Como se sabe, una de las tres carabelas, concretamente la Santa María, que por cierto no era una carabela sino una nao, pertenecía a Juan de la Cosa. Pero, quién era este singular personaje…
LA COSA DE, Juan (Santoña, España 1450, Turbaco Colombia 1509) Navegante, cartógrafo, explorador y dueño del barco. Sobre la vida de este hombre hay mucho misterio. Lo primero es su curioso apellido. Se rastreo en España y no hay ningún pueblo con el nombre de “Cosa” o “La Cosa”, así que parece que el apellido alude efectivamente a la cosa de Juan, que le causaría la muerte en Colombia ante la arremetida de un paraindio celoso. Juan de la Cosa, hizo el primer mapamundi que incluía los nuevos descubrimientos de Colón. Se cuenta que iba en la cubierta del barco copiando la rayita de la costa mientras el barco navegaba. Cuando había tormenta la rayita se distorsionaba un poco porque se le ponía el pulso tembloroso, por eso los mapas antiguos no coinciden totalmente con los actuales. Además de hacer mapas, Juan vigilaba que los marinos no le echaran a perder mucho el barco. Causaba mucha gracia la confusión que se generaba entre los marineros cuando se saludaban diciendo: “epa, ¿Qué más?, ¿Cómo está la cosa”, porque todo el mundo pensaba que le estaban preguntando por Juan.
No se sabe bien si murió en Turbaco o en su barco. El caso es que murió flechado, como el primer mártir, su calavera fue llevada a la carabela y como Michael Jakson, su entierro se produjo muchos meses después. Paz a su carabela.
12 de octubre de 1582
Este día nunca existió por culpa del Papa Gregorio XIII que decretó el calendario gregoriano para sustituir al juliano (parece que no estaba tan pelado el prelado, porque lo seguimos usando). Por disposición del Romano Pontífice de la noche del jueves 4 de octubre se saltó, sin pasar por “go” ni cobrar Bs 200, al viernes 15 de octubre. Por esta razón, los 90 años del descubrimiento de América nunca fueron celebrados. La enseñanza que esto nos deja es que hay que disfrutar del puente y agarrárselo –mínimo- por los diez días que nos arrebató el Papa, no vaya a ser que venga otro pontífice, no romano, al que le dé por adelantar el calendario y acabe con el 12 de octubre para siempre.




