El País
Maduro en Uruguay: apoyo del Gobierno e indiferencia popular
En las calles no hubo manifestaciones de apoyo al presidente venezolano, ni expresiones masivas contra su visita
ALFONSO LESSA 8 MAY 2013 – 22:55 CET
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, se fue de Uruguay este miércoles 7 con lo que buscaba: el claro apoyo del gobierno de este país, en el marco de una estrategia que procura afianzar su legitimidad luego de las discutidas y ajustadas elecciones en las que se lo proclamó como ganador.
Maduro llegó a Montevideo el martes 6 en medio de discusiones entre el gobierno y la oposición local, el apoyo del sindicalismo y la indiferencia de la población.
Al inicio de una gira regional, Maduro trasladó a Uruguay –aunque de un modo mucho más tenue- las polémicas que lo envuelven en Venezuela.
Maduro no llegó solo a Uruguay: casi al mismo tiempo, arribó una delegación opositora que realizó en el Parlamento varias denuncias sobre las presuntas irregularidades en las elecciones venezolanas.
La oposición uruguaya, en tanto, consideró inoportuna la visita oficial de Maduro, debido a la controversia que existe respecto a su elección.
En las calles no hubo manifestaciones de apoyo a Maduro, ni expresiones masivas contra su visita: apenas unas decenas de personas golpearon cacerolas frente al hotel céntrico en el que se alojó.
Las muestras de respaldo llegaron básicamente del gobierno. El presidente José Mujica se reunió con Maduro y destacó la importancia que desde su punto de vista tiene la relación de Venezuela con Uruguay. Y la intendenta de Montevideo, la comunista Ana Olivera, le entregó las llaves de Montevideo.
La central única de trabajadores (PIT CNT) le organizó un acto en su sede central. Pero tampoco allí hubo expresiones masivas de adhesión, hecho que seguramente refleja la mirada ambigua que existe en la propia izquierda uruguaya sobre el fenómeno del chavismo, al que una parte del oficialismo observa con desconfianza. Ese sentimiento, se reforzó por varios de los gestos que Maduro asumió en su campaña electoral y el temor de que el nuevo mandatario no calce los puntos necesarios para conducir a su país en las actuales circunstancias.
Los ciudadanos uruguayos tampoco han sido particularmente entusiastas con Chávez: en 2011 una encuesta del Latinobarómetro mostraba que la población de este país otorgaba al caudillo venezolano una valoración de sólo 4.5 puntos en una escala de 1 a 10.
La desconfianza
Las relaciones históricas entre el Frente Amplio en el gobierno desde 2005 y el propio Hugo Chávez partieron de la desconfianza y supieron de altibajos.
En 1994, cuando Chávez visitó Uruguay antes de ser presidente, no fue recibido por las máximas autoridades del Frente Amplio. En aquel tiempo se le asociaba con grupos de la extrema derecha militar. De hecho el propio Chávez reconoció el diciembre de ese año en una discurso en La Habana, que en Montevideo se había reunido con miembros de Guardia de Artigas, un grupo clandestino de militares ultranacionalistas que realizó atentados contra miembros de todos los partidos políticos, incluyendo a la izquierda.
En 2002, durante el breve derrocamiento de Chávez, el líder histórico de la izquierda, el general retirado Líber Seregni, sostuvo que el golpe de Estado se había concretado contra “un gobierno de corte populista, que tomó medidas que afectaron a sectores importantes de la sociedad” venezolana. “Se tradujo primero en un enfrentamiento de Chávez con el sector empresarial. Se enfrentó con la Iglesia y con la propia potencia sindical (…) Se enfrentó con la prensa finalmente, y esto terminó cavando su sepultura política”, aseguró Seregni.
En marzo de 2007, mientras el entonces presidente Tabaré Vázquez (2000-2005) se reunía con su colega norteamericano George Bush, Chávez lideraba en Buenos Aires un acto contra esa visita al Uruguay, con apoyo del kirchnerismo, lo que generó en aquel momento gran malestar en el gobierno uruguayo.
El acercamiento
El apoyo económico que dio el fallecido presidente venezolano para la recuperación de una entidad financiera, empresas autogestionarias e instituciones de la salud durante los gobiernos del Frente Amplio; los acuerdos en materia petrolera; y el convencimiento de que Venezuela constituye un mercado relevante para Uruguay en particular en materia de productos agroalimentarios, dieron un vuelco en esas relaciones.
Vázquez impulsó el ingreso de Venezuela al MERCOSUR, al igual que el actual presidente Mujica y las relaciones bilaterales se fueron estrechando.
Mujica ha considerado que el ingreso de Venezuela al MERCOSUR podría beneficiar al Uruguay, en tanto rompería con la hegemonía de Argentina y Brasil. De hecho, los presidente Mujica y Maduro reivindicaron en Montevideo al MERCOSUR.
El ex presidente Tabaré Vázquez dijo después de reunirse con Maduro este miércoles 8, que debe ser agradecido y recordó los casi 18 millones de dólares que Chávez donó para el Hospital de Clínicas y los dos millones y medio de dólares que dio para el Instituto de Oncología. Esos son sólo dos de los ejemplos de los aportes realizados por el gobierno venezolano al Uruguay, pero también se recuerdan algunos negocios confusos de los que nunca se tuvo información clara, como la construcción de viviendas prefabricadas destinadas a Venezuela y una exportación de libros con el mismo destino.
Vázquez, de todos modos, siempre se cuidó de tomar distancia del modelo político y económico de Chávez y su sucesor Mujica, si bien acentuó el acercamiento, siempre ha referido públicamente al brasileño Lula como su modelo.
La enfermedad y posterior muerte de Chávez generaron una fuerte sensibilidad y un mayor acercamiento a Venezuela de parte del gobierno y el sindicalismo de Uruguay.
El gobierno uruguayo se ha empeñado en apoyar los esfuerzos de Maduro por legitimar su triunfo electoral y darle oxígeno para llevar adelante su gestión. Pero se sabe que el futuro, sin embargo, dependerá de la evolución política venezolana, la marcha de su deteriorada economía y la capacidad que efectivamente exhiba el nuevo mandatario para salir adelante.
Fernández brinda a Maduro un baño de masas organizado por peronistas
Una organización peronista organiza un acto masivo en un estadio de fútbol como agasajo al presidente venezolano
FRANCISCO PEREGIL Buenos Aires 8 MAY 2013 – 23:49 CET
Nicolás Maduro sabe que nunca alcanzará el carisma que tenía su antecesor, el presidente venezolano Hugo Chávez. Pero intenta seguir sus huellas para preservar los mismos aliados internacionales que apoyaron a Chávez durante 14 años. ¿Hay que afianzar, antes que nada, la “alianza estratégica con Cuba? Pues Cuba iba a ser el primer país al que viajase solo siete días después de jurar la presidencia. ¿Es preciso ahora potenciar la “petrodiplomacia” con Uruguay, Argentina y Brasil, los tres socios de Mercosur salvando la excepción del suspendido Paraguay? O sea: ¿Hay que venderles el petróleo a bajo costo para llenar de productos básicos los supermercados venezolanos? Pues se firman acuerdos, como los que se firmaron este martes en Montevideo. ¿Hay que explotar su pasado como conductor de autobuses? Pues se conduce un auto por la capital de Uruguay acompañado del presidente uruguayo, José Mujica. ¿Hay que tomar después el volante de un autobús de 12 metros y conducirlo también por las calles de la capital uruguaya? Se hace. ¿Hay que improvisar algún chiste? Se hace también, pero no es lo mismo.
El problema es que la oposición venezolana demostró que sabía desplazarse en el Cono Sur por lo menos a la misma velocidad que el autobús de Maduro. Allá donde llegaba el presidente venezolano con su cara más simpática, allá se presentaba una delegación de opositores venezolanos para hablar a diputados uruguayos y argentinos sobre “persecuciones a presos políticos”, o sobre personas expulsadas “del trabajo por razones políticas” y, sobre todo, para explicar las “irregularidades” en las elecciones del 14 de abril. Los opositores dejaron sus informes en los Congresos de Uruguay y Argentina. Y después, varios disputados uruguayos expresaron su disconformidad con que el Gobierno de José Mujica se prestase para dar “legitimidad” a Maduro. “En los países del sur son muchos los que me han dicho: ‘Eso que me cuentas pasaba igual en la dictadura”, tuiteó el opositor venezolano Leopoldo López a sus 1,3 millones de seguidores.
A primera hora de la mañana del miércoles, Maduro se reunió en Montevideo con el expresidente uruguayo Tabaré Vázquez de quien dijo: “En los ojos de Tabaré Vázquez vi a Chávez”. Después voló hacia Buenos Aires y a la una de la tarde llegó al aeropuerto de Aeroparque. Pronunció unas breves palabras en las que mencionó a “esos dos gigantes”, Hugo Chávez y Néstor Kirchner, “hijos” de los libertadores Simón Bolívar y José de San Martín, y marchó hacia la Casa Rosada al encuentro de Cristina Fernández sin atender ninguna pregunta.
Pasadas las cinco de la tarde, Maduro y Fernández comparecieron en la Casa Rosada sin permitir ninguna pregunta. “Hemos conversado bastante, primero en el despacho de la presidenta”, señaló Maduro. “Estuvimos hablando primero de recuerdos. Pero, después de la actualidad. Luego, con el espíritu de Evita, estuvimos por aquí encontrando a Evita. Son cosas como míticas, ¿verdad? Es como en el fútbol hablar de Maradona”.
-O de Messi- le apuntó la presidenta.
Maduro indicó que se habían firmado 12 acuerdos entre ambos países, con el fin de profundizar en “la ecuación Argentina-Venezuela; gas y alimento”. Reconoció que su país sufre “problemas de abastecimiento”, a consecuencia de “varios factores”. Pero solo nombró una de las causas: el supuesto “sabotaje, la antieconomía”.
En el intercambio de elogios mutuos Maduro se declaró peronista y aseguró que ve a Chávez en los ojos de los obreros uruguayos o los estudiantes argentinos que lo saludaban en las calles. Pero en las calles apenas se notó la presencia de Maduro. Ni a favor ni en contra.
Por la tarde, la organización peronista Unidos y Organizados había convocado un acto de agasajo a Maduro en el estadio de fútbol del club All Boys, con capacidad para 21.500 espectadores. Maduro llegó al estadio a las siete de la tarde, con dos horas de retraso. Habló durante 50 minutos sin decir apenas nada que no hubiera dicho antes cientos de veces con ligeras variantes: “Una derecha antiamericana” pretende destruir América. “Si alguien garantiza en Venezuela la democracia y la paz es este presidente obrero, chavista y peronista y kirchnerista”. “Chávez no se fue y la revolución bolivariana continúa su tránsito”. “En cada esquina de Buenos Aires vemos a Chávez”. Y así un minuto detrás de otro.
Una vez más quedó patente que la sombra de Chávez oscurece demasiado a Maduro. Pero los miles de militantes peronistas no iban a destemplarse por culpa de un mal orador. Tenían ganas de cantar y cantaron. Y Maduro calló por un momento y les acompañó silbando sus cánticos de siempre. No dijo nada nuevo, no firmó –que se sepa- ningún acuerdo petrolero con calado suficiente para destacarlo por encima de los otros once bilaterales. Pero consiguió algo que nunca había obtenido como presidente: las ovaciones, los aplausos, el abrazo cálido de miles de personas fuera de su país. Un buen baño de masas en tierra extranjera, por gentileza de Cristina Fernández.
El saldo de la visita de Maduro a Uruguay y Argentina, según El País
El País
Maduro en Uruguay: apoyo del Gobierno e indiferencia popular
En las calles no hubo manifestaciones de apoyo al presidente venezolano, ni expresiones masivas contra su visita
ALFONSO LESSA 8 MAY 2013 – 22:55 CET
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, se fue de Uruguay este miércoles 7 con lo que buscaba: el claro apoyo del gobierno de este país, en el marco de una estrategia que procura afianzar su legitimidad luego de las discutidas y ajustadas elecciones en las que se lo proclamó como ganador.
Maduro llegó a Montevideo el martes 6 en medio de discusiones entre el gobierno y la oposición local, el apoyo del sindicalismo y la indiferencia de la población.
Al inicio de una gira regional, Maduro trasladó a Uruguay –aunque de un modo mucho más tenue- las polémicas que lo envuelven en Venezuela.
Maduro no llegó solo a Uruguay: casi al mismo tiempo, arribó una delegación opositora que realizó en el Parlamento varias denuncias sobre las presuntas irregularidades en las elecciones venezolanas.
La oposición uruguaya, en tanto, consideró inoportuna la visita oficial de Maduro, debido a la controversia que existe respecto a su elección.
En las calles no hubo manifestaciones de apoyo a Maduro, ni expresiones masivas contra su visita: apenas unas decenas de personas golpearon cacerolas frente al hotel céntrico en el que se alojó.
Las muestras de respaldo llegaron básicamente del gobierno. El presidente José Mujica se reunió con Maduro y destacó la importancia que desde su punto de vista tiene la relación de Venezuela con Uruguay. Y la intendenta de Montevideo, la comunista Ana Olivera, le entregó las llaves de Montevideo.
La central única de trabajadores (PIT CNT) le organizó un acto en su sede central. Pero tampoco allí hubo expresiones masivas de adhesión, hecho que seguramente refleja la mirada ambigua que existe en la propia izquierda uruguaya sobre el fenómeno del chavismo, al que una parte del oficialismo observa con desconfianza. Ese sentimiento, se reforzó por varios de los gestos que Maduro asumió en su campaña electoral y el temor de que el nuevo mandatario no calce los puntos necesarios para conducir a su país en las actuales circunstancias.
Los ciudadanos uruguayos tampoco han sido particularmente entusiastas con Chávez: en 2011 una encuesta del Latinobarómetro mostraba que la población de este país otorgaba al caudillo venezolano una valoración de sólo 4.5 puntos en una escala de 1 a 10.
La desconfianza
Las relaciones históricas entre el Frente Amplio en el gobierno desde 2005 y el propio Hugo Chávez partieron de la desconfianza y supieron de altibajos.
En 1994, cuando Chávez visitó Uruguay antes de ser presidente, no fue recibido por las máximas autoridades del Frente Amplio. En aquel tiempo se le asociaba con grupos de la extrema derecha militar. De hecho el propio Chávez reconoció el diciembre de ese año en una discurso en La Habana, que en Montevideo se había reunido con miembros de Guardia de Artigas, un grupo clandestino de militares ultranacionalistas que realizó atentados contra miembros de todos los partidos políticos, incluyendo a la izquierda.
En 2002, durante el breve derrocamiento de Chávez, el líder histórico de la izquierda, el general retirado Líber Seregni, sostuvo que el golpe de Estado se había concretado contra “un gobierno de corte populista, que tomó medidas que afectaron a sectores importantes de la sociedad” venezolana. “Se tradujo primero en un enfrentamiento de Chávez con el sector empresarial. Se enfrentó con la Iglesia y con la propia potencia sindical (…) Se enfrentó con la prensa finalmente, y esto terminó cavando su sepultura política”, aseguró Seregni.
En marzo de 2007, mientras el entonces presidente Tabaré Vázquez (2000-2005) se reunía con su colega norteamericano George Bush, Chávez lideraba en Buenos Aires un acto contra esa visita al Uruguay, con apoyo del kirchnerismo, lo que generó en aquel momento gran malestar en el gobierno uruguayo.
El acercamiento
El apoyo económico que dio el fallecido presidente venezolano para la recuperación de una entidad financiera, empresas autogestionarias e instituciones de la salud durante los gobiernos del Frente Amplio; los acuerdos en materia petrolera; y el convencimiento de que Venezuela constituye un mercado relevante para Uruguay en particular en materia de productos agroalimentarios, dieron un vuelco en esas relaciones.
Vázquez impulsó el ingreso de Venezuela al MERCOSUR, al igual que el actual presidente Mujica y las relaciones bilaterales se fueron estrechando.
Mujica ha considerado que el ingreso de Venezuela al MERCOSUR podría beneficiar al Uruguay, en tanto rompería con la hegemonía de Argentina y Brasil. De hecho, los presidente Mujica y Maduro reivindicaron en Montevideo al MERCOSUR.
El ex presidente Tabaré Vázquez dijo después de reunirse con Maduro este miércoles 8, que debe ser agradecido y recordó los casi 18 millones de dólares que Chávez donó para el Hospital de Clínicas y los dos millones y medio de dólares que dio para el Instituto de Oncología. Esos son sólo dos de los ejemplos de los aportes realizados por el gobierno venezolano al Uruguay, pero también se recuerdan algunos negocios confusos de los que nunca se tuvo información clara, como la construcción de viviendas prefabricadas destinadas a Venezuela y una exportación de libros con el mismo destino.
Vázquez, de todos modos, siempre se cuidó de tomar distancia del modelo político y económico de Chávez y su sucesor Mujica, si bien acentuó el acercamiento, siempre ha referido públicamente al brasileño Lula como su modelo.
La enfermedad y posterior muerte de Chávez generaron una fuerte sensibilidad y un mayor acercamiento a Venezuela de parte del gobierno y el sindicalismo de Uruguay.
El gobierno uruguayo se ha empeñado en apoyar los esfuerzos de Maduro por legitimar su triunfo electoral y darle oxígeno para llevar adelante su gestión. Pero se sabe que el futuro, sin embargo, dependerá de la evolución política venezolana, la marcha de su deteriorada economía y la capacidad que efectivamente exhiba el nuevo mandatario para salir adelante.
Fernández brinda a Maduro un baño de masas organizado por peronistas
Una organización peronista organiza un acto masivo en un estadio de fútbol como agasajo al presidente venezolano
FRANCISCO PEREGIL Buenos Aires 8 MAY 2013 – 23:49 CET
Nicolás Maduro sabe que nunca alcanzará el carisma que tenía su antecesor, el presidente venezolano Hugo Chávez. Pero intenta seguir sus huellas para preservar los mismos aliados internacionales que apoyaron a Chávez durante 14 años. ¿Hay que afianzar, antes que nada, la “alianza estratégica con Cuba? Pues Cuba iba a ser el primer país al que viajase solo siete días después de jurar la presidencia. ¿Es preciso ahora potenciar la “petrodiplomacia” con Uruguay, Argentina y Brasil, los tres socios de Mercosur salvando la excepción del suspendido Paraguay? O sea: ¿Hay que venderles el petróleo a bajo costo para llenar de productos básicos los supermercados venezolanos? Pues se firman acuerdos, como los que se firmaron este martes en Montevideo. ¿Hay que explotar su pasado como conductor de autobuses? Pues se conduce un auto por la capital de Uruguay acompañado del presidente uruguayo, José Mujica. ¿Hay que tomar después el volante de un autobús de 12 metros y conducirlo también por las calles de la capital uruguaya? Se hace. ¿Hay que improvisar algún chiste? Se hace también, pero no es lo mismo.
El problema es que la oposición venezolana demostró que sabía desplazarse en el Cono Sur por lo menos a la misma velocidad que el autobús de Maduro. Allá donde llegaba el presidente venezolano con su cara más simpática, allá se presentaba una delegación de opositores venezolanos para hablar a diputados uruguayos y argentinos sobre “persecuciones a presos políticos”, o sobre personas expulsadas “del trabajo por razones políticas” y, sobre todo, para explicar las “irregularidades” en las elecciones del 14 de abril. Los opositores dejaron sus informes en los Congresos de Uruguay y Argentina. Y después, varios disputados uruguayos expresaron su disconformidad con que el Gobierno de José Mujica se prestase para dar “legitimidad” a Maduro. “En los países del sur son muchos los que me han dicho: ‘Eso que me cuentas pasaba igual en la dictadura”, tuiteó el opositor venezolano Leopoldo López a sus 1,3 millones de seguidores.
A primera hora de la mañana del miércoles, Maduro se reunió en Montevideo con el expresidente uruguayo Tabaré Vázquez de quien dijo: “En los ojos de Tabaré Vázquez vi a Chávez”. Después voló hacia Buenos Aires y a la una de la tarde llegó al aeropuerto de Aeroparque. Pronunció unas breves palabras en las que mencionó a “esos dos gigantes”, Hugo Chávez y Néstor Kirchner, “hijos” de los libertadores Simón Bolívar y José de San Martín, y marchó hacia la Casa Rosada al encuentro de Cristina Fernández sin atender ninguna pregunta.
Pasadas las cinco de la tarde, Maduro y Fernández comparecieron en la Casa Rosada sin permitir ninguna pregunta. “Hemos conversado bastante, primero en el despacho de la presidenta”, señaló Maduro. “Estuvimos hablando primero de recuerdos. Pero, después de la actualidad. Luego, con el espíritu de Evita, estuvimos por aquí encontrando a Evita. Son cosas como míticas, ¿verdad? Es como en el fútbol hablar de Maradona”.
-O de Messi- le apuntó la presidenta.
Maduro indicó que se habían firmado 12 acuerdos entre ambos países, con el fin de profundizar en “la ecuación Argentina-Venezuela; gas y alimento”. Reconoció que su país sufre “problemas de abastecimiento”, a consecuencia de “varios factores”. Pero solo nombró una de las causas: el supuesto “sabotaje, la antieconomía”.
En el intercambio de elogios mutuos Maduro se declaró peronista y aseguró que ve a Chávez en los ojos de los obreros uruguayos o los estudiantes argentinos que lo saludaban en las calles. Pero en las calles apenas se notó la presencia de Maduro. Ni a favor ni en contra.
Por la tarde, la organización peronista Unidos y Organizados había convocado un acto de agasajo a Maduro en el estadio de fútbol del club All Boys, con capacidad para 21.500 espectadores. Maduro llegó al estadio a las siete de la tarde, con dos horas de retraso. Habló durante 50 minutos sin decir apenas nada que no hubiera dicho antes cientos de veces con ligeras variantes: “Una derecha antiamericana” pretende destruir América. “Si alguien garantiza en Venezuela la democracia y la paz es este presidente obrero, chavista y peronista y kirchnerista”. “Chávez no se fue y la revolución bolivariana continúa su tránsito”. “En cada esquina de Buenos Aires vemos a Chávez”. Y así un minuto detrás de otro.
Una vez más quedó patente que la sombra de Chávez oscurece demasiado a Maduro. Pero los miles de militantes peronistas no iban a destemplarse por culpa de un mal orador. Tenían ganas de cantar y cantaron. Y Maduro calló por un momento y les acompañó silbando sus cánticos de siempre. No dijo nada nuevo, no firmó –que se sepa- ningún acuerdo petrolero con calado suficiente para destacarlo por encima de los otros once bilaterales. Pero consiguió algo que nunca había obtenido como presidente: las ovaciones, los aplausos, el abrazo cálido de miles de personas fuera de su país. Un buen baño de masas en tierra extranjera, por gentileza de Cristina Fernández.







