Andrew Quintero, autor en Runrun

Andrew Quintero

#MonitorDeVíctimas | Mi trabajo es generar lazos de confianza, por Andrew Quintero*

@miconvive 

En el 2014 conocí a Roberto Patiño en la sede del partido político del cual soy parte. Ese día le pregunté “¿Roberto, por qué no hacemos un sancocho comunitario en mi sector?”. Él me respondió: “claro, este mismo sábado lo hacemos”. Ese sancocho fue la actividad con la cual comencé a involucrarme en el desarrollo social de mi comunidad, y a partir del cual empecé a construir la Caracas de la convivencia con la que sueño.

Durante los últimos 4 años he sido líder comunitario y activista político, no solo en la comunidad donde nací -El Nazareno, ubicado en Catia-, sino también en otros sectores populares del municipio Libertador.

Escuchar y hacer

Mi trabajo es escuchar las necesidades de los habitantes de estas comunidades, y buscar la forma de coordinarlos para generar una respuesta concreta y viable. En particular, me he enfocado en generar formas de hacer los sectores populares más seguros y de afrontar la crisis alimentaria que hemos vivido.

En mi día a día muchas veces he escuchado cómo la gente repite “esto se lo llevó quien lo trajo” o “la violencia no tiene solución”. Afortunadamente, puedo refutar estas afirmaciones de unos pocos. Porque también escucho frases como: “nos atrevemos a triunfar” y “esto es nuestro”, cada vez que las comunidades donde trabajo se transforman a partir del esfuerzo y el compromiso.

Un ejemplo claro es el “Dispositivo de seguridad en el barrio El Nazareno”. Mi comunidad estaba comenzando a presentar robos que tenían a la gente atemorizada. Sin embargo, logré coordinar con Magali y Mariluz -dos madres de la zona- y un equipo de psicólogos de nuestra organización la iniciativa “Caracas mi Convive”, una solución al problema.

Generamos una red de alarma entre los habitantes, la cual simplemente consistía en que los vecinos hicieran bulla con pitos y cacerolas cada vez que vieran o sospecharan de la presencia de personas extrañas al sector. Esto permitía que la gente se resguardara y ahuyentara a los intrusos. La solución, a pesar de simple, fue efectiva. Después de solo un incidente, los delincuentes entendieron que no era viable seguir en la zona y ahora no roban a nadie.

Entonces me pregunto: ¿la Caracas de la convivencia es posible? Yo digo que sí. Siempre que los mismos caraqueños estemos dispuestos a escucharnos y a organizarnos para enfrentar los problemas.

La convivencia ante todo

Muchos me preguntan cómo desde tan joven me preocupo por trabajar de la mano con estos grupos que muchas veces están abandonados o sometidos por el Estado. Mi respuesta siempre es la misma: “Quiero que cada persona de Caracas pueda ser feliz y vivir bien por sus propios medios, que consigan los alimentos que quieran, que caminen seguros por sus calles, y que nunca más nadie los intente controlar.”

He de admitir que el trabajo no es fácil. A comienzos de marzo de este año me cuestionaba muchas cosas. Es difícil vivir en incertidumbre y estar aislados por una cuarentena que parece interminable, en una sociedad tan cariñosa y tan apegada al otro. Además, he observado en el último mes, cómo la crisis de alimentos y la violencia han aumentado en frente de mí, sin poder dar siquiera un abrazo de solidaridad a mi vecino que lo necesita.

¿Cómo vamos a hacer, si nuestro trabajo es en las calles de las comunidades? Curiosamente, la respuesta vino por sí sola. He visto una vez más cómo la Caracas de la convivencia se alza para hacerle frente a todo problema. 

Mi trabajo no solo consiste en caminar y tocarle la puerta al vecino. Mi trabajo es generar lazos de confianza y credibilidad con las personas de Caracas. Estos lazos son los que permiten mantener el “motor” encendido para seguir trabajando por la Caracas de la convivencia. Simples actos como levantar el teléfono para saber cómo está nuestra gente y tomarnos el café con ella, así sea de manera virtual, nos hace cada día más fuertes en una ciudad que aparentemente se cae a pedazos por la inseguridad, la crisis social y política.

A su vez, nos permite conocer sus necesidades y generar respuestas. Yo creo que esto es la clave, no solo del cambio social, sino del cambio político que necesita Venezuela. Es necesario construir desde las bases estos lazos de confianza, y promover que las personas puedan hacer frente a sus problemas del día a día. Al hacer esto, no se promete lo que no se tiene y se generan redes de apoyo sólidas que permiten generar cambios reales.

Durante estas 10 semanas de confinamiento he conversado al menos con 150 madres de nuestro comedores de Alimenta la Solidaridad en Catia, 45 líderes locales dedicados a la organización política comunitaria y aun me faltan aproximadamente 130 personas que asistieron al 3er Encuentro Nacional de nuestras organizaciones Caracas Mi Convive, Alimenta la Solidaridad y Sustento. Me sorprende cómo tantas personas se ponen a la orden de un proyecto que busca una ciudad distinta. Creo que esto es reflejo de que muchos queremos un cambio y estamos dispuestos a trabajar por él.

Como yo, hay muchos líderes trabajando en Caracas Mi Convive y me siento orgulloso de formar parte de su equipo. Nuestro modelo de ciudad se trata de entender las necesidades y características de cada comunidad o sector y eso es lo que hace a nuestra organización distinta. Mi compañera Saray, que es líder del Cementerio, se enfoca en atender a los jóvenes de la comunidad para evitar que se unan a bandas criminales. Yo, por otro lado, fortalezco el tejido social, buscando que cada vecino se sienta útil y pueda aportar a los cambios de la comunidad. Esta articulación evita el control social que otras personas usan para mantener a mi comunidad encerrada en su casa y a la merced de una crisis humanitaria.

Siempre lo repito, la Caracas de la convivencia sí es posible. Si bien hoy no podemos caminar por nuestras comunidades como acostumbramos, estoy seguro de que la huella que hemos dejado ha permitido mantener lazos de forma remota.

Ahora el reto es más grande, pero lo estamos logrando. Ser referente de un modelo transparente y creíble desmonta la falsa teoría que dice que esto no tiene solución. Tener a nuestra gente preparada para una ciudad distinta es la meta, y hoy lo estamos haciendo.

*Líder comunitario de Caracas Mi Convive.

 

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