De los mismos creadores de secar la ropa guindándola detrás de la nevera, de aprobar la compra del supermercado con un uñazo en la factura, del manos libres hecho con el celular metido en el casco de la moto, de guindar bolsas de agua para espantar a las moscas y de los baños que se bajan con cuerdita, llega para ustedes… ¡lo que me pasó yendo a la natación en Bogotá!
Porque el otro día llego a la piscina y me encuentro con que debía pagar la sesión metiendo billetes en una máquina. Lo cual era perfecto, porque yo traía un billete nuevecito del banco.
Entonces meto el billete y la máquina me lo devuelve. Lo vuelvo a meter y me lo rebota otra vez. A lo que llega un asesor para ayudarme y el billete lo dejó en ridículo, pues la máquina se lo siguió devolviendo como por cinco minutos más.
Fue cuando se nos acercó otro asesor y dijo: “Así no es”. Entonces agarró el billete, lo arrugó como si estuviese estripando una esponja sucia, lo machacó cual diente de ajo, lo dejó más arrugado que ropa de borracho, lo metió y la máquina lo aceptó.
Seguro la máquina tenía tanto tiempo sin ver un billete nuevo, que pensó: “Es falso”. Además, se le nota que es una máquina del pueblo, que le gustan billetes manoseados por un heladero, que hayan sobrevivido a una lavadora o que hayan estado en el bikini de un estríper.
¡Al fin un negocio que acepta billetes rotos y arrugados!
Y después de hacer el pago, fui al vestidor, metí mis cosas en un casillero, lo cerré con candado y al voltear al de al lado, me doy cuenta de que no lo habían trancado con candado. La persona en cambio metió una media por los huequitos hechos para el arco del candado y la amarró.
¡Eso sí es un sistema de seguridad! Mientras ahora usan tecnología biométrica para abrir puertas con la huella dactilar o el iris, aquí en Colombia trancan un casillero con una media y espantan a los ladrones con el sistema “Pecuecaizer 3000”.
Tecnología que además abre el panorama a toda una nueva gama de candados artesanales, como dreadlocks de rastafari, hilos dentales sucios (de los que se pasan por los dientes o de los que se quitan con los dientes) o un condón.
Definitivamente tenía razón Gabriel García Márquez: Colombia tiene realismo mágico. Una filosofía en donde las cosas funcionan mejor si las haces peor. Ahora existe una máquina de billetes sin inteligencia artificial sino inteligencia social, medias que no solo sirven para pies o para emergencias intestinales y fabricantes de candados que demandarán a los de medias por competencia desleal.
Ya mismo busco en mi casa las medias sin par que tenga para usarlas de candado en las maletas y, al terminar, pondré mi plata a valer. La lavaré.
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