“Eso es un mareo cada vez que usamos gasolina para lavarnos el cuerpo y la ropa. Antes nos tomábamos un vaso de leche para evitar los mareos, pero hace rato que no sabemos nada de qué es leche”. Las palabras son de un pescador del Lago de Maracaibo que sintetiza, en esas frases, cómo los derrames petroleros dejan contaminación y pobreza en su zona.
El testimonio está dentro del informe “Derrames petroleros y derechos humanos en el Lago de Maracaibo: la visión de las comunidades pesqueras”, elaborado por la organización no gubernamental Clima21, en el que se expone cómo las fugas de hidrocarburos en el lago “constituyen una crisis socioambiental prolongada que afecta directamente los derechos humanos de las poblaciones que dependen de ese ecosistema para su subsistencia”.
Para el estudio se hicieron 50 encuestas y entrevistas a pescadores y pescadoras de diez comunidades de los municipios Maracaibo, San Francisco, Cabimas, Lagunillas y Valmore Rodríguez, durante el primer semestre de 2026.
Uno de los hallazgos es que 94 % de las personas consultadas afirmó haber sufrido una disminución de sus ingresos como consecuencia directa de los derrames. Además, los entrevistados asociaron la contaminación con problemas de salud y dificultades para garantizar la alimentación.
Runrun.es ha resumido este documento en estas siete claves:
1. Pescar para subsistir
El 88 % de los encuestados indicó que, para ellos, la actividad pesquera es su medio de subsistencia y el que aporta seguridad alimentaria para sus familias. Para casi la mitad de ellos (49 %), su principal preocupación es el bajo ingreso económico que se obtiene de esta actividad. Más de una cuarta parte de quienes respondieron al estudio (27 %) indicó que le angustian los derrames petroleros. La mayoría respondió que participa en más de una de las actividades que genera la pesca. 88 % trabaja directamente en la pesca o extracción de los recursos del Lago de Maracaibo, mientras que 44 % lo hace en actividades de preembarque. Otras personas también señalaron que laboraban en la descarga de la pesca (38 %); limpieza, empaque y refrigeración (40 %); y distribución y comercialización (40 %).
2. Los derrames son “un peligro”
Para 38 % de los encuestados, los derrames son “sucesos que ocurren en períodos entre 6 meses y un año. Sin embargo, 30% considera que son contingencias muy frecuentes que ocurren al menos una vez a la semana
“Este resultado parece reflejar diferencias de percepción sobre lo que es un derrame que puede incluir o no las filtraciones continuas que suceden en el Lago de Maracaibo o también puede depender de la cercanía de las comunidades y sus zonas de pesca con las zonas de mayor actividad de extracción petrolera”, apunta el informe de Clima21.
Lo que sí es casi unánime es que los pescadores se sienten expuestos ante estos eventos. 90 % de los entrevistados dijo que los derrames son un peligro “muy grande para ellos y su actividad”.
Señalaron que las especies pesqueras más afectadas por los derrames son: curvina y lisa (88 %), camarones (80 %), robalo y mero (54 %).
Los encuestados también apuntaron que las características más comunes de los derrames son: olor fuerte y desagradable (100 %), animales cubiertos de petróleo (94 %), peces muertos o con malformaciones (86 %), manchas espesas en el agua (78 %).
3. Pesca obstaculizada, daños a la salud y a la alimentación
El 94 % de los encuestados expresó que han sufrido disminución de sus ingresos familiares debido a los derrames petroleros.
De acuerdo con el estudio, los efectos más experimentados entre los habitantes de las comunidades pesqueras están relacionados con el daño u obstaculización a la actividad pesquera, incluyendo el deterioro de las embarcaciones, la acumulación de petróleo en las zonas de embarque y desembarque, la disminución de la pesca y la acumulación de petróleo en las costas. Cada una de estas consecuencias fue marcada por más de 80 % de los encuestados.
Los participantes también apuntaron los impactos de los derrames sobre la salud (62 %), alimentación (50 %) y calidad de vida de la comunidad (46 %).
4. Ingresos en el piso por los derrames
Según Clima21, las comunidades perciben que los derrames deterioraron sus ingresos. El 60 % indicó que esta disminución está entre 51 % y 75 %, mientras que un 16 % expresó que la reducción va de 76 % hasta 100 %.
Además, 78 % de los entrevistados disminuyó su consumo de alimentos proveniente de la pesca debido a la contaminación. Mientras, 82 % afirmó que sufría problemas respiratorios, 76 % registró que hay enfermedades en recién nacidos o lactantes. Sin embargo, 40 % dijo no haber tenido inconvenientes de salud derivados de estos eventos.
Los efectos alcanzan también las pertenencias de los pescadores. El 68 % manifestó que su vivienda o enseres domésticos han sido afectados por los derrames, ya que las tormentas empujan restos hacia el interior de las casas y dejan pisos o paredes impregnadas de petróleo.
5. Un Estado ausente ante las fugas
Las comunidades pesqueras perciben, de forma prácticamente unánime, que los mecanismos para prevenir y atender las fugas son insuficientes y que el Estado está ausente.
Esto demuestra “las graves limitaciones del Estado venezolano para cumplir con sus obligaciones de proteger a las personas frente a los impactos ocasionados por terceros”, reza el informe.
“De acuerdo con los Principios Rectores sobre las Empresas y los Derechos Humanos, las empresas tienen la responsabilidad de identificar, prevenir, mitigar y rendir cuentas sobre los impactos adversos que sus actividades generan o contribuyen a generar”, recalca el documento.
6. Una crisis que afecta a niños, niñas y adolescentes
El estudio detectó que los efectos de la degradación ambiental del Lago por los derrames petroleros pone en situación de alta vulnerabilidad a niños, niñas y adolescentes que son hijos de los pescadores.
“Esta población recibe un impacto severo debido al aumento de la pobreza de sus familias”, motivado a la disminución del ingreso familiar por la baja productividad pesquera. Esta misma razón puede afectar su educación y seguridad alimentaria. De paso, el deterioro ambiental los expone a efectos directos de la contaminación petrolera como el daño a la salud de sus padres.
7. Prevenir, investigar, reparar y escuchar
Entre las recomendaciones que Clima21 da al Estado venezolano para revertir la grave situación de los derrames petroleros en el Lago de Maracaibo, está prevenir y controlar estos eventos a través de un plan, ajustado a estándares internacionales, que permita la actuación rápida para proteger el ambiente y los derechos humanos.
La organización también pide la realización de “investigaciones independientes y transparentes”, de forma periódica y con resultados accesibles al público, sobre los impactos de los derrames, así como las evaluaciones ambientales y epidemiológicas.
Otra de las solicitudes es la aplicación de mecanismos de reparación integral a las comunidades afectadas por las fugas de hidrocarburos, “incluyendo medidas de restitución, indemnización, rehabilitación, restauración ambiental y garantías de no repetición, de conformidad con los estándares internacionales de derechos humanos”.
Además, advierte que las comunidades pesqueras afectadas deben tener una participación efectiva en la prevención y respuesta a estos eventos, así como un papel en la toma de decisiones relacionadas con la gestión del Lago de Maracaibo.
Por último, Clima 21 recomienda el fortalecimiento del marco regulatorio y la supervisión y fiscalización de las actividades petroleras para que se exija a las empresas garantizar el respeto a los derechos fundamentales y al ambiente.






