El grado de perversión y de crueldad de una sociedad, tiene relación directa con el ambiente en el que se desenvuelve dicha sociedad. El espacio que ocupa el pueblo, el soberano, en dicho ambiente tiene mucho que ver, pero igualmente ejerce un enorme peso, el carácter y la retórica, del poder dominante.
En ese sentido, quienes han venido ejerciendo el poder en Venezuela desde 1999, han desfigurado los problemas que pretendÃan resolver. Desde la Constituyente de Chávez, hasta la Ley Habilitante de Maduro.
Se trata de una forma de seducción demagógica, que persigue escamotear el trabajo de pensamiento y análisis realista de los problemas de una sociedad determinada, desviando al interlocutor hacia una deriva ideológico-religiosa (bolivarianismo, chavismo, socialismo del siglo XXI). Asà se oculta, el objetivo del dirigente que, aparece pretendiendo organizar, cuando su fin es desorganizar, creer que va a modernizar cuando su aspiración es destruir, lucir precavido cuando su meta es precipitar, inspirar ponderación cuando sus palabras exaltan y alborotan.
La historia de la humanidad está llena de dirigentes perversos que concebÃan todo lo contrario de lo que pretendÃan hacer (orden, economÃa, moral ciudadana, etc.).
Maduro, entra a ese selecto grupo de dirigentes perversos, desplazando del debate todo aquello que luzca racional, imponiendo lo estrictamente emocional. Para alcanzarlo, ha logrado niveles de perfección en la práctica de la perversión estratégica. Valiéndose de lo simbólico, los deseos y las añoranzas humanas, al decretar el saqueo de Estado, en el umbral decembrino.
Con el affaire Daka, Maduro, ensayó la sutileza psicológica de hacerle saborear al pueblo las mieles del poder (legalizar saqueo) el futuro inmediato podrá decirnos si ¿serán aliados incondicionales, pueblo y Maduro? Mientras, de allà el alcance de la perversa táctica, coloca Maduro al liderazgo opositor ante la disyuntiva de despreciar a los venezolanos que hacen colas para obtener electrodomésticos a precios nunca antes tan bajos.
De igual forma, Maduro, ha demostrado como los venezolanos se entregan gozosos al consumo de la novedad, rasgo que comparten todas las clases sociales del paÃs. Siendo éste, uno de los rasgos más notables de la cultura petrolera, de la cual Maduro saca un perverso provecho polÃtico.
La dirigencia oficialista, no llega a niveles de ineptocracia. Maduro y sus cuadros de poder, no son ineptos, son genialmente perversos, capaces de reinar sobre los escombros, como sus mentores, los hermanos Castro, que llevan más de medio siglo reinando sobre las ruinas de todo un paÃs.
La sociologÃa polÃtica del crimen de Estado, está escribiendo páginas perversamente históricas en estos momentos en Venezuela.
La historia del saqueo en Venezuela, jamás ha sido selectiva socialmente hablando. Es su esencia tan democrática como vernácula.
Estamos ante la genial perversidad de un régimen carroñero, de torpe apariencia y liderazgo.
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