Mantener abierto un comercio en medio de apagones cada vez más frecuentes supone mucho más que esperar a que regrese la electricidad. Para quienes no cuentan con una planta, una interrupción puede paralizar los puntos de venta, afectar la conservación de alimentos y medicinas, alterar los horarios de trabajo y aumentar los gastos operativos. En ciudades como Maracaibo, donde 96 % de los empresarios consultados reportó afectaciones por racionamientos que superan las 15 horas semanales, el problema ya forma parte de la rutina comercial.
Planificar a oscuras
La falta de previsión se ha convertido en uno de los principales obstáculos para los comerciantes. Consecomercio exigió el pasado 12 de agosto la publicación de un cronograma de racionamiento eléctrico “claro, público y sectorizado” para todo el país, luego del incremento de los cortes y del plan de ahorro energético anunciado por Delcy Rodríguez.
El gremio empresarial advirtió que la ausencia de un calendario dificulta organizar las jornadas y genera un impacto que trasciende las horas sin servicio. “La falta de un calendario de cortes y la limitada capacidad de autogeneración provocan un impacto crítico que complejiza la actividad”, señaló Consecomercio.
La planificación resulta especialmente importante para los pequeños comercios, que no tienen las mismas posibilidades de respuesta que las grandes cadenas. Según las estimaciones de Consecomercio, los establecimientos de mayor tamaño que cuentan con plantas eléctricas atienden aproximadamente a 30 % de la población, mientras 70 % realiza sus compras en abastos, panaderías, pequeñas farmacias y ferreterías que, en su mayoría, no tienen infraestructura para generar su propia electricidad.
Por eso, entre las alternativas planteadas por el gremio están los horarios laborales adaptables y el trabajo remoto en aquellas actividades donde sea posible. No se trata de una solución general para el comercio, pero sí de una forma de concentrar las operaciones durante los períodos en que existe suministro eléctrico.
Plantas para unos, paradas para otros
La autogeneración aparece como una de las principales herramientas para evitar que un apagón signifique el cierre temporal de un establecimiento. Sin embargo, tampoco está al alcance de la mayoría.
En Maracaibo, solo 35 % de los empresarios consultados por la Cámara de Comercio dispone de una planta eléctrica. El dato deja a la mayoría expuesta a interrupciones que pueden detener completamente sus operaciones. Dino Cafoncelli, presidente de la organización, resumió el problema al señalar que “el mayor riesgo está en la limitada capacidad de respuesta ante las interrupciones porque solo el 35 % disponen de planta eléctrica”.
La situación se refleja en los resultados del Censo Comercial de los principales corredores viales de Maracaibo y centros comerciales. De 1 872 locales censados, 1 158 estaban abiertos y 718 permanecían cerrados, equivalentes a 38 % del total. El estudio atribuye la recomposición del tejido comercial a las dificultades que enfrenta el sector, entre ellas la crisis de los servicios públicos, el diferencial cambiario y las cargas tributarias.
Para los empresarios marabinos, conocer de antemano cuándo ocurrirán los cortes es una condición básica para intentar organizar el trabajo. “Es muy difícil si no tenemos un cronograma de racionamientos para poder planificar la jornada”, afirmó Cafoncelli.
La exigencia coincide con la de Consecomercio, que además pidió exonerar aranceles e impuestos a la importación de plantas eléctricas y suspender temporalmente tributos para paneles solares y luminarias LED, con el objetivo de ampliar las posibilidades de autogeneración del sector privado.
Cuando el apagón se convierte en pérdida
El costo de las interrupciones no termina cuando vuelve la electricidad. Durante las horas sin servicio, los comercios pueden perder ventas por la desconexión de los puntos de pago, enfrentar dificultades para conservar productos y asumir gastos adicionales para mantener sus operaciones.
Consecomercio identificó pérdidas en la logística de mercancías, interrupciones de la cadena de frío de alimentos y medicinas y mayores riesgos para la seguridad física y laboral. El gremio también advirtió que los establecimientos pequeños y medianos sufren “paradas absolutas” cuando no cuentan con mecanismos de autogeneración.
Los datos de Maracaibo muestran cómo esas interrupciones terminan trasladándose a los costos. La Cámara de Comercio reportó que 43 % de los establecimientos consultados aumentó sus gastos mediante vías alternativas durante el trimestre abril-julio. Además, 42 % calificó como significativo o alto el impacto de las fallas eléctricas sobre sus costos operativos y 46 % lo consideró moderado.
La electricidad dejó así de ser una condición externa para convertirse en un elemento que determina cuánto cuesta mantener funcionando un comercio. Generar energía por cuenta propia, adaptar horarios o detener temporalmente determinadas actividades son respuestas que dependen de la capacidad económica de cada establecimiento.
El problema se agrava cuando las interrupciones se combinan con otras deficiencias. En la encuesta de la Cámara de Comercio de Maracaibo, 97 % de las empresas consultadas afirmó que el servicio eléctrico empeoró durante el trimestre, mientras 75 % reportó que el agua potable llegaba con una frecuencia de al menos cada 15 días.
Un negocio que resiste con recursos propios
Ante este escenario, los gremios empresariales plantean que no puede recaer exclusivamente en los comerciantes el costo de mantener activas sus operaciones. Consecomercio pidió descuentos en la facturación eléctrica proporcionales a las horas sin servicio, alivios en impuestos municipales y suministro prioritario de diésel y gasolina para los establecimientos que disponen de plantas. También propuso que zonas financieras y centros comerciales queden fuera de los esquemas de racionamiento.
Las solicitudes llegan mientras el gobierno atribuye la contingencia a los efectos del fenómeno climático conocido como “Superniño” y al aumento de la demanda eléctrica. Según el Ministerio de Energía Eléctrica, esta alcanzó el lunes 15 625 megavatios, 3,6 % más que en 2025 y el registro más alto de los últimos ocho años.
Mientras las soluciones de fondo se discuten, los comerciantes deben resolver el problema cotidiano: cómo vender cuando no hay electricidad. Para algunos, eso significa encender una planta; para otros, concentrar las operaciones en las horas con servicio o detenerlas hasta que regrese la energía.
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