A Karelis Bárcenas la detuvieron junto a su esposo, el teniente retirado del Ejército Víctor Daniel Parra, el pasado 4 de mayo de 2021 en Ciudad Caribia, complejo residencial ubicado entre Caracas y el litoral central.
Ese día marcó un antes y un después en su familia. A Parra lo estaban buscando por el caso Gedeón, una supuesta fallida incursión marítima en las costas de La Guaira ocurrida en mayo de 2020.
La operación denominada Gedeón dejó un saldo de ocho personas fallecidas en los enfrentamientos de Macuto y decenas de detenidos. Entre los capturados destacaron dos ciudadanos estadounidenses, ex militares y empleados de Silvercorp, Luke Denman y Airan Berry, quienes fueron condenados a 20 años de prisión y posteriormente liberados a finales de 2023 en un canje de prisioneros con Estados Unidos.
Además de los dos ciudadanos estadounidenses, fueron excarcelados Leonardo Chirinos, Justo Pastor Daza, Alejandro Torres, Cosme Alcala, Juan Fredd Acosta, Juan Torre y Yolimar Alemán.
De acuerdo con ONG Foro Penal, más de 50 personas vinculadas al expediente Gedeón siguen cumpliendo penas privativas de libertad, bajo denuncias constantes de retardos procesales, tratos inhumanos y falta de atención médica.
Bárcenas relató que el día que la aprehendieron junto a su marido, una comisión integrada por agentes de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) y del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) llegaron a su casa sin orden de detención alguna y cometieron cualquier clase de abusos.
“A una sobrina de Víctor que les abrió la puerta la empujaron, a pesar de tener a una bebé de entonces 8 meses en brazos. A cada uno nos encerraron en cuartos separados. A mi me lanzaron al piso, me arrodillaron y me golpearon pese a estar embarazada. Yo escuchaba los gritos de Víctor y de mi hijo de 12 años en otras habitaciones”, dijo Karelis.
Bárcenas indicó que los funcionarios destrozaron hasta la poceta.
“A Víctor se lo llevaron primero, no sin antes golpearlo. Mi hijo empezó a gritar cuando me estaban sacando de la casa y una funcionaria le dijo: ‘Cállate, que pareces una mariquita dando gritos’. Le dijeron que si no se callaba me iban a lanzar por la ventana. Nosotros vivíamos en un quinto piso”, aseguró Karelys.
Bárcenas añadió que antes de meterla en la maletera de un carro para llevarla a la sede de la Dgcim en Boleita, le pusieron una carpeta en la cabeza y la forraron con adhesivo. “En ese momento me dieron un golpe y eso me desorientó”.
Relató que estando en la sede de inteligencia militar le quitaron la carpeta de la cabeza y le vendaron los ojos.
“Me llevaron a una oficina y me dijeron que estaba ahí por complicidad con el caso Gedeón, les dije que eso no era posible porque mi esposo se retiró en 2018. Me tuvieron en varios lugares, a los que llaman La Nevera, La Pecera y La Silla de Pelos”, precisó.
En esos espacios, Bárcenas menciona haber sido víctima de torturas: le pusieron electricidad en los senos y la acostaron sobre una alfombra mojada. Su esposo sufrió también fue objeto de tratos crueles: “Le desprendieron las uñas, lo quemaron con colillas de cigarros, también le pusieron corriente; a los presos los enrollan en una colchoneta y los golpean con bates, además de colgarlos por periodos prolongados”, dijo Karelis entre lágrimas.
Pérdida irreparable
Uno de los peores momentos de ese proceso lo experimentó sentada sobre lo que llaman “La Silla de Pelos”, hecha de madera con clavos en el asiento, respaldo y apoyabrazos. Un objeto del repertorio de torturas. Allí, comenzó con un sangrado vaginal.
“No prestaron atención a eso, yo no tenía toallas sanitarias, primero use una media, luego otra y tenía un sweater que lo fui rompiendo lentamente”, dijo.
Ante la gravedad del asunto la subieron a un piso del Dgcim donde funciona una enfermería.
“Me desmayé y cuando volví en sí, una enfermera me dijo que yo era joven y que podía tener otro hijo, le dije que ni teniendo 10 iba a reemplazar al que acababa de perder, sentí mucha impotencia y rabia”; recordó.
Y cuando le comunicaron a su esposo lo que había sucedido alteraron la versión: para quebrarlo emocionalmente, le dijeron que había abortado a consecuencia de una violación.
“Se lo dijeron para torturarlo psicológicamente y además le ofrecieron que si se declaraba culpable de los cargos de asociación para delinquir, terrorismo, traición a la patria, porte ilícito de armas de guerra y conspiración con países extranjeros, a mí me iban a dejar en libertad, lo cual fue mentira”.
Después de ser torturada, a Karelys la llevaron al hospital Domingo Luciani en El Llanito, donde la hicieron firmar un acta que hacía constar que se encontraba en buen estado físico.
“Yo tenía morados en el cuerpo y la cara hinchada, la persona que me obligó a firmar el documento ni siquiera pudo levantar la mirada, no pudo verme a los ojos”, dijo.
Posterior a este procedimiento, la llevaron a tribunales a las 6 de la tarde y la presentaron frente al juez cinco horas después: “Siempre estuve esposada, me mostraron una foto donde Víctor y yo salimos con un lazo negro y me dijeron que mi familia creía que estabamos muertos. Había una ventana grande en el tribunal y pensé en tirarme, dos días antes de eso había perdido a mi bebé con tres meses de gestación”.
Otra pesadilla
Tanto la mujer como el teniente retirado estuvieron en desaparición forzada por 21 días y dieron con ellos porque su madre y suegra acudieron a instancias nacionales e internacionales exigiendo una fe de vida.
Karelis expresó que en vez de concederle libertad como le habían prometido a su esposo, la trasladaron de la sede de la Dgcim al Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF).
“Y eso porque a la Dgcim fue una comisión de la Embajada de España para auxiliar a María Auxiliadora Delgado Tabosky, quien tiene doble nacionalidad. A partir de ahí nos empezaron a trasladar, éramos más de treinta mujeres, fuimos saliendo de diez en diez, yo me fui en el último lote”, reveló.
Al llegar al INOF la llevaron a un área denominada de resguardo o adaptación en donde no había poceta, solo un hueco donde tenían que hacer sus necesidades. Tampoco había agua y comida. Las presas no pueden comunicarse con la familia y solo había una colchoneta para compartir con otras reclusas.
La alimentación era escasa y también precaria: “ Lo que te dan de comer es agua de frijoles chinos con topocho verde sancochado sin sal”.
Bárcenas sentenció que cinco meses después de su detención llegó una boleta de excarcelación con el otorgamiento de una medida cautelar, donde decía que había sido aprehendida por la Dgcim en Plaza Venezuela por el tráfico de 54 gramos de marihuana.
“Algo absolutamente absurdo, yo al principio me negué a firmar eso porque es mentira, a mí me secuestraron junto a mi esposo, al final tuve que acceder por presiones, pero todos sabían que eso no era así”, destacó.
Fue en diciembre de 2021 cuando Karelis pudo finalmente ver a su esposo en el Rodeo I.
“Ya lo habían trasladado del Sebin en El Helicoide. En el Rodeo te revisan todo, te hacen subir la blusa, bajar los pantalones, te ponen una capucha hasta que llegas al sitio donde haces la visita a través de un vidrio. Lo primero que hizo fue preguntarme en varias oportunidades si me habían violado, yo le dije que me torturaron, pero no abusaron sexualmente de mí”, describe.
Al igual que el resto de los familiares de los presos políticos, después del anuncio del presidente de la Asamblea Nacional controlada por el chavismo, Jorge Rodríguez, sobre la supuesta excarcelación de una “cifra importante” de presos políticos tras la captura de Nicolás Maduro, Karelys se apostó en las puertas del Rodeo I a la espera de la salida de su esposo. Pero ya son nueve meses de esa promesa y Víctor Daniel Parra sigue preso.
“Yo metí la solicitud de Amnistía, pero nunca me dieron respuesta. Por si fuera poco, Víctor no tenía registro en el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), solo en el Tribunal Cuarto de Control de Terrorismo”, detalló.
Para sorpresa de Karelis, tampoco puede solicitar un amparo para su esposo porque en el expediente aparece como fallecido en el marco de la operación Gedeón.
“Dicen que fue muerto en La Guaira y lo peor es que hubo un cuerpo al que identificaron como Víctor, eso lo he planteado en la Defensoría del Pueblo, Ministerio Público y en el Servicio Penitenciario y han hecho caso omiso”, denunció.
Aunque no sabe cómo va a pagarlo, Karelis solicitó los servicios de un abogado privado porque argumenta que la ONG Foro Penal no le ha brindado el apoyo requerido.
“¿Cómo es posible que el juez que llevó la causa de mi esposo sea José Mascimino Márquez, el mismo que está preso por delitos de corrupción?”, expresó Barcenas.
La ex presa política denunció que su esposo ya tiene seis años detenido y no se avizora un panorama claro en torno a su caso. Clamó porque los organismos competentes se aboquen a apoyarla.
“No había dado a conocer el caso porque me tenían bajo amenazas y me he tenido que mudar tres veces, todavía me tengo que seguir presentando en tribunales”, dijo.
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