CREO QUE EL CONGRESO del Partido Comunista Chino tiene tal importancia para todo el mundo y, muy especialmente, para aquellos países cuyos gobiernos le están hipotecados con deudas que quizás pasen a otra generación como el caso de Venezuela, que me he dado a buscar las informaciones que distintos medios globales han venido publicando sobre el tema y aglutinarlas en estos “rojos runrunes amarillos”.
Entre los medios mundiales que han hecho seguimiento al tema destacan The New York Times quien fue el primero en destapar la cloaca de la corrupción al más alto nivel de la dirigencia comunista; el diario español El País con artículos informativos a fondo, con investigación y análisis además de artículos de opinión sobre el evento; sus colegas españoles de El Mundo han seguido en menos intensidad el evento chino pero, sin embargo, sus notas son muy agudas y esclarecedoras y The Washington Post que desde hace tiempo ha publicado notas certeras sobre algunos personajes del buró de millonarios comunistas.
Hace días publicamos algunas notas de www.elpais.com. Hoy añadimos dos diarios argentinos y uno chileno. La nación, Clarín y La Tercera con el fin de brindarles información desde fuentes diversas.
El País
China inicia el cambio de guardia
El congreso del PCCh encumbrará a los dirigentes que tendrán que buscar un nuevo modelo económico y hacer frente a las grandes desigualdades sociales
Jose Reinoso Pekín
Con Pekín tomado por 1,4 millones de policías y vigilantes voluntarios, el Partido Comunista Chino (PCCh) ha iniciado hoy un congreso crucial, en el que se producirá la llegada de una nueva generación de líderes. El actual vicepresidente chino, Xi Jinping, será designado secretario general del partido, y en marzo del año que viene —durante la sesión anual de la Asamblea Popular Nacional— ascenderá a presidente en sustitución de Hu Jintao. En ese momento, se prevé que Li Keqiang, actual viceprimer ministro, suceda a Wen Jiabao como primer ministro.
El XVIII Congreso del PCCh decidirá también la composición del Comité Central (unos 200 miembros), que a su vez elegirá al Politburó (25 miembros) y el Comité Permanente del Politburó, ahora compuesto por nueve personas, pero que podría quedar reducido a siete. Xi, de 59 años, y Li, de 57, forman parte del actual Comité Permanente y son los dos únicos que continuarán en el nuevo. Los otros siete integrantes se retirarán para dejar paso a una generación de dirigentes más jóvenes. La composición completa del Comité Permanente no se conocerá hasta el final del cónclave.
En la sesión de apertura, ante los 2.270 delegados del partido reunidos en el Gran Palacio del Pueblo, en la plaza de Tiananmen, Hu Jintao, ha lanzado un alegato contra la corrupción, uno de los males principales del ascenso chino. Ha advertido de que si el Partido Comunista no lucha contra la corrupción afrontará “su caída y la del Estado”. Durante hora y media, el jefe de Estado y secretario general de la formación enumeró los problemas que afronta el país, desde el desequilibrio económico entre las ciudades y el medio rural hasta cuestiones medioambientales. Pero ha hecho hincapié en la lucha contra la corrupción: “Tenemos que mantener en todo momento una postura muy severa en el castigo a la corrupción”, tan severa que ha anunciado que se castigará “sin clemencia a cualquier persona involucrada, sea cual fuere su poder o su cargo”. También ha anunciado medidas para evitar las corruptelas, como mayor supervisión a los dirigentes, a los que ha llamado a “autodisciplinarse” y controlar a sus familiares y colaboradores.
El abanico de desafíos es amplio: las desigualdades sociales, la corrupción, los problemas medioambientales, la creciente protesta social, las ascendentes peticiones de reforma política, las tensiones con los países vecinos y, en especial, la ralentización de la economía. El PIB (producto interior bruto) creció un 7,4% en el tercer trimestre, el menor registro desde el primer trimestre de 2009.
Muchos expertos creen que si China no acomete una transformación profunda, crecerá para finales de esta década al 5% anual, una cifra muy inferior al 10% al año que ha experimentado desde que Deng Xiaoping lanzó el proceso de apertura y reforma en diciembre de 1978. Académicos y analistas consideran que el modelo actual está agotado, debido a su excesiva dependencia de las exportaciones y la inversión, y prevén que el partido actúe con decisión y emprenda nuevas reformas económicas.
Los partidarios de los cambios están presionando a Xi Jinping para que elimine los privilegios de las compañías estatales, modifique el actual sistema fiscal que anima a las autoridades locales a financiarse con las expropiaciones de suelo, facilite la instalación permanente de los emigrantes rurales en las ciudades, y, sobre todo, limite el poder de un Estado que, según afirman, amenaza con estrangular el crecimiento.
“[El congreso] será muy importante, con China en un momento crucial en la construcción de una sociedad moderna y próspera en todos los aspectos, en un proceso de reforma y apertura y acelerando la transformación del modelo de crecimiento”, ha asegurado este miércoles Cai Mingzhao, portavoz del congreso.
Los delegados del PCCh, llegados desde todos los rincones del país, serán más cautos a la hora de responder a las cada vez mayores demandas de reforma política. Nadie espera un paso hacia una democratización de tipo occidental, pero el PCCh podría introducir medidas experimentales para ampliar la denominada democracia interna del partido, lo que viene a significar promover un mayor debate dentro de las estructuras del PCCh, con una prioridad absoluta para el mantenimiento de la estabilidad social, garante, según consideran los líderes, del desarrollo económico.
En teoría, los 2.270 delegados van a elegir a la próxima generación de mandatarios. En realidad, los nombramientos de los altos dirigentes —con un Xi Jinping y un Li Keqiang que ocuparán el poder durante 10 años— llegan hechos. Han sido decididos de antemano por los líderes en activo y jubilados, en un proceso secretista, marcado por duras negociaciones entre las diferentes facciones.
El País
China: certezas, enigmas y retos de un Congreso
Lo importante es si la nueva dirección china será capaz de hacer frente a los desafíos Pablo Bustelo8 NOV 2012Hoy comienza oficialmente el 18º Congreso del Partido Comunista Chino (PCC). Cada 10 años corresponde cambiar al secretario general y al número dos del partido, y esta vez toca. Hu Jintao dejará su puesto a Xi Jinping, que será elegido en marzo presidente de la República, mientras que Wen Jiabao cederá su cargo a Li Keqiang, destinado a ser primer ministro dentro de cinco meses, cuando se reúna la Asamblea Popular Nacional.
Esta es una de las pocas certezas del congreso, junto con el hecho de que las rencillas entre las diferentes facciones del PCCh han sido particularmente intensas. Como es sabido, las dos facciones principales son el grupo procedente de la Liga de la Juventud Comunista (Hu Jintao, Wen Jiabao, Li Keqiang, etcétera) y la tendencia de los red princelings (los “pequeños príncipes”, hijos de dirigentes históricos del partido: el expresidente Jiang Zemin, Xi Jinping, el secretario del PCC en Shanghái, Yu Zhengshen, etcétera). Esas pugnas se han acentuado en 2012, con los casos Bo Xilai (el más divulgado por la prensa), Xi Jinping (la agencia Bloomberg estimó en junio las inversiones de su familia en 376 millones de dólares) o Wen Jiabao (The New York Times desveló a finales de octubre que la fortuna de sus parientes podría rondar los 2.700 millones de dólares). Tales casos de corrupción o nepotismo han demostrado que esos males no afectaban únicamente a cuadros intermedios del partido, como se repetía sin cesar desde las alturas, sino también a los máximos dirigentes.
Pero, aparte de esas dos cosas, poco sabemos de los resultados del congreso. Lo que no deja de ser curioso porque los congresos celebrados en regímenes de partido único han sido casi siempre bastante predecibles. Los enigmas esta vez son muchos. Para empezar, se rumorea que el Comité Permanente del Buró Político podría pasar de nueve a siete miembros. Las quinielas sobre quienes serán esos siete magníficos parecen indicar que Jiang Zemin, de 86 años, habría ganado la partida a Hu Jintao, de 69. Esto es, los defensores del crecimiento económico a toda costa y del férreo mantenimiento del orden político se habrían impuesto a los pragmáticos tecnócratas, que quieren cambiar el modelo económico para hacerlo más sostenible, y han defendido, aunque hasta ahora solo de palabra, una tibia apertura política. En las diferentes listas que circulan, las que parecen más probables son de 4-3 o incluso 6-1 a favor de Jiang Zemin.
Un segundo enigma es si Hu Jintao seguirá encabezando durante un par de años más la poderosa Comisión Militar Central del PCCh, lo que continuaría la tradición. Pero se cree que Xi, envalentonado por los éxitos de su padrino Jiang, desea también ese puesto. Un tercer interrogante es si se eliminará el pensamiento Mao Zedong de la constitución del partido, aprovechando la caída en desgracia del izquierdista, conservador y maoísta Bo Xilai.
Pero lo realmente importante es si la nueva dirección será capaz de hacer frente a los importantes retos que tiene por delante. Entre ellos, destacan la desaceleración económica y el imperativo cambio de modelo, desde la inversión y las exportaciones hacia el consumo interno. Otro reto es la demografía. Si la política del hijo único no cambia en el propio congreso o poco después, China corre el riesgo de hacerse vieja antes de hacerse rica. La población en edad de trabajar está ya disminuyendo mientras que la tasa de dependencia (dependientes en relación con esa población) empieza a crecer. Es imprescindible un golpe de timón al respecto.
Un tercer reto es el de los problemas medioambientales, que son gravísimos y que, y esto es una novedad, hacen protestar a la cada vez más numerosa clase media, como se vio en Ningbo, al sur de Shanghái, en octubre, ante los planes de expandir una planta petroquímica.
Un desafío adicional es terminar la disputa con Japón sobre las islas Diaoyu o Senkaku y, sobre todo, convencer a EE UU de que China no será una amenaza militar, con el fin de que termine la contraproducente política de contención, acentuada con el giro del Pentágono hacia el Pacífico.
Finalmente, la ausencia de libertades públicas y de un sistema judicial independiente son rémoras cada vez más difíciles de mantener a medida que China se acerca al umbral de renta per capita a partir del cual la democratización empieza a ser, socialmente, una clamorosa exigencia. El PCCh no debería tener tanto miedo a la apertura política. Al fin y al cabo, el Kuomintang, en Taiwán, ha gobernado 18 años de los 26 de democracia. Y los dirigentes actuales de China, por mucho que el régimen sea caduco, no están exentos de algún que otro mérito.
Pablo Bustelo es investigador principal de Asia-Pacífico en el Real Instituto Elcano.
El Mundo de España
Un quinto de la humanidad, en manos de 2.000 ‘elegidos’ en China
– Comienza la asamblea en la que Xi Jinping será nombrado secretario general
– Sólo un 23% de los delegados son mujeres (521, aunque 76 más que en 2001)
– Estarán reunidos hasta el 14 de noviembreAntonio Broto (Efe) | Pekín
Sólo 2.270 personas, un grupo reducido, privilegiado y predominantemente masculino de representantes de provincias, empresas, Ejército y otros estamentos, deciden a partir de este jueves el destino de la quinta parte de la población mundial, en el XVIII Congreso del Partido Comunista de China.
Los delegados, que llegaron en los pasados días a Pekín procedentes de los más diversos puntos del país, conforman un grupo que, pese a la imagen de unidad que busca transmitir el PCCh, no deja de ser heterogéneo, con delegados de humilde origen campesino y obrero codeándose, aunque sea por un día, con banqueros, generales o líderes ya consagrados.
Sólo un 23% de los delegados son mujeres (521, aunque 76 más que en 2001), y la media de edad es de 52 años, dando al grupo un carácter marcadamente conservador pese a la presencia anecdótica de jóvenes como la nadadora Jiao Liuyang, campeona olímpica en Londres, quien con 22 años es la delegada más joven.
En el otro lado se sitúa el ex alcalde de Pekín Jiao Ruoyu, quien con 97 años -76 de ellos en el PCCh- es el delegado más longevo, aunque casi dos tercios de los seleccionados ingresaron en la formación política tras la muerte en 1976 de Mao Zedong (cuyo nieto, el comandante del Ejército Mao Xinyu, estará presente).
Mayoría ‘postmaoísta’
La mayoría “postmaoísta” hace pensar a los observadores en que el Congreso, donde también se debaten reformas ideológicas y se modificará la Constitución del Partido (de 1982), podría discutirse una reducción del pensamiento maoísta aún latente en el corpus filosófico de la formación.
Aunque algunos asuntos parecen ya decididos de antemano y no admitirán voces disidentes, como el futuro máximo líder del partido -el vicepresidente Xi Jinping-, no todo está atado, entre otras cosas algunos de los nombres que le acompañarán en la cúpula, o la composición de la influyente Comisión Militar Central.
Limpieza de imagen
En un esfuerzo por mejorar la imagen del PCCh ante los ciudadanos chinos -que critican su corrupción y la casi total equivalencia de clases ricas y líderes comunistas-, el régimen presume que la tercera parte de los asistentes al Congreso son camaradas “de base”, es decir, sin un cargo en el Partido o en el Gobierno.
Se trata de campesinos, obreros o empresarios que participaron este año en las elecciones internas para los delegados regionales al Congreso, unas “primarias” en las que el PCCh exigió que se presentara al menos un 15% más de candidatos que el número final de elegidos por cada circunscripción, con el fin de estimular la llamada “democracia de partido”.
Del total de 38 circunscripciones, 31 pertenecen a las distintas divisiones administrativas chinas, mientras que sectores clave del país como la banca estatal, las empresas gubernamentales o el Ejército se reservan sus propios delegados.
En un momento de tensiones en el Tíbet (más de 60 inmolaciones en los últimos dos años y creciente presión internacional por estas acciones), el PCCh presume de la “variedad étnica” de sus delegados, ya que 249 de ellos no son chinos, la etnia mayoritaria del país, sino miembros de estas minorías, la tibetana incluida.
El ‘toque de color’
Algunos de ellos darán el “toque de color” a la reunión congresual -marcada en general por un aire de severidad y pompa- luciendo vistosos trajes regionales en la ceremonia de inauguración del Congreso mañana, jueves. Pero la principal diferencia que marcará a los asistentes no será el origen étnico sino las distintas facciones que dominan la política del PCCh y la del país.
Destacan especialmente dos: los populistas o “reformistas”, que actualmente dominan en el poder (a este grupo pertenecen Hu Jintao y el primer ministro Wen Jiabao), y los elitistas o “conservadores”, ahora en puestos secundarios de la cúpula pero que abrigan la esperanza de recuperar las cotas de poder que tuvieron en la era del ex presidente Jiang Zemin, uno de ellos.
Muchos de los conservadores proceden de familias de altos cargos durante la época de Mao Zedong o Deng Xiaoping, los apodados “príncipes”.
Entre los reformistas abundan líderes de orígenes menos aristocrático que, como en el caso de Hu, se auparon al poder gracias a organizaciones más abiertas del PCCh, como la Liga de Juventudes Comunistas.
Todos ellos se reúnen a partir de hoy, hasta el 14 de noviembre, para dilucidar los futuros máximos líderes del PCCh y a la postre de la segunda economía mundial, unos debates y decisiones que, por secretos que sean, a la larga afectarán a todo el planeta.
ABC de España
Hu Jintao quiere que China se convierta en una «potencia marítima»
Arranca en Pekín el XVIII Congreso del Partido Comunista, que renovará su cúpula y aupará al vicepresidente Xi Jinping como secretario general y próximo presidentePablo M. Díez / corresponsal en PEKÍNBajo unas kafkianas medidas de seguridad que incluso han prohibido el vuelo de palomas, este jueves ha arrancado en Pekín el XVIII Congreso del Partido Comunista. Durante una semana, dicho cónclave renovará a siete de los nueve miembros que conforman el Comité Permanente del Politburó, el órgano de máximo poder en el país, y sustituirá a su secretario general, Hu Jintao, tras una década en el cargo. Está previsto que le releve el vicepresidente Xi Jinping, quien también le sucederá como presidente de la República Popular durante la Asamblea Nacional que se celebre en marzo del próximo año. Junto al viceprimer ministro Li Keqiang, que reemplazará al «premier» Wen Jiabao, Xi Jinping encabeza a sus 59 años la «Quinta generación» tras Mao Zedong al mando de la nación más poblada del planeta.
Tras la lucha de poder que ha desatado el «caso Bo Xilai», el popular dirigente depuesto por corrupción y cuya esposa ha sido condenada a muerte por envenenar a su socio británico, Hu Jintao alertó de los riesgos a los que se enfrenta el régimen. «Si fracasamos a la hora de atajar la corrupción, podría ser fatal para el Partido Comunista, provocar su hundimiento y causar la destrucción del Estado», advirtió su todavía secretario general, quien recordó que «nadie está por encima de la ley».
Además de sufrir el escándalo protagonizado por Bo Xilai, que ha desvelado el lujoso nivel de vida y la degradación moral de la nueva «aristocracia roja», el autoritario régimen de Pekín se ha visto sacudido durante los últimos tiempos por otros graves de episodios corrupción. Uno de los más sonados afectó el año pasado al antiguo ministro de Ferrocarriles, Liu Zhijun, gran impulsor de las líneas de alta velocidad que podría haber descuidado la seguridad a cambio de jugosos sobornos.
Para oprobio del régimen, el diario «The New York Times» publicaba recientemente que la familia del actual primer ministro, Wen Jiabao, ha amasado una fortuna superior a los 2.000 millones de euros. Aunque él lo niega rotundamente, la noticia ha minado la imagen que cultiva de hombre humilde y, por supuesto, ha sido bloqueada por la censura en internet. En junio ocurrió lo mismo cuando Bloomberg desveló el patrimonio familiar de Xi Jinping, que asciende a 310 millones de euros y el 18% de una compañía de tierras raras valorada en 1.340 millones de euros).
«Los funcionarios, especialmente los de alto rango, deben practicar la autodisciplina y fortalecer la educación y la supervisión sobre sus parientes y empleados, y no deben buscar nunca ningún privilegio», insistió Hu Jintao, quien tampoco se libra de las críticas porque su hijo también se dedica a los negocios y se vio atrapado en un oscuro caso de corrupción en Namibia.
En un país donde el poder político y el económico están unidos, el presidente Hu Jintao ha usado la corrupción rampante para deshacerse de sus rivales dentro del Partido y situar a sus acólitos en el todopoderoso Comité Permanente del Politburó. Entre ellos destacan el viceprimer ministro Wang Qishan, experto económico; Zhang Dejian, quien sustituyó a Bo Xilai al frente de Chongqing; Li Yuanchao, jefe de Organización, y Liu Yunshan, responsable de la Propaganda y el control sobre internet.
Ocupando en el Congreso un puesto de honor junto a Hu Jintao, el expresidente Jiang Zemin podría colocar a Yu Zhengsheng, secretario del Partido en Shanghái, o a Wang Yang, reformista que dirige la industrializada provincia de Cantón (Guangdong).
Los expertos coinciden en que el Comité Permanente podría reducir su número de miembros de nueve a siete, lo que dificulta aún más una pugna en la que también participan el secretario del Partido en Tianjin, Zhang Gaoli, y el de Mongolia Interior, Hu Chunhua. Por su parte, la consejera de Estado Liu Yandong podría convertirse en la primera mujer en acceder al Comité Permanente del Politburó, todo un símbolo de los nuevos tiempos.
En su discurso ante unos 2.300 delegados congregados en el Gran Palacio del Pueblo, un edificio de estilo comunista levantado en plena plaza de Tiananmen, Hu Jintao prometió «reformas de la estructura política» para fomentar el debate dentro del Partido. Pero no dio ninguna pista sobre la democratización de China y dejó claro que «nunca copiaremos un sistema político occidental».
En el aspecto económico, aseguró que «sólo cuenta el desarrollo» y se marcó como objetivo doblar entre 2010 y 2020 la economía nacional y los ingresos per cápita.
Tras la agitación vivida durante los últimos meses, el régimen intentó proyectar una imagen de unidad y consenso recurriendo a «viejas glorias» del Partido. Además del expresidente Jiang Zemin, a la apertura del Congreso acudieron figuras históricas como Song Ping, nonagenario héroe de la Revolución, y el exprimer ministro Li Peng, más conocido como «el carnicero de Tiananmen». Plenamente entregada al capitalismo de Estado, una nueva generación de dirigentes comunistas se prepara para tomar el poder en China.
En Argentina el diario CLARIN hace un recuento de su corresponsal y las agencias cablegráficas:
Arranca el crucial Congreso chino y detienen a disidentes
Es el primer paso de un proceso de seis meses que renovará el liderazgo de la potencia asiática. En medio de enormes medidas de seguridad, la policía arrestó ayer a unos 130 dirigentes críticos
BEIJING. DPA Y CLARÍN – 07/11/12El gobierno chino lanzó ayer una razzia de último momento para detener a unos 130 disidentes antes del inicio del trascendente Congreso de mañana que pondrá en marcha un delicado proceso de seis meses para renovar el vértice del máximo liderazgo de la potencia asiática.
La policía detuvo o dejó bajo arresto domiciliario a la mayor parte de una lista de críticos del régimen.
Algunos de ellos simplemente fueron alejados de Beijing. La cifra fue proporcionada por la organización de derechos humanos Amnistía Internacional (AI), que exigió un cese inmediato de la persecución. “Mientras una nueva dirigencia se prepara para tomar el poder, observamos el mismo viejo patrón de represión que antes de los Juegos Olímpicos de 2008 o de la concesión del Nobel a Liu Xiaobo en 2010”, dijo el experto en China, Dirk Pleiter. En la capital se ha desplegado un enorme dispositivo de seguridad con motivo del Congreso, que designará al nuevo presidente y al nuevo primer ministro del país.
Ese trasfondo de límites a la protestas tiene un vínculo clave con lo que pueda suceder en adelante en esta gigantesca economía que, según los analistas financieros, en unos pocos años superará a Estados Unidos en tamaño.
La dirigencia saliente del presidente Hu Jintao y, en especial, del premier Wen Jiabao, por primera vez desde el inicio del impactante cambio hacia la economía de mercado impulsada por Deng Xiao Ping hace menos de cuarenta años, sugirió una alternativa democrática en el menú muy estricto que rige hoy el poder chino.
El sentido de esa evocación es que hay una mejora en la calidad de vida del país (la economía se multiplicó por cuatro en esta década y se amplificaron los programas de asistencia social) y eso genera una traslación de los intereses de la población desde objetivos primarios a más amplios, como una mayor participación política.
Parte de ello se expresa en una constelación de blogs en un país con una enorme red de Internet, virtualmente imposible de ser censurada en su totalidad debido a su tamaño. El YouTube chino es tres veces más grande que el occidental.
La década de esta dupla Hu–Wen en el poder dará paso a la entronización de Xi Xinping. El nuevo líder recibirá inicialmente el mando del Partido Comunista, luego de las Fuerzas Armadas y finalmente, en marzo, la presidencia del país. El cargo de primer ministro quedará en manos del actual segundo de Wen, Li Keqiang.
Xi Xinping pertenece a la aristocracia roja, es un “ prínceling” o príncipe porque forma parte de la generación de hijos de los fundadores del proceso, al revés que su antecesor quien viene de una más sencilla militancia en la juventud del Partido Comunista y escaló sin los padrinazgos familiares. También es ése el origen de Keqiang.
Un dato relevante en la historia del nuevo jefe de Estado, y que explica su visión aperturista, llega desde su padre, Xi Zhongxu. Este héroe militar integró el gabinete de Mao Tse Tung, entró luego en desgracia y el histórico “timonel” lo destituyó en 1962, tras lo cual acabó en prisión y con trabajos forzados durante 16 años. El castigo se debió a sus ideas. También el reformista Deng sufrió el castigo de la dirigencia conservadora. Cuando Mao murió en 1976, rápidamente el padre del próximo presidente fue rehabilitado y comenzó una notable carrera política en la nueva China.
Cuando Deng alcanzó el poder, creo en Zhenzhen, en la frontera con Hong Kong, la primera zona económica especial para el experimento de la probeta capitalista dentro del esquema comunista que tanto había combatido Mao. El encargado de dirigir ese esquema, que luego se extendería a toda la potencia asiática, fue precisamente el padre de Xi Xinping. Esas características prometen, según algunos analistas, un proceso de aceleramiento de la actual apertura de China al mundo.
El diario argentino La Nación publicó el pasado sábado 3 de noviembre una reseña sobre la “limpieza” que de Pekin hacía el régimen comunista presto a celebrar su Congreso traducida de The New York Times:
En una China que se alista para la transición hasta las palomas son peligrosas
El gobierno comenzó a “limpiar” Pekín y a desalojar a cualquiera sospechado de disidente
Por Andrew Jacobs | The New York Times
PEKÍN.- Un consejo para todos aquellos ansiosos por celebrar la cumbre de líderes del Partido Comunista que descenderán sobre Pekín, el jueves próximo, para ungir a una nueva generación de líderes chinos: mejor dejen los globos en casa.
Mientras esta megalópolis de 20 millones de habitantes se arma de valor para albergar el 18º Congreso del Partido Comunista Chino (PCC), cada vez son más los objetos potencialmente peligrosos -globos, palomas mensajeras, pelotitas de ping-pong y aviones de juguete a control remoto- que ingresan en la lista de artículos sospechosos que podrían transportar mensajes de protesta y arruinar un espectáculo político meticulosamente coreografiado.
Y ésa es sólo una ínfima porción de las restricciones del gobierno que circularon por Internet sin ser nunca oficialmente reconocidas, y que al parecer complicarán especialmente la vida cotidiana de la ciudad durante el congreso, una situación que un jefe de policía provincial comparó con el “estado de guerra”.
En los últimos días, se retiraron los cuchillos de cocina de las góndolas de los negocios, el acceso a Internet se ralentizó misteriosamente, y las cadenas de noticias internacionales, como la CNN y la BBC, desaparecieron de los televisores de los gimnasios más exclusivos.
En Bookworm, una popular librería de publicaciones en inglés, la sección hasta ahora dedicada a historia y política de China fue ocupada por libros de Stephen King, manuales de crianza de los hijos y ejemplares de un libro de Victoria Beckham.
“Nos estamos reorganizando”, dijo un empleado de la librería, encogiéndose de hombros.
En días recientes, la lista de alteraciones e inconvenientes se volvió más larga que los comunicados con las conclusiones de los congresos partidarios. Las maratones, las conferencias académicas, las ferias de adopción de mascotas, los rodajes cinematográficos y los conciertos de jazz fueron cancelados o pospuestos. No sólo en Pekín, sino en el resto del país, los negocios de las empresas estatales están paralizados desde hace semanas, según los empleados.
El músico Gao Xiaosong posteó en la versión china de Twitter que las canciones con las palabras “morir” o “abajo” habían sido temporalmente eliminadas de la programación televisiva. “Acabo de presenciar cómo achuraban la interpretación de la canción «Morir de amor»”, escribió Gao. “Los colegas deberíamos aprender la lección.”
Algunos de los delegados que están llegando de toda China, en su mayoría hombres, tal vez se sientan muy decepcionados al constatar hasta qué punto los funcionarios de la capital eliminan todo aquello que pueda distraerlos de los interminables discursos y las cenas que se desarrollan a puertas cerradas.
La mitad de las prostitutas de la ciudad ya están bajo arresto o fueron sacadas de la capital, según Li Dan, cuya ONG busca ayudar a las trabajadoras del sexo.
Para los disidentes chinos, el Congreso ya es de por sí una cachetada en la cara. Cientos, por no decir miles de activistas y opositores al gobierno de todo el país, han sido puestos bajos arresto domiciliario o han tomado “vacaciones forzadas” bien lejos de la capital, por lo general acompañados de custodia policial, según organizaciones de derechos humanos.
Hasta el más encarnizado crítico del gobierno, el artista Ai Weiwei, se ha visto refrenado. Ai dijo que sus custodios policiales le advirtieron que podría escribir públicamente de cualquier tema, excepto del congreso partidario. “Para ser honesto, por mí está bien, porque, en definitiva, no es más que una reunión interna de esa gente”, dijo Ai, con énfasis irónico en el “esa”.
Traducción de Jaime Arrambide.
Otra nota del mismo sábado 3 de noviembre de 2012 también traducida de The New York Times:
Las mujeres, lejos de la cima del poder comunista
No ocupan ningún ministerio ni tienen lugar en el Politburó, corazón del partido
Por Andrés Bermúdez Liévano | China Files
PEKÍN.- “Las mujeres sostienen la mitad del cielo”, dijo alguna vez Mao Tse Dong, cuyas célebres máximas pasaban a formar parte de la sabiduría popular china apenas salían de su boca. “Cualquier cosa que los camaradas hombres hagan, las camaradas mujeres también pueden hacer”, señaló en otra ocasión.
Sin embargo, la realidad es que, más de 30 años después de la muerte de Mao, las cosas no sólo no han cambiado para las mujeres en China, sino que ellas pierden terreno.
A partir de la semana próxima, se modificará radicalmente la composición del gobierno chino, como parte de una transición política que ocurre cada diez años.
El actual vicepresidente Xi Jinping y el vicepremier Li Keqiang serán los sucesores de Hu Jintao y Wen Jiabao para la próxima década. Siete nuevos integrantes se sumarán al Comité Permanente del Politburó del Partido Comunista -la máxima instancia del poder en China-, y entre el 60 y 70% de los altos cargos cambiarán de manos. Y aunque es grande la incertidumbre antes del congreso del partido, una cosa parece segura: la política seguirá siendo, como lo ha sido históricamente, un asunto de hombres.
Entre los favoritos para ocupar uno de los nueve escaños en el Comité Permanente sólo, hay una mujer. Se trata de Liu Yandong, la única mujer entre los 25 miembros -24, desde la expulsión de Bo Xilai- del Politburó del partido.
Hija de un viceministro de Agricultura durante la época de Mao y cercana al ex presidente Jiang Zemin, Liu es una líder prudente y capaz con buenas relaciones entre las diferentes facciones del partido. Hasta el momento, ha estado a cargo de las políticas de educación, ciencia y cultura, y habría participado en el diseño del paquete de estímulo con el que China sorteó la crisis económica de 2008.
La historia no está de su lado. Ninguna mujer se ha sentado en el selecto grupo de nueve donde se toman las decisiones más importantes desde la fundación de la República Popular China, en 1949. Wu Yi, la “dama de hierro” china que lideró las negociaciones para el ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio, llegó hasta el Politburó y el puesto de vicepremier, pero no pudo acceder al último peldaño, pese a ser la protegida del ex premier Zhu Rongji.
A nivel político, la representación femenina es mínima. No hay ninguna ministra en el gabinete desde que Wu Yi dejó el Ministerio de Salud, en 2005. De las 33 provincias, solamente Fujian cuenta con una secretaria del partido y Anhui, con una gobernadora. Apenas seis mujeres han ocupado alguno de estos dos cargos, los más importantes a nivel regional, en las seis décadas de gobierno comunista.
Las cosas tampoco mejoran en otras ramas del poder. La Asamblea Popular Nacional -el Parlamento- cuenta entre sus miembros con un 21% de mujeres, un punto porcentual por debajo del que tenía a la muerte de Mao.
Asimismo, solamente el 23% de los 83 millones de miembros del Partido Comunista son mujeres, evidencia de las dificultades que enfrenta una mujer para ascender a nivel político en China. En cambio, las minorías étnicas -que suman 106 millones de habitantes o el 8% de la población china- componen el 6,7% del partido.
Esto no quiere decir que las mujeres no hayan desempeñado un papel protagónico en la historia reciente china. Soong Ching-ling, la esposa del revolucionario nacionalista Sun Yat-sen, fue una de las figuras políticas más destacadas de la primera mitad del siglo XX.
Jiang Qing, la cuarta esposa de Mao, fue una de las figuras con mayor poder durante los turbulentos años de la Revolución Cultural. Tras la muerte de su esposo, ella y sus aliados políticos más cercanos -un grupo conocido como la “Banda de los Cuatro”- fueron declarados contrarrevolucionarios. Jiang fue condenada a muerte y luego a cadena perpetua. “Yo era el perro de Mao. Mordía a quien él me pidiera que mordiera”, dijo, durante su juicio en 1980, que muchos interpretaron como una farsa destinada a encontrar un chivo expiatorio que permitiera limpiar de culpas la memoria del “Gran Timonel”.
El problema, sin embargo, va más allá de la política. Varios estudios muestran que las diferencias salariales y de oportunidades se han acentuado en estos años de veloz crecimiento económico, cuando debería suceder lo contrario.
Los salarios en zonas urbanas de mujeres constituyen el 67% del de los hombres, reveló un estudio realizado en 2011 por la Federación China de Mujeres y la Oficina Nacional de Estadística.En las empresas estatales, las fuerzas detrás de la economía china, su representación en los cargos más altos cae al 3%. Apenas una de las 120 mayores estatales del país tiene una mujer al frente. Todo parece indicar que las mujeres sostienen bastante menos que la mitad como Mao creía.
El diario la tercera de Santiago de Chile cubre el Congreso del PCC:
Hu Jintao pide más reformas democráticas en China y advierte sobre corrupción
El saliente presidente chino pidió igualmente convertir a la nación en una “potencia marítima”, en momentos en que su país y Japón se disputan la soberanía de un archipiélago en el mar de China oriental.
El presidente chino saliente,Hu Jintao, advirtió el jueves que la corrupción endémica que afecta a la sociedad china podría resultar “fatal”, y lanzó un llamamiento a más democracia, en su discurso de apertura delXVIII congreso del Partido Comunista chino.
Hu Jintao pidió igualmente convertir a China en una “potencia marítima”, en momentos en que su país y Japón se disputan la soberanía de un archipiélago en el mar de China oriental.
Beijing, que lanzó su primer portaaviones en septiembre, debe “defender resueltamente sus derechos e intereses marítimos”, recalcó el presidente chino, quien debe ceder la dirección del partido único a su sucesor designado, Xi Jinping.
“Debemos convertir a China en una potencia marítima”, recalcó ante los 2.000 delegados del PCC.
Hu Jintao advirtió que “la corrupción puede provocar el derrumbamiento del Partido y del Estado”, y “si fracasamos en el tratamiento correcto de este asunto” ello podrá resultar “fatal”.
China se vio sacudida este año por varios escándalos político-financieros en los que estaban implicados altos dirigentes, entre ellos un miembro del Buró político, Bo Xilai, excluido del Partido y en espera de juicio.
El Partido comunista debe garantizar que ningún dirigente chino abuse de su poder, añadió el presidente saliente.
El Partido “va a garantizar que los dirigentes respetan la ley en actos y pensamientos”, prometió Hu.
“Debemos garantizar que todo el mundo es igual ante la ley; ninguna organización, ningún individuo, tiene el privilegio de pisotear la constitución”, añadió.
China debe aplicar “un nuevo modelo de crecimiento”, declaró por otro lado el presidente, en momentos en que la segunda economía mundial está afectada por una neta ralentizacion.
“En respuesta a los cambios económicos en el plano nacional e internacional, es necesario acelerar la creación de un nuevo modelo de crecimiento basado en una mejor calidad y en unos resultados superiores”, declaró el número uno chino.
La economía china sigue siendo muy dependiente de las inversiones y las exportaciones, en detrimento del consumo de los hogares.












