Política 3.0 por Gabriel Reyes

 

Disertar sobre la política en un entorno tan dinámico nos obliga a la reflexión, incómoda para algunos, pero obligatoria para todos, acerca de la evolución del concepto en el tiempo.

La Política tardó mucho en ser considerada una ciencia. Hoy día goza de esa cualidad, hecho que se valida en la utilización frecuente y necesaria de tantas disciplinas formales para el diagnóstico, interpretación y desarrollo de las respuestas idóneas para satisfacer las necesidades de las diferentes regiones administradas en una nación, y en ella como un todo.

Entonces, desde Platón, Aristóteles y Sócrates, pasando por todos los pensadores románticos que hacían de la política la necesidad ciudadana de agregar valor a la vida cotidiana hasta el pragmatismo estigmatizado injustamente de la visión “maquiavélica” que nos lleva a la “Real Politik” con implicaciones renovadas en tiempos recientes, se construyó un discurso y una forma de convertir el discurso en realidades en procesos de legitimación de origen, montados sobre la democracia como concepto, y en la legitimación del desempeño, representada en la aceptación plural de la gestión pública. Este sistema, cuando no fue perpetrado por la babarie de autócratas sicofantes era sostenida por los partidos políticos como sus pilares fundamentales. Y precisamente en esta versión romántica y de larga evolución nos detenemos a etiquetarla como la Política 1.0. Allí convergen nuestros principales actores de la historia republicana de una nación que se negó a ser sumisa a la bota y construyó una democracia que fue vitrina de América Latina.

Allí quedaron los tiempos de las alianzas políticas, útiles para su momento y hoy satanizadas como el Pacto de Punto Fijo, y los discursos memorables de muchos notables oradores como Jóvito Villalba, Andrés Eloy Blanco, Rómulo Betancourt, Rómulo Gallegos, Rafael Caldera y otros tantos que llenaron las páginas de esa democracia de partidos con figuras prominentes.

A partir de 1.998, Venezuela, acusó el desgaste de su modelo político, la fragmentación de los intereses nacionales y el desarrollo de liderazgos mesiánicos extra partidos que irrumpen en la persona de Hugo Chávez con la misión política del revanchismo social, de lograr la igualdad entre todos los venezolanos y el castigo a la corrupción que fue implacablemente reflejada en un voto castigo inocultable.

Aquí arranca lo que he decidido llamar la Política 2,0, esta suerte de espejismo histórico que nos ha vendido un hábil “buhonero de ilusiones”, de igualitarismo sin igualdad, de clientelismo como forma de hacer la política de insertar al pobre en el gobierno, pero no en la sociedad, de expropiar y paralizar los medios de producción nacionales para evitar que un nuevo paro nacional o huelga someta al aprendiz de tirano, y así convertir a los puertos marítimos en nuestras únicas tierras productivas, de verdadera oligarquía en la medida en la que un grupo cada vez más reducido de “próceres del proceso” se enriquecen con oprobio asaltando las arcas nacionales e instalando una cleptocracia sin precedentes.

Un sistema que envileció al gendarme de la democracia al permitirle hacer política, si y sólo si, apoya al régimen, en franca violación a la

Constitución Nacional y creando una plutocracia perversa de mezquinos propósitos que violenta los valores y principios básicos de la institución militar, donde el pretorianismo descarado es lo que se percibe como parte de un todo, pero que muchos sabemos que no es más que un grupito de adláteres corrompidos por las mieles de poder que han renunciado a su moral para ser incluidos en la repartición, pero que más temprano que tarde deberán entregar cuentas y demostrar el origen de sus mal habidas fortunas.

Una sociedad que perdió el norte de la superación por el esfuerzo y el estudio, y se rindió al dinero fácil de los oscuros negocios que han llenado las alforjas de tirios y troyanos, porque entre los “opositores” pululan los “chambistas” que se ofenden al ser considerados chavistas, pero se han lucrado groseramente del contubernio administrativo de un país a la deriva.

Una sociedad, que en una gran parte de su clase trabajadora, formada, pensante y otrora pujante, se ve como sapo en agua tibia desarrollando capacidades adaptativas a las arbitrariedades que violentan sus derechos porque eso es menos costoso que oponerse a las mismas. Donde la apatía y el conformismo convirtieron la abstención en una forma de resignación y entrega facilitando la instalación de una dictadura electoral que se ampara en la tecnología como argumento de transparencia, pero que adolece de la capacidad de rendir cuentas claras con la gestión irresponsable de un Registro Electoral corrupto que se apoya en un Sistema de Identificación débil y poco consistente.

Aquí les dejo esa Política 2.0, donde al final de la historia tenemos millones de venezolanos quejándose en todas las redes sociales, pero incapaces de articular estrategias y mecanismos que rescaten una democracia moribunda, donde todos somos “analistas políticos”, pero muy pocos dan la cara para convencer a su entorno de la necesidad de un cambio que oxigene un futuro incierto.

Es el momento de la Política 3,0, un espacio donde convergen los verdaderos políticos, no los oficiosos que tras el escudo oposicionista también persiguen su propio lucro, donde seamos capaces de construir un modelo de país alternativo que le devuelva la esperanza a un país donde su juventud huye buscando un futuro seguro, no solo de oportunidades de estudio, también retando las cifras nada alentadoras de esperanza de vida ante un hampa desbordada en un país donde cada vez valemos menos en esta suerte de “ruleta rusa” que activamos cada vez que salimos de nuestros hogares.

Es el momento de reunir voluntades, de conjugar talentos, de construir verdades que derrumben el muro de mentiras que no le deja a muchos venezolanos entender que estamos al borde un precipicio de donde salir será un reto de magnitudes desproporcionadas. Es el momento de una nueva política, donde no renunciemos a los partidos políticos, donde por lo contrario, los reforcemos, pero que escrutemos a los hegemones que critican a Hugo Chávez en su deseo de perpetuidad, pero no le dan paso a otros para que administren el presente y gestionen el futuro. Es el momento de una nueva clase política donde retomando a Aristóteles, no seamos idiotas y agreguemos valor a la sociedad, alcanzando el famoso y tan cacareado “bien colectivo” a través del esfuerzo de cada venezolano construyendo redes y velando por el respeto a nuestros derechos individuales y colectivos para ser productivos sin traumas ni complejos de convertirnos en propietarios de nuestros propios medios de producción, de nuestro propio medio de progreso, para generar empleo y abandonar este modelo de “misiones” que hoy arrodilla a gran parte de los venezolanos en un desierto de carencias y necesidades.

Construir esta Política 3.0 depende de cada uno de nosotros, no de “líderes”. ídolos con pies de barro que demagógicamente nos llevan a destinos inciertos. Trabajemos entonces por encontrar ese rumbo, en conformar esas redes de talento, voluntad y verdadero deseo de contar con un futuro diferente a una cartilla de racionamiento en una república popular de comunas corruptas y complacientes.

¿Por dónde comenzamos? Por votar el 16D y demostrar que no cedemos ante el fraude estructural de un sistema que distorsiona la verdadera voluntad del pueblo. Demostremos que estamos vivos y luchamos por nuestro futuro.

¡Amanecerá y veremos!

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Disertar sobre la política en un entorno tan dinámico nos obliga a la reflexión, incómoda para algunos, pero obligatoria para todos, acerca de la evolución del concepto en el tiempo.

La Política tardó mucho en ser considerada una ciencia. Hoy día goza de esa cualidad, hecho que se valida en la utilización frecuente y necesaria de tantas disciplinas formales para el diagnóstico, interpretación y desarrollo de las respuestas idóneas para satisfacer las necesidades de las diferentes regiones administradas en una nación, y en ella como un todo.

Entonces, desde Platón, Aristóteles y Sócrates, pasando por todos los pensadores románticos que hacían de la política la necesidad ciudadana de agregar valor a la vida cotidiana hasta el pragmatismo estigmatizado injustamente de la visión “maquiavélica” que nos lleva a la “Real Politik” con implicaciones renovadas en tiempos recientes, se construyó un discurso y una forma de convertir el discurso en realidades en procesos de legitimación de origen, montados sobre la democracia como concepto, y en la legitimación del desempeño, representada en la aceptación plural de la gestión pública. Este sistema, cuando no fue perpetrado por la babarie de autócratas sicofantes era sostenida por los partidos políticos como sus pilares fundamentales. Y precisamente en esta versión romántica y de larga evolución nos detenemos a etiquetarla como la Política 1.0. Allí convergen nuestros principales actores de la historia republicana de una nación que se negó a ser sumisa a la bota y construyó una democracia que fue vitrina de América Latina.

Allí quedaron los tiempos de las alianzas políticas, útiles para su momento y hoy satanizadas como el Pacto de Punto Fijo, y los discursos memorables de muchos notables oradores como Jóvito Villalba, Andrés Eloy Blanco, Rómulo Betancourt, Rómulo Gallegos, Rafael Caldera y otros tantos que llenaron las páginas de esa democracia de partidos con figuras prominentes.

A partir de 1.998, Venezuela, acusó el desgaste de su modelo político, la fragmentación de los intereses nacionales y el desarrollo de liderazgos mesiánicos extra partidos que irrumpen en la persona de Hugo Chávez con la misión política del revanchismo social, de lograr la igualdad entre todos los venezolanos y el castigo a la corrupción que fue implacablemente reflejada en un voto castigo inocultable.

Aquí arranca lo que he decidido llamar la Política 2,0, esta suerte de espejismo histórico que nos ha vendido un hábil “buhonero de ilusiones”, de igualitarismo sin igualdad, de clientelismo como forma de hacer la política de insertar al pobre en el gobierno, pero no en la sociedad, de expropiar y paralizar los medios de producción nacionales para evitar que un nuevo paro nacional o huelga someta al aprendiz de tirano, y así convertir a los puertos marítimos en nuestras únicas tierras productivas, de verdadera oligarquía en la medida en la que un grupo cada vez más reducido de “próceres del proceso” se enriquecen con oprobio asaltando las arcas nacionales e instalando una cleptocracia sin precedentes.

Un sistema que envileció al gendarme de la democracia al permitirle hacer política, si y sólo si, apoya al régimen, en franca violación a la

Constitución Nacional y creando una plutocracia perversa de mezquinos propósitos que violenta los valores y principios básicos de la institución militar, donde el pretorianismo descarado es lo que se percibe como parte de un todo, pero que muchos sabemos que no es más que un grupito de adláteres corrompidos por las mieles de poder que han renunciado a su moral para ser incluidos en la repartición, pero que más temprano que tarde deberán entregar cuentas y demostrar el origen de sus mal habidas fortunas.

Una sociedad que perdió el norte de la superación por el esfuerzo y el estudio, y se rindió al dinero fácil de los oscuros negocios que han llenado las alforjas de tirios y troyanos, porque entre los “opositores” pululan los “chambistas” que se ofenden al ser considerados chavistas, pero se han lucrado groseramente del contubernio administrativo de un país a la deriva.

Una sociedad, que en una gran parte de su clase trabajadora, formada, pensante y otrora pujante, se ve como sapo en agua tibia desarrollando capacidades adaptativas a las arbitrariedades que violentan sus derechos porque eso es menos costoso que oponerse a las mismas. Donde la apatía y el conformismo convirtieron la abstención en una forma de resignación y entrega facilitando la instalación de una dictadura electoral que se ampara en la tecnología como argumento de transparencia, pero que adolece de la capacidad de rendir cuentas claras con la gestión irresponsable de un Registro Electoral corrupto que se apoya en un Sistema de Identificación débil y poco consistente.

Aquí les dejo esa Política 2.0, donde al final de la historia tenemos millones de venezolanos quejándose en todas las redes sociales, pero incapaces de articular estrategias y mecanismos que rescaten una democracia moribunda, donde todos somos “analistas políticos”, pero muy pocos dan la cara para convencer a su entorno de la necesidad de un cambio que oxigene un futuro incierto.

Es el momento de la Política 3,0, un espacio donde convergen los verdaderos políticos, no los oficiosos que tras el escudo oposicionista también persiguen su propio lucro, donde seamos capaces de construir un modelo de país alternativo que le devuelva la esperanza a un país donde su juventud huye buscando un futuro seguro, no solo de oportunidades de estudio, también retando las cifras nada alentadoras de esperanza de vida ante un hampa desbordada en un país donde cada vez valemos menos en esta suerte de “ruleta rusa” que activamos cada vez que salimos de nuestros hogares.

Es el momento de reunir voluntades, de conjugar talentos, de construir verdades que derrumben el muro de mentiras que no le deja a muchos venezolanos entender que estamos al borde un precipicio de donde salir será un reto de magnitudes desproporcionadas. Es el momento de una nueva política, donde no renunciemos a los partidos políticos, donde por lo contrario, los reforcemos, pero que escrutemos a los hegemones que critican a Hugo Chávez en su deseo de perpetuidad, pero no le dan paso a otros para que administren el presente y gestionen el futuro. Es el momento de una nueva clase política donde retomando a Aristóteles, no seamos idiotas y agreguemos valor a la sociedad, alcanzando el famoso y tan cacareado “bien colectivo” a través del esfuerzo de cada venezolano construyendo redes y velando por el respeto a nuestros derechos individuales y colectivos para ser productivos sin traumas ni complejos de convertirnos en propietarios de nuestros propios medios de producción, de nuestro propio medio de progreso, para generar empleo y abandonar este modelo de “misiones” que hoy arrodilla a gran parte de los venezolanos en un desierto de carencias y necesidades.

Construir esta Política 3.0 depende de cada uno de nosotros, no de “líderes”. ídolos con pies de barro que demagógicamente nos llevan a destinos inciertos. Trabajemos entonces por encontrar ese rumbo, en conformar esas redes de talento, voluntad y verdadero deseo de contar con un futuro diferente a una cartilla de racionamiento en una república popular de comunas corruptas y complacientes.

¿Por dónde comenzamos? Por votar el 16D y demostrar que no cedemos ante el fraude estructural de un sistema que distorsiona la verdadera voluntad del pueblo. Demostremos que estamos vivos y luchamos por nuestro futuro.

¡Amanecerá y veremos!

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