El pueblo venezolano no ha pasado la página

Al régimen madurista no le resultó favorable el desenlace de sus pronósticos con las elecciones presidenciales de hace un año. Por el contrario, al cumplirse el próximo 28 de julio el aniversario de su derrota más aplastante en 26 años de autoritarismo, utiliza sin reparos la maquinaria del terror para pretender borrar de la conciencia popular ese día, cuando los venezolanos eligieron un presidente. Que no es precisamente quien usurpa hoy el cargo en Miraflores.

En realidad, manipular la historia le jugó una tremenda mala pasada al derrotado candidato oficialista. Maduro creyó que ganar indulgencia con escapulario ajeno sería suficiente para refrescar un chavismo en ruinas. No, no ha sido capaz de “revitalizar” la gestión presidencial más decadente en casi 200 años de historia republicana.

Ese día, el pueblo venezolano se levantó, junto al toque de diana acostumbrado en las filas del PSUV, para manifestar su intención de voto. Entonces la peor paliza que haya recibido un candidato oficialista en cualquier época. Al ejercer su derecho constitucional, eligió a Edmundo González Urrutia, quien, flotando en el portaviones de María Corina Machado, duplicó al derrotado mandatario por más de tres millones de sufragios.

Así como hay un solo 23 de enero en la memoria colectiva, a partir de 2024 solo existirá en la historiografía nacional un único 28 de julio. El otro quedará como dato natal de un extinto mandatario, ignorado incluso por los áulicos del régimen. Esos mismos que se ufanan de su “triunfo” en 25 elecciones manipuladas desde el peso del Estado.

Al mismo tiempo, remarcan desconocer eventos clave que forman parte de la épica por la democracia en el siglo XXI: el 2 de diciembre de 2007, cuando el pueblo salió en defensa de la CRBV ante la pretensión de reformarla de Hugo Chávez, votando por el NO; posteriormente, el 6 de diciembre de 2015, con la victoria opositora en las elecciones de diputados a la Asamblea Nacional; y la elección presidencial del 28 de julio de 2024, ya citada.

No por casualidad el resultado de esta decisión soberana lo pervirtió el gobierno. Un régimen que desde sus inicios tuvo un claro talante autoritario, hasta llegar a la dictadura que padecemos desde 2013 y que arrecia en la actualidad.

Encararon la derrota del intento de reforma constitucional de 2007, orientada a implantar el Estado comunal, con la imposición de leyes orgánicas comunales en 2010; la derrota aplastante sufrida en las elecciones de la Asamblea Nacional en 2015 tuvo como respuesta la elección de una Asamblea Constituyente espuria y violadora de la CRBV; y la humillante derrota en la elección presidencial la suplantaron con la usurpación del 10 de enero de 2025.

Esta ofensiva contra las instituciones ha tenido su versión propia en otros sectores. En el caso del sector privado, con la expropiación ilegal de empresas prósperas de la industria, el comercio y la agricultura, determinando la pérdida de centenas de miles de puestos de trabajo.

En cuanto a los sindicatos, ha promovido la creación de organismos paralelos con sindicatos oficialistas, con los consejos revolucionarios de trabajadores, el control obrero, la cogestión obrera y falsas cooperativas de trabajo asociado. Todos, pantomimas de organismos soviéticos con el objetivo de eliminar la contratación colectiva, la destrucción del salario, abaratar la mano de obra y la flexibilización salvaje de la relación de trabajo.

Esta barbarie no puede olvidarse, aunque quisieran: es la causa de la diáspora más acentuada del planeta, con una cifra cercana a los 9 millones de venezolanos que labran sus destinos en más de 90 países. Una multitud que contradice la pretensión del régimen de presentarse como redentores de los 252 venezolanos injustamente presos en el CECOT de El Salvador.

Ante esta tragedia que vive el país, la respuesta del Estado madurista es refugiarse en las encuestas de Óscar Schemel, que indican cifras risibles de crecimiento económico y bienestar social, y en la feroz represión que consagra la imposición de un Estado de sitio que busca hasta debajo de las piedras a la disidencia, manteniendo en prisión a más de 1000 disidentes y aplicando la política de puerta giratoria de liberación de algunos y apresamiento inmediato de otros.

Esta ofensiva brutal no logra que la población venezolana pase la página del día en que fue derrotada la tiranía mediante el voto popular directo y secreto consagrado en la Constitución de 1999, como lo señala la reciente encuesta de junio de 2025 de Meganálisis, donde el 82,7 % rechaza que los resultados del 28-J sean parte del pasado.

*Movimiento Laborista | @froilanbarriosf.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Al régimen madurista no le resultó favorable el desenlace de sus pronósticos con las elecciones presidenciales de hace un año. Por el contrario, al cumplirse el próximo 28 de julio el aniversario de su derrota más aplastante en 26 años de autoritarismo, utiliza sin reparos la maquinaria del terror para pretender borrar de la conciencia popular ese día, cuando los venezolanos eligieron un presidente. Que no es precisamente quien usurpa hoy el cargo en Miraflores.

En realidad, manipular la historia le jugó una tremenda mala pasada al derrotado candidato oficialista. Maduro creyó que ganar indulgencia con escapulario ajeno sería suficiente para refrescar un chavismo en ruinas. No, no ha sido capaz de “revitalizar” la gestión presidencial más decadente en casi 200 años de historia republicana.

Ese día, el pueblo venezolano se levantó, junto al toque de diana acostumbrado en las filas del PSUV, para manifestar su intención de voto. Entonces la peor paliza que haya recibido un candidato oficialista en cualquier época. Al ejercer su derecho constitucional, eligió a Edmundo González Urrutia, quien, flotando en el portaviones de María Corina Machado, duplicó al derrotado mandatario por más de tres millones de sufragios.

Así como hay un solo 23 de enero en la memoria colectiva, a partir de 2024 solo existirá en la historiografía nacional un único 28 de julio. El otro quedará como dato natal de un extinto mandatario, ignorado incluso por los áulicos del régimen. Esos mismos que se ufanan de su “triunfo” en 25 elecciones manipuladas desde el peso del Estado.

Al mismo tiempo, remarcan desconocer eventos clave que forman parte de la épica por la democracia en el siglo XXI: el 2 de diciembre de 2007, cuando el pueblo salió en defensa de la CRBV ante la pretensión de reformarla de Hugo Chávez, votando por el NO; posteriormente, el 6 de diciembre de 2015, con la victoria opositora en las elecciones de diputados a la Asamblea Nacional; y la elección presidencial del 28 de julio de 2024, ya citada.

No por casualidad el resultado de esta decisión soberana lo pervirtió el gobierno. Un régimen que desde sus inicios tuvo un claro talante autoritario, hasta llegar a la dictadura que padecemos desde 2013 y que arrecia en la actualidad.

Encararon la derrota del intento de reforma constitucional de 2007, orientada a implantar el Estado comunal, con la imposición de leyes orgánicas comunales en 2010; la derrota aplastante sufrida en las elecciones de la Asamblea Nacional en 2015 tuvo como respuesta la elección de una Asamblea Constituyente espuria y violadora de la CRBV; y la humillante derrota en la elección presidencial la suplantaron con la usurpación del 10 de enero de 2025.

Esta ofensiva contra las instituciones ha tenido su versión propia en otros sectores. En el caso del sector privado, con la expropiación ilegal de empresas prósperas de la industria, el comercio y la agricultura, determinando la pérdida de centenas de miles de puestos de trabajo.

En cuanto a los sindicatos, ha promovido la creación de organismos paralelos con sindicatos oficialistas, con los consejos revolucionarios de trabajadores, el control obrero, la cogestión obrera y falsas cooperativas de trabajo asociado. Todos, pantomimas de organismos soviéticos con el objetivo de eliminar la contratación colectiva, la destrucción del salario, abaratar la mano de obra y la flexibilización salvaje de la relación de trabajo.

Esta barbarie no puede olvidarse, aunque quisieran: es la causa de la diáspora más acentuada del planeta, con una cifra cercana a los 9 millones de venezolanos que labran sus destinos en más de 90 países. Una multitud que contradice la pretensión del régimen de presentarse como redentores de los 252 venezolanos injustamente presos en el CECOT de El Salvador.

Ante esta tragedia que vive el país, la respuesta del Estado madurista es refugiarse en las encuestas de Óscar Schemel, que indican cifras risibles de crecimiento económico y bienestar social, y en la feroz represión que consagra la imposición de un Estado de sitio que busca hasta debajo de las piedras a la disidencia, manteniendo en prisión a más de 1000 disidentes y aplicando la política de puerta giratoria de liberación de algunos y apresamiento inmediato de otros.

Esta ofensiva brutal no logra que la población venezolana pase la página del día en que fue derrotada la tiranía mediante el voto popular directo y secreto consagrado en la Constitución de 1999, como lo señala la reciente encuesta de junio de 2025 de Meganálisis, donde el 82,7 % rechaza que los resultados del 28-J sean parte del pasado.

*Movimiento Laborista | @froilanbarriosf.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La ofensiva brutal no logra que la población venezolana pase la página del 28 de julio, día en que fue derrotada la tiranía mediante el voto popular directo y secreto
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Al régimen madurista no le resultó favorable el desenlace de sus pronósticos con las elecciones presidenciales de hace un año. Por el contrario, al cumplirse el próximo 28 de julio el aniversario de su derrota más aplastante en 26 años de autoritarismo, utiliza sin reparos la maquinaria del terror para pretender borrar de la conciencia popular ese día, cuando los venezolanos eligieron un presidente. Que no es precisamente quien usurpa hoy el cargo en Miraflores.

En realidad, manipular la historia le jugó una tremenda mala pasada al derrotado candidato oficialista. Maduro creyó que ganar indulgencia con escapulario ajeno sería suficiente para refrescar un chavismo en ruinas. No, no ha sido capaz de “revitalizar” la gestión presidencial más decadente en casi 200 años de historia republicana.

Ese día, el pueblo venezolano se levantó, junto al toque de diana acostumbrado en las filas del PSUV, para manifestar su intención de voto. Entonces la peor paliza que haya recibido un candidato oficialista en cualquier época. Al ejercer su derecho constitucional, eligió a Edmundo González Urrutia, quien, flotando en el portaviones de María Corina Machado, duplicó al derrotado mandatario por más de tres millones de sufragios.

Así como hay un solo 23 de enero en la memoria colectiva, a partir de 2024 solo existirá en la historiografía nacional un único 28 de julio. El otro quedará como dato natal de un extinto mandatario, ignorado incluso por los áulicos del régimen. Esos mismos que se ufanan de su “triunfo” en 25 elecciones manipuladas desde el peso del Estado.

Al mismo tiempo, remarcan desconocer eventos clave que forman parte de la épica por la democracia en el siglo XXI: el 2 de diciembre de 2007, cuando el pueblo salió en defensa de la CRBV ante la pretensión de reformarla de Hugo Chávez, votando por el NO; posteriormente, el 6 de diciembre de 2015, con la victoria opositora en las elecciones de diputados a la Asamblea Nacional; y la elección presidencial del 28 de julio de 2024, ya citada.

No por casualidad el resultado de esta decisión soberana lo pervirtió el gobierno. Un régimen que desde sus inicios tuvo un claro talante autoritario, hasta llegar a la dictadura que padecemos desde 2013 y que arrecia en la actualidad.

Encararon la derrota del intento de reforma constitucional de 2007, orientada a implantar el Estado comunal, con la imposición de leyes orgánicas comunales en 2010; la derrota aplastante sufrida en las elecciones de la Asamblea Nacional en 2015 tuvo como respuesta la elección de una Asamblea Constituyente espuria y violadora de la CRBV; y la humillante derrota en la elección presidencial la suplantaron con la usurpación del 10 de enero de 2025.

Esta ofensiva contra las instituciones ha tenido su versión propia en otros sectores. En el caso del sector privado, con la expropiación ilegal de empresas prósperas de la industria, el comercio y la agricultura, determinando la pérdida de centenas de miles de puestos de trabajo.

En cuanto a los sindicatos, ha promovido la creación de organismos paralelos con sindicatos oficialistas, con los consejos revolucionarios de trabajadores, el control obrero, la cogestión obrera y falsas cooperativas de trabajo asociado. Todos, pantomimas de organismos soviéticos con el objetivo de eliminar la contratación colectiva, la destrucción del salario, abaratar la mano de obra y la flexibilización salvaje de la relación de trabajo.

Esta barbarie no puede olvidarse, aunque quisieran: es la causa de la diáspora más acentuada del planeta, con una cifra cercana a los 9 millones de venezolanos que labran sus destinos en más de 90 países. Una multitud que contradice la pretensión del régimen de presentarse como redentores de los 252 venezolanos injustamente presos en el CECOT de El Salvador.

Ante esta tragedia que vive el país, la respuesta del Estado madurista es refugiarse en las encuestas de Óscar Schemel, que indican cifras risibles de crecimiento económico y bienestar social, y en la feroz represión que consagra la imposición de un Estado de sitio que busca hasta debajo de las piedras a la disidencia, manteniendo en prisión a más de 1000 disidentes y aplicando la política de puerta giratoria de liberación de algunos y apresamiento inmediato de otros.

Esta ofensiva brutal no logra que la población venezolana pase la página del día en que fue derrotada la tiranía mediante el voto popular directo y secreto consagrado en la Constitución de 1999, como lo señala la reciente encuesta de junio de 2025 de Meganálisis, donde el 82,7 % rechaza que los resultados del 28-J sean parte del pasado.

*Movimiento Laborista | @froilanbarriosf.

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