad (proveniente de las captahuellas). Lo anterior, vía banca privada, mediante transferencias quincenales ejecutadas por el Fisco. El programa de 2 años, implicaría montos iguales a 1 salario mínimo de transferencia total por mes, pero, en el caso de los bachaqueros el monto de la transferencia mensual no aumentaría con los incrementos de salario mínimo, de forma tal de estimular la búsqueda del empleo formal.

En el caso del sistema bancario, los pasos son obvios. La Directiva del BCV, SUDEBAN, y los Ministros de Economía deberá ser substituida por economistas con reputación, prestigio, reconocimiento y credibilidad, no solo a nivel nacional, sino internacional.  Igualmente, el sistema bancario tendrá que consolidarse previamente en el sentido de que, los bancos pequeños tendrán que ser comprados por los bancos privados más grandes, o en su defecto por los bancos del Estado. La operatividad del mercado interbancario, paralelamente, deberá restablecerse pasando con la nueva Directiva del BCV de un régimen de control de agregados monetarios a uno de fijación de la tasa de interés (interbancaria, de Letras del Tesoro y DPNs). Esto contribuirá a acabar con la ineficiencia que significa la existencia de reservas excedentarias, y garantizará la tranquilidad de poder participar en un mercado interbancario activo, al contar con el BCV como prestamista de última instancia, lo que haría que la banca quieran prestarse entre sí. Igualmente, habrá que redistribuir los depósitos oficiales en el sistema bancario nacional, de forma tal de garantizar el mismo ratio de depósitos oficiales sobre depósitos totales del agregado bancario a nivel de cada banco particular. Y, finalmente, habrá que levantar la regulación o techo de las tasas de interés pasivas, manteniendo el techo de las activas, que deberá elevarse hasta 34% para el crédito comercial y 39% para tarjeta de crédito. Solo después de estabilizado el sistema, podrá levantarse totalmente el control de tasas.

Para la estabilización posterior a la unificación cambiaria, la clave es la de siempre: garantizar el orden salarial, fiscal y monetario.

El costo social de la unificación es muy bajo, inclusive entre distintos grupos de ingresos. Los beneficios, por el contrario, son enormes. El verdadero costo es el político. Y, éste, definitivamente, se pagará.

 

@garciabanchs

No es hiperinflación, sino hipermafia por Ángel García Banchs

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En Venezuela no hay hiperinflación; lo que hay, debe llamarse en tal caso hipermafia. Fundamental es distinguirlo para aclarar que no es sostenible; y para saber qué viene: el fin del régimen de privilegios, también conocido como el régimen de control cambiario, que regala la totalidad de los dólares del Estado a 6,3Bs/$ entre muy pocos afectos, mientras condena al resto de la población venezolana a pagar hasta 75 veces ese precio. Ese régimen está que estalla, por lo que el país necesariamente tendrá que transitar hacia una unificación cambiaria entorno a una tasa mucho menor a la del actual dólar negro, tasa ésta que aunque siga subiendo mientras exista resulta ya insosteniblemente alta.

El corolario es obvio y claro: comprar dólares en el mercado paralelo para quedárselos, probará ser mal negocio cuando el control de cambio reviente y se unifique el cambio (mientras ello no haya ocurrido la gente creerá a diario estar haciendo un buen negocio); y las empresas hoy al borde de la quiebra, si resisten, habrán de recapitalizarse. Pronto, Venezuela será un país sin privilegios en el mercado de bienes y el mercado de cambio: todos compraremos dólares y mercancías al mismo precio, y ya nadie expoliará a nadie. En fin, se impondrá la economía por sobre la política. De hecho, ya está ocurriendo. Habíamos dicho que en abril llegaría la crisis de inventarios y que entonces algo pasaría (dijimos que los inventarios no podrían bajar por debajo de cero, así que algo ocurriría). Y, en efecto, bastó tan solo 1 mes y medio para que a mediados del mes de mayo el control de precios estallase de facto. Ahora solo falta que en los próximos meses estalle el control de cambio.

La hiperinflación implica tasas de inflación de 50% mensual por 12 meses o más, o del 100% anual por 3 años (Philip Cagan). Así que, ya por definición no hay hiperinflación. La hiperinflación igualmente implica un déficit del sector público desbordado, y la impresión de dinero para financiar dicho déficit, pero, no para hacer multimillonaria a una élite o un grupo de mafia, sino por otros motivos (el déficit público en Venezuela, ante todo, se debe a lo siguiente: a que Pdvsa, el Estado, regala a 6,3 bolívares cada dólar; así que, cuando no se regale más el dólar, no habrá ya déficit, ni impresión de dinero).

Igualmente, la hiperinflación supone una caída de la demanda real de dinero; pero, nuevamente, dicha caída se asume que sería fundamentalmente por razones especulativas, no razones de mafia o arbitraje permanente (obviamente, la demanda de bolívares debe, necesariamente, desplomarse si para comprar dólares ya ni siquiera se requieren bolívares – de hecho, de llegar el dólar negro a 630Bs/$ los mafiosos con 1 céntimo de dólar podrán comprar 1 dólar completo; así que, cuando deje de existir el mercado negro, inmediatamente, se recuperará la demanda de bolívares).

Finalmente, hiperinflación de precios implica, necesariamente, hiperinflación de salarios. Y eso es precisamente lo que en Venezuela no ha ocurrido. De hecho, el salario mínimo, expresado a dólar negro, ha colapsado más de un 90% de aproximadamente 170$ a septiembre de 2012 a unos 14$ en la actualidad. Obviamente, el dólar del mercado negro, es insostenible, al igual que el dólar de mafia a 6,3Bs/$.

Llamemos entonces las cosas por su nombre, pues ello es relevante para saber qué viene: en Venezuela no hay, ni habrá, hiperinflación; lo que hay hoy día, y se acabará pronto, debemos llamar en tal caso hipermafia.

 

@garciabanchs

 

Jun 03, 2015 | Actualizado hace 4 años
No habrá hiperinflación por Ángel García Banchs

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No habrá hiperinflación. Lo que viene es el colapso del consumo y el estallido de los controles de cambio y precios. De hecho, ya el control de precios estalló de facto. Ahora, simplemente, falta que estalle el de cambio, y se formalice la reforma (al FMI, escríbanlo, vamos y con certeza; eso sí, ya no tanto para facilitar la unificación cambiaria – el desmantelamiento del régimen de controles, sino la estabilización posterior a la unificación).

En Venezuela es prácticamente imposible que se dé la hiperinflación (al menos la hiperinflación definida formalmente en términos de Philip Cagan, 12.875% al año, o un 50% mensual por no menos de 12 meses, ni tampoco 100% anual por 3 años seguidos). Inflación alta y persistente, sí (de hecho, este año probablemente supere el 200%), pero, hiperinflación, no, a menos que se produzca un paro petrolero que dure mucho tiempo, o los precios del petróleo caigan al umbral de 1-5/barril, lo cual es altamente improbable.

La hiperinflación se caracteriza, entre otros aspectos, por lo siguiente:

(1) El predominio de tasas de inflación altas y crecientes como las arriba referidas, condición primordial que no se cumplirá, ya que la inflación en Venezuela no llegará al 50% mensual por 12 meses o más, ni tampoco superará el 100% por 3 años seguidos – i.e. este año con certeza lo hará cuando supere el 200%, pero, no en 2016-2017.

(2) Déficit fiscal desbordado por un gran número de años. Esta condición sí se cumple, pero, dejará de cumplirse cuando el Estado (Pdvsa) deje de regalar el dólar a 6,3Bs/$. Digo regalar porque, prácticamente, no existe mayor diferencia entre vender el dólar a 6,3Bs/$ o a 0Bs/$ (como tampoco existe mayor diferencia entre regalar la gasolina en las estaciones de servicio a 4Bs/tanque o 0Bs/tanque). El desbordado déficit fiscal del país, se debe fundamentalmente a que Pdvsa actualmente regala el dólar. Cuando no lo haga, y empiece a venderlo a, digamos, 126Bs/$ (126Bs/$ para facilitar las matemáticas a propósito de la explicación – en la práctica, podrá ser un poco más, o un poco menos), el ingreso en bolívares de la estatal petrolera aumentará, aproximadamente, 20 veces y del déficit de caja se pasará al superávit.

(3) Impresión de dinero para financiar el déficit fiscal. Está condición también se cumple. Pero, nuevamente, cuando se deje de regalar el dólar a 6,3Bs/$ se acabará la impresión. Hoy día Pdvsa produce más bolívares imprimiendo pagarés en moneda nacional (papelitos que no generan actividad, ni ocupación) para pagar los impuestos y regalías, que produciendo petróleo (lo que sí genera actividad, y ocupación). Del 28-03-2014 al 27-03-2015 BCV imprimió Bs463.674.459.000 (o unos $73.599.120.524 a 6,3Bs/$) en la adquisición de pagarés inicialmente emitidos por Pdvsa, empresa que en 2014 exportó, aproximadamente, un poco más de $72.000.000.000, según cifras oficiales). Sencillo, cuando Pdvsa ya no regale el dólar contará con suficientes bolívares para pagar los impuestos y regalías, por lo que no tendrá que imprimir más pagarés, ni el BCV dinero.

(4) Caída progresiva de la demanda privada de saldos reales o, lo que es lo mismo, disminución de la demanda privada de bolívares como activo o reserva de valor. También, esta condición se cumple; pero, no tanto por razones especulativas per se, sino, fundamentalmente, por razones de arbitraje. Sencillo, en la medida en que aumenta el diferencial cambiario (la diferencia entre la tasa del mercado negro y la tasa oficial), lógicamente, cae la demanda de bolívares como activo. Un ejemplo basta para explicarlo. No es lo mismo que el diferencial cambiario fuese 2:1 o, lo que es lo mismo, un 100% (que la tasa del mercado negro fuese de unos 12,6Bs/$), que sea como es hoy de 67:1 o, lo que es lo mismo, un 6.600% (que la tasa del mercado negro sea de 422,1Bs/$).

Claramente, en el primer caso, para conseguir 1 dólar a 6,3Bs/$, el afortunado o el mafioso con el privilegio de hacerlo tendrá que vender en el mercado negro medio dólar, 0,5$ (6,3Bs/$=12,6Bs/$*0,5$). Mientras que en el segundo, tan solo tendrá que vender, prácticamente, unos 0,015$, menos de 2 céntimos de dólar (6,3Bs/$=422,1Bs/$* 0,015$). ¿Cómo no esperar que caiga la demanda real del sector privado del bolívar como activo? Nuevamente, cuando no haya, sino un único precio para el dólar y éste no se regale más (cuando no haya más privilegios para algunos a costa de las penurias de 30 millones), la demanda real privada de bolívares aumentará. Pero, aún si eso no fuese así en la práctica, cuando estalle el control de cambio, y el dólar se venda a todos, digamos, sobre 120Bs/$, el Estado se convertirá en el demandante de última instancia del bolívar.

En ese momento, y solo luego de que se ajuste el tipo de cambio y los precios relativos, lo que hoy “abunda” (los bolívares) escaseará y lo que hoy escasea (los bienes) abundará.

(5) Un mercado homogéneo de dinero. Esta condición tiene que ver con el punto anterior, y sí se cumple en el caso venezolano. Lógicamente, el mercado de dinero o, su espejo, el mercado paralelo de divisas se ha vuelto homogéneo y, por tanto, volátil en precios, mientras predomina un bajo volumen de transacciones. Dado el riesgo personal, y el riesgo político, económico y jurídico que vive el país, en ese mercado, prácticamente, todos quieren comprar y nadie vender (compradores de divisas no consiguen vendedores, por lo que se dan en la práctica pocas transacciones y su precio se hace bastante volátil – algo parecido a lo ocurrido en el mercado de cédulas hipotecarias a partir de 2007, cuando la crisis financiera y de los subprime en los EEUU). Prácticamente, es solo el cliente colombiano del contrabandista venezolano quien ofrece dólares al mercado negro. Ni el gobierno nacional ni los privados en Venezuela lo están haciendo. El gobierno, porque la política está secuestrada y los dólares se regalan a la mafia a 6,3Bs/$. Y los privados porque tienen miedo, no confían en el gobierno y se aferran al dólar. Pero, nuevamente, eso se acabará cuando se acabe el mercado negro (cuando estalle el control). En ese momento, el mercado dejará de ser homogéneo para ser heterogéneo. Entonces, compradores sí conseguirán al menos a un vendedor, el Estado, lo que reducirá el precio (de hecho, en ese momento habrá libre acceso a las divisas y a un solo precio, el oficial – ¿De dónde saldrán los dólares? Sencillo, de lo que hoy se va en contrabando y sobrefacturación).

(6) Un espiral salarios-precios-tipo de cambio-salarios, que haga persistir la hiperinflación en el tiempo. Esta condición no se cumple en la actualidad en Venezuela, lo cual es muy fácil de demostrar. Si bien es cierto que hoy en Venezuela existe un espiral salarios-precio-tipo de cambio oficial-salarios, no es correcto afirmar que exista un espiral salarios-precio-tipo de cambio paralelo-salarios, por una razón muy sencilla: los salarios no están aumentando al ritmo del tipo de cambio paralelo o negro (de hecho, el salario mínimo medido a dólar negro ha caído más de 90% de unos 170$ al 30-09-2012 a unos 16$ en la actualidad). Queda claro que, el tipo de cambio negro nominal actual, simplemente, no es sostenible, porque no existen los fundamentos (un salario suficiente) para mantenerlo. Cuando reviente el control de cambio, la unificación cambiaria será muy por debajo de la actual tasa del mercado paralelo.

En fin, la hiperinflación en términos de Cagan es prácticamente imposible en Venezuela. Así se quede sin reservas el BCV, mientras exista un flujo de divisas a vender del Estado, éste se convertirá en el demandante de última instancia del bolívar, al producirse la devaluación real de la unificación cambiaria. La misma acabará o lidiará con las 4 de 6 características de la hiperinflación referidas, que sí se dan en Venezuela (la 2, 3, 4 y 5).

La devaluación real reducirá el déficit y la impresión de bolívares para financiarlo. Pero, además, hará que el mercado de dinero de homogéneo pase a ser heterogéneo (de todos sentir aversión por el bolívar como reserva de valor, y de todos querer deshacerse de él aparezca alguien a demandarlo/absorberlo – el market maker/el Estado). Es muy sencillo. Cuando no se regale el dólar a 6,3Bs/$ y se unifique el cambio, digamos, en 126Bs/$, la devaluación real será un dato (i.e. el nivel de precios jamás aumentará 20 veces como el tipo de cambio), al igual que será un dato el superávit y la extracción neta de dinero base (ahora Pdvsa recogerá/demandará, ya no 6,3Bs/$, sino, digamos, 20 veces más, 126Bs/$).

En los países donde sí se puede producir hiperinflación, el Estado no genera dólares (e.g. Argentina). Así que, cuando se queda sin reservas en moneda extranjera, no cuenta con un flujo de divisas capaz de estabilizar el mercado (hacerlo heterogéneo). En esos países, cuando el Estado se queda sin suficientes reservas y el mercado de dinero se vuelve homogéneo (y todos quieren deshacerse de la moneda nacional), no hay quien esté dispuesto a comprar moneda local. Mientras que, en Venezuela, aún sin reservas líquidas, bastaría con que el Estado aumente en términos reales el precio del flujo de divisas a vender para que se convierta en el market maker o demandante de última instancia de la moneda nacional (i.e. le bastaría con dejar de regalar el dólar a 6,3Bs/$ y empezar a venderlo a 20 veces más).

Es sencillo, pronosticar, por tanto, que en Venezuela no habrá hiperinflación (por lo menos ahora) y que, cuando reviente el control (cuando el Estado empiece a cobrar por el dólar, o deje de regalarlo a 6,3Bs/$), lo que hoy supuestamente “abunda” (el bolívar) pase a escasear, y lo que hoy escasea (los bienes) pase a abundar.

Viene una obvia contracción real de la liquidez, un aumento de la velocidad de circulación del bolívar y un alza de la tasa de cambio e interés. Es decir, cualquier cosa menos hiperinflación (inflación de 200% o un poco más sí, pero, hiperinflación no, pues es casi imposible).

 

@garciabanchs

Abr 17, 2015 | Actualizado hace 5 años
La trampa de los inventarios por Ángel García Banchs

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La trampa de los inventarios (la crisis de la economía real, en lugar de la fiscal, la monetaria o financiera) será lo que haga que la economía se imponga sobre la política. Por la crisis de los inventarios, ahora en la relación entre la política y la economía, la política ha de pasar a ser el siervo y no el amo, el medio y no el fin.

El gobierno puede hacer todo lo que quiera; puede imprimir dinero hasta el cansancio, porque no existe restricción tecnológica o institucional alguna (la Casa de la Moneda únicamente sigue órdenes, al igual que el BCV, la Contraloría, y la Asamblea Nacional); también puede aumentar los salarios a un ritmo muy superior al de la productividad, mientras mantiene los precios regulados y el tipo de cambio oficial artificialmente bajos; puede igualmente dejar que el dólar negro y el diferencial cambiario lleguen al infinito; puede desviar recursos, materias primas y bienes finales de las regiones a Caracas; en fin, puede hacer todo lo que se le ocurra y todo lo que le dé la gana, menos una sola cosa: el gobierno no puede hacer que los inventarios bajen por debajo de cero.

Cuando los inventarios lleguen a niveles críticos en pocas semanas, la escasez pasará a ser descomunal y, por tanto, muy superior a la actual. Entonces, el colapso del consumo, simplemente, será inevitable y tendrá meses después que estallar el régimen cambiario petropopulista mafioso de control. Es decir, tendrán que estallar los controles de cambio y precio para garantizar la paz.

@garciabanchs