Desde que Alfonso “Chico” Carrasquel debutó en las Grandes Ligas, los short stops venezolanos no han hecho otra cosa que brillar. No sé si eso aún existe, pero hay fildeos “marca Norven”. Concepción, hacía recordar a “Carrasquelito” y Don Luís Aparicio y Vizquel se parecen, Oswaldo Guillén tenía “pimienta”, se divertía y divertía como hoy pasa con Elvis Andrus.
Todos han dado de qué hablar por sus seguras manos, alcance, viveza y garantía. Alex González, Álvaro Espinoza, César y Máicer Isturiz, Marco Scutaro… Ahora tenemos jugadores destacados en todas la posiciones y lanzadores que pertenecen a la elite, bateadores de promedio y de estacazos de largo alcance, receptores inteligentísimos, jardineros que fildean y devuelven la bola al cuadro con sus brazos poderosos, robadores de base e incluso técnicos, gerentes y un manager con título de Serie Mundial.
La diversificación del talento beisbolero es motivo de orgullo, pero en el campocorto la fama es de abolengo y no ha cesado desde que Alfonso Carrasquel debutó con los Medias Blancos de Chicago. Siempre recuerdo a Carrasquel evocando la primera vez que jugó en el Yankee Stadium. Se detuvo unos instantes en la puerta, miró el gran templo de concreto y agradeció a Dios por estar ahí. Inmediatamente pensó en Venezuela. “Yo que venía de Venezuela, de haber jugado con alpargatas y con un uniforme hecho de tela de sacos de harina, estaba ahí”. El se emocionaba con el recuerdo y uno también. Era, como lo escribí en “Mis Barajitas” “El Cuentacuentos del campo corto”.
Bueno y desde entonces siempre ha habido un campocorto en la marquesina. Ahora es el turno de Elvis Andrus. El estelar “sior” de los Rangers de Texas y en nuestra pelota de los Navegantes del Magallanes. Elvis es eso que se conoce como un pelotero excitante, su juego no sólo es espectacular, sorprendente, habilidoso, inteligente, “caribe” y todo lo que sabemos, sino que además tiene una alegría que se contagia. Se roba una base y suelta una sonrisa que alumbra tanto como las luces. Es chispeante, vivo y se divierte tanto haciendo lo que hace y en la inmensa mayoría de las veces, todo le sale bien. Además es un bateador de cotacto y embasado es una pesadilla porque llega a primera y enseguida quiere la siguiente y así hasta el home. Ha levantado los mejores elogios. Se habla de cómo es notable la escuela de Omar Vizquel, con quien compartió clubhouse y mañas.
Si de los mejores es de quienes hay que aprender, Elvis ha sido un privilegiado. Si es cierto que hay alumnos que superan a sus maestros, tendremos que esperar unas cuantas temporadas más, pero sin duda lo que ha mostrado hasta ahora es que es un fuera de serie. En esta postemporada ha sido clave para su equipo y los elogios y reconocimientos no sólo vienen de por acá o de Texas. El capitán de los Yanquis, Derek Jeter, se refirió al gran talento de Andrus y el manager Joe Girardi lo alabó tanto que dijo que le recordaba a Omar Vizquel. Para las generaciones más jóvenes Vizquel es la referencia, para otros es David o Aparicio, pero siempre tenemos que evocar al que inició todo, Alfonso, “Chico”, “el Muchacho de Sarría”, “El sobrino”, “El Chino”, “El fantasma de la calle 35” , el primer jugador latinoamericano en un Juego de Estrellas y uno de los mejores de su tiempo, y en su tiempo estaban Pee Wee Reese y Phil Rizzuto, entre otros.
Es preciso mirar en el árbol genealógico de nuestros campocortos para hurgar en nuestro abolengo y descubrir cuánto se parece el nuevo bisnieto al abuelo querido.



