En medio de anuncios y la discusión de una ley que apunta a recuperar el Sistema Eléctrico Nacional de Venezuela, las fallas de este servicio esencial continúan y contribuyen al desgaste de la población. “Se va la luz y se va el agua también, todo se atrasa. Tenemos que hacer todo siempre pensando que se va la luz. No es vida”, dice un habitante de la parroquia Catedral, en el municipio Iribarren del estado Lara, sobre cómo le afectan los recurrentes cortes de electricidad en su zona.
Un monitoreo realizado por Runrun.es, entre el 8 y el 15 de octubre pasado, pidió a nueve personas en nueve parroquias en los estados Barinas, Falcón, Miranda, Monagas, Lara, Sucre y Zulia que reportaran a diario si se había cortado la electricidad ese día. Eso generó 72 reportes, uno por hogar y por día.
En el 47 de los 72 reportes obtenidos, la respuesta es que sí se les había ido la luz (65 %). Sin embargo, tomando en cuenta que hubo reportes donde indicaron que la luz se fue más de una vez en un mismo día, se contabilizaron en total 68 interrupciones del servicio eléctrico en esa semana.
Cada participante llenó al final del día un formulario de Google con cinco preguntas: si se fue la luz, cuántas veces, cuánto tiempo en total, si hubo bajones fuertes de voltaje, y una pregunta abierta sobre cómo le afectó la situación.
Participaron vecinos de las parroquias Catedral y Concepción (municipio Iribarren, estado Lara), El Carmen (municipio Barinas, estado Barinas), Francisco Eugenio Bustamante (municipio Maracaibo, estado Zulia), San Antonio (municipio Miranda, estado Falcón), San Antonio de los Altos (municipio Los Salias, estado Miranda), la parroquia Altagracia (municipio Sucre, estado Sucre), Santa Catalina (municipio Bermúdez, estado Sucre) y Santa Cruz (municipio Maturín, estado Monagas). Los datos muestran lo que vivió cada hogar que contribuyó al monitoreo, no toda la parroquia. Un vecino de otra calle, conectado a otro circuito, pudo tener un día distinto. La duración la estimó cada persona en rangos (“más de cinco horas”, por ejemplo), no con un medidor.
Entre promesas y años de cortes
El monitoreo arrancó nueve días después de un anuncio oficial. El 29 de septiembre pasado el ministro de Energía Eléctrica, Rolando Alcalá, y el presidente de Corpoelec, Juan Crisóstomo Fernández, prometieron sumar 1.300 megavatios al Sistema Eléctrico Nacional (SEN) antes de que termine el año: 600 con la unidad 6 de Planta Centro y más de 500 con siete unidades en Zulia. Atribuyeron las fallas a los terremotos de junio, al calor, a las sanciones y a un repunte de la actividad económica.
Especialistas en el área, sin embargo, se mostraron escépticos. El ingeniero civil Roberto Vernet opinó que la cifra anunciada no podría cubrir las graves deficiencias del SEN y que, de concretarse lo anunciado, el incremento neto real sería de apenas 100 megavatios, porque habría que descontar de allí los 1200 megavatios que se perdieron tras la falla en la turbina 17 de la Central Hidroeléctrica del Guri el 30 de agosto pasado.
En el país, desde que ocurrió el mega apagón nacional en marzo de 2019 los cortes eléctricos empeoraron. Los hogares con cortes diarios pasaron de 37,1 % en 2024 a 62,8 % en 2026, y solo 6,9 % tiene servicio continuo, según un reporte de la firma consultora Anova. Medios como El Pitazo han contabilizado al menos 19 muertes asociadas a fallas eléctricas en lo que va de 2026.
Un corte al día, pero largo
En los ocho días que duró el monitoreo, los nueve encuestados registraron 47 cortes del servicio eléctrico. Lo más común fue que ocurriera un solo corte por jornada, y el promedio quedó en 1,4 cortes diarios. La cifra parece baja hasta que se mira la duración: de cada 10 veces que un hogar se quedó sin luz, en 6 estuvo más de cinco horas sin servicio.
En las parroquias Catedral y Concepción, en el municipio Iribarren (Lara), cada corte registrado duró más de cinco. En la parroquia Altagracia (Sucre), la luz se fue durante cuatro días, y en tres de ellos el corte superó las seis horas.
El Carmen (en Barinas) fue la única parroquia que registró cortes durante los ocho días, y en cinco casos el servicio faltó ocho horas. En el otro extremo del país, en San Antonio de los Altos (Miranda) la luz se fue en tres de los ocho días, la cifra más baja del monitoreo.
El viernes 9 y el jueves 15 fueron las fechas con más parroquias afectadas por la interrupción del servicio eléctrico: ocho de nueve. El domingo 11 en la parroquia San Antonio (Falcón) se reportó que hubo seis cortes de electricidad y en la parroquia Francisco Eugenio Bustamante (Zulia) hubo cuatro apagones en una misma jornada.
Sin agua, sin luz y sin descanso
Los testimonios recabados en este instrumento presentan patrones. La muestra de personas afectadas recordaron que sin electricidad no funcionan las bombas, y eso afecta la disponibilidad de agua. Cuando los cortes son en horas de la noche, hay zonas donde el calor es tan intenso que les impide dormir, porque no pueden usar ventiladores o aire acondicionado.
Otros contaron que muchas veces el trabajo queda a medias y los estudiantes se retrasan en sus tareas escolares. La comida a veces se daña por la ruptura de la cadena de frío y los equipos electrónicos sufren con los bajones de voltaje, de los cuáles se reportaron en 14 de los 47 reportes con cortes. Debajo de todo está la incertidumbre: como no hay horario de eso que algunos llaman “racionamiento”, no se puede planificar el día.
“Me afecta en cansancio diario porque casi todos los días se va (la electricidad) en la noche y se extiende hasta la madrugada. Se me ha desarrollado una irritabilidad, y por supuesto en la comunidad está afectando por el nivel de producción económica, el trabajo cada día se aminora”, advirtió una persona que vive en la parroquia El Carmen, municipio Barinas del estado Barinas.
En la parroquia Santa Catalina, municipio Bermúdez del estado Sucre, el 12 de octubre se reportó que la comunidad tuvo que pagar parte del material para reparar un transformador que se dañó; de lo contrario, la reparación se habría alargado varios días. “No hay un cronograma de cuándo o cuánto tiempo se estará sin servicio para tomar previsiones”, se lee en el reporte.
En la parroquia Francisco Eugenio Bustamante, en Maracaibo (Zulia), un vecino del residente volvió a casa el 12 de octubre tras una cirugía y pasó cinco horas sin luz “con calor y dolor”.
Una persona que teletrabaja reportó su situación desde Maturín (Monagas): su UPS sostiene el internet durante el corte, pero no el teléfono ni la laptop. La participante que vive en la parroquia Altagracia de Cumaná (Sucre) dijo que el corte del 9 de octubre redujo su jornada laboral de ocho a tres horas. En San Antonio, en Coro (Falcón), cada corte significa quedarse sin internet e “incomunicado”. En Barquisimeto (Lara), los testimonios se volvieron más cortos y más duros con los días: “es una tortura”, “deprimente”, “estoy mal psicológicamente”.
Al menos 531 protestas para exigir un servicio eléctrico constante se registraron en el país durante septiembre, de acuerdo con el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS). La cifra representa el 48,72 % de las manifestaciones cívicas que monitorearon en el territorio el mes pasado (1.101).
Este jueves, 22 de octubre, está prevista la segunda discusión del Proyecto de Ley Orgánica de Reforma Parcial de la Ley Orgánica del Sistema y Servicio Eléctrico.
A principios de junio, cuando se aprobó el proyecto en primera discusión, el diputado por el PSUV Orlando Miranda dijo que la propuesta busca fortalecer la protección del sistema, garantizar el mantenimiento de la infraestructura y la optimización del servicio. Añadió que, además, se prevé abrir las puertas a un sistema eléctrico “moderno, mixto, autosustentable y responsable”.






