El pasado viernes, Francisco firmó los decretos de canonización de dos papas, Juan XXIII y Juan Pablo II. Esta noticia produjo millones de titulares que poblaron los medios de comunicación. Es curioso, sin embargo, que el mundo preste interés por semejante acontecimiento. El hecho de que la Iglesia Católica declare oficialmente que dos personas fueron ejemplos universales de vida cristiana, debería ser un tema que genere displicente indiferencia. Sobre todo para un mundo que presume tener todas las respuestas, donde la ciencia y Google dan para todo y donde la fe convencional se considera propia de un pensamiento primitivo. Y es que el mundo se ha vaciado de ovejas, y el hombre se ha convertido en pastor, pastor de sí mismo. Esta actitud de autosuficiencia e indiferencia religiosa, nos ha llevado al actual relativismo moral. Si cada hombre se siente merecedor de todo y cree tener todas las respuestas de su vida, entonces no hay autoridad, ni verdades, ni bien, ni mal. Cada quien es dueño y señor de su ilimitada libertad. Por eso todo vale y nada es suficiente para el ciudadano del siglo XXI.
Inmenso contraste que se percibe entre estas posiciones contemporáneas y el legado de estos dos nuevos santos. Hombres valientes que gastaron sus vidas en defensa de la verdad y en el servicio a los demás. Juan XXIII, por su parte, convocó el Concilio Vaticano II y, con humildad y audacia, colocó a la Iglesia a las puertas del nuevo milenio. En lugar quejas y lamentos, provocó un aggiornamento de la Iglesia cuya luz apenas comienza a vislumbrarse. Y Juan Pablo II, el gran papa de finales del siglo XX, que en el mensaje inicial de su pontificado, con voz enérgica, gritaba al mundo su consigna central: “no tengan miedo de abrirle las puertas a Cristo”. Un papa cercano y popular, pero a la vez firme y decidido en la defensa del mensaje evangélico y los valores cristianos. Dos papas que interpelaron al mundo. Dos personajes que no transaron con sus principios. Dos hombres que dieron testimonio de aquello que el mundo de hoy ridiculiza. Sin embargo, hay algo que sigue atrayendo, hay algo que hace que los medios de comunicación llenen sus páginas con esta noticia. ¿Será acaso el esplendor de la verdad?
Francisco Gámez Arcaya







